Capítulo 1
Lee Donghyuck no estaba de buen humor.
—Todavía no entiendo porque no puedo tener a un fisioterapeuta que conozca. No conozco a ese tipo.
La mirada que su asistente personal le dedicó podría considerarse profundamente sufrida en el mejor de los casos.
—Porque los fisioterapeutas del club ya están tapados de trabajo —dijo ella—. Y el doctor Jeong quiere que trabajes con un terapeuta de su confianza.
Donghyuck revisó la hora en su teléfono.
—El tipo está tardando. No tengo todo el día.
Giró el rostro para ocultar su sonrisa mientras Giselle apretaba los
dientes. Sin embargo, su voz sonó increíblemente calmada mientras decía:
—Llega solo diecisiete minutos tarde, Donghyuck. Y es la tercera vez que dices eso durante los últimos 5 minutos.
Donghyuck le dedicó una mirada inocente.
—¡Pero él está llegando tarde!
—Tu llegas tarde todo el tiempo, princesa —murmuró Giselle bien bajito, claramente sin intención de que él la oyera. A pesar de ser su asistente personal durante un año, Giselle aún no tenía idea de cuán aguda era su audición y tenía el hábito de decir cosas sucias sobre él cuando pensaba que no podría oírla. Era bastante molesto.
Donghyuck evitó sonreír. Sabía que probablemente debería dejar de irritarla deliberadamente, pero estaba tan aburrido. Ahora que él estaba lesionado y bastante confinado dentro de la casa, molestar a su asistente personal era la única cosa remotamente interesante para hacer. Era casi gracioso ver a Giselle tratando de contener las respuestas ingeniosas que deseaba dar. Casi.
—Mark Lee está altamente recomendado —dijo Giselle más fuerte—. Estoy segura de que hay una buena razón para su tardanza. Es un fisioterapeuta, y entrenador personal, exageradamente costoso. Debe ser bueno.
Donghyuck se encogió de hombros. El médico de su equipo le prometió encontrar al mejor fisioterapeuta para ayudarle a recuperarse de su lesión en la ingle, pero Donghyuck no había pedido ningún detalle; ese era el trabajo de Giselle.
—¿De qué me sirve eso a mí si él no está aquí? Mi lesión no va a curarse por sí sola. Estoy cansado de esperar.
—Entonces volvamos dentro —dijo Giselle, con una nota de exasperación arrastrándose en su voz de nuevo—. De todos modos, estoy bastante convencida de que no se supone que estés caminando.
Apoyándose contra el árbol, Donghyuck miró la casa y frunció el ceño.
—Estoy harto de estar atrapado dentro durante todo el día. No soy un inválido. —Esta vez no se quejaba solo para molestar a Giselle. La falta de actividad realmente lo estaba volviendo loco. Extrañaba el fútbol.
Extrañaba la sensación de estar sano y en forma, el viento en su cara mientras corría hacia la portería, la alegría que sentía cuando metía un gol, el rugido de la multitud cantando y coreando su nombre. El fútbol era su vida.
Lo único que importaba.
Donghyuck miró al cielo gris. Ya estaban en marzo. La Copa del Mundo estaba a tan sólo tres meses de distancia. El tiempo se estaba agotando.
Necesitaba volver al campo de juego tan pronto como fuera posible, y recuperar su forma, si quería impresionar al entrenador del equipo nacional.
Donghyuck podría ser el jugador más talentoso de Corea del Sur en generaciones (en su humilde opinión), pero tenía, relativamente, poca experiencia a nivel internacional y sabía que eso obstaculizaba sus posibilidades de ser elegido.
El entrenador era bastante anticuado y prefería a veteranos fiables antes que a las jóvenes estrellas en ascenso. Y ahora su lesión solo lo había complicado todo. Cuanto más tiempo estuviera lesionado, menores serían sus posibilidades de participar en la Copa del Mundo. Y para empeorar las cosas, estaban en marzo y todavía no tenía un fisioterapeuta, o mejor dicho, su fisioterapeuta aparentemente había decidido que tenía mejores cosas que hacer que su jodido trabajo.
Donghyuck desvió su mirada de nuevo hacia Giselle.
—Llama al doctor Jeong y pregúntale dónde está ese inútil idiota.
Detrás de él, alguien se aclaró la garganta.
—Eso no será necesario —dijo una voz seca—. El idiota inútil está aquí.
