El Algoritmo Del Amor by Simun R. Pierce at Inkitt
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El Algoritmo Del Amor

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Summary

Emily Carter se mudó a Maplewood para escapar de una vida donde cada decisión venía con un plan de negocios adjunto. Como bibliotecaria en un pequeño pueblo a las afueras de Nueva York, finalmente tiene lo que siempre quiso: anonimato, tranquilidad… y padres que creen que su soltería es una emergencia familiar. Cuando su familia organiza otra “cita adecuada”, Emily le pide a su mejor amigo Noah que finja ser su novio. Noah Kim parece un geek desordenado que vive entre cables y tazas de café frío, pero en realidad es el CEO más joven del pueblo. Él acepta ayudarla… solo hasta que las visitas familiares terminen. Pero mientras Emily lo defiende en cada cena incómoda y Noah comienza a notar las pequeñas cosas -como la forma en que ella memoriza los libros favoritos de los niños que visitan la biblioteca o cómo siempre guarda cocoa para los días difíciles- la línea entre lo falso y lo real empieza a difuminarse. Ahora, cuando una última cita a ciegas amenaza con arruinarlo todo, Emily deberá decidir si vale la pena arriesgar su corazón por alguien que tal vez nunca la vio de verdad. Todos los Derechos reservados

Status
Ongoing
Chapters
67
Rating
4.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo 1

Una Vida Tranquila

El cartel de Biblioteca Pública de Maplewood se balanceaba con el viento de marzo como si estuviera considerando seriamente salir corriendo del pueblo.

Emily Carter lo entendía.

Ella también lo había considerado más de una vez.

Maplewood era uno de esos lugares a las afueras del estado de Nueva York donde las personas dejaban sus puertas sin seguro, se saludaban por su nombre en el supermercado y sabían exactamente quién había discutido con quién antes de que el pan terminara de tostarse.

Era también el lugar perfecto para desaparecer.

Aquí, nadie veía a la hija del fundador de Carter Global Holdings.

Solo veían a la bibliotecaria que organizaba clubes de lectura, recomendaba novelas románticas y tenía la costumbre de esconder chocolate caliente en el último cajón de su escritorio para emergencias emocionales.

Emily empujó la puerta con el hombro, sosteniendo una pila de devoluciones contra el pecho. Su bufanda color crema colgaba suelta sobre el abrigo azul marino y algunos mechones de su cabello castaño oscuro, recogido a medias en un moño descuidado, ya habían escapado para enmarcarle el rostro. Sus ojos —de un verde suave que parecía más gris cuando estaba cansada— recorrieron automáticamente la sala como si buscaran confirmar que todo seguía en su lugar.

Los estantes altos.

La luz de la mañana filtrándose entre las cortinas.

El mismo silencio amable que nunca le pedía nada.

- Tu madre llamó. - dijo Clara desde el otro lado del mostrador, sin levantar la vista de su teléfono.

Clara Reyes tenía el tipo de presencia que hacía que los niños dejaran de correr sin saber exactamente por qué. Su cabello negro estaba recogido en una trenza firme que caía sobre su hombro, y sus gafas de marco delgado descansaban peligrosamente al borde de su nariz mientras revisaba el calendario de reservas con la concentración de alguien que no confiaba en el mundo para organizarse sin supervisión.

Emily dejó caer la pila de devoluciones con un suspiro dramático.

Vivía allí hacía seis años. Desde que terminó su carrera y regresó al único lugar donde nadie la miraba como si estuviera en prácticas para dirigir algo.

También era el lugar donde se había reencontrado con Noah Kim, después de años sin verlo desde el club de matemáticas. Él seguía siendo un geek y nerd combinado, con el mismo talento incómodo para resolver problemas que nadie más veía… y la misma incapacidad para notar cuando alguien estaba coqueteando con él.

Emily se sentía cómoda con eso.

Con él.

- ¿Alguna vez ha llamado para preguntarme si estoy feliz?

- No. - respondió Clara - Pero preguntó si estabas comprometida, así que al menos está siendo consistente.

