CAPITULO ÚNICO
Quién diría que buscar un regalo para su novio sería una aventura tan difícil.
Izuku no tenía ideas sobre qué regalarle a Kacchan, así que su mejor opción fue preguntarle a su mejor amiga.
—Mochi, de verdad no sé qué darle —decía Izuku, recostado en la cama de Ochako.
—Zuzu, lo mejor que le puedes dar es la "prueba de amor", ya sabes —le dijo ella, levantando las cejas en tono de burla.
Al escuchar esto, Izuku se puso rojo como una fresa.
—¡Mochi! No estoy listo para eso, ¿qué tal si quedo en cinta? —dijo el pequeño omega peliverde, cubriéndose la cara con las manos.
—Yo solo digo que un alfa no espera mucho. Si quieres que Bakugo se aburra de ti, no hagas nada; pero si quieres que tu alfa te quiera, entrégate a él —insistió la castaña con tono burlón.
—Lo voy a pensar... a lo mejor le daré una figura de All Might —comentó el peliverde con inocencia.
La castaña solo puso los ojos en blanco.
Algo que el chico no había notado es que confiaba demasiado en su amiga. Cerca de ahí, un alfa pelirrojo pasaba hacia la sala común para encontrarse con su amigo.
—Bro, ¿qué estás haciendo? —preguntó Kirishima. El rubio con un mechón negro se giró.
—Preparando mi regalo para Shinso —dijo Denki, levantando una caja.
—Al menos tú tienes a alguien a quien regalarle algo —suspiró el pelirrojo—. Yo no puedo tener a la persona que me gusta.
—Kirishima, siempre te dije que lucharas por Zuzu —se acercó Denki a su amigo—. Bakugo no se lo merece, es realmente manipulador con él y además...
No pudo terminar la frase porque Izuku bajó corriendo.
—¡Denki! Necesito ayuda de otro omega, ven conmigo.
Sin más, salieron corriendo de ahí, dejando al pelirrojo con una sonrisa melancólica. Sin embargo, esto no pasó desapercibido para una castaña.
—Zuzu, ¿estás seguro de esto? —preguntó el rubio al ver la tienda frente a él.
—Sí, Denks. Ochako tiene razón, tengo que darle "la prueba" a Kacchan; él ha sido muy paciente conmigo.
Denki puso los ojos en blanco. No soportaba a Katsuki y mucho menos a Ochako; sabía que querían hacerle daño al peliverde, pero solo le quedaba apoyarlo.
—Bien, pero si no estás seguro, no debes forzarte. Si realmente te quisiera, no te presionaría; este es un paso muy importante.
Zuzu lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Nadie más se fijaría en mí... él lo hizo y creo que esto es importante.
Denki sintió una punzada en el corazón. El omega tenía la autoestima por los suelos por culpa de Katsuki; no se daba cuenta de lo hermoso que era ni de que alguien más lo veía con ojos de amor.
—Zuzu, te lo diré una vez más: eres hermoso. Si no estás seguro, no lo hagas. Además, sabemos que no quieres a Katsuki, quieres a alguien más.
Izuku se puso rojo de vergüenza. Era cierto que no quería a Katsuki como se merecía, pero a quien realmente amaba no era "suyo".
Entraron a la tienda y compraron rápidamente el disfraz que Izuku eligió y lo necesario.
—Esto es difícil —murmuró el peliverde.
—Zuzu, te repito: si no estás seguro, no lo hagas.
—Se lo debo, Denki. Él me salvó en la fiesta y ha sido paciente.
Izuku caminó dejando confundido a Denki.
—Pero el que te salvó fue Kirishima —susurró el rubio. Una idea cruzó su mente: tenía que juntar a esos dos.
Izuku estaba frente al espejo, mirándose con el disfraz sexy que compró. Sentía mucha vergüenza.
—Creo que Ochako tiene razón, este será un buen regalo —decía nervioso.
