Proyecto Dimensión

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Summary

Dos hermanas. Un legado envenenado. Y un Dios que lo observa todo. Tras la repentina muerte de sus padres, Pattarin y Belle se ven obligadas a abandonar su vida en España para regresar a Tailandia. Pero el regreso no es dulce. Pattarin debe enfrentarse a un nido de víboras en el Grupo Mundus, donde el poder se paga con traición, mientras que Belle se pierde en el silencio de un país que se siente como un planeta extraño. Sin embargo, nada en sus vidas es casualidad. Entre los rascacielos de Bangkok y los archivos secretos de su padre, se oculta el Sector B, una grieta en la realidad que conecta su mundo con algo mucho más vasto... y peligroso. Narrada por Origen, una deidad con un sentido del humor ácido y una curiosidad insaciable por la fragilidad humana, Proyecto Dimensión es una historia sobre las costuras invisibles que unen nuestras vidas, la ambición que nos ciega y la nostalgia que nos define. ¿Qué pasa cuando descubres que tu vida es solo una pieza en el tablero de un Dios aburrido?

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1, 1.5, 2, 3 y 4

Capítulo 1: El observador primigenio

La imaginación es capaz de desbordar cualquier límite conocido; algunos eligen creer en ella y otros, simplemente, se cierran a lo invisible. En este mundo, lo real y lo imaginario son dos caras de una misma moneda que gira en el aire: nadie sabe con certeza qué lado caerá hacia arriba.

Yo soy una deidad. Soy aquel que observa el transcurrir de los siglos mientras vosotros, los humanos, os perdéis en vuestras pequeñas religiones. ¿Alguna vez os habéis preguntado de dónde surgieron vuestros dioses? No lo sabéis, ¿verdad? Es comprensible; llegar a la verdad por cuenta propia es un sendero demasiado intrincado. Por eso, aquí me tenéis.

Me llamo Origen.

Soy el principio de todo: de los dioses, del universo, de la realidad y de la ficción; de la vida y de aquello que llamáis muerte. Todos sois fragmentos de mi ser, motas de polvo en un cuerpo que no es cuerpo, sino una representación visual creada para que vuestras mentes puedan procesarme. Vuestra capacidad de hablar y pensar es el resultado de un lazo invisible que os une a mí.

—¿Dudas? —pregunto al vacío, sabiendo que la respuesta es un rotundo sí—. No os detengáis en eso ahora. Centraos en la historia de mis hijos.

Ellos son seres nacidos de mi parte incorpórea, guardianes de una energía tan vasta que yo mismo decidí repartirla para no consumirme. Ellos no crearon vuestro mundo; yo di las instrucciones y ellos, como artesanos, las materializaron. Pero basta de teoría. Miremos un poco de esa materia ficcionaria que, para vuestra sorpresa, es tan real como el aire que respiráis.

Elijamos una realidad. Ajustemos el filtro de búsqueda... Sí, la Número 408. Entremos en ella. Es un lugar donde la magia todavía palpita. A través de los ojos de una lechuza que despierta en el tronco de un viejo árbol, observamos el mundo. Ella vuela bajo una luna creciente, ajena a los dramas humanos, hasta que se posa cerca de una ventana iluminada.

Dentro, una reina agoniza. El suelo está manchado de sangre y el aire cargado de un dolor antiguo. Un parto complicado está llegando a su fin.

—La reina podría morir —comenta un búho, posándose junto a la lechuza en la rama.

—No lo creo —responde ella con su sabiduría animal—. Hay demasiada ayuda a su alrededor.

Cambiamos de perspectiva. Ahora somos un ratón que corre por las vigas del dormitorio real. Desde una cómoda, observamos cómo el llanto de un recién nacido rompe el silencio de la agonía. La reina, exhausta, toma a su hijo entre sus brazos antes de entregárselo a una comadrona y sumirse en un sueño profundo.

He visto suficiente. Es hora de pausar esta dimensión.

—Tecno, hijo, ven aquí —llamo al dios de la tecnología—. Tráeme ese volumen de la izquierda. Necesito el nombre de ese bebé.

Busco entre las páginas amarillentas hasta que mis dedos dan con la respuesta. Su nombre es...

Bueno, mejor lo dejamos aquí por hoy. No quiero que os acostumbréis a saberlo todo de golpe.


Capítulo 1.5: El eco de la dimensión 408

Ubicación: Antes de saltar a la Tierra por primera vez.

Sinopsis: Origen nos muestra que lo que pasa en un mundo puede afectar al otro, creando un puente de misterio.

—¿Creíais que la lechuza y la reina eran solo una intro de relleno? —me río, haciendo que la pantalla vibre—. En el sistema 408, ese bebé que nació entre sangre y profecías tiene un nombre que resonará en los siglos. Pero lo curioso es esto...

Muevo los hilos de la realidad para superponer dos imágenes: el bebé real en su cuna de seda y a Pattarin, años después, cerrando los ojos antes de entrar en su despacho.

—Ambos comparten el mismo parpadeo en el alma. Una grieta invisible que conecta la magia pura con el asfalto de Bangkok. Tecno me dice que es un error del código, que no deberían estar vinculados. Yo digo que es arte. Veremos cuál de las dos realidades se rompe primero cuando el nexo decida abrirse del todo.


Capítulo 2: La Realidad de la Tierra

Hagamos caso a la demanda del público. Sé que a muchos no os convence la magia épica; preferís algo más... identificable. He recibido vuestras peticiones (esas que llamáis “rezos”) y habéis pedido una dimensión realista.