Donghyuck hizo una mueca. Incómodo. Y un poco inconveniente. Le gustaba causar una buena primera impresión en la gente. Tenía una imagen pública que mantener, después de todo.
Fijando una sonrisa en su rostro, Donghyuck se dio la vuelta.
Su sonrisa vaciló un poco y se humedeció los labios con la punta de la lengua.
El hombre que estaba a unos pocos pies de distancia —Mark Lee— no era el hombre más guapo que había visto. Él no lo era. Pero exudaba tal confianza, fuerza y virilidad, que daba la impresión de ser increíblemente apuesto. Era alto, con un cuerpo firme. Su fino cabello castaño tenía destellos de chocolate en él.
Tenía una fuerte mandíbula, mejillas magras, piel oliva, y un par de acerados ojos marrones. Su boca estaba finamente moldeada, con un ligero rasgo irónico en ella, pero no suavizaban la dureza de sus rasgos en absoluto. Había un surco entre las cejas del tipo mientras que estudiaba a Donghyuck.
—Estás descargando todo el peso en una pierna —dijo—. Ve adentro.
Donghyuck parpadeó.
—¿Discúlpame?
Lee se acercó, lo agarró entre sus piernas y le apretó el muslo.
Con los ojos ampliándose, Donghyuck se quedó sin aliento, en parte por el shock y en parte por el dolor.
—¿Estás loco?
—Como pensaba —dijo Lee—. No debes estar parado. Deberías descansar.
—¿Ya acabaste de manosearme?
Lee retiró la mano.
—¿Manosearte? Pensaba que fui contratado para ayudarte a recuperar de una lesión de tercer grado en la ingle. Entra y siéntate. No deberías estar de pie si un simple toque continúa siendo doloroso.
Donghyuck cruzó los brazos sobre el pecho.
—Estoy bien aquí, gracias.
—Eso no fue una petición —dijo Lee.
El calor se precipitó a las mejillas de Donghyuck. Nadie le ordenaba que hacer. Nadie.
Detrás de él, Giselle rio —pequeña traidora— y, rápidamente, empezó a toser.
—Estás despedido —dijo Donghyuck apretando los dientes.
—Donghyuck, lo siento —comenzó Giselle.
—No, tú —dijo Donghyucky miró Lee—. Tú.
Lee no se veía preocupado. En todo caso, algo así como diversión brilló en sus ojos.
—No puedes despedirme por hacer mi trabajo. En realidad, tú no me puede despedir y punto. No eres quien me contrató: el club de fútbol para el que juegas lo hizo. Ahora, ve adentro, señor Lee —Los labios de Lee se arquearon ligeramente.
Dios, Donghyuck quería borrar esa sonrisa de su cara. Le frunció el ceño al tipo, pero antes de que pudiera decir nada, Lee se dirigió a Giselle.
—Mark Lee —dijo con una agradable sonrisa, estrechando la mano de Giselle.
—Uchinaga Eri —dijo en voz baja, lamiéndose los labios. ¿Estaba realmente batiendo sus pestañas para el tipo?—. Pero todos me llaman Giselle.
—Deja de babear y guarda la lengua dentro de tu boca —dijo Donghyuck—, es repugnante.
Giselle se ruborizó hasta las raíces del pelo y se quedó mirándolo.
Donghyuck solo se levantó sus cejas y sonrió.
—¿Siempre eres así de imbécil cruel y sin tacto? —dijo Lee.
Donghyuck amplió sus ojos y le dedicó su mejor mirada inocente.
—¿Yo? Creo que estás confundido.
—Sí, estoy confundido —dijo Lee, evaluando a Donghyuck—. Tienes reputación de ser un hombre agradable, con los pies sobre la tierra. Todavía me estoy preguntando dónde está él.
Donghyuck sonrió.
—¿Oíste hablar de mí? Espera, ¿eres un fan?
Los labios de Lee se torcieron
—Difícilmente. Soy fanático del FC Seoul.
Lo imaginaba. Perdedor.
Como si pudiera leer sus pensamientos, Lee dejó escapar una carcajada.
—Incluso si me gustara tu equipo, yo no sería un fanático tuyo. Creo que tu hermano es el mejor jugador y debería ser el que esté jugando en el ala izquierda para el Jeonbuk Hyundai Motors.
