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Los nombres “Sung Jin-Woo” y “Draco Lucius Malfoy” habían estado grabado en la piel de Hermione Granger desde que tenía memoria. No eran simplemente un tatuaje; eran algo mucho más profundo, podía sentir el calor emanar de tales marcas, las emociones que provenían de las marcas en su cuello llenaban su adolorido corazón de calor y de consuelo durante las noche solitarias y los encierros duraderos en el oscuro sótano de su casa. Las letras asiáticas se entrelazaban dentro de un corazón negro, rodeado por sombras que parecían moverse con vida propia, a lado derecho de su cuello, mientras que al lado izquierdo la serpiente plateada se removía alrededor del trozo de madera pulido que estaba sobre el nombre Draco Lucius Malfoy; eso asustaba mucho a sus padres que eran unos fanáticos religiosos.
¡Hermione! ¡Baja esa bufanda inmediatamente! _ La voz áspera de Dan Granger resonó por toda la casa de Hampstead Garden Suburb. _ ¡Tenemos visitas y no puedes andar exhibiendo esa... esa cosa como si fuera algo normal! _ el hombre hizo una mueca mirando el cuello de su hija
A los once años, Hermione ya había aprendido que las marca en su cuello eran la fuente de todos los problemas en su vida. Sus padres adoptivos, Dan y Jean Granger, nunca perdían la oportunidad de recordarle que era “diferente”, “extraña”, y que por su culpa los vecinos los miraban con desconfianza y juicio.
La gente piensa que nosotros le hicimos eso a una bebé, _ murmuró Jean mientras ajustaba nerviosamente su collar de perlas. _ Nadie cree que ya tenía esa marca cuando la adoptamos. Es humillante. _ la mujer miró a su hija bien vestida con elegante suéter de cachemira de cuello alto, una bufanda de lana a pesar de ser verano y sus risos perfectamente peinados suelto, ellos exigían perfección en ella, no solo académicamente, ellos debían tener a la hija más inteligente, más hermosa, por eso pagaron grandes cantidades en un perfecto diseño de sonrisa en una niña de once años, por eso invirtieron más dinero en ropas elegantes y hermosas que cubrirá la aberración en el cuello de su hija, la niña debía ser agraciada, amable, ser una joven devota al señor y saberse cada versículo de la biblia; debía compensar su anormalidad siendo la hija perfecta de los renombrados dentistas que eran los Granger.
Hermione se tocó instintivamente el cuello. A pesar de los problemas causados por la existencia de sus marcas ella no las odio, de hecho, le gustaba la sensación que las marcas emanaban y la reconfortaban dándole fuerza para seguir. Sentía como si algo tirara de ella, como si alguien en algún lugar lejano compartiera una conexión invisible con ella. Era una sensación que no podía explicar y que había aprendido a no mencionar después de la primera y última vez que intentó contárselo a sus padres.
Siéntate derecha, _ ordenó Dan mientras el sacerdote local, el Padre Morrison, entraba al salón. _ Recuerda, notas perfectas, comportamiento perfecto, sonrisa perfecta y mantén esas marcas cubiertas. Es la única forma en que puedes empezar a compensar por toda la vergüenza que nos has causado. _ Hermione sintió su pecho estrujarse, luego un momento despues sintió calma y una ola de amor sonrio suavemente.
El Padre Morrison era un hombre alto y severo, con ojos grises que parecían juzgar todo lo que veían. Había sido el confesor de la familia Granger desde antes de que adoptaran a Hermione, y desde el momento en que vio las marcas, había declarado que era “obra del demonio”.
“La niña necesita purificación,” había dicho años atrás. “Esas marcas no son natural. Es una señal de algo oscuro.” _ a pesar de que ellos lo decían Hermione jamás pensó que sus marcas fueran malas o del demonio, como algo que catalogan como malo podía emanar tanto amor y consuelo que llenaba su corazón
Hermione había crecido con oraciones largas y dolorosas, arrodillada en el suelo frío del sótano durante horas, recitando versículos bíblicos mientras el Padre Morrison la observaba con esos ojos fríos. Los domingos eran especialmente duros: después de la misa matutina, venían las “sesiones de limpieza espiritual”, donde el sacerdote le recordaba constantemente que su alma estaba manchada y que solo a través del sufrimiento podría encontrar la redención.
