0. Chico heterosexual | MARKHYUCK

Summary

Joven, moreno y apuesto, Donghyuck atrae atención no deseada en la cárcel. Cuando su compañero de celda le ofrece protección... acepta. Aún cuando no confía en quien lo hace. Poco sabe él cuánto cambiará eso su vida. Cuando es liberado, Donghyuck se encuentra a sí mismo necesitando y queriendo cosas que no debería desear.

Genre
Lgbtq
Author
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Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. Deshecho de la prisión

Su madre solía decir que algún día su cara lo metería en problemas.

Ese parecía ser el día.

Manteniendo la mirada agachada, Donghyuck siguió al guardia hasta su celda, sintiéndose incómodo y raro en su uniforme nuevo. Como un criminal.

Donghyuck casi se rio. De hecho, era un criminal ahora, después de haber sido condenado a un año de prisión tras conducir bajo la influencia del alcohol y haber herido a una persona. Había sido un accidente, pero eso no le importó a nadie. Bueno... Sí. A él. A Karina —su novia—, y a su madre, quien había llorado cuando se leyó la sentencia.

Donghyuck tragó, recordando la expresión en la cara de su madre. Se había visto tan pequeña y vieja de pronto, y todo por su culpa. Su madre siempre se preocupó demasiado por él.

Empujó el pensamiento lejos de su cabeza, mientras intentaba ignorar a los otros prisioneros golpeando las barras y mirándolo pasar. Gritaban cosas que hicieron dar un vuelco a su estómago, y que la bilis le subiera por la garganta.

Esperaba que no fuera obvio lo asustado que estaba. No era exactamente delgado y bajo —era alto, y tenía algunos músculos un tanto decentes—, pero no era de ningún modo tan grande como alguno de esos hombres. Parecían tanques. La verdad sea dicha, Donghyuck estaba completamente aterrorizado, y una vez más, quería patearse a sí mismo por emborracharse y terminar en este lío.

Cuando saliera de allí, nunca, pero nunca, se emborracharía de nuevo. Eso si es que conseguía salir de prisión. Estaría compartiendo celda con alguien que muy probablemente fuera más rudo, más duro, y mucho más malo que él. Un criminal real.

El guardia lo empujó dentro de la celda. La puerta se cerró y trabó detrás de él, con un alto y de algún modo indiferente clic.

Donghyuck se humedeció los labios, mirando a su compañero de celda.

El chico estaba tumbado en la litera inferior, con los ojos cerrados, por lo que Donghyuck tuvo la oportunidad de estudiarlo. Era alto y aunque delgado, estaba en forma y tenía unos hombros anchos. Pelo oscuro y ligeramente largo, nariz respingona, cejas gruesas, piel ligeramente bronceada. Parecía un chico casi decente, pero no del todo. Él estaría probablemente alrededor de los treinta, como máximo.

—¿Has terminado de mirar? —preguntó el tipo sin abrir sus ojos. Donghyuck se estremeció.

—Um, sí. Lo siento.

—La litera de arriba es mía.

Donghyuck quería preguntar por qué estaba acostado en su litera entonces, pero tuvo que morderse la lengua. Ser un culo-ingenioso no era probablemente una buena idea.

—Soy Donghyuck.

El chico abrió los ojos. Eran marrón oscuro y extrañamente intensos. Su mirada recorrió a Donghyuck antes de lamerse los labios.

—Encantado de conocerte, Donghyuck. ¿Qué tan bien chupas la polla?

Donghyuck se sonrojó, dando un paso atrás.

—Soy heterosexual.

El hombre levantó las cejas, mirándolo vagamente divertido.

—Todo el mundo es heterosexual aquí, osito.

—¡Tengo una novia!

El tipo no parecía impresionado.

—La mayoría de nosotros la tenemos. O esposas.

Él salió de la litera. Un depredador.

Parecía un depredador.

Con su corazón en la garganta, Donghyuck dio otro paso atrás. Pero en lugar de abusar de él, el hombre extendió su mano para un apretón de manos.

—Soy Mark.

Desconcertado, Donghyuck estrechó la mano con cautela.

—Probablemente ha sido un largo día para ti —dijo Mark—. Ve a dormir. Nadie deambula durante la noche.