Palideciendo de furia, Donghyuck apretó los puños. En su vista periférica, podía ver a Giselle haciendo una mueca por la observación de Lee. Ella sabía que era muy mala idea incluso dar a entender que su hermano adoptivo era mejor jugador que él —porque Taeyong no era el mejor jugador, maldición.
A la mierda con dar una buena primera impresión. Este imbécil no se merecía desperdiciar ninguna sutileza en él.
—¿Ah, sí? —dijo Donghyuck, dando un paso más cerca de Lee. Sus caras estaban a pulgadas de distancia ahora. De cerca, la mirada de Lee era algo inquietante. No es que Donghyuck dejara que lo notara. Y era molesto que el tipo fuera medio cabeza más alto que él— y Donghyuck era de una estatura perfectamente normal, muchas gracias.
Trabó los ojos sobre los de Lee y dijo suavemente:
—Se requiere muy poco para arruinar la carrera de una persona, ya sabes. Unas pocas palabras a la persona equivocada harían el truco. Si yo fuera tú, querría ser un poco más respetuoso. Me sorprende que no te estés muriendo de hambre en las calles, si esta es tu actitud habitual hacia los clientes. Ten cuidado —Él sonrió con dulzura—. Solo un consejo amistoso.
Los ojos de Lee se estrecharon, todos los rastros de diversión desaparecieron de ellos.
—Se necesitaría mucho más que las palabras de algún malcriado niño rico para arruinar mi carrera.
—¿De verdad? —dijo Donghyuck, ladeando la cabeza—. ¿Estás tan seguro de ti mismo?
—Creo que estás malentendiendo algo —dijo Lee lentamente—. No necesito este trabajo. Mis servicios son reservados normalmente con meses de antelación. Acepté hacer esto, sólo como un favor a Jaehyun. Así que no soy yo quien debe tener cuidado, mocoso. Si no te gusta que yo no vaya a lamerte las suelas como todos los demás...
—¿Cómo sabes eso? —dijo Donghyuck, curioso a pesar de sí mismo—. ¿Que la gente me “lame las suelas”?
Una sonrisa apareció en los labios de Lee.
—He oído hablar de ti. He sido advertido sobre ti.
—¿Por quién? —preguntó Donghyuck, pero una sospecha ya se estaba formando en su mente. Ahora la actitud del tipo estaba empezando a tener
mucho más sentido—. ¿No será por mi hermano, de casualidad?
—Sí. Por Taeyong.
Donghyuck se echó a reír.
—¿Te importaría compartir la broma? —dijo Lee cuando la risa de Donghyuck se calmó.
—Mi “llamado” hermano simplemente odia que la gente me quiera más —Donghyuck levantó la mano y acarició la mejilla bien afeitada del tipo—. Pobrecita, cosita ingenua. Tae solo está celoso de mí, siempre lo ha estado. Soy más talentoso, guapo e inteligente.
—Y más humilde —dijo Lee.
—La humildad está sobrevalorada —dijo Donghyuck con una sonrisa, mirándolo desde bajo sus pestañas.
La cara de Lee permaneció impasible. Él cogió la muñeca de Donghyuck y le apartó la mano
— Puedes terminar con esto. Tus dramáticos ojitos marrones de bebé no funcionan sobre mí.
Donghyuck parpadeó, apenas dándose cuenta de lo que había estado haciendo —intentando hacer. Estaba tan acostumbrado a intentar tener a cada persona comiendo de su mano, que apenas se daba cuenta cuando lo hacía.
Lee miró su ingle.
—. Te dije que entraras y te sentaras.
—Y yo te dije que estoy bien aquí —dijo Donghyuck. Él no estaba siendo del todo sincero. Sus músculos de la ingle estaban doloridos y la incomodidad crecía cada vez que se desplazaba incluso mínimamente, pero estaría condenado si lo admitiría y demostraría que este gilipollas insoportable tenía razón.
—Si tú lo dices —dijo Lee, encogiéndose de hombros.
Asintiendo a Giselle, que estaba observando con curiosidad, Lee se alejó.
Donghyuck frunció el ceño.
—¿A dónde vas?
—A casa —disparó Lee por encima del hombro.
Donghyuck fue tras él.
—¿Qué? ¿Qué hay de mi lesión? ¡No puedes irte sin hacer tu trabajo!
—Voy a volver cuando dejes de ser un bebé y, de hecho, me dejes hacer mi trabajo. Yo trabajo con adultos.