—Esa víbora dice eso porque es una interesada —soltó Denki, acostado en la cama de Izuku.
—¡Denki! No digas eso de ella.
Denki se levantó y lo miró seriamente.
—Izuku, ¿estás seguro? Si no lo estás, yo te apoyo.
Izuku suspiró con tristeza.
—Si te soy honesto, no estoy seguro de hacerlo con Kacchan. Yo esperaba a otra persona.
Esa declaración fue suficiente para que Denki pusiera su plan en marcha.
—Ok, Izuku. Debo irme, iré a buscar a Katsuki por ti, no te preocupes.
Salió corriendo, dejando al peliverde confundido pero agradecido.
—Kirishima... —suspiró Izuku—. ¿Por qué no eres tú el que está aquí?
Mientras tanto, Denki encontró al pelirrojo en el pasillo.
—¡Bro! Izuku necesita ayuda con unas cajas en su cuarto, ¿podrías ir? Yo tengo que buscar más cosas.
Kirishima, confundido, fue hacia la habitación del omega. No tocó la puerta y entró directamente.
—Zuzu, me dijo Denki que necesitabas ayu... —Se quedó sin palabras.
Miró de arriba abajo al peliverde: un disfraz de ángel con un corset transparente y encaje, sus piernas desnudas y lencería blanca.
—¡KIRISHIMA! —gritó Izuku.
El pelirrojo, sorprendido pero decidido, se acercó y lo besó.
—Zuzu, te ves hermoso.
Sus manos recorrieron el cuerpo del omega. Izuku no quería detenerlo; estaba esperando este momento con el alfa que siempre había soñado. Kirishima lo cargó y lo llevó a la cama.
—Zuzu, dime que me detenga y lo haré —susurró mientras besaba su cuello.
—No, por favor... quiero que estés conmigo.
La cordura desapareció.
Entre besos apasionados y caricias, se entregaron el uno al otro. Kirishima fue cuidadoso, asegurándose de que
Izuku estuviera listo, entregándole el placer que el omega tanto anhelaba. En el clímax de la pasión, ambos se fundieron en un abrazo íntimo y lleno de amor.
—Te amo, Izuku —fue lo último que dijo el pelirrojo antes de que ambos cayeran en un sueño profundo.
Al despertar, los recuerdos regresaron y la culpa invadió a Izuku. Pero al ver a Kirishima a su lado, sus sentimientos florecieron.
—Zuzu, yo... lo siento —dijo el alfa apenado.
—Kiri... siempre me has gustado, pero estaba con Kacchan porque le debo que me haya salvado en aquella fiesta.
Kirishima frunció el ceño, sorprendido.
—Zuzu, el que te salvó fui yo. Ese día entraste en celo y fui yo quien te quitó de esos alfas, te llevé con Ochako y tuve que pelear para protegerte.
Izuku quedó en shock. Ochako le había mentido para favorecer a Katsuki.
—Kiri, vístete. Tenemos que aclarar esto.
Fueron al cuarto de
Ochako, pero se detuvieron al escuchar voces dentro.
—¡Maldita sea! Dijiste que se iba a acostar conmigo hoy —gruñó la voz de Katsuki.
—Kats, ya está por hacerlo, incluso compró el disfraz. Además, te la pasas mejor conmigo, ¿no? —respondió la castaña.
—Sí, pero tener a Izuku es importante para ganar esa estúpida apuesta...
Izuku abrió la puerta de golpe, encontrando a los dos desnudos en la cama. Miró al pelicenizo con desprecio.
—Terminamos, maldito.
Salió de ahí seguido por Kirishima.
—Zuzu, tranquilo.
Izuku lo abrazó con fuerza.
—Kiri, me siento libre por fin. Esos dos no merecen nada de mí. Por fin puedo estar contigo.
Se sellaron la promesa con un beso. Quién diría que la travesura de un amigo ayudaría a que una verdadera pareja encontrara su felicidad.