Capítulo 1: Demonio
⚠️ ADVERTENCIA DE CONTENIDO
Nota del autor: Esta obra es drásticamente diferente a mis trabajos anteriores (como la saga Moretti o El Credo de Carne). Gallows Born pertenece al género Grimdark / Fantasía Oscura Extrema.
Este libro contiene descripciones gráficas de:
Violencia explícita y Gore anatómico.
Horror psicológico y situaciones de extrema crudeza.
Temas adultos que pueden resultar perturbadores para algunos lectores.
Si has llegado aquí buscando el tono de mis otras historias, te advierto que este es un mundo cruel, decadente y sin filtros. Si eres sensible a las descripciones crudas de nacimientos, heridas o sufrimiento humano, te sugiero no continuar.
Nací en una familia que consideraba un mendrugo de pan mohoso un banquete real.
Hijo de un violador y de una prostituta, que abría las piernas en esquinas hediondas. Recibiendo dentro de sí, la semilla viscosa de humanos sudados, orcos babeantes, y monstruos sin forma que eyaculaban pus negro y ácidos.
Nací en un callejón que apestaba a orina fermentada, mierda seca y muerte vieja.
Nací con sangre cubriendo mi cuerpo, placenta reventada y el olor a semen rancio que llenaba mis pulmones diminutos.
Las miradas de los transeúntes me devoraban: sus ojos hambrientos, sus bocas entreabiertas, como si mi carne fresca de recién nacido fuera el próximo bocado.
Mi primer llanto fue un grito ronco y patético que rasgó el aire podrido: anunciando mi llegada al mundo.
Nació su salvador.
JAJAJA. No.
Yo no quiero salvar a nadie. Solo era un saco de carne sangrante, tirado en un charco negro de fluidos corporales ajenos. Entonces la vi. A la que se suponía mi madre. Una bola de grasa hinchada y purulenta, con una piel cubierta de granos reventados que supuraban pus amarillento. Su rostro era un mapa de llagas abiertas, labios rotos, llenos de costras que se abrían con cada jadeo desesperado.
Pero lo peor era su mirada. No me veía a mí. Sus ojos eran pozos vacíos, con pupilas dilatadas bailando de pánico animal. La boca se le torcía en una mueca de urgencia salvaje, mostrando esos dientes amarillos quebrados.
No rascaba el cordón. Lo atacaba con furia bestial. Su uña negra, larga y quebrada, llena de mugre y sangre seca, se clavaba en la carne umbilical hinchada y palpitante. Intentaba serrar, rasgar, arrancar. La piel se abría en tiras irregulares, la sangre caliente brotando en chorros finos que salpicaban su cara grasienta. El dolor era atroz —para ella y para mí—, pero no paraba.
Al no poder cortarlo con la uña, lo agarró con la palma sudorosa. Sus dedos se hundieron en la carne blanda y caliente. Llevándolo a sus labios hinchados de sarpullidos.
Crunh. Crunh. Crunh. Crunh.
Mordía como un animal acorralado. Sus dientes rompiéndose contra los tendones, su saliva mezclándose con la sangre espesa que goteaba por su barbilla. El cordón se desgarraba en jirones irregulares, fibras blancas y rosadas colgando como hilos de carne viva. Un chorro de sangre arterial me salpicó la cara. Sentí el tirón brutal en mi vientre diminuto, como si me arrancaran las entrañas desde dentro.
Finalmente, un sonido húmedo y definitivo. Mi madre lo había conseguido —a costa de su propia carne hecha trizas.
Quise reírme a carcajadas. Solo salió un gorgoteo ahogado, un lloriqueo burbujeante de pulmones llenos de fluido amniótico y sangre.
Vi su mirada cambiar: un destello de esperanza salvaje, casi loca. Su grasa se agitó violentamente, sus pliegues temblaron como gelatina podrida. Se levantó tambaleante, tropezando con sus propias piernas hinchadas, y corrió sin mirar atrás. Ni una vez. Dejó atrás un rastro de sangre y placenta, sin importarle si su “creación” se ahogaba en su propia mierda o era devorada por las ratas.
Dejé de llorar. Controlé este cuerpo inútil por primera vez. Una sonrisa se curvó en mi boca infantil. Mis labios pegajosos se abrieron para mostrar dientes blancos y afilados —demasiado perfectos para un recién nacido—. Verla tropezar y caer de bruces en el barro me dio una risa interna que quemaba.
Ahora el tema real: estoy jodido.
JAJAJA. Río en mi mente para no romperme en llanto. Aunque sería tan fácil para este cuerpo patético...
Clac-clac. Tap-tap.
Con toda la fuerza que pude arrancar de este cascarón frágil, giré la cabeza 180 grados —Se oyó un crujido imposible de vértebras infantiles estirándose hasta el límite. Un dolor ardiente me recorrió la espina como fuego líquido—. Los vi. Tres entidades. Dos piernas, dos brazos, pero sin forma sólida. Cuerpos de líquido viscoso y cambiante, como agua negra contaminada. Ojos que intentaban imitar ojos humanos: órbitas huecas con pupilas flotantes, iris que se deshacían y reformaban en patrones nauseabundos.
Producían sonidos de pisadas. Clac. Tap. Su carne líquida golpeando piedra.
!Qué aberraciones tan fascinantes¡.
Mi sonrisa se ensanchó hasta rasgar las comisuras de los labios, mi sangre brotando de las grietas frescas.
Qué seres más extraños. Los quiero para mí. Los necesito. Me dije a mi mismo, con una sed de absoluta locura.
Blup. Blup. Blup.
Gark. Ghap. Hup. Hablaron en un idioma gutural, gorgoteante, como burbujas de gas escapando de un cadáver hinchado.
Levántenme.
Ordené sin voz. Mis pensamientos se volvieron flechas afiladas, puntas de odio puro atravesando el aire hasta clavarse en el núcleo gelatinoso de su “cabeza”. Imaginé la destrucción: tendones rompiéndose, carne disolviéndose, su voluntad aplastada. Empujé con toda mi rabia naciente, queriendo reventar cualquier resistencia desde dentro.
Clarck.
Sonó un crujido húmedo, como un cráneo partiéndose bajo presión. Mi boca se abrió en una mueca monstruosa, mostrando mis dientes brillantez bajo la luz carmesí.
Son míos ahora.
Cárguenme. Sirvan a su amo.
Sus masas temblaron violentamente, agitándose en olas de pánico, intentando resistir pero en vano—Sus burbujas explotaron, sus formas colapsaron y reformaron—, pero al final cedieron.
De ellos nacieron "manos" formadas de su propia esencia viscosa.
Me alzaron, envolviéndome como una placenta viva.
Esa noche, bajo un cielo estrellado que iluminaba el charco exacto de sangre y mierda, nació el Rey Demonio I .
"El Degollador de Héroes".
Un infante cubierto de vísceras ajenas, sonriendo mientras el mundo ya temblaba ante lo que vendría.

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