—Sí, está bien —dijo, inmensamente aliviado. El tipo había estado probablemente solo bromeando cuando dijo eso de chuparle la polla. Por supuesto que estaba bromeando.

—No te follaré esta noche —añadió Mark—. Buenas noches.

Donghyuck parpadeó.

—¿Pero qué? ¡Ni mañana! ¡No vamos a follar ninguna noche!

Mark sonrió. Fue una sorprendentemente bonita y rectangular sonrisa, sus dientes blancos y parejos. Se acercó más a él hasta que no estaban siquiera a una pulgada de distancia. Donghyuck tragó, muy consciente de que el hombre era un poco más alto que él y mucho más amplio de hombros.

—Vamos a cortar por lo sano —dijo Mark suavemente, mirándolo a los ojos—. Voy a follarte. Va a pasar y es mejor que te acostumbres rápido a la idea. Tienes suerte de que estás conmigo. Yo no te voy a hacer daño, no te obligaré a follarme, y te protegeré de los demás. Si chupas bien mi polla. Créeme, otros chicos no serían tan agradables como yo.

—Si no me vas a obligar, no pasará —dijo Donghyuck, tratando de mantener su voz firme—. Lo siento, pero realmente soy heterosexual. Y ya te he dicho que tengo novia.

Por alguna razón, eso hizo que Mark riera.

—Tienes suerte de que aquí es aburrido como el infierno y me gusta un buen desafío.

Antes de que Donghyuck pudiera decir nada, Mark se subió a la litera de arriba y al rato ya estaba dormido.

Donghyuck se quedó inmóvil, mirando a la nada por un largo tiempo. Apenas durmió esa noche. Y la mañana siguiente llegó demasiado rápido para su gusto, pero no fue tan malo como él había esperado —y temido.

El día transcurrió lo suficientemente normal. Sí, recibió más miradas lascivas y fue más manoseado de lo que lo había sido nunca en su vida, pero... no fue tan malo. Nadie trató de atacarlo. Ni de... cualquier otra cosa. Cuando su día de trabajó terminó, llegó la hora de la ducha —algo que había estado temiendo todo el día.

En las duchas, no sabía para qué lado girar. Donghyuck no quería que los otros reclusos se comieran su polla con los ojos, pero tampoco quería darle la espalda a nadie. Así que se lavó, torpemente, girando sobre sí mismo cada pocos segundos.

Había chicos tocándose entre sí, algunos incluso haciendo más que eso. Pero los guardias no parecían interesados en detenerlos mientras pareciera mayormente consensual. E incluso si no lo era, no parecían muy deseosos por hacer nada.

Había un tipo grande en la esquina opuesta clavando su polla en la garganta de otro. Donghyuck intentó no mirar hacia allí. Su corazón latía tan rápido que pensó que iba a vomitar.

Vio a muchos otros tipos mirándolo con interés, pero nadie intentó nada. Donghyuck sospechaba que tenía algo que ver con Mark, quien estaba cerca de él, callado y con cara de piedra.

Seguro de que nadie iba a atacarlo, Donghyuck se relajó un poco. Aquello fue un error.

A mitad de la ducha lo sintió. Una mano en su culo.

Donghyuck se congeló y luego miró a Mark.

—Mantén tus manos para ti mismo —dijo entre dientes.

Él fue lo bastante inteligente como para no hacer una escena. Donghyuck podría no saber mucho sobre la jerarquía en prisión, pero sabía lo bastante. Sabía que Mark tendría que demostrar quién estaba a cargo allí si Donghyuck le hacía parecer débil.

Mark lo miró con calma, con sus ojos oscuros e ilegibles.

—Tengo que dejar claro a todos que eres mío —susurró—. Si no lo hago, otros chicos podrían tener ideas. No quieres eso, ¿a que no?

Donghyuck clavó los ojos en él, apretando la mandíbula. Por mucho que lo odiara, sabía que tenía razón. Y si tuviera que elegir entre ser considerado el juguete de su compañero de celda o ser follado a repetición por otra gente, sabía lo que prefería.

Así que no se alejó, dejando a Mark mantener una mano de propietario sobre su culo.

Su cara debía estar totalmente roja. Aquello era un golpe a su masculinidad. Donghyuck se preguntó si así era cómo se sentían las mujeres cuando los hombres las trataban como objetos.

