Hiro: Año Cero

All Rights Reserved ©

Summary

Hiro no estaba viviendo. Solo estaba pagando deudas. Con su padre adoptivo muerto y una peligrosa banda criminal exigiendo lo imposible, la idea de terminar con su propia vida dejó de parecerle absurda hace mucho tiempo. No sería la primera vez que ese pensamiento lo visitaba… pero sí la última vez que tendría la oportunidad de elegir. Entonces el mundo terminó. Nadie sabe qué ocurrió realmente. No saben por qué la infección arrasó con ciudades enteras en cuestión de días. No saben si fue el aire, el contacto… o algo peor. Y, extrañamente, los únicos que no enfermaron fueron quienes ya estaban enfermos. Ahora la humanidad intenta sobrevivir entre mutaciones, sangre y preguntas sin respuesta. Hiro debería querer morir. Pero por primera vez en su vida, algo lo obliga a quedarse. Porque en medio del fin del mundo, empieza a descubrir que el dolor no es lo único capaz de hacerlo sentir. Y tal vez… la verdad detrás del apocalipsis sea mucho más cercana de lo que imagina. Pero, ¿Hasta donde puede llegar una persona para seguir sintiéndose viva?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1 | DESPERTAR

Capitulo Uno: Despertar


Deslicé la cuchilla de una vez.

Y ahí estaba...

Aquel líquido carmesí que siempre estaba. Que siempre iba a estar. Se deslizó por todo mi antebrazo y, cuando lo rodeó por completo, comenzó a caer hacia los azulejos.

Se veía estúpido. Gota tras gota, cada vez formando una mancha más grande en un lugar donde solo había blanco.

No despertó nada en mí, o al menos no como solía hacerlo.

Aunque recordaba muy bien la sensación.

El filo del metal acariciando mi piel... hundiéndose cada vez más en esa superficie tan frágil, pero que de igual forma era difícil de romper. La ansiedad por descubrir cuándo dolería, cuán profundo sería. Si haría un daño significativo o solo sería un corte más que no tardaría en cicatrizar.

Alguien normal diría que estoy loco.

Probablemente lo esté.

¿Quién sabe? Tal vez todos lo estamos. Y algunos solo nos cansamos de fingir normalidad y decidimos sacar a pasear nuestras ideas más locas sin pensarlo dos veces.

Aunque el arriesgarse a morir es más que solo una idea...

A la mierda.

¿Y qué si muero hoy? ¿Qué va a cambiar? El mundo seguirá siendo una mierda. Además, de todas formas moriré en la mañana.

Aunque vaya, no es que haya pensado en morir en un paraíso, pero...

La vista es algo deprimente.

Observé el baño nuevamente, y la verdad solo hizo que me desanimara aún más. Y eso que me consideraba un tipo positivo. Bueno, no de esos que le sonríen a la vida y le regalan billetes grandes a los vagabundos sin esperar nada a cambio, pero intentaba verle lo bueno.

Aunque yo sería del tipo que gastaría todo en cervezas y terminaría ebrio junto al vagabundo.

Ese sí que es un buen plan. Solo piensen en todas las historias que podría tener el tipo.

Muy bien Hiro, añadido a la lista de cosas que, si sigo vivo para mañana, debo hacer.

Ok, nos distrajimos, volvamos al punto. Imagina morir en un baño por decisión propia. ¿Qué imbécil está tan jodido?

Aunque creo que ahorita mismo sí soy ese tipo de imbécil...

Ay, mierda.

Ni modo karnales, tocó aceptarlo.

Ahora solo espero estar lo suficientemente drogado para cuando al fin lleguen los matones.

Verán, según mi lógica, tengo exactamente tres horas para estar tan, pero taaaan voladito, así voladito como jamás he estado en mi vida, como para que cuando ellos lleguen y procedan a... ehh, partirme en pedacitos o algo así, yo no sienta nada.

Oh bueno, claro que voy a sentir. Seguramente me desmiembren... El punto es que no estaré tan consciente, ¿capisci?

Pensándolo bien, el plan está de la mierda.

Ni se decepcionen, no pueden esperar tanto de un tipo que ni siquiera fue a la escuela.

Cerré los ojos un momento. No tenía razón alguna. Lo hice porque sí.

El ardor de mi antebrazo había disminuido bastante, solo sentía la zona un poco adormecida. Pero fuera de eso... todo parecía normal.

Salvo que nada era normal realmente.

No sé cómo explicarlo. La palabra más cercana sería "sentido arácnido", porque ya saben, un poder conlleva una gran responsabilidad y así...

Está bien, pongámonos serios. Algo en verdad andaba mal. No había nada que despertara alarmas, pero la sensación de peligro estaba ahí, reciente.

