Habitación 007

Summary

Jasmín es una joven que vive en un edificio modesto en Corea. Tras perder uno de sus trabajos, decide ofrecer servicios de aseo, lavandería y cocina a los vecinos, lo que la mantiene ocupada y cercana a la comunidad. Un día recibe la llamada de un nuevo arrendatario: Jeon JungKook, un hombre tatuado, misterioso y conflictivo, conocido por su motocicleta ruidosa y sus problemas con el conserje. Intrigada, Jasmín acepta atenderlo y entra en su departamento, donde descubre un espacio desordenado lleno de botellas, cenizas y, sorprendentemente, libros y notas de dark romance. La atmósfera la inquieta y atrae al mismo tiempo. Mientras limpia y prepara la comida, JungKook regresa y la sorprende. Su presencia física —cabello oscuro, cuerpo marcado y actitud dominante— la intimida y fascina. Entre comentarios provocadores y miradas intensas, la tensión se convierte en un juego erótico. JungKook mezcla órdenes con gestos de poder, y Jasmín, aunque nerviosa, se deja llevar por la experiencia, recordando escenas que había leído en novelas. Lo cotidiano —la comida, el aseo, el dinero— se transforma en un terreno cargado de deseo y transgresión. El encuentro marca el inicio de una dinámica peligrosa y excitante: JungKook, con sus fetiches y su carácter rudo, y Jasmín, descubriendo su propia curiosidad y deseo, comienzan una relación que promete ser tanto oscura como adictiva.

Status
Complete
Chapters
10
Rating
4.4 5 reviews
Age Rating
18+

Vecino 007

Jasmín es una joven que vive en un edificio común en Corea, pequeño, acogedor y a buen precio. Ha quedado sin uno de sus trabajos y solo mantiene uno remoto cuatro días a la semana; los demás días los ha dejado para ofrecer servicios en el edificio donde vive.

Parte de sus servicios son aseo y cocina. Muchos de los ancianos y madres trabajadoras amaron su propuesta y la mantienen ocupada los tres días restantes. Un día recibe una llamada de un nuevo arrendatario del edificio, su nombre es JungKook y es bastante peculiar.

Contextura gruesa, tatuajes, cabello oscuro y desordenado, y una ruidosa motocicleta que ha dado que hablar entre los huéspedes del lugar. Ha tenido bastantes quejas por sus horas de llegada, el extravío constante de sus llaves y las molestias con el conserje, además de ruidos molestos por las noches. Al ser una comunidad de ancianos y señoras separadas con hijos, no es un buen lugar para fastidiar, pero todos creen que él no lo sabe.

—¿Jasmín, cierto? —pregunta a través de la línea.

—Sí, con ella —responde, algo tímida ante su voz masculina, no es a lo que acostumbra escuchar.

—Vi tu folleto en portería y me interesan tus servicios —menciona.

La forma en la que lo dice suena a que ella es una... ya saben, una de esas chicas. Y a Jasmín le impresiona realmente que aquello se sienta muy bien. A decir verdad, ella estaba impaciente por conocer de más cerca a aquel chico que da que hablar en el edificio.

—Claro, ¿qué solicita?

—Necesito servicio de aseo, lavandería y comida —dice pausadamente, como si buscara excusas, pero Jasmín lo pasa por alto—. Puedes solicitar las llaves de mi apartamento con el conserje, déjale avisado.

—Está bien, ¿le acomoda que vaya esta tarde?

—Sí, me parece perfecto —se despide cortando la llamada y Jasmín se queda suspendida en el aire.

Después de su teletrabajo baja a buscar las llaves con el conserje y sube nuevamente a la habitación 007. Lleva sus implementos de aseo consigo y entra con cautela.

Dentro no parece haber nada extraño, está bastante decente a salvo de ceniza de cigarrillo regada en la mesa, algo de esperma de vela pegada a la superficie junto al cenicero, botellas de cerveza y algo de polvo. Nota que hay unos cuantos documentos, camisas y corbatas regadas en el piso de la pieza y piensa...

“¿Será abogado, contador...?”

Hasta que encuentra algo interesante...

Un sketch de dibujo y notas sueltas con escritos, apartados como de historias. También hay libros, pero no cualquier tipo de libros...

Dark Romance.

Jasmín conoce algunos y eso le eriza la piel.

