Escort [Taegi]

Summary

Kim Taehyung espera en la penumbra de una habitación de lujo la llegada de un acompañante. Después de una jornada agotadora como director de una de las corporaciones más grandes del país, solo busca a alguien sumiso con quien relajarse y desconectar de las presiones del poder. Sin embargo, lo que Taehyung no espera es que, al abrirse la puerta, aparezca alguien totalmente inesperado. Min Yoongi es decidido, provocativo y, sobre todo, no tiene ninguna intención de rendirse ante el hombre que cree tener el control de la situación.

Genre
Romance
Author
Miki801
Status
Complete
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El aroma del lujo contenido del hotel Shilla no lograba aplacar el zumbido persistente en el bolsillo del pantalón de Yoongi. Si los mensajes de texto pesaran, su pierna derecha ya habría cedido ante la insistencia de Park Jimin. Min Yoongi se detuvo un momento frente al espejo del ascensor, observando su reflejo. El traje azul medianoche, de un corte tan preciso que parecía una segunda piel, se ajustaba a sus hombros con elegancia.

Sacó el teléfono del bolsillo interior de su saco cuando sintió el movimiento insistente. La pantalla iluminó su rostro, destacando la línea de su mandíbula.

Jimin (20:45): No te distraigas con los detalles. Entra y haz lo tuyo. Recuerda lo que acordamos; eres el mejor. No aceptes menos de lo que vale tu tiempo.

Yoongi bloqueó el dispositivo con un movimiento descuidado y lo guardó de nuevo. Se detuvo frente a la puerta, una imponente entrada de madera oscura. Sin pararse a pensar más, simplemente inhaló el aire viciado de perfume y levantó la mano. Dio tres toques firmes, espaciados con precisión.

Dentro de la suite, Kim Taehyung estaba de espaldas a la puerta, observando las luces de Seúl desde el ventanal. Tenía el saco desabrochado y una copa en la mano, conteniendo un licor ámbar que brillaba bajo la luz tenue. Cuando escuchó los golpes, un destello de anticipación cruzó su rostro, aunque su expresión permaneció cansada. Jin le había prometido que esta noche sería diferente, que la persona encargada era alguien de un calibre que no se encontraba en los catálogos habituales.

Caminó hacia la puerta, se pasó la mano libre por el cabello, alborotándolo lo justo para restarle rigidez a su imagen, y abrió. Se quedó petrificado con la mano aún en el pomo. El hombre que estaba frente a él no se parecía en nada a lo que su amigo solía sugerir. Tenía la piel clara, casi translúcida bajo las luces del pasillo, y unos ojos pequeños, agudos, ocultos detrás de unos anteojos de marco fino. Llevaba un traje de tres piezas y emanaba una seguridad que no era la de alguien que intenta agradar.

—Llegas tarde —dijo con una voz ronca que resonó en el pecho del hombre en el umbral.

Yoongi dio un paso hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Taehyung sin esperar una invitación. El aroma de su perfume se impuso de inmediato en la estancia.

—Llego exactamente cuando decidí llegar —respondió, su voz tranquila —. Y si vamos a gastar el tiempo en reproches, mejor me voy ahora mismo. Tengo cosas más importantes que hacer que discutir por la puntualidad.

Taehyung parpadeó, desconcertado. Nadie le hablaba así. Había algo en su forma de moverse, una falta total de miedo, que le confirmó que las recomendaciones de Jin no eran exageradas. El interés que se encendió en su mirada fue casi inmediato.

—No he dicho que fuera un problema —contestó con una media sonrisa, cerrando la puerta tras de él con un sonido metálico que pareció sellar el mundo exterior—. Solo que estaba empezando a impacientarme. Adelante. Supongo que las cosas importantes merecen la espera.

Yoongi entró en la estancia principal, evaluando el lujo del entorno con una mirada desapasionada. Se detuvo en el centro de la alfombra persa, girándose para enfrentar a Taehyung, quien lo seguía con la mirada como un depredador.

—Menos charla, entonces —condeció Yoongi, deshaciéndose del primer botón de su saco con un movimiento fluido.

Taehyung se quedó con la mano aún rozando el pomo de la puerta, observando cómo aquel hombre se movía por la suite, sin el titubeo típico de quien entra en un lugar ajeno, ni esa mirada de asombro que la mayoría de la gente dedicaba a la opulencia de la Suite Real. Yoongi caminó hacia el mueble bar, dejando su saco sobre el respaldo de una silla.