Cuando el tiempo en la ducha terminó, apartó la mano de Mark, se vistió y volvió a su celda rápidamente.

Mark no regresó de inmediato. Cuando lo hizo, Donghyuck se tensó involuntariamente, apretando el libro que estaba tratando —y fallando— de leer.

—Relájate, Labios Sensuales —bufó Mark.

—No me llames así.

—Te llamaré como yo quiera.

Donghyuck sintió una oleada de rabia impotente, pero no dijo nada. Mark lo ponía nervioso; era diferente a los otros presos: tranquilo e intenso de un modo extraño. No levantaba su voz, no alardeaba como otros reclusos. Pero por lo que Donghyuck había visto, parecía muy respetado e incluso temido.

—¿Por qué estás tú aquí?—preguntó Donghyuck, incapaz de reprimir su curiosidad.

—Mate ocho personas en un centro comercial —dijo Mark mirándolo a los ojos.

Donghyuck parpadeó.

—Estás bromeando, ¿verdad?

Mark hizo un gesto de encogimiento que podría interpretarse en ambos sentidos. Donghyuck realmente esperaba que estuviera bromeando.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó Mark de pronto, mirándolo.

—Veintitrés.

Mark lo observó durante unos momentos antes de meterse en su litera. Qué tipo tan raro.

Los días pasaron, y la vida de la prisión no era para nada como Donghyuck imaginó.

Por un lado, era mucho más aburrida de lo que había pensado nunca. No podía hacer nada que quisiera. Todo lo que hacía era controlado y regulado, y estaba comenzando lentamente a volverlo loco. A veces estaba tan aburrido que sentía como si tuviera que hacer algo drástico solo para escapar de la monotonía. Ahora podía entender por qué había tanta violencia en la cárcel: la gente tenía que entretenerse. Le alteraba y le daba miedo la forma en que empezaba a identificarse con esos criminales.

Los otros reclusos mayormente lo dejaban solo, pero Donghyuck no se hacía ilusiones sobre eso. Notaba las miradas que le daban. Él era castaño, de ojos color miel y demasiado malditamente bonito para no llamar la atención. Tanto como odiaba tener que depender de Mark, el tipo era lo único que mantenía a los otros lejos.

Para el final de la segunda semana, Donghyuck estaba ya tan acostumbrado a la mano de propiedad de Mark sobre él en las duchas que simplemente la ignoraba.

Pero a pesar de que sabía que todo el mundo pensaba que era la puta de Mark, ser llamado así en su cara era una cosa totalmente diferente.

—Yo no soy su puta —espetó cuando Johnny, el hombre con el que había formado una amistad tentativa de algún tipo, lo llamó así en tono de broma—. Él no me está follando.

Johnny le dio una mirada extraña y no dijo nada.

Donghyuck no pensó más en eso hasta que volvió esa noche a su celda y se encontró a Mark esperándolo. Estaba enfadado como la mierda, con sus oscuras cejas dibujadas en una línea y los labios apretados el uno contra el otro.

Mark estaba sobre él antes de que pudiera parpadear. Lo empujó contra la pared, presionando un brazo contra su garganta.

—¿Quieres que te mate? Me hiciste quedar como un jodido mentiroso. ¿Así es como me lo agradeces?

Donghyuck se humedeció los labios.

—Lo siento. No pensé que Johnny se lo fuera a decir a nadie.

Mark se burló.

—Eres un bebé ingenuo. Nunca confíes en nadie.

—¿Pero sí en ti?

Mark sonrió.

—No deberías confiar en mí, tampoco. —Su sonrisa desapareció tan rápido como apareció. Su rostro era sombrío ahora—. Si las personas te llaman mi puta, tú dices que eres mi puta. ¿Lo tienes?

—Jódete —Donghyuck intentó empujarlo fuera, pero solo terminó frotándose contra Mark.

—Lo haré —Mark murmuró en su oído, mordiéndolo. Donghyuck se sonrojó.

—Vete a la mierda.

—Estarás rogándome pronto —dijo Mark, apretándose cada vez más contra él. Su peso, su fuerza, su olor... Estaba abrumando los sentidos de Donghyuck de un extraño e inquietante modo.

—Nunca.

Mark se empujó, alejándose. Donghyuck exhaló.