Y si hay algo en lo que más confío, es en mi puta intuición.

Así que solo hice lo primero en lo que pensé.

Salté y atravesé los cristales de la ventana a mi derecha. Sentí todos y cada uno de los pedazos incrustándose en diferentes zonas de mi cuerpo, provocando nuevos puntos de dolor, demasiados como para ignorarlos. Caí de forma tosca en el cemento de la calle. Tosí un par de veces, ignorando el dolor sofocante en mi garganta y el hecho de que escupí algo de sangre en el proceso en el que intenté incorporarme.

Veamos, me gustaba el dolor. Sí, creo que eso ya quedó bastante claro, pero siempre y cuando era yo quien lo provocaba.

¿Encontrar a un chico más complicado que yo? Ja, buena suerte.

Aunque, ¿quién disfrutaría que se le incrustaran docenas de cristales a la vez por todo el cuerpo? Estaba demente, pero tampoco hasta ese punto.

¿Qué creen que soy? ¿Un psicópata?

No respondan.

Caí un par de veces, pero no me rendí y comencé a correr hacia quién sabe dónde. Ni yo lo sabía, solo necesitaba alejarme de ese lugar. Giré a la izquierda y llegué a la calle abierta del vecindario. Estaba desierta.

Carajo.

Parecía un apocalipsis zombie.

No paré de correr. Esa sensación asquerosa en la nuca seguía ahí. No me puse a pensar en por qué cada puerta de cada maldita casa estaba abierta, o en por qué no había ni un solo auto en ninguna parte. Solo estaba concentrado en huir.

Hasta que algo me hizo parar.

Un grito desgarrador sonó a mis espaldas, y me detuve justo cuando un pitido doloroso comenzó a torturar mis tímpanos.

Volteé esperando lo peor, pero no había nada. La calle seguía olvidada más allá.

Pero los gritos seguían.

Algo en mi interior me dijo que siguiera, que continuara corriendo. Pero no me moví en lo absoluto, mi cuerpo parecía estar en un trance.

Y en medio de todos los gritos, me escuché a mí. Mi respiración agitada, mi corazón latiendo... la sangre dispersándose por mis venas... y el goteo repugnante proveniente de mi antebrazo cayendo viscoso sobre la calle.

No sé cómo explicarlo, pero algo justo en ese momento despertó.

Una presión arrolladora se instaló en mis nudillos y caí al suelo de rodillas. Grité por el dolor nuevo y mi cabeza se golpeó con fuerza contra el suelo. Lo había hecho a propósito, a ver si así olvidaba lo de los nudillos.

No funcionó.

Cerré los ojos con fuerza. Eran demasiadas cosas a la vez: el pitido en mis tímpanos, el sentir cada acción interna de mi cuerpo con demasiada claridad, la maldita presión inexplicable en mis manos.

Qué mierda pasaba.

Grité sin pensar. Cada vez sentía la piel de esa zona más débil, más elástica. Llevé mi atención a mis manos y me congelé por completo al ver una masa extraña moverse como si estuviera debajo de la piel. Se movía de forma dolorosa, acercándose cada vez más hacia mis dedos. Hasta que se detuvo. Se dividió lentamente y cada pedazo se encaminó a una dirección distinta.

De pronto el pitido se desvaneció sin aviso. Sentí un líquido caliente deslizándose por mi cuello, y el olor a metal llegó a mis fosas nasales.

Sangre.

Y el caos inició.

La presión en los nudillos volvió sin aviso, pero esta vez de forma diferente. Más centrada, más punzante. Arrasó con toda movilidad que pude haber tenido en algún momento, y pasó.

Metales extraños salieron disparados hacia afuera desde el interior de mis manos, rompiendo piel y expulsando sangre en una escena que traumaría a cualquiera.

Y después solo dejé de sentir. De escuchar, de saborear, de ver... Era como estar flotando en la completa nada, en un cuerpo que era totalmente mío, pero que parecía ajeno.

Una gota de sudor cayendo por mi sien...

Y los gritos volvieron.

Eran desgarradores, no parecían de un hombre ni de una mujer, sino de algo diferente. Algo más asqueroso. La sensación en mi nuca volvió, erizándome la piel y martillando mis huesos de forma abrumadora.

Hasta que abrí los ojos, y lo vi.

A lo lejos, una figura extraña se mantenía estática. Era un cuerpo oscuro, deforme. Algo difícil de ver gracias a la espesa neblina que lo acompañaba y parecía protegerlo, rodearlo.

Qué. Carajos. Es. Eso.

Y comenzó a correr hacia mí.

«Por supuesto que hacia mí».

-¡Mierda! -grité con desesperación.