—No he dicho que podías irte —silbó Donghyuck, la ira acelerando sus pasos. Qué hijo de puta presuntuoso—. Si no te dejo mandonearme, eso no quiere decir que puedas simplemente abandonar el trabajo por el que te pagan——¡Ow! —Donghyuck se agarró el área superior del muslo y se detuvo, maldiciendo floridamente mientras que un fuerte, agonizante dolor, se disparó por su pierna. Cayó sobre una rodilla, maldiciendo.
Lee estaba a su lado inmediatamente.
—Jodidamente te lo dije. Deberías estar descansando una lesión de ingle, no poniéndola bajo un estrés innecesario.
—Cállate —dijo Donghyuck, quejándose mientras trataba de lograr ponerse de pie. Tratando y fracasando. Hizo otro intento por ponerse de pie y gimió.
Lee suspiró.
—Por el amor de Dios —dijo antes de inclinarse y recogerlo en sus brazos. Lanzó a Donghyuck por encima del hombro como un saco de patatas y se dirigió hacia la casa.
—Bájame —dijo Donghyuck, sonrojándose por la humillación—, puedo caminar —Lee resopló ante eso.
—Guía el camino —dijo a Giselle—. A su dormitorio.
—Por aquí —dijo ella, caminando por delante. Al menos no fue riéndose a costa suya de nuevo.
Para el momento en que llegaron a la habitación, el labio de Donghyuck estaba ensangrentado; había estado mordiéndolo para evitar hacer algún ruido. Dios, eso dolía.
Se sintió aliviado, y un poco sorprendido, cuando Lee lo bajó con cuidado sobre la cama: había esperado que fuera brusco.
Cuando Lee agarró la cintura de los pantalones de chándal de Donghyuck, Donghyuck le agarró la mano.
—¿Qué estás haciendo?
El tipo le dio una mirada extraña.
—Mi trabajo. Necesito examinar la ingle.
Sintiéndose tonto, Donghyuck asintió a regañadientes y le dijo a Giselle:
—Fuera.
—Tráeme una bolsa de hielo, una toalla húmeda, y vendas —le dijo Lee. Ella asintió y salió a toda prisa de la habitación.
Donghyuck miró al techo, mientras que Lee tiró de sus pantalones de chándal, dejándolo solo en calzoncillos. Fuertes dedos tocaron sus muslos, y a continuación, la parte baja del estómago y la ingle. Donghyuck hizo una mueca. No se sentía exactamente agradable.
—¿Y bien?
—Han pasado alrededor de diez días desde que te lesionaste, ¿verdad? —dijo Lee.
—Sí.
—El dolor debería haber disminuido para ahora —dijo Lee, sonando un poco molesto—. Mi presencia aquí es prácticamente inútil si no podemos empezar a hacer masajes y ejercicios, y no podemos hacerlo durante la fase aguda inicial. Debería haber pasado ya. ¿Has seguido las instrucciones de Jaehyun?
Donghyuck se encogió de hombros.
—Más o menos.
—¿Más o menos? —repitió Lee.
—No soy del tipo de sentarse quieto y girar los pulgares durante todo el día —dijo Donghyuck, todavía mirando al techo.
Lee respiró hondo y exhaló audiblemente.
Donghyuck reprimió una sonrisa. Enloquecer a la gente era una de sus cosas favoritas en el mundo.
—Mírame cuando estoy hablando contigo —dijo Lee.
Donghyuck lo miró a los ojos.
—¿Qué? —dijo, extrañamente consciente de las manos de Lee en sus muslos.
—Jaehyun me dijo que querías regresar al juego, tan pronto como sea posible —dijo Lee—. Gracias a tu propia imprudencia y terquedad, has empeorado tu lesión. No puedes empezar a entrenar hasta que el dolor se haya ido en su mayoría. Solo te puedes culpar a ti mismo si te pierdes la Copa del Mundo.
Los labios de Donghyuck se adelgazaron.
Giselle volvió a la habitación y le entregó a Lee lo que había solicitado antes de salir de nuevo. En silencio, Lee se sentó junto a él, envolvió la bolsa de hielo en una toalla húmeda, y la presionó firmemente contra la ingle de Donghyuck.
—¿Ahora entiendes lo estúpido que has sido?
—Realmente no me gusta tu actitud —contestó Donghyuck.
Lee sonrió. Era una de esas personas cuyo rostro no se suavizaba mucho por una sonrisa.
—Acostumbrarse a ella. Yo no trato a mis pacientes con guantes de seda.