Se pone manos a la obra, limpia por aquí y por allá, lleva en una canasta la ropa sucia y baja a la lavandería. Vuelve a subir para preparar comida y dejarle todo listo al Sr. Jeon.

Pero hay un detalle.

Luego de que ella vuelva de la lavandería, él ya está en casa. Lo puede sentir porque el olor a perfume se percibe en el ambiente, hay ropa tirada en la habitación y la ducha está sonando. Agradece haberla limpiado antes de que la ocupara.

Recoge la ropa ya usada, huele a hombre atractivo definitivamente.

—Sr. Jeon —golpea la puerta del baño—. ¿Desea que le deje la comida servida antes de que me vaya?

—Jasmín, no sabía que estabas aquí —corta la regadera—. Sírveme la cena, yo ya voy.

—Debo planchar sus camisas, si quiere se las paso a dejar mañana —Jasmín piensa que podría ser incómodo estar en su apartamento mientras él come o desea hacer algo.

—Puedes plancharlas aquí —dice abriendo la puerta.

El hombre que tiene en frente es estupendo, una oda completa a sus personajes favoritos de dark romance. Cabello semilargo, negro, brazo tatuado, abdominales esculpidos, pectorales llenos y fuertes y un piercing en el labio... muy tentador.

Se queda mirándolo sin escrúpulos, es imposible no hacerlo.

—En mi cabeza lucías como una mujer de cincuenta años —dijo él inspeccionándola de pies a cabeza—. Pero me equivoqué rotundamente.

—Ya veo, espero que sea para bien —Jasmín se giró sintiendo un subidón de hormonas increíble.

—Definitivamente sí —admitió él mientras se paseaba tras ella.

Jeon era un hombre de casi treinta años, soltero, creando su propia fortuna, adicto a ciertas prácticas sexuales al igual que en los libros de Dark Romance. Cada cierto tiempo iba a las librerías y miraba a las chicas guapas que paseaban por ahí, elegía el mismo libro que ellas y en su mayoría eran de esa índole.

Así conoció a Jasmín.

¿Por qué Jasmín y no otra chica?

Porque Jasmín cogió un libro que a él le llamó mucho la atención, uno que era demasiado perverso para ser real y le dio muchas erecciones satisfactorias. Y porque trataba de un vecino acosador...

—Huele delicioso... —dijo él mirándola de reojo mientras la veía planchar.

—Es solo arroz con bulgogi y kimchi, Sr. Jeon —responde ella mirándolo de reojo.

Jasmín vio sin descaro cómo este se alzó los bóxers y acomodó hacia un costado su miembro que, a pesar de estar en reposo, era llamativo en tamaño. Notó cómo solo se colocó su pantalón de pijama y se sentó en la cama.

—¿Siempre haces las cosas tan bien, Jasmín? —se preguntó este con una leve sonrisita.

Ella lo miró, ruborizada.

—Siempre que me lo piden y me lo pagan, claro —ella, sin ser completamente directa, dejaba claro que esto era por el dinero, por supuesto.

—Ya veo, ¿no te molesta si te doy en efectivo?

—Claro que no —ella cordialmente colgó las camisas y las llevó al armario, dejándolas en perfecto estado.

JungKook dejó el dinero sobre la mesa y tomó asiento. La miró de pies a cabeza mientras ella le servía la comida. Jasmín no perdía la gracia y pensaba que había elegido bien el par de vaqueros que le hacían lucir uno de sus mejores atributos: un culote.

—Listo, Sr. Jeon —dijo ella haciendo una reverencia.

—Te doy diez wones más si cenas conmigo —le mencionó así sin más.

Jasmín lo miró y pensó que aquello sería una buena idea, ya no tenía trabajo ni compromisos importantes. Ella tomó el dinero y lo guardó en su bolsillo trasero, caminó a la cocina por un cuenco de arroz para ella.

—Te doy veinte más si me das sexo oral mientras ceno —dijo este mientras saboreaba el bulgogi y lo tragaba con un sorbo de agua.

Jasmín sintió un nudo en el estómago formándose, miró el cuenco de arroz y lo dejó en la encimera, aferró sus manos al lavadero pensando en si debía negarse a ello.

Esos treinta wones no vendrían mal para fin de mes, pensó.

Sin más, miró a Jeon y cómo este dejaba los treinta wones en la mesa, deslizándolos con cortesía hacia ella. Jasmín los tomó y los guardó en su bolsillo junto a los demás billetes y se inclinó bajo la mesita hasta llegar a su entrepierna, donde él mismo bajó su pantalón y bóxers, ofreciéndole su miembro.