Intenté pararme, pero mis piernas temblaban de forma extraña y un costado de mi torso ardía sin razón alguna. Los metales seguían ahí, incrustados justo en mis nudillos. Tenía los dedos adormecidos y llenos de sangre. Intenté moverlos y, después de algo de esfuerzo, logré abrir y cerrar las manos, pero todo demasiado tarde. Inadecuado.

Porque volteé y esa cosa estaba a tres pasos de llegar a mí. O mejor dicho, a uno, porque la porquería esa saltó en cuatro patas hacia mí, derribándome.

Al instante se abalanzó a mi cuello, y lo detuve apenas usando toda mi fuerza para alejarlo un poco.

Pero me distraje.

Porque vi su rostro.

O al menos lo que quedaba de él.

Era perturbador.

Su piel parecía desprendida, como arrancada. Tenía quemaduras por todo el cuello y toda su mandíbula estaba a la vista. Tenía la lengua cortada a la mitad. Apenas tenía unos pocos pelos en la cabeza y le faltaba la oreja derecha, la cual también parecía arrancada.

Desprendía un olor desagradable.

La fuerza de mis brazos se estaba debilitando, todo en mí estaba tembloroso y ansioso. Pero... ¿lo anormal?

No estaba asustado.

Así que solo reaccioné por instinto.

Ataqué directamente hacia su rostro, usando los cuerpos extraños en mi anatomía como cuchillas. Las enterré una y otra vez en la carne podrida. Pequeñas gotas de sangre mancharon mi cara, pero no me importó en lo absoluto, porque algo nuevo se instaló en mi pecho.

Parecido a lo que solía sentir cuando yo mismo me maltrataba la piel.

No, esto era distinto. Nuevo.

Mejor.

Mucho mejor.

Empujé el cuerpo hacia atrás y me liberé de su encierro. Ansioso, me senté sobre el tronco de esa cosa y repetí la acción.

Sacando y metiendo las cuchillas, a veces rápido y a veces lento. Disfruté la vista, la carne cada vez más débil y elástica, la sangre saliendo escupida a chorros y cada nuevo hueco en un distinto lugar.

Reí a carcajadas por la mezcla de sensaciones nuevas, por la descarga de adrenalina que estaba teniendo. Olvidé todo tipo de dolor que pude haber sentido en el momento. Me concentré en las cosquillas en mi ingle, en la sangre manchando mi ropa vieja y desgastada.

Rompí arterias, músculos, huesos que parecieron haberse roto demasiado fácil...

Hasta que ya no quedó nada.

No sabía cuánto tiempo había pasado realmente. ¿Una hora? ¿Dos? ¿Quizás tres?

Qué importaba. Ya no había nada que romper.

Frente a mí, un montón de masa deforme yacía en la calle. Sin rostro, sin saber cuál era su interior o exterior, sin saber si ese hueco era el de su boca o uno que decidí crear yo mismo.

Sentí un vacío. Uno que me resultaba familiar.

El mismo que me atormentaba cuando el corte en mi propia piel ya estaba hecho y ya no me provocaba absolutamente nada.

-Verga. Maté a alguien.

Bueno, esa cosa me atacó primero. Además, era horrible de ver, le hice un favor al pobre.

Miré al montón de piel y órganos una última vez, y luego dirigí mi atención a mis manos. Las cuchillas ya no estaban ahí, pero habían provocado huecos que recordaban que sí estuvieron ahí, como parte de mi cuerpo.

Tenía muchas preguntas internas. Demasiadas.

Tantas que incluso estaba a punto de gritar porque quién putas podría responderlas.

No era una pregunta, pero de igual forma aquí está la respuesta: nadie. Absolutamente nadie. La calle vacía y el vecindario que parecía haber sido evacuado eran prueba de ello.

Y aun así, en medio de todo ese torbellino mental, tuve tiempo de decir:

-Tengo hambre...

Mi estómago rugió, acompañando lo ya dicho.

Por suerte había visto muchas películas apocalípticas, y si no hay nadie cuidando lo suyo pues...

Supongo que no habrá problema en tomarlo, ¿no?

Seguro se estarán preguntando por qué no estoy enloquecido tratando de buscar una respuesta a todo esto. Déjenme decirles que una parte de mí sí lo está, una pequeña parte... El punto es que, teniendo hambre, pensar qué podría ser toda esta mierda sería una tarea imposible.Y en sí, pensar no es lo mío, así que primero comeré.

Oh sí, cómo me caería de bien un sándwich ahora mismo...

Casi solté un gemido al imaginar el pan crujiente, el tomate jugoso y la carne en su punto perfecto.

Me incorporé y dejé atrás aquel montón desagradable y, aún sintiendo ese vacío en mi interior, ese que sabía que siempre estaría ahí, comencé a caminar lejos, hacia la ciudad.

Hacia Atlanta

.