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Summary

En un mundo gobernado por una paz impuesta, el Rey II, Igno, mantiene el equilibrio bajo una sola premisa: el control lo es todo. Cuando una figura sin recuerdos despierta en medio de tensiones políticas, reliquias prohibidas y un festival que oculta un juego de poder milenario, el orden comienza a tambalear. Los llamados Fósiles Arcanos —artefactos capaces de alterar el destino del mundo— resurgen como piezas de un tablero invisible. En esta historia no existen héroes absolutos. Solo decisiones. Y cada decisión tiene consecuencias.

Genre
Fantasy
Author
Dynland
Status
Ongoing
Chapters
41
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Prologo

“Quien necesita decir quién es, lo hace porque sus palabras carecen de acciones.”




Desde que el Rey II, Igno, tomó el trono, el mundo aprendió a pronunciar su nombre en voz baja.

No fue una coronación.

Fue una consolidación.

La paz que siguió a su ascenso no nació de acuerdos ni de tratados… sino de un acontecimiento tan antiguo como prohibido. Nadie habla de ello. No en público. No dos veces.

Y, sin embargo, esa “paz” se extendió como un manto pesado sobre los continentes.

Cuatro tierras.

Cuatro historias.

Un solo trono vigilándolas.

Eirinis, el corazón del mundo, se alza como joya central del dominio de Igno. Llanuras fértiles, montañas que perforan las nubes y ciudades relucientes donde conviven litis y otras razas bajo leyes inquebrantables. Allí reside el poder político, militar y comercial. Allí se dicta el orden.

Allí se observa.

Al oeste, Thánatos resiste entre naturaleza indómita y criaturas cuya existencia antecede a la memoria escrita. La autoridad del Rey es más tenue, más distante… pero nunca inexistente.

Al este, Pragma florece bajo una lógica distinta. Los híbridos han levantado una civilización avanzada, impulsada por conocimiento y cálculo. Son leales, pero no ingenuos. Y eso los convierte en algo peligroso.

Más allá de los mares oscuros se extiende Afilóxenos: tierra devastada, cicatriz abierta del pasado. Se dice que allí caminaron semi-dioses que no temían a la muerte. Incluso Igno —con todo su poder— evita esas costas.

Porque hay recuerdos que ni los reyes desean despertar.

Pero tras la imagen del soberano magnánimo, algo late con más fuerza que el deber.

Ambición.

Hace siglos, Igno poseyó un poder cercano a lo divino. Un poder absoluto.

Y lo perdió.

Desde entonces, su reinado no es suficiente.

La veneración no basta.

La estabilidad no sacia.

Su mirada está fija en reliquias que muchos creen mito: los llamados Fósiles Arcanos. Artefactos de origen incierto, capaces de alterar el equilibrio mismo del mundo. Pocos los han visto. Menos han sobrevivido para describirlos.

Para el Rey, no son simples objetos.

Son la llave.

La restauración.

La venganza.

Hace décadas instauró el llamado Festival de Intercambio, celebrado cada cien años en el Gran Coliseo de Eirinis. Lo que aparenta ser una festividad donde convergen mercenarios, comerciantes, traficantes y criaturas de toda índole… es, en realidad, un tablero de ajedrez.

Y el Rey siempre mueve primero.

Entre combates a muerte y pactos en la sombra, Igno mide fuerzas, detecta amenazas y busca, incansable, las piezas que le faltan.

La paz que sostiene su reino no es armonía.

Es contención.

Es silencio impuesto.

Es un filo tan delgado que podría quebrarse con el menor error.

Y mientras el mundo celebra, comercia y sangra en nombre del espectáculo, el Rey teje su red con paciencia milenaria.

Esperando el momento exacto.

El instante en que pueda reclamar lo que le fue arrebatado.

Y cuando eso ocurra…

la palabra “paz” perderá todo significado.|'

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