—¿Te sirves tú mismo o esperas que lo haga yo? —preguntó Taehyung, recuperando la compostura mientras se acercaba, aunque sus pasos eran cautelosos, como si estuviera entrando en el radio de acción de un animal impredecible.

Yoongi se giró. No se había quitado los lentes todavía, y el reflejo de las luces de la ciudad en los cristales impedía que Taehyung leyera sus intenciones.

—No bebo en estas situaciones —respondió, su voz era un murmullo profundo que parecía cortar el aire—. Y tú pareces ser un hombre que valora la eficiencia sobre la cortesía. ¿Me equivoco?

Taehyung dejó escapar una risa corta. Se detuvo a menos de un metro de él. La diferencia de altura era evidente, pero Yoongi no proyectaba ninguna inseguridad. Al contrario, la forma en que mantenía el mentón ligeramente elevado obligaba a Taehyung a buscar su mirada.

—No te equivocas —admitió Taehyung, dejando la copa a medio terminar sobre la barra—. Pero me sorprende. Se supone que esto debería ser algo más... fluido.

—Lo será —declaró Yoongi. Se llevó las manos al rostro y se quitó los lentes con lentitud, revelando unos ojos que no mostraban ni un ápice de duda—. Pero las reglas las pongo yo.

Taehyung sintió un tirón en el vientre. La arrogancia de Yoongi no se sentía impostada. El CEO dio un paso más, invadiendo el círculo de seguridad del otro, esperando ver un destello de vacilación, un paso atrás, algo que le devolviera el control de la situación. No obtuvo nada. Yoongi se quedó allí, firme, dejando que el aroma de su piel envolviera a Taehyung hasta que el espacio entre ellos se volvió estrecho.

—Me gusta que pongas reglas —susurró Taehyung, bajando el tono de voz hasta que fue casi una caricia—. Aunque no estoy acostumbrado a obedecer.

—Siempre hay una primera vez para todo —replicó su acompañante.

Extendió la mano y sujetó a Taehyung por el nudo de la corbata. Un movimiento firme y posesivo que obligó al mas alto a inclinarse hacia delante. El contacto fue inesperado. Taehyung pudo ver de cerca la línea perfecta de sus labios, que permanecían apretados.

—Estás tenso —observó Yoongi, su mirada recorriendo el rostro del otro.

Taehyung soltó un suspiro entrecortado, sintiendo el calor del aliento del desconocido contra su boca. Era absurdo. Él manejaba juntas de accionistas que devoraban hombres vivos, pero bajo la presión de los dedos de Yoongi sobre su corbata, se sentía expuesto.

—No es tensión lo que siento, te lo aseguro —contestó, su voz ahora mucho más ronca.

—Dime qué es, entonces —lo desafió Yoongi, acortando la distancia hasta que sus narices se rozaron. Sus dedos se deslizaron de la corbata al cuello de Taehyung, rozando la mandíbula con una caricia.

Taehyung no respondió con palabras. Su mano subió instintivamente hasta la cintura del hombre, apretando la tela del traje. Yoongi no esperó a que el otro tomara la decisión. Con un movimiento ágil, soltó el agarre de su cuello y se alejó apenas un centímetro, lo suficiente para desabrocharse el segundo botón de la camisa y luego el tercero, exponiendo la base de su garganta.

—Quítate el saco —ordenó Yoongi, su mirada fija en los ojos de Taehyung.

El CEO obedeció. El saco cayó al suelo de la suite sin que le importara el precio de la prenda, sus ojos fijos en el hombre que acababa de desmantelar su autoridad con apenas tres frases. Yoongi no esperó a que terminara de procesar la orden. Sus manos, de dedos largos, subieron al pecho de Taehyung. Los dedos se clavaron en los pectorales del más alto, empujándolo un par de pasos hacia atrás hasta que chocó contra el borde del escritorio de caoba.

Taehyung soltó un gruñido sordo cuando sus manos buscaron apoyo en la superficie de madera. Yoongi se metió entre sus piernas, obligándolo a abrirse, y subió la mirada. Sin decir nada, llevó una mano a la nuca del más alto y tiró hacia abajo, estrellando sus labios contra los del otro.