—Bien. Si tú no quieres mi protección, eres libre de hacer lo que quieras. Voy a dejar que la gente sepa que me importa una mierda si alguien te toca.

Donghyuck tragó duro al recordar las miradas que los otros reclusos le dieron en las duchas. Ser pasado de uno a otro no era su idea de diversión. Podía odiar a Mark, pero al menos era poco probable que lo forzara a nada. No porque fuera un buen tipo —Mark era un idiota, pero era un idiota al que le gustaba jugar juegos mentales y que estaba dispuesto a esperar a que Donghyuck le rogara que lo follara. Y ya que nunca iba a pasar... Él estaba más seguro con Mark. Probablemente.

—Espera. No.

Mark no se regodeó, aunque a Donghyuck no le sorprendió. Solo asintió y dijo:

—Ahora ve a dormir.

—Tú no eres mi jefe —murmuró Donghyuck, frunciendo el ceño.

Pero hizo lo que él le dijo.

La siguiente vez en las duchas, el dedo enjabonado de Mark se deslizó entre sus nalgas.

Donghyuck se congeló.

—Dijiste que no me forzarías —se quejó entre dientes.

—No lo estoy haciendo y no lo haré —replicó Mark, empujando el dedo dentro de él lentamente—. Pero tienen que verme tocarte. Si no lo hago, van a empezar a pensar que me has envuelto en tu dedo meñique.

Donghyuck resopló, obligándose a relajarse. Mark estaba en lo cierto.

El dedo se empujó más profundo. No le hacía daño, pero era... raro. Muy raro.

El dedo salió, volvió a entrar y se movió en su interior. La cara de Donghyuck se puso caliente. Tenía el dedo de otro hombre en su culo. No podía creerse que tenía el dedo de otro hombre en su culo.

El dedo rozó algo dentro de él y sus ojos se ampliaron, mientras su boca se abría sola, con un rayo de placer disparándose por su interior.

—Dile hola a tu próstata —dijo Mark contra su oreja, tras él.

—P-para —susurró Donghyuck, odiando lo insegura que sonó su voz. Su polla empezó a endurecerse contra su voluntad.

—Esto es lo único que voy a hacer —dijo Mark—. Tu puedes masturbarte.

—Que te jodan —dijo Donghyuck débilmente, mientras Mark movía el dedo dentro y fuera de él con lentitud. Sin mirarlo, se cuestionó cuántas personas los estarían viendo.

—Te gusta esto—dijo Mark en su oído.

—No lo hace.

—Lo hace —dijo Mark, frotándole la próstata de nuevo. Donghyuck no pudo contener un gemido.

—Soy heterosexual.

—Por supuesto que lo eres. —Mark empezó a mover el dedo rápidamente—. Solo te gusta tener mi dedo en el culo.

Donghyuck se mordió el labio para evitar gemir.

—No.

—¿No? Bien. —Mark le lamió la oreja y sacó el dedo—. Estarás rogándome por esto pronto.

Donghyuck cerró los ojos, sintiéndose extraño. Vacío.

—Te odio —dijo, volviendo la cabeza para mirarlo. Trató de no fijarse en la erección de Mark.

—Por supuesto que sí, bonito.

Al día siguiente su novia fue a visitarlo.

Donghyuck la miró a través del cristal que los esperaba, tratando de encontrar algo que decir. Karina se veía adorable, como de costumbre, con su cara en forma de corazón muy bonita y muy femenina. Ella también parecía muy fuera de lugar.

—¿Cómo...? ¿Cómo estás? —preguntó en el teléfono.

Donghyuck sonrió con ironía.

—¿Cómo crees?

—Tú... te ves bien —dijo Karina después de un momento.

Casi se echó a reír. Si ella supiera lo mucho que le hubiera gustado no verse bien. Si se hubiera visto mal, nadie le habría echado más de una mirada. Si se hubiera visto mal, Mark...

Donghyuck empujó lejos el pensamiento. No, no iba a darle más vueltas. No ahora, con su novia delante.

—Gracias —murmuró torpemente—. ¿Qué tal la escuela?

—Bien —contestó Karina.

Un incómodo silencio se extendió entre ellos.

Donghyuck la miró con atención, evaluándola. La echaba de menos. Echaba de menos su vida vida antes de todo esto. La amaba, pero... se sentía tan desconectado de ella. Karina pertenecía a otro mundo. Un mundo en el que él solo era un chico promedio, que al parecer ahora obtenía manoseos públicos y folladas con los dedos de otro hombre.