- Vaya. No me deja en paz con eso.

Desde el rincón más alejado de la sección de informática, Noah alzó una ceja sin levantar completamente la vista de su laptop.

Estaba sentado como siempre: encorvado sobre la mesa, con una sudadera gris que probablemente había sido negra en otra vida, el cabello oscuro cayéndole sobre la frente y las mangas arremangadas hasta los codos. Sus dedos se movían con rapidez sobre el teclado, reflejando líneas de código en los lentes rectangulares que llevaba.

A simple vista, parecía otro freelance trabajando en silencio.

La laptop, sin embargo, costaba más que el auto promedio del pueblo.

- Dice que vayas a casa este fin de semana. - agregó Clara.

Emily cerró los ojos un segundo.

La sensación fue inmediata. Como si alguien hubiera cambiado la temperatura del aire sin avisar.

Tendría que hacerlo.

O sus padres no la dejarían en paz.

Cuando volvió a abrirlos, Noah ya la estaba mirando.

Y había dejado de escribir.

Emily tomó el termo verde del interior de su bolso antes de que pudiera convencerse de no hacerlo.

El vapor había empañado ligeramente la tapa transparente, señal de que todavía estaba lo suficientemente caliente como para que Noah no lo ignorara por completo durante al menos… quince minutos.

Era su récord actual.

Cruzó la biblioteca sin apurarse, pasando entre mesas ocupadas por estudiantes y jubilados con periódicos desplegados como murallas personales. El rincón de Noah estaba exactamente igual que siempre: cables discretamente enredados, una libreta abierta con diagramas incomprensibles y una taza de café vacía que había dejado de cumplir su función hacía horas.

Él no levantó la vista cuando ella se detuvo frente a la mesa.

- Te traje matcha.

Noah siguió escribiendo.

Emily apoyó el termo justo al lado de su mano dominante.

- Es una intervención. - añadió.

Eso hizo que se detuviera.

Alzó la vista lentamente, como si acabara de recordar que el mundo físico existía fuera de la pantalla. Sus ojos oscuros tardaron un segundo en enfocarla y luego descendieron hacia el termo con una mezcla de sospecha y resignación.

- No me estoy muriendo.

- Aún.

Noah se recostó en la silla, pasándose una mano por el cabello en un gesto automático que solo logró despeinarlo más.

- Desayuné.

Emily cruzó los brazos.

- Eran las cuatro de la tarde.

- El concepto de tiempo es relativo.

- Tu presión arterial no.

Clara carraspeó suavemente desde el mostrador sin levantar la vista, como si estuviera puntuando la conversación.

Emily desenroscó la tapa del termo antes de que Noah pudiera argumentar algo más y se lo empujó un poco más cerca.

- Bébelo.

Él miró el líquido verde como si pudiera estar evaluando sus intenciones ocultas.

- No tiene azúcar.

- Lo sé.

- La última vez…

- Fue miel. Y fue hace tres meses. Supéralo.

Noah tomó el termo finalmente, sosteniéndolo con ambas manos como si no terminara de decidir si era una buena idea confiar en ella.

- Podrías haberlo envenenado. - murmuró.

- Podría. - admitió Emily - Pero entonces tendría que explicarle a tu hermano por qué su hermano mayor murió por negligencia nutricional.

Como si lo hubiera invocado, Ethan levantó la vista desde la mesa de estudio al otro lado del pasillo.

A diferencia de Noah, Ethan parecía haber heredado la versión optimizada del mismo ADN: cabello igual de oscuro, pero cuidadosamente peinado, postura recta y una expresión que sugería que encontraba el mundo ligeramente entretenido en todo momento.

- Si muere, ¿Puedo quedarme con tu oficina? - preguntó, sin molestarse en bajar la voz.

Noah le lanzó una mirada plana.

Emily sonrió.

- Ves. Motivación.

Noah bebió.

Y aunque no dijo nada, no volvió a dejar el termo sobre la mesa.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Strong Dialog

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author

interesante hasta el momento

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