Donghyuck solo lo fulminó con la mirada.
Durante unos largos minutos, solo hubo silencio, mientras se miraban el uno al otro. Estaba haciendo que Donghyuck se sintiera un poco raro, pero se negaba a apartar la mirada primero.
Minutos después, Lee fue el que finalmente lo hizo. Quitó la bolsa de hielo y empezó a envolver la venda elástica alrededor de su muslo.
Pasando el vendaje alrededor de la parte posterior de la cintura de Donghyuck, lo aseguró allí.
—Ahora debes descansar —dijo Lee, quitando las manos—. Y, cuando digo descansar, lo digo enserio. También, hielo tres veces al día por
quince minutos.
Donghyuck no dijo nada.
—¿Entendido? —dijo Lee, en un tono que no admitía réplica.
—No puedo estar en cama todo el día —dijo Donghyuck, tratando de sonar razonable y adulto. Arañaba sus nervios el que Lee lo tratara como si fuera un bebé medio tonto—. Mis músculos se están debilitando cada día. ¿Cómo se supone que voy a recuperar la forma si soy una patata tirada en un sillón?
—Vamos a recuperar tu musculatura después de que la fase aguda haya terminado.
Donghyuck sacudió la cabeza.
—¿Tienes alguna idea de cuánto tiempo trabajé por este cuerpo? —Él podría no haber sido nunca tan escuálido y bajito como su hermano, pero era naturalmente, muy delgado y le había tomado un montón de trabajo duro para ganar y mantener la masa muscular que tenía. Y aún con todos los entrenamientos diarios, nunca sería tan musculoso y fuerte como la mayoría de los futbolistas. Por lo menos era lo suficientemente fuerte como para no ser acosado por la pelota, como Taeyong lo era a menudo.
La mirada de Lee barrió sobre el cuerpo de Donghyuck.
Donghyuck se removió un poco. Era una tontería. No tenía nada de qué avergonzarse —aunque solo era de mediana estatura, tenía un cuerpo genial— pero el escrutinio de este tipo le hizo sentirse extrañamente consciente de sí mismo, y odiaba sentirse cohibido. Era Lee Donghyuck. Era rico, guapo y popular. Sus días de ser un niño delgado y sucio, fueron superados hace mucho.
Cuando Lee volvió a mirar la cara de Donghyuck, sus ojos eran ilegibles.
—No es nada que no podamos arreglar.
Donghyuck frunció los labios.
—Bien. Pero quiero un masaje de cuerpo entero. Puedo sentir mis músculos poniéndose débiles y tiesos.
Lee le dio una mirada taimada.
—Muy bien —dijo después de un momento de consideración, abriendo el bolso que había tenido colgando del hombro. Sacó una botella de aceite de masaje—. Sácate la camiseta y vuélvete sobre tu estómago.
Donghyuck se quitó la camiseta, rodó sobre su vientre, y cerró los ojos.
Atrapó su labio entre los dientes, repentinamente muy consciente de que llevaba solo los calzoncillos y nada más. Su propio malestar lo desconcertó un poco. Estaba acostumbrado a recibir masajes de los fisioterapeutas del club —Demonios, él estaba acostumbrado a estar completamente desnudo durante esos masajes. De hecho, la única razón por la que Lee no le dijo que se quitará también los calzoncillos, probablemente fuera debido a que la ingle de Donghyuck no podría ser masajeada mientras que su lesión todavía estaba inflamada.
—¿Qué estás esperando? Me está agarrando frío —dijo Donghyuck, su irritación creciendo junto con su auto-conciencia. Este hombre le hacía sentir demasiado incómodo y en el borde, sin razón aparente.
Oyó a Lee abrir la botella.
Y entonces…
—Se supone que debes calentar eso, ¡idiota!
—Es la segunda vez que me llamas idiota. Me estoy ofendiendo —Lee puso sus manos aceitadas en la base de su cuello.
—¡Ay! ¡Eso duele!
—No seas una niña.
—Pero duele.
—Vamos, no es tan malo.
—Tú no eres el que está siendo… ¡Ah!
Lee se rio entre dientes, hundiendo sus dedos con más fuerza.
—Bebé.
—No creo que te conozca lo suficiente como para dejarte usar apodos cariñosos —dijo Donghyuck, con voz suave y sedosa.
—Te dije que lo cortaras —Lee dijo con sequedad—. Tu ridícula voz de dormitorio está desperdiciada en mí.