Donghyuck agachó la mirada, con la cara cliente.

—Tú no tienes que visitarme, ya sabes —dijo sin mirarla—. Tú no tienes que esperar por mí. Un año es mucho tiempo.

Silencio.

—...¿No quieres que te espere?

Suspirando, Donghyuck se pasó una mano por la cara.

—No tengo derecho a pedirte eso. Yo la cagué, y ahora estoy pagando por mi estupidez. —Le dio una sonrisa torcida—. No tienes que esperarme. No si no quieres.

Los ojos de Karina brillaron con lágrimas contenidas. Asintió lentamente.

—Su tiempo se ha acabado —dijo el guardia caminando hacia él.

Donghyuck colgó y dejó que el guardia lo guiara fuera de la sala, sintiendo el corazón pesado.

Se dijo a sí mismo que aquello era lo mejor. Karina no lo habría querido de todas formas si se enteraba de lo que había estado ocurriendo desde que estaba allí.

Sí. Era lo mejor.

Se convirtió en una rutina. Cada vez que estaban en las duchas, Mark metía un dedo en él, y para finales de mes Donghyuck estaba tan acostumbrado a ello que el dedo de Mark ya no encontraba ninguna resistencia. En realidad... Donghyuck había empezado a sentir como si el dedo no fuera suficiente. Quería más. Y realmente quería correrse, pero se negaba a masturbarse con el dedo de Mark en su interior. Se negaba a darle esa satisfacción.

Donghyuck lo odiaba. Lo odiaba y odiaba que últimamente parecía haber llegado al punto en el que siempre la tenía medio dura cuando se iban a las duchas. Odiaba que se le pusiera dura como una pierda en cuanto Mark le metía el dedo. Odiaba que empezara a retorcerse contra él.

Odiaba querer más.

Donghyuck estaba tan frustrado sexualmente últimamente que se sentía como si estuviera a punto de golpear a alguien. Preferiblemente a Mark.

Se rompió dos semanas más tarde.

Estaban en las duchas de nuevo. Donghyuck tenía la frente apretada contra la pared mientras que Mark empujaba su dedo dentro y fuera de su agujero. Era demasiado lento. Donghyuck no podía soportarlo. Se empujó hacia atrás, gimiendo cuando el dedo de Mark se frotó con fuerza en su próstata. Había gente mirándolos, pero Donghyuck no consiguió que le importara. Estaba demasiado ido como para que lo hiciera.

Gimió cuando Mark empujó otro dedo dentro y empezó a follarlo con ellos. Se sintió bien. Tan bien. Donghyuck cerró los ojos y envolvió la mano alrededor de su polla, empezando a masturbarse. Trató de pensar en Karina, pero la gran mano de Mark acariciando su estómago y culo lo hizo imposible. Tenía los dedos de un hombre en su culo y le encantaba. En ese momento no le importaba cuán malo y sucio —y gay— fuera.

Donghyuck gimió más fuerte cuando los dedos de Mark empezaron a moverse más rápido. Quería correrse. Estaba muriéndose por ello. Se acarició la polla, con pequeños gemidos entrecortados escapando de entre sus labios mientras Mark torturaba su próstata.

Él no era gay. No lo era.

Pero Dios, aquello se sentía tan bien.

Mark metió un tercer dedo en él, y la quemazón hizo a Donghyuck gritar y correrse, temblando con todo su cuerpo y sus rodillas apenas sosteniéndolo.

Cuando Donghyuck abrió los ojos, la realidad de lo que acababa de ocurrir lo golpeó con fuerza. Se había corrido con los dedos de Mark dentro de él. Otro hombre lo había hecho acabar. Y todo el mundo lo vio.

Aturdido, Donghyuck saltó alejándose de él. Se enjabonó todo intentando ignorar los silbidos, negándose a mirar a Mark.

No hablaron de ello.

Donghyuck lo ignoró y Mark le dejó ignorarlo.

La siguiente vez que estuvieron en las duchas Donghyuck se tensó, esperando a que Mark empujara sus dedos de nuevo en su interior, pero no lo hizo.

Aquello lo desequilibró.

