Prólogo
Mark Lee conoció a Lee Donghyuck cuando ambos tenían ocho años.
Su primer encuentro no fue bueno.
—Te ves como un presuntuoso —dijo Mark al moreno de ropa extraña. ¿Qué clase de idiota usaba ropa tan elegante en el parque?
Los raros ojos marrón chocolate del chico raro lo miraban raro, como si Mark fuera el raro.
—Tú te ves pobre —dijo el chico con tono aristocrático, como si ser pobre fuera la peor clase de insulto.
Mark se sonrojó. Su familia era pobre, y Mark tenía suficiente edad para saber que ser pobre apestaba, pero no tenía suficiente edad como para no avergonzarse por ello.
Así fue como Mark se encontró enrojeciendo y tirando al otro niño al suelo. En su defensa, él tenía ocho años.
Es correcto decir que la ropa de lujo del chico ya no se veía muy elegante después de los quince minutos que pasaron rodando en el barro, pateando y gritando.
Finalmente, se cansaron y quedaron tirados en el barro, jadeando para conseguir aire y mirándose.
El pomposo moreno tenía barro en la nariz y Mark rio.
El chico lo miró furioso.
—¿Qué?
—Ahora pareces un chico normal —dijo Mark sonriendo—. Aunque pelees como una chica.
El niño le tiró una patada y se sentó. Miró a Mark por sobre su nariz fangosa y dijo:
—Los Lee han servido y luchado por el reino de Inglaterra desde el siglo XVI. Debes saber que aprendí esgrima a la edad de cinco años.
Mark parpadeó y se incorporó.
—¿Esgrima? Noticias de último momento: no estamos en el siglo XVI.
El niño abrió y cerró la boca. E hizo una mueca.
Mark se rio de nuevo.
El presuntuoso moreno lo miró peor, su labio inferior temblando sospechosamente. Mark empezó a sentirse mal.
Su hermano mayor le echaría un discurso si se enteraba de que Mark había reducido a un niño al llanto.
Suspirando, Mark estiró su mano y dijo:
—Soy Mark.
El chico dudó antes de apretar la mano de Mark.
—Lee Donghyuck, Vizconde de Exmouth.
Mark arrugó la nariz.
—Dong, entonces. ¿O prefieres Hyuck?
El chico le dirigió una mirada escandalizada.
—Es Donghyuck. Mi padre dice que sólo los plebeyos tienen apodos.
Mark se echó a reír.
—Eres tan raro, Hyuck. Y si lo dejamos en... No sé, ¿Haechan?
—¡Es Donghyuck!
Fue el comienzo de una hermosa amistad.
Mark no sabía aún, que sería también el comienzo de la relación más confusa de su vida.