Fue un beso brusco, Taehyung respondió con la misma intensidad, rodeando la cintura de Yoongi y pegándolo a su cuerpo con fuerza, buscando recuperar algo de terreno. El sabor a whisky y la calidez de la boca del otro hombre eran lo único que ocupaba sus sentidos. Yoongi soltó un gemido bajo contra sus labios y mordió el labio inferior de Taehyung antes de separarse apenas unos milímetros.

—Te mueves demasiado —murmuró Yoongi, su respiración golpeando la piel húmeda.

bajó las manos al cinturón de Taehyung. El clic de la hebilla resonó en el silencio de la suite. Taehyung sintió que el aire se le escapaba de los pulmones cuando el más bajo deslizó la cremallera con lentitud, manteniendo el contacto visual en todo momento. Sin duda en sus movimientos.

Taehyung intentó bajar sus manos a los botones de la camisa azul de Yoongi, pero este le sujetó las muñecas y las presionó contra el escritorio.

—Dije que yo pongo las reglas —recordó Yoongi.

Sulengua trazó una línea húmeda desde la mandíbula de Taehyung hasta el lóbulo de su oreja, donde succionó con fuerza. Taehyung arqueó la espalda, sus dedos apretándose contra la madera. Los dedos de Yoongi ahora se deslizaban por debajo de su ropa interior. El contraste de la piel fría contra su propio calor hizo que soltara un jadeo que se perdió en el techo alto de la habitación.

Yoongi lo rodeó con la mano. Empezó un movimiento rítmico, constante, mientras sus ojos se clavaban en los de Taehyung, observando cómo las pupilas del más alto se dilataban hasta devorar el iris.

—No cierres los ojos—ordenó Yoongi en un susurro ronco—. Quiero saber exactamente qué es lo que te gusta.

Taehyung no podía apartar la vista. Estaba hipnotizado por la forma con la que Yoongi manejaba la situación, por la manera en que sus dedos se movían con una precisión que parecía conocer su cuerpo mejor que él mismo. El roce de la tela de sus pantalones contra sus propias piernas, el peso de Yoongi presionándolo contra el mueble y el ritmo implacable de su mano crearon una vorágine que lo dejó sin aliento.

Soltó una mano del borde del escritorio y la hundió en el cabello oscuro del desconocido, tirando un poco hacia atrás para exponer el cuello. Yoongi respondió apretando más el agarre, acelerando el ritmo mientras su otra mano subía a la boca de Taehyung, presionando el pulgar contra sus labios para acallar sus quejidos.

El calor en la suite parecía haber subido varios grados. El sonido de sus respiraciones entrecortadas y el roce de la piel eran lo único que quedaba. Yoongi se acercó más, pegando su frente a la de Taehyung, compartiendo el mismo aire repleto de deseo.

El ambiente se volvió tan caliente que obligaba a sus pulmones a trabajar el doble para obtener aire. Yoongi se separó del escritorio, sus manos bajando por los muslos de Taehyung hasta que sus rodillas tocaron la alfombra. El más alto, con la espalda aún presionada contra la madera de caoba, sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal cuando Yoongi levantó la mirada hacia él.

Taehyung estiró el brazo hacia un cajón del escritorio. Sus dedos, largos y precisos, alcanzaron el cajón superior. Lo abrió con un tirón seco y sacó un pequeño frasco de lubricante y un envoltorio cuadrado de color oscuro, ofreciendoselo al hombre enfrente de él. El sonido del plástico al ser rasgado fue el único ruido que rompió el ritmo acelerado de la respiración de Taehyung.

—Siéntate —ordenó Yoongi, su voz ahora era un rasguño grave en el silencio.

Taehyung obedeció, dejándose caer sobre el borde de la cama, con las piernas colgando y el pecho agitado. Yoongi vertió una cantidad generosa de lubricante en sus dedos, el líquido transparente brillando bajo la luz cenital. Taehyung observó cómo el hombre se preparaba a sí mismo sobre la alfombra con una eficiencia que resultaba fascinante y aterradora a la vez. Yoongi abría sus piernas, arqueando la espalda para facilitar el acceso, sus dedos moviéndose con una cadencia rítmica que buscaba relajar sus músculos. El sonido húmedo de la fricción llenó el espacio entre ellos, un eco que empezaba a desbordarse.

Yoongi soltó un jadeo corto, apretando los dientes mientras sus dedos se hundían más profundo, preparando el camino con determinación. Taehyung estiró las manos, queriendo tocar la piel de los hombros del otro, pero este le detuvo con una mirada.