Se dijo a sí mismo que se alegraba —y lo hacía. Ser follado con dedos en público iba más allá de lo mortificante.

Se alegraba.

Pasaron algunas semanas, y todo lo que hizo Mark fue acariciarlo un poco. A veces manoseaba su culo y su agujero, pero no volvió a empujar los dedos dentro de él. La peor parte era que Donghyuck todavía tenía una erección, incluso cuando la mano de Mark apenas tocaba su culo.

Eso lo confundió y lo hizo enfadarse consigo mismo. Además, le molestaba que Mark constantemente caminara alrededor sin camisa. Era un fanfarrón.

—¿No tienes una camisa? —preguntó Donghyuck una noche, sin aguantarlo más.

Mark lo miró, con los ojos brillantes.

—Nunca te había molestado.

Donghyuck frunció el ceño. La mirada evaluadora de Mark lo hizo sentirse incómodo.

—¿Qué?

—¿Quieres algo, Donghyuck?

Donghyuck.

Su propio nombre le sonó extraño. Mark generalmente lo llamaba por algún nombre ridículo, sabiendo lo mucho que le molestaba.

—No sé qué quieres decir —Donghyuck se giró sobre su estómago, decidido a ignorarlo. Pero Mark no se lo permitió.

Se tensó cuando sintió a Mark sentarse en su litera junto a él, con una mano tocando su culo.

—¿Quieres que te toque? —La voz de Mark era tranquila. Donghyuck se humedeció los labios.

—No.

Un dedo se deslizó bajo su pantalón y lo acarició entre sus nalgas suavemente.

—¿Quieres que te toque? —repitió Mark, como si no hubiera dicho nada.

Donghyuck no dijo nada.

Probablemente tomándolo como un sí, Mark empujó sus pantalones hacia abajo.

Esto no está pasando , se dijo Donghyuck a sí mismo. No podía estar pasando.

Él no estaba acostado en una litera de la cárcel mientras que su compañero de celda le tocaba el culo.

Sí, sí que está pasando.

Donghyuck se mordió el interior de una mejilla cuando el dedo de Mark rodeó su ano contraído. Luego hubo algo húmedo presionando contra su agujero.

Donghyuck se puso rígido. Una lengua.

Mark estaba lamiendo su agujero.

Sonrojándose, Donghyuck susurró:

—¿Qué estás haciendo? Es asqueroso... y gay.

Donghyuck trató de apartar la cabeza de Mark lejos de su culo, pero Mark se agarró a sus nalgas con fuerza. Las separó y clavó su lengua en su agujero.

—¿Estás loc- Ah... —las protestas de Donghyuck se volvieron un largo gemido, mientras Mark follaba su agujero con su lengua, profundizando más y más, una y otra vez hasta que dejó de ser lo bastante profundo. Donghyuck gimió y comenzó a empujarse atrás contra la lengua de Mark, queriendo más, necesitando más. Su agujero palpitaba hambrientamente alrededor de la lengua. Jadeó, empujando su culo más arriba. Era sucio y obsceno, tan malo en varios niveles... Pero le encantó.

Lejanamente se preguntó qué diría Karina si ella lo viera ahora, retorciéndose en la lengua de un tipo como una puta. Se sonrojó ante la idea, pero no podía dejar de hacerlo. Así como no podía parar los gemidos necesitados.

—Por favor. —Quería correrse. Quería algo más profundo en él. La lengua se sentía increíble, pero... no era suficiente—. Más.

De pronto la lengua se había ido.

Donghyuck jadeaba pesadamente, restregándose contra el colchón. Su polla estaba húmeda por el líquido preseminal y su agujero palpitaba. Finalmente, dos dedos lubricantes se empujaron dentro de él, y su culo se apretó inmediatamente alrededor de ellos.

—Joder. Naciste para esto —dijo Mark con la voz ronca, bombeando los dedos dentro y fuera de él. Donghyuck gimió mientras rozaban repetidamente su próstata. Pero aún lo quería más fuerte.

—Más fuerte —dijo, empujándose más contra sus dedos.

Mark se rio entre dientes.

—Te daré mi polla en un momento.

Los ojos de Donghyuck se agrandaron.

—Yo no soy gay.

Mark sacó los dedos de su interior y Donghyuck se quejó.