Dios pone pruebas en nuestras vidas por una razón, _ dijo el hombre mientras la obligaba a Hermione permanecer inmóvil durante, llevaba tres horas con los brazos extendidos en forma de cruz. _ Tus marcas son tu cruz, niña. Debes cargarla con humildad y buscar la purificación.
Pero por más que orara, por más que ayunara, por más que soportara los castigos físicos y emocionales, las marcas permanecía. Y con el paso del tiempo, en lugar de debilitarse, parecía volverse más vivida, más real.
Solto de tiemo
Parte 2: La Llegada de McGonagall
El 31 de julio de 1991, todo cambió.
Hermione estaba en el jardín trasero, leyendo un libro de matemáticas avanzadas (porque sus padres insistían en que debía estar dos años adelantada en todos los temas para “compensar su rareza”), cuando una mujer mayor con túnicas verde esmeralda y un sombrero puntiagudo apareció en la puerta principal.
La profesora Minerva McGonagall había venido con la mejor de las intenciones: entregar la carta de Hogwarts a una joven bruja y explicar a sus padres sobre el mundo mágico. Lo que no esperaba era encontrarse con dos adultos fanáticos religioso que se negaron rotundamente a escuchar una sola palabra.
¡Fuera de mi propiedad! _ gritó Dan, tratando de cerrar la puerta. _ ¡No permitiré que venga a corromper a nuestra hija con sus ideas satánicas! _ Minerva frunció el ceño enserio le molestaban los muggles religiosos, pero no podía hacer algo no es la primera vez que ella lidia con esto fanáticos.
Señor Granger, por favor, si me permitiera explicar… _ comenzó McGonagall, pero Jean la interrumpió.
¡Esa niña ya es suficientemente extraña! ¡No necesita más influencias demoniacas! _ McGonagall miró a la muggle
¿Extraña? Su hija no es extraña, es una bru…
¡No termine esa oración! _ McGonagall hizo una mueca cuando la mujer hizo la común seña que hacen los católicos _ Dios perdone a mi hija y limpie su sangre pecadora _ los ojos de Mcgonagall se abrieron
Vea usted, como se atreve a hablar de esa manera de su propia hija, debería avergonzarse _ dijo la subdirectora enojada. _ Usted no sabe
¡¡LARGO!! _ gritó Dan, Jean se alejó un rato luego volvió con un galón y Minerva gritó cuando el viscoso líquido le cayó encima y sus ojos se abrieron cuando el olor a gasolina le llego y una punzada de miedo le lleno al ver a la mujer Granger sacar un encendedor y venderlo
O se larga de mi casa, o me encargo de prenderle fuego a qui mismo _ Minerva retrocedió y miró al interior para ver a una joven de cabellos castaños y ojos marrones que la miraba, luego sin esconderse desapareció ahí mismo, debía informar de esto a Albus era peligroso dejar la niña ahí
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Hermione, que había corrido hacia la casa al escuchar los gritos, alcanzó a ver a la mujer de túnicas siendo bañada con lo que ella vio era gasolina y sus ojos se abrieron al ver como su madre amenazaba con quemarla, vio a la mujer retroceder y mirarla. Algo en los ojos de la mujer le gritó que ella tenía respuestas. Respuestas sobre las marcas en su cuello, sobre las cosas extrañas que le pasaban cuando se enojaba o se asustaba, sobre las voces que escuchaba cuando estaba mal.
¡Al sótano! ¡Ahora! _ Hermione saltó y volvió la mirada hacia su padre que caminaba hacia ella iracundo, empujándola hacia las escaleras. _ ¡Y ni se te ocurra salir hasta que decidamos qué hacer contigo! _ ella no hizo nada cuando su padre cerró la puerta detrás de ella, ya era costumbre que eso sucediera cuando algo raro pasaba, de hecho, estaba segura de que no demoraría en traer al sacerdote.
