Inicio
Lo dejo aquí, en este sitio,
para que nadie me juzgue.
Si alguien entra en casa, que vea habitaciones sin terminar.
Montones de sillas apiladas, como si esperasen a alguien.
Cubiertas de polvo.
Horas que no cambian.
Minutos que se repiten.
El plato que siempre permaneció igual,
cuyo olor empezó a cambiar con el tiempo.
Moscas como únicas invitadas,
moviendo en silencio
el mismo sonido.
El reloj conocido hace ruido:
tic-tac,
tic-tac.
Me senté. Esperé.
Nunca pude vaciar el plato tampoco.
No vino nadie a abrir la puerta.
Llegas tarde.