Pertenecer es más que un vínculo.

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Summary

Una historia de fantasía oscura donde es tan importante lo que se tiene como lo que se ha perdido.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

La luz ya corría colina abajo, huyendo de las copas de los pocos árboles que quedaban junto a la carretera.

—Ha sido otro día agotador, pero exitoso. Siempre lo son —miraba el escritorio—. Muchas parejas llegan con esperanzas y se marchan con los sueños cumplidos, al fin y al cabo —ojeó los expedientes.

Una pareja se mantenía silenciosa frente a ella.

—¿Por qué esa elección? —preguntó, sacando una carpeta de debajo del montón.

—Llevamos tiempo buscando la parte que perdí y estaba aquí —respondió, mirando el reloj.

Un tintineo mecánico atrajo su atención hacia la ventana. Era el parpadeo soñoliento de la farola, que iluminaba una pequeña figura sentada sobre una manta.

«Otra vez la han dejado fuera».

Pensó, frustrada.

Con pasos enérgicos dejó atrás el despacho y las sonrisas infantiles de los formularios de adopción.

En la salida, la oscuridad había reclamado todo a su paso con una frialdad que la hizo echar en falta su chaqueta.

Junto a la estatua de sonrisa suave y brazos abiertos que recibía a cada niño abandonado, estaba aquella criatura enigmática y silenciosa.

—Lo siento.

—No hay por qué —expuso una voz musical—. Es fácil olvidarse de ella. Es porque no está completa.

Fue una respuesta extraña, pero como directora sabía lo que pasaba en realidad.

—Aún me sorprende lo absolutamente preciosa que eres —se agachó, hablándole con ternura—. Te has quedado aquí solita otra vez —estiró los brazos y le temblaron los dedos—. Vamos dentro para que no te quedes aún más fría.

Tocarla le arrancó a la criatura un grito desde lo más profundo de su ser y la hizo estremecer de los pies a la cabeza.

La pareja que la había seguido al exterior no se sobresaltó por el espectáculo.

Aquellas pequeñas manitas que habían estado estáticas en el silencio arañaban ahora el aire, buscando un consuelo que nadie había podido ofrecerle, desde que llegó empapada de rocío.

—Sigue igual que cuando la encontraron —expuso, agachando la cabeza mientras luchaba para no taparse los oídos—. Pero está sana —se apresuró a añadir—. No les podría reprochar si cambian de opinión —continuó hablando a través de aquellos chillidos—. Ya te suelto, tranquila —suavizó el tono al encontrar un cambiador limpio y la dejó allí.

Fue retirar el contacto y que la recibiera el silencio. Pero no uno aliviado, no. Era un silencio que hacía eco en los rincones más oscuros del pensamiento; uno que, además, venía alumbrado por la mirada de aquellas oscuras e insondables pupilas negras que tenía la niña.

—Hemos venido por ella. No vamos a cambiar de opinión.

—De acuerdo, esperen aquí, no tengo bolígrafo.

—Yo sí —afirmó el hombre, que hizo una floritura sobre el papel.

—Deben tener paciencia con ella —se restregó las manos nerviosa—. Seguro que cuando sienta que ha encontrado su lugar deja de llorar.

—El lugar la encontró —añadió el hombre, sacando de su bolsillo una llave pequeñita de hojalata.

La mujer dejó el maletín en el suelo y se abrió la rebeca mientras la directora del orfanato trataba de entender lo que hacían.

Él introdujo la llave en el pecho de ella.

—¿No se ha preguntado nunca qué hacía en aquel camino? —se oyó la pregunta, por encima de un ensordecedor ruido de engranajes crujiendo.

—No, yo… —dudó de pronto de su propio argumento—. Lo único que supimos fue que ese extraño circo había pasado hacía unos días por donde la encontraron tirada…

Quedó atónita por la escena que interrumpió su explicación. La mujer se abrió en dos. El hombre cogió a la bebé, que le sonreía, para meterla dentro y cerrar a la que alguna vez pareció viva. Mientras esta se reducía, rebuscó dentro del bolso y sacó una vistosa caja en la que se podía leer: Las Extraordinarias Matrioskas Mágicas.

Cuando quiso balbucear algo, el hombre extendió unas entradas frente a ella.

—Por si alguna vez quiere comprobar que sigue sana.

Y salió por la puerta silbando una cancioncilla circense.