Estaba tan vacío. Nunca pensó que era posible sentirse tan vacío. Se retorció, anhelante.

Mark acarició su agujero con los dedos, sin llegar a meterse dentro. Donghyuck intentó empalarse a sí mismo con ellos, pero Mark los apartó riendo suavemente. Al momento, Mark se tumbó sobre él y Donghyuck sintió algo resbaladizo y punzante tocar su agujero.

—Esta es mi polla —dijo Mark, con la voz ronca—. Si la deseas, pídela. No voy a follarte si no lo haces.

—Tengo novia —susurró Donghyuck.

Pero, ¿lo hacía? ¿Tenía novia?

Mark chupó su cuello, su aliento caliente estrellándose contra su piel.

—No me importa. Podrás tener novia, pero ahora mismo lo que quieres es mi polla dentro de ti.

El glande de Mark acarició su agujero, pero no se empujó dentro. Donghyuck reprimió un quejido. Lo quería. Quería esa polla dentro suyo. Lo deseaba tanto que estaba temblando por ello.

Quería que Mark lo follaba. Él realmente quería abrir las piernas como una puta y rogarle por ello. Dios, era de verdad la perra de Mark. ¿Qué le había hecho la prisión?

—Te odio —dijo con sentimiento.

—Seguro —replicó Mark, esparciendo besos por todo su cuello haciéndolo cosquillear—. Ahora pídelo.

Donghyuck negó con la cabeza, pero su cuerpo tenía mente propia y se estaba empujando contra su polla. Abrió la boca cuando su glande atravesó su esfínter. No dolió tanto como él esperaba, por lo que se empujó de nuevo. Gimió cuando la polla de Mark se deslizó todo el camino hasta su fondo.

—Se suponía que lo pedirías —dijo Mark entre dientes.

Donghyuck sonrió.

—¿Sí?

—Pequeña mierda descarada —gruñó Mark, antes de empezar a moverse. Él impuso un ritmo rápido, jodiéndolo sin restricciones.

Donghyuck cerró los ojos. No podría creerse lo bien que se sentía. Estaba gimiendo y jadeando mientras se empujaba contra la polla de su compañero de celda, con su propia polla goteando por todo el colchón.

—Eso es todo —dijo Mark contra su oreja, lamiéndola y besándola—. Ahora eres mío. Mío.

Donghyuck gimió, tirándose de nuevo contra la polla de Mark, deseándolo más profundo. Sus gruñidos y gemidos hicieron eco en la celda mientras se movían juntos, follando cada vez más rápido.

Donghyuck sabía que cualquiera podía verlos. Que cualquiera podía oírlos. Pero el pensamiento lo encendió aún más.

No le importaba. No ahora.

Empujando una mano bajo él, Mark la envolvió alrededor de su miembro y comenzó a masturbarlo. Aquello fue demasiado de una sola vez y el orgasmo golpeó a Donghyuck con fuerza. Se vino con un gemido largo y ronco, que lo dejó hecho gelatina, incapaz de hacer otra cosa que quedarse quieto mientras Mark se estrellaba un par de veces más contra su cuerpo antes de correrse con un gemido.

Descansaron en esa postura por un largo tiempo, todavía respirando con dificultad. Mark era demasiado pesado para él, pero Donghyuck no quería que se moviera. Se sentía bien. Tan bien. Todavía podía sentir a Mark en su interior, pero su esperado enloquecimiento por lo hecho no llegó. Todavía no, al menos.

Mark salió de su interior y se puso de lado, tirando de Donghyuck para pegarlo a su pecho. Probablemente pareciera que estaban haciendo la cucharita, pero por supuesto que no era eso. Era simplemente que la litera era demasiado estrecha.

Pero Donghyuck debía admitir que se sentía bien tener a alguien tan cerca después de meses sintiéndose solo.

Tal vez estaba hambriento de contacto.

Tal vez así era como se sentía el síndrome de Estocolmo.

Sí, seguro que era eso.

Pero por ahora, Donghyuck se negaba a preocuparse. Enterró su cara en el brazo de Mark y respiró.

—¿Todavía heterosexual? —murmuró Mark en su oído, apretándolo más contra sí.

—Sí —dijo Donghyuck, cerrando los ojos.

Pero no lo empujó lejos.

Aunque desde luego lo iba a hacer.

Luego.