El falo de carne, erecto y tibio, es repasado por la lengua tímida de Jasmín, quien jamás había hecho aquello, solo lo había leído en libros.

—No temas hacer ruidos con tu boca cuando comes, querida —dice él acariciándole el pelo, formándole una coleta con su mano.

Ella, a poco tiempo de solo lamer y acariciar, ya le iba perdiendo temor. La forma en la que gemía y lo escuchaba masticar su comida la hacía humedecerse.

—¿Te está gustando tu cena? —la leve sonrisita que dibujaba en su rostro le daba poder, pero quería que ella lo viera y verla a ella también.

Él movió la silla apartándola de la mesa, jaló a Jasmín del cabello hasta sacarla de debajo de la madera y la vio a la cara. Ella se limpió las comisuras y lo miró con una mezcla de temor y excitación.

—Quiero que juntes saliva en tu boca —le ordenó—. Mucha saliva, ¿entendido? —tiró su cabeza hacia atrás para verla más de cerca al rostro.

Jasmín asintió, obediente. No iba a admitir que el jalón de cabello le dolía y menos decir que aquella situación le provocaba espasmos vaginales, porque sabía, por sus libros, que a este tipo de hombre le gustaba ser grosero, rudo y obsesivo en estas situaciones.

—Ahora quiero que dejes caer tu saliva en la punta de mi pene y la esparzas con tu lengua desde la misma punta hasta la base —ordenó.

Jasmín dejó caer lentamente su saliva espesa y, como si fuera glaseado, cayó por la punta derramándose hacia abajo. Parte de ella manchó el pantalón, pero eso ya no importaba.

Con su lengua repasó cada vena de su miembro mientras lo escuchaba gemir. Cerró sus ojos mientras sentía el dolor del agarre de su cabello.

—¿Te gusta?

Jeon miró cómo ella seguía sin detenerse, saboreando su gran miembro. La veía tan concentrada que no le importó empujar su cabeza para que la garganta lo recibiera de golpe.

Jasmín se apartó de golpe y escupió haciendo arcadas a un costado. Jeon la soltó al verla complicada y le pasó una servilleta para que se limpiara la saliva.

Se levantó de la mesa y caminó hasta la cocina. Vio el bowl de arroz que ella se había servido y tuvo una idea. Caminó con él hasta la mesa y lo dejó ahí.

Jasmín se incorporó lentamente, limpiando sus comisuras y acomodándose el cabello. No tenía idea de qué era lo que seguía, pero salir de ahí no sería fácil.

—Disculpe, Sr. Jeon —ella hizo una reverencia.

—No te disculpes, lo hiciste fantástico —le acarició el cabello.

Ella miró el arroz en la mesa y lo miró a él. Comprendía que Jeon quería que comiera con él, pero cuando fue a tomar asiento en la silla, este la pateó empujándola lejos de ella.

—Lleva tu boca al bowl y come, sin palillos ni manos —le dijo este con una leve sonrisa. Esta vez lucía algo psicópata, pero eso no le importaba a Jasmín, quien se había metido en el juego.

No sabía si lo había leído en un libro, pero la personalidad de Jeon le parecía similar a la que había leído en algún lado. Comprendía que quizás era algún fetichista y tenía algo con la comida.

Se inclinó contra el plato de arroz, apoyando sus manos en la mesa, y dio un mordisco apoyándose con su lengua para tomar un poco de arroz mientras este la miraba.

Su posición era similar a la de perrito en el sexo. La mesa era lo suficientemente baja como para adoptar aquella posición, y Jeon lo sabía perfectamente, pero deseaba verla comer un poco más.

—Haces un arroz delicioso, ¿cierto? —admitió Jeon sacando con los dedos un poco de este de su plato—. Muy delicioso.

Jasmín se sentía halagada pero también hambrienta, así que comió a gusto mientras pudo.

—Me pregunto si tu coño es igual de rico —dijo mientras se chupeteaba los dedos.

De su bolsillo sacó veinte wones más y los dejó en la mesa a la vista de Jasmín, y le dijo:

—Veinte wones si me dejas comerte el coño mientras cenas —su voz era firme, seductora.

Jasmín lo miró y, sin moverse de su posición, asintió.