—Todavía no —sentenció Yoongi.

Se puso de pie, su piel blanca contrastando con la oscuridad de sus pantalones que ahora descansaban en sus pies descalzos. Tomó el condón y lo deslizó sobre la erección de Taehyung con manos firmes. El contacto de la punta de los dedos hizo que Taehyung soltara un quejido, sus dedos enterrándose en las sabanas hasta que sus nudillos dolieron. Yoongi se coloco encima, guiando a Taehyung hacia dentro con precisión.

Cuando comenzó a bajar, el aire en la habitación pareció evaporarse. Yoongi se hundió con lentitud, sus ojos clavados en los del contrario, obligándolo a ser testigo de cada centímetro que entraba. Taehyung sintió que el mundo se reducía a ese punto de contacto, a la presión abrasadora de Yoongi acomodándose sobre él. El más bajo echó la cabeza hacia atrás, exponiendo la línea tensa de su garganta, y soltó un gemido ronco que fue música para los oídos de Taehyung. Sus manos volaron a la cintura de Yoongi, los dedos hundiéndose en la piel suave, tratando de aferrarse mientras el otro empezaba a moverse.

El ritmo era implacable. Yoongi subía y bajaba con una fuerza que hacía que la cama crujiera bajo el peso de ambos. Cada impacto era sordo, profundo, una colisión de piel contra piel que enviaba chispas eléctricas a través del sistema nervioso de Taehyung. Yoongi no era delicado; Taehyung empezó a empujar hacia arriba, sus caderas encontrándose con las del hombre encima suyo en un compás desesperado, buscando llenar el vacío que creaba cada vez que se elevaba.

—Más... —susurró Yoongi, sus manos apretando los hombros de Taehyung, las uñas enterrándose en el músculo—. No te detengas.

Taehyung rodeó la nuca de Yoongi, atrayéndolo hacia abajo para besarlo con ferocidad. El sabor a sudor y deseo llenaba sus bocas, sus lenguas entrelazándose con la misma urgencia con la que sus cuerpos colisionaban. Yoongi se movía cambiando el ritmo, conocía exactamente dónde presionar, cómo girar la cadera para maximizar la fricción. Sus gemidos eran ahora constantes, ecos de placer que rebotaba contra las paredes. Taehyung sentía el calor de Yoongi envolviéndolo, la humedad del lubricante facilitando un vaivén que amenazaba con hacerle perder la conciencia.

El sudor hacía que sus cuerpos resbalaran uno contra otro, creando una fricción que quemaba. Yoongi apoyó las manos en el pecho de Taehyung, usándolo como palanca para aumentar la profundidad de cada embestida. Sus ojos estaban nublados, perdidos en una neblina de sensaciones. Taehyung lo observaba, hipnotizado por la visión del hombre entregado por completo, su piel blanca tornándose rosada por el esfuerzo y el calor.

La velocidad aumentó. El sonido de los cuerpos chocando se volvió un ritmo frenético que marcaba el final de la resistencia de ambos. Taehyung sentía la presión acumulándose en la base de su columna, un torrente de fuego que pedía ser liberado. Yoongi apretó las piernas alrededor de la cintura de Taehyung, encerrándolo en un abrazo, sus dedos ahora enredados en el cabello castaño, tirando con fuerza.

Taehyung aceleró, sus movimientos volviéndose erráticos y poderosos, buscando el fondo con desesperación. Yoongi respondió con la misma intensidad, arqueando el cuerpo, sus propios espasmos comenzando a recorrer sus extremidades. El clímax los golpeó como una ola, un estallido de sensaciones que los dejó sin aliento, con los corazones martilleando contra sus pechos como si quisieran escapar.

Yoongi se desplomó sobre el pecho de Taehyung, su respiración era un silbido errático contra el cuello del otro. El más alto lo rodeó con los brazos, pegándolo a su cuerpo, sintiendo los temblores residuales que aún sacudían el cuerpo de Yoongi. El silencio regresó a la suite. Taehyung cerró los ojos, aspirando el aroma a sexo, sudor y el perfume de Yoongi, sintiéndose drenado. La intensidad de lo que acababa de ocurrir lo dejó en un estado de estupor, con la mente en blanco, solo consciente del peso reconfortante de Yoongi sobre él y del latido rítmico de sus corazones que, por un momento, parecían uno solo.