Sonriendo, Donghyuck dijo en voz baja, íntima:
—¿Mi bromeo te hace sentir incómodo, Marky?
Lee resopló, sus grandes manos acariciando y amasando a lo largo de la columna vertebral de Donghyuck.
—Mi nombre es Mark.
—No has contestado la pregunta.
Mark hizo un sonido irritado.
—No, no me hace sentir incómodo. Simplemente no me gustan los juegos. No me gusta la mierda.
—¿Y qué te gusta?
—Prefiero la honestidad y los avances directos.
—Aburrido —dijo Donghyuck, arrugando la nariz—. Entonces, ¿qué haces para divertirte?
—Ver fútbol. Follar —dijo Mark en un tono coloquial.
Donghyuck se echó a reír.
—Espera, déjame adivinar: Has estado follando con la misma persona durante años.
—He tenido una novia desde hace años.
—¡Ves!
—Voy a tener que decepcionarte —dijo Mark, presionando sus pulgares en la espalda baja de Donghyuck, con fuerza—. Estamos en una relación abierta.
—Que progresista de su parte —dijo Donghyuck, aunque estaba realmente sorprendido. El chico no parecía ser del tipo que estaba en una relación abierta—. ¿Por qué? ¿Cómo incluso funciona?
—No es que sea nada de tu interés, pero cuando dos personas confían entre sí, tan solo es práctico. Ella es periodista deportiva. Los dos estamos alejados mucho tiempo, y muchas veces no nos vemos por meses.
Mark continuó masajeando su espalda baja. Se sentía... no apestaba.
—Hmm, ¿Por lo que ambos son libres de dormir con quienes quieran?
—Sí.
—¿Y nunca te sentiste asqueado de que otro hombre tocara a tu novia?— El concepto era un poco difícil de entender para Donghyuck, pero por otra parte, nunca había sido bueno en compartir sus cosas.
—No soy del tipo celoso —dijo Mark—. Los dos somos adultos, y ambos tenemos necesidades físicas. No es más que práctico.
—¿Y ella no se pone celosa tampoco? —Eso, Donghyuck tenía problemas para creerlo, teniendo en cuenta... bueno, él no era ciego. Mark sería un idiota, pero era un idiota sexy.
—Sabe que el sexo no significa demasiado si no hay un vínculo emocional real. Ella sabe que es la única que importa.
Donghyuck ahora como que quería conocer a la mujer. Ella debía ser muy segura de sí misma... o muy tonta.
—De todos modos —dijo Mark, todavía masajeando su espalda baja—. Pronto ya no importará. Hemos acordado que seremos exclusivos después de la boda.
Donghyuck abrió los ojos.
—¿Te vas a casar? ¿Cuándo?
—En tres meses.
—Mis sinceras condolencias.
Mark rio mientras se movía para masajear las piernas de Donghyuck, salteando sus nalgas y muslos.
—¿Eres compromiso-fóbico?
—No le veo el punto. Las relaciones a largo plazo son restrictivas y aburridas.
Las manos cambiaron hacia sus pantorrillas, masajeándolas con fuerza.
—¿Alguna vez has estado en una relación, pequeño? —La voz de Mark prácticamente chorreaba condescendencia.
Donghyuck le dio una patada y luego se quejó de inmediato cuando una sacudida de dolor disparó a través de su ingle.
—Si sigues así, no te recuperarás en el corto plazo —dijo Mark.
—Lo dice el chico que me provocó —Donghyuck se quejó, suprimiendo la necesidad de voltear la cabeza y sacar la lengua. Dios, ¿qué tenía este tipo que sacaba lo peor de él? No podía recordar la última vez que se sintió tan al límite e infantil.
—Gírate sobre la espalda —dijo Mark.
Gruñendo, Donghyuck lo hizo, y Lee empezó a masajear su frente.
Donghyuck se retorció un poco. Estaba tan acostumbrado a recibir masajes que había dejado de sentirlos extraños e intrusivos desde hace mucho tiempo, pero por alguna razón... Esta vez era diferente. El toque de Mark era impersonal, sus manos deslizándose sobre la piel de Donghyuck con una eficiencia practicada, pero Donghyuck no podía apartar la mirada de las manos de Mark, mientras que masajeaban y acariciaban los músculos de su brazo.
Sintió la mirada en su cara y levantó la vista. Mark estaba observándolo.
