1. Anhti
En las praderas mágicas de Lambada el aire soplaba trayendo aire fresco, de ese que limpian los pulmones, aire cultivado en las montañas entretejidas en las sierras imposibles del paisaje Lambadiano.
En la ciudad Avcak al norte de Lambada un niño solitario mira por la ventana la gente pasar desde el otro lado de la ventana en lo alto de un cuarto de una enorme casa en el pueblo más adinerado de Avcak.
-¡Anhti! ¡Baja ahora!- Retumbó por los pasillos la voz furiosa de una mujer.
El niño bajo las frías escaleras de la casa tembloroso pero apresurado casi tropezando al final del pasillo que llevaba al comedor.
- ¡Otra vez usaste tu magia en la casa!- Grito su madre arrojando una mirada llena de irá al pequeño niño.
-Lo siento mamá...- Dijo el niño mientras se encogía en si mismo al borde del llanto. -Sin querer despertaron, intenté pararlos pero no pude-.
-¡Deja de mentir maldito niño!- Exclamó su madre antes de alzar la mano para darle una cachetada.
-Lo j-... Perdón mamá...- Dijo el niño antes de recibir la cachetada de lleno de su madre.
El llanto que expulso el niño después de el golpe era contenido por el mismo niño que sabía que si molestaba a las demás personas que había en la casa su castigo sería peor.
Después del martirio el niño regreso hacia su cuarto tembloroso con sus ojos llenos de lágrimas escuchandose su plañido tenuemente a lo largo del pasillo.
Al entrar a su cuarto volvió a ponerse al lado de la ventana sin antes tomar su peluche favorito de una serpiente arleia, conocida en Lambada por la creencia de ser una serpiente que está destinada a convertirse en un ser espiritual legendario al morir su cuerpo mortal.
Anhti que era el nombre del pequeño niño se aferraba fuertemente a su peluche, recordando el día que se lo compraron, cuando el, sus hermanos y su madre estaban felices en un paseo familiar por el mercado de Avcak, el solo pensamiento de aquellos tiempos hacia que la garganta de Anhti se apretara y que sus lágrimas no dejarán de salir de sus ojos aunque el niño las tratara de mantener adentro.
Anhti anhelaba que esos tiempos volvieron pero sabía perfectamente que eso sería imposible, desde que despertó sus poderes mágicos su vida feliz se volcó violentamente, de una semana a otra su familia se había vuelto fría y distante con el, un odio silencioso pero que consume lentamente el corazón de Anhti despertó al mismo tiempo que si inmenso poder mágico el cual no podría controlar aún.
Cada vez que accidentalmente Anhti usa sus poderes es un recordatorio desgarrador de que el, lo que alguna vez fue ya nunca será de nuevo, mientras el niño intenta refugiarse en algo que lo proteja tiene que luchar contra la duda del por qué si vida se volcó de manera que lo hizo. Una tortura lenta que parecería premeditada.