No se sorprendió cuando en la noche llego el padre Morrison, lo que le sorprendió era que al parecer según lo que dijo la mujer que vino ella era una bruja
Ya sabía yo que había algo profundamente diabólico en esa niña _ murmuró el sacerdote llamando la atención de Hermione _ Las marcas eran solo el principio. Debemos actuar rápidamente antes de que sea demasiado tarde. _ Hermione se estremeció ante la mirada que le dirigió el sacerdote
¿Qué sugiere, Padre? _ preguntó Jean con voz temblorosa, Hermione miró a su madre
Purificación intensiva _ Hermione se tensó, nunca le gustaron las purificaciones, eran dolorosas, ella se preguntaba cómo alguien que creía e imitaba las obras de un disque dios piadoso y amoroso podía ser tan malo, o es que acaso a ser azotado se llamaba amor y ser perdonado, si ese era el caso ella no quería ser amada o perdonada por ese dios.
El sacerdote la miró, luego miró el lugar, lo mejor sería lavar este lugar con agua vendita y ungirlo con aceite _ dijo el sacerdote _ traeré algunas cadenas santificadas para evitar que el demonio escape, ya no podemos hacer nada, lo mejor en encerrar al demonio para que no corrompa a nadie más ni guie a los demás por el camino del pecado, evitemos darle de comer cualquier cosa que provenga de animales, pan sin levadura y agua será suficiente, purificación una vez por semana, sellaremos la puerta y ventana _ Hermione se sintió asustada
Mamá yo no…
Silencio puta _ el sacerdote abofeteo a la niña y la lazo al piso _ una puta del demonio no tiene derecho a hablar en asuntos del señor _ Hermione sintió sus ojos aguarse.
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Parte 3: purificación de Tormento
Lo que siguió fueron los meses más oscuros, despues de ese día su padre clavó unas cadenas al techo y el suelo que tenían oraciones y versículos grabados, las amarro a sus manos y pies, solo le daban de comer pan y agua, cada domingo comenzaba antes del amanecer. El Padre Morrison llegaba a las 4:30 AM con su maletín negro lleno de “instrumentos de purificación”. Primero venían las oraciones: tres horas arrodillada en el suelo de piedra del sótano, con los brazos extendidos, recitando el mismo versículo una y otra vez hasta que su voz se volvía ronca.
“Por sus llagas fuimos curados,” repetía mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas “Por sus llagas fuimos curados.”
Después del “desayuno” venían los azotes.
El Padre Morrison había traído un látigo especial, uno que según él había sido bendecido en Roma. _ Cuarenta latigazos menos uno, _ explicaba mientras Hermione se preparaba, temblando. _ Como Cristo recibió antes de la crucifixión. Es necesario para sacar la mala sangre de tu cuerpo.
Las primeras semanas fueron los más duros. Hermione gritaba, suplicaba, prometía ser buena, pero el sacerdote continuaba implacable. “El dolor purifica,” le decía. _ Abraza el sufrimiento como Cristo lo abrazó.
Después de cada sesión de azotes, venía la sal. Jean Granger la espolvoreaba sobre las heridas frescas mientras Hermione se retorcía de dolor. _ Para sellar las heridas y purificar la sangre, _ murmuraba, aunque Hermione podía ver las lágrimas en los ojos de su madre adoptiva.
Finalmente, el baño de agua bendita. El Padre Morrison había llenado una tina pequeña en el sótano con agua que había bendecido personalmente. Hermione tenía que sumergirse completamente, sin importar cuánto le ardieran las heridas de la sal.
Semana tras semana, la rutina continuaba. Hermione comenzó a perder peso, su piel se volvió pálida y enfermiza, su cabello que antes eran unos rizos perfectos empezó a enredarse tanto que al final so magre solo lo cortó, su boca sabia mal porque solo le permitían cepillarse una vez por semana con sal y enjuagarse con agua Bendita y su espíritu se desvanecía lentamente, lo único que la mantenía era la dulce voz que escuchaba de vez en cuando prometiéndole que la está buscando que la salvará y la otra voz más joven llorando, pero ambas marcas enviándole sentimientos de amor, la voz más madura le gritaba cada que podía.
Hermione...
¿Dónde estás?
Puedo sentir tu dolor...
Resiste...
Pensaba que estaba alucinando por el hambre y el agotamiento, pero la voz se volvía cada vez más clara cada día.