Tan pronto como sus ojos se encontraron, Mark apartó la mirada, centrándose en la tarea en cuestión.
Eso hizo a Donghyuck cuestionarse
—¿Qué?
—Nada —Mark dijo bruscamente, moviéndose para sentarse justo por encima de la cabeza de Donghyuck. Colocó las palmas de sus manos por debajo de la clavícula de Donghyuck. Luego presionó sus manos hacia abajo, con las palmas en los pectorales, masajeándolos.
Donghyuck vio las manos de Mark deslizándose sobre su pecho, cubriendo sus pezones, las palmas de las manos frotando contra ellos, una y otra vez. Donghyuck se mordió el interior de la mejilla, sintiendo una agitación en la ingle. Mierda. Esto no le había ocurrido durante un masaje desde hacía años. Él sabía que era una reacción bastante normal, y la mayoría de los fisioterapeutas no se molestaban cuando ocurría, pero el hecho de que le estaba pasando con este come-mierda era mortificante. Cerró los ojos, pensando en las cosas más repugnantes que pudo.
—Necesitarás una nueva cama —dijo Mark.
Los ojos de Donghyuck se abrieron.
—¿Qué? ¿Por qué?
—El colchón es demasiado blando.
Donghyuck apretó los dientes. Increíble.
—Nadie te pidió opinión sobre mi colchón. Debes saber, estoy bastante apegado a mi colchón.
Las manos de Mark, finalmente, dejaron de acariciar su pecho. Se movió hacia abajo, para trabajar en las piernas de Donghyuck.
—Es malo para tu columna.
—Mi colchón es perfecto.
—No, no lo es —dijo Mark—. Debería sostener tu cuerpo en una postura neutral, en la que la columna vertebral tenga una buena curvatura y los glúteos, hombros y cabeza estén soportados en una alineación adecuada. Es necesario para tus huesos que ofrezca alguna resistencia. Tu colchón es demasiado suave para ello.
—Pero si el colchón es firme, empujaría en esos puntos de presión —dijo Donghyuck.
—Sí, pero solo si el colchón es demasiado firme. Si es demasiado suave, como tu colchón, los puntos de presión no serán adecuadamente soportados, por lo que todo tu cuerpo descansará mal —Mark lo empujó hacia un lado—. Mira —dijo Mark, poniendo una mano en su nuca. Pasó lentamente la mano por la espalda de Donghyuck hacia su baja espalda, justo por encima de su culo—. La columna vertebral se curva debido a que el colchón se hunde demasiado bajo el peso. Puede causar varios problemas a largo plazo. Puede empeorar...
Mark todavía estaba diciendo algo —casi dándole una conferencia— pero Donghyuck tenía problemas para concentrarse. La mano de Mark estaba descansando justo encima de su culo.
—¿Entiendes ahora por qué necesitas un colchón nuevo?
—Está bien, ¡lo que sea! —Donghyuck se quejó, retorciéndose lejos de la mano de Mark—. Todo lo que siempre haces es criticarme.
—¿Siempre? — dijo Mark, sus ojos grises destellando con humor—. Nos conocimos hace media hora.
—Precisamente. He oído más críticas en media hora de las que he oído en medio año.
—Eso significa que estás rodeado de lamebotas —Mark se puso de pie, limpiándose las manos con una toalla—. Voy a elegir un nuevo colchón para ti. Vas a ser un buen chico y dormir en el colchón que ordene para ti.
Por alguna estúpida razón, la polla de Donghyuck se sacudió. Él trató de ignorarlo.
—Estás cruzando la línea —dijo Donghyuck, muy, muy suavemente.
Mark sonrió.
—No lo creo. Es trabajo del fisioterapeuta asegurarse de que su paciente está en plena forma. Y encontrarás que tomo mi trabajo muy en serio —Él agarró su bolso y se dirigió hacia la puerta.
—¿Alguna otra orden? —dijo Donghyuck a su espalda.
—No hagas nada estúpido solo para fastidiarme —dijo Mark por encima del hombro—. Voy a volver mañana por la mañana y espero encontrarte todavía en la cama.
—¿Se me permite levantarme a hacer pis, mi señor?
—Solo si realmente tienes que hacerlo —dijo Mark—. Puedo decirle a Giselle que compre pañales para ti. Bebé.
Donghyuck agarró una almohada y la arrojó a la cabeza del gilipollas.
Mark se agachó, riendo.