—Tecno —vuelvo a llamar a mi hijo—, escoge una dimensión acorde a los gustos de nuestros visitantes.

Él obedece con la eficiencia que lo caracteriza. Tras aplicar varios filtros, selecciona un sistema solar con un único planeta habitable: la Tierra. No os daré toda la información masticada esta vez. Simplemente, observemos.

La mañana se abre paso sobre una ciudad de asfalto y rascacielos. Aquí no hay reinos, sino países divididos por fronteras políticas. El año es un número borroso en el calendario de la eternidad.

Nos situamos en un coche atrapado en el tráfico. Una mujer golpea el volante, frustrada.

—¡Maldita sea! —exclama—. Todo está en rojo hoy.

Se desvía por una calle lateral, suspirando. Treinta minutos después, aparca en un garaje. Es profesora de adolescentes, un trabajo que describe como una “selva” donde la debilidad se paga cara. Al salir del ascensor, se encuentra con Amelia, una vecina que exhibe un bolso nuevo con una sonrisa cargada de superioridad.

—¿Te gusta? —pregunta Amelia—. Me lo regaló mi prometido. No creo que tú pudieras costeártelo.

La profesora ignora el veneno. Entra en su casa y cierra los pestillos, buscando refugio. Suena su móvil: Knock Knock de Twice. Es una llamada de la residencia de Belle.

Conocemos entonces a Pattarin. Su vida ha sido un torbellino desde que sus padres murieron en un accidente de avión hace un año. Ahora es la tutora de su hermana pequeña, Belle, quien ha pasado de ser una estudiante ejemplar a una joven rebelde que suspende todas sus materias en el internado.

—Uhnu, no sé qué voy a hacer —le dice Pattarin a su prima, mientras se encierra en su habitación—. Belle me está dando unos dolores de cabeza tremendos.

—Deberíamos volver a Tailandia —sugiere Uhnu—. Regresar a nuestras raíces. Nunca habéis vivido allí, pero quizás un cambio de aires sea lo que Belle necesita. Además, es hora de que te hagas cargo de la empresa de tu padre. No puedes dejar que extraños la manejen a su antojo.

Pausamos de nuevo. Tenemos los nombres, tenemos el conflicto. Pattarin, la profesora que debe convertirse en presidenta de una corporación, y Belle, la niña rota por la pérdida.


CAPÍTULO 3: Después de la primera interrupción

—Estamos de vuelta —anuncio, recuperando el aliento—. Perdonad la pausa, pero incluso yo tengo necesidades básicas que atender.

Le doy al play de nuevo. La imagen se aclara y nos muestra una mansión imponente en Tailandia. Una muralla de dos metros de altura rodea la propiedad, protegiendo un jardín exuberante que parece sacado de un sueño botánico. Hay una piscina en el jardín trasero que refleja el cielo como un espejo de cristal, rodeada de esculturas que vigilan en silencio. Es una casa moderna, un contraste radical con la tradición tailandesa.

Pattarin, Belle y Uhnu cruzan el umbral, cargadas con el peso de sus maletas y de su pasado en España. Se descalzan en la entrada, siguiendo el rito local.

—Uhnu, ¿está todo preparado? —pregunta Pattarin, oteando el salón.

Uhnu asiente. Se ha adelantado unas semanas para que el aterrizaje de sus primas no fuera tan brusco. Cada una se retira a su habitación. Belle, con la rebeldía propia de su edad, se encierra y se adueña de su cama como si fuera una fortaleza.

Pattarin, por su parte, descubre su nuevo refugio. No hay armarios a la vista, o eso cree ella, hasta que abre una de las puertas adicionales. —Vaya... un vestidor —susurra.

Comienza a organizar su ropa, llenando apenas una cuarta parte del inmenso espacio. Tras una hora de orden y cajas desempaquetadas, se pone un pijama cómodo y baja a la cocina. Necesita una dosis de hogar en forma de leche caliente. Mientras el microondas gira, ayuda a Uhnu con la comida.

—Pat, creo que deberíamos contratar a alguien interno para cuidar la casa —sugiere Uhnu, casi quemando el arroz por la emoción—. ¡Iré a una agencia ahora mismo!

—Lo tuyo es no cambiar nunca —se ríe Pattarin, adoptando una postura de saludo militar—. A la orden, comandante. Enséñame a cocinar antes de que te vayas.


CAPÍTULO 4: Problemillas técnicos

La imagen comienza a vibrar. Un rastro de estática cruza mi pantalla de observación. ¡Maldita sea! —¡Tecno! ¡Ven aquí ahora mismo!

Mi hijo no contesta. Estas tecnologías... son maravillosas hasta que deciden dejar de serlo. Intento poseer el cuerpo de la secretaria de la empresa para ver qué ocurre desde dentro, pero algo me expulsa con violencia. Es una fuerza familiar.

—¡Creador! —la voz de Tecno resuena, cargada de reproche—. No vuelvas a hacer eso. ¿Es que no aprendiste nada del caos que provocaste la última vez?

Me regaña como si yo no fuera el origen de su propia existencia. Me rindo ante su lógica y lo sigo a una nueva sala llena de ordenadores que brillan con una luz azulada. Me enseña a usar los nuevos mandos mientras el tiempo corre bajo la supervisión de mi otro hijo, Timer.

—Vale, déjame sola —le pido una vez que entiendo cómo funciona este nuevo “juguete”—. Volvamos a la Dimensión 8889997451.

La barra de carga avanza lenta: un diez por ciento... un cincuenta... Tras lo que parecen siglos, la realidad de Pattarin vuelve a materializarse ante mis ojos.

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