HAZME TUYA

Summary

HoSeok vive una doble vida: de día, limpia los rastros de lujo en un hotel de Seúl; de noche, baila bajo las luces de neón del BlueKingdom. Lo que empezó como una vía de escape para pagar los gastos médicos de su madre, pronto se convierte en un laberinto de deseo cuando conoce a su nueva clienta

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1


BlueKingdom no parecía un mal lugar para buscar nuevas oportunidades. Podía ganar dinero rápido, bailar y conversar con señoritas; no era tan malo como limpiar baños o atender mesas en aquel hotel, mi otro trabajo. Había oído hablar del sitio entre murmullos y, un día, encontré una tarjeta en una habitación que limpiaba.

Prometía ser un buen empleo, pero lo que más dinero dejaba eran los servicios premium: vender tu cuerpo por unos cuantos wones. Acostarse con mujeres porque pagaban por ello era, muchas veces, una oferta tentadora.

Tras unos meses bailando, me gané a mi público. No fue sencillo, pero me sentía bien. Con el dinero de mi primer encuentro invité a NamJoon, mi roomie, a una parrillada coreana y pagué los gastos comunes del mes. El resto lo destinaba a los gastos médicos de mi madre, que padecía una enfermedad costosa. Me las arreglaba como podía.

La primera mujer que solicitó mis servicios tenía unos 45 años. Alta, esbelta, con un carácter melancólico. Había enviudado hacía un año y sus hijos no le hablaban. Se sentía sola. Pagó varias horas conmigo.

Al principio, hablamos, bebimos y comimos. Lo pasé increíble; era una buena mujer y bastante agradable. Quizás eso, sumado a las copas de más, me llevó a besarla y terminar teniendo sexo con ella. Yo, con experiencia media, di todo de mí; ella me enseñó mucho de lo que sé hoy.

—Eres un encanto, muchacho —dijo mientras se calzaba las medias.

—Tú igual, SonYa —respondí, sabiendo que amaba que la llamara por su nombre.

—Tienes unas manos bellísimas, úsalas a tu favor —me besó ambas manos con deleite.

—Usted tiene una boca muy buena —le sonreí, acariciándole el cabello.

—Son años de experiencia, muchacho, años —me besó la mejilla con ternura.

El dinero llegó a mi cuenta minutos después de que ella se marchara. Lo mejor era que el pago venía con recomendaciones. Así inició mi buena racha en este mundo.

Hasta que llegó HyeWoon.

Estatura media, delgada, piel pálida, flequillo y largo cabello liso. Ella fue lo que creí jamás repetir, pero la vida da muchas vueltas.

—HoSeok, solicitan tus servicios esta noche —me llamó una secretaria desde el mesón.

Con cierta inocencia miré alrededor, buscando a la mujer que saldría conmigo esa velada.

—No está aquí. Te espera en el hotel, habitación 7 del segundo piso. Ya sabes qué hacer —me entregó la tarjeta de acceso con una sonrisa.

Afuera, el clima amenazaba con empeorar. El hotel no quedaba lejos, así que decidí caminar. Usualmente no aceptaba encuentros fuera del club, pero la intriga me llevó a deambular un rato. Alguien había pagado una cantidad exorbitante de wones para estar a solas conmigo.

Subí por el ascensor con el corazón martilleando contra mis costillas. Frente a la puerta de la habitación 7, deslicé la tarjeta. El “clic” de la cerradura sonó como un disparo en el pasillo silencioso.

La habitación estaba en penumbra, iluminada por las luces de la ciudad que se filtraban por el ventanal. Al rodear la estancia la vi: sentada en el borde de la cama, mirando su teléfono, con un leve temblor ansioso en la pierna. Vestido ceñido, maquillaje de noche, cabello perfectamente liso.

—Hola —dijo con una sonrisa nerviosa, levantándose para acomodarse el vestido.

—Hola —respondí, pensando que me estaban tomando el pelo—. ¿Tú eres la clienta de esta noche?

—Sí.

No debía tener más de 22 años. Lucía joven, menuda, nerviosa. Sin embargo, la empresa no arriesgaría su reputación. Me acomodé, quitándome la chaqueta y sirviéndome vino.

—Realmente estoy impresionada —añadió, interrumpiéndome—. Deseaba esto hace tiempo.

—¿Me conocías antes de este momento?

—Fui hace unos meses con mis amigas al club y me quedé impresionada con tu show.

Sus ojos grandes y marrones, con pestañas postizas, la hacían parecer una muñeca.

—Entonces eres una admiradora —dejé la copa y me relamí los labios.

Estaba acostumbrado a charlas extensas o precisas, pero no a halagos. Esto siempre se trataba de ellas, no de mí.

—Cuéntame, ¿qué es lo que te apetece?

—La verdad es que vengo abierta a lo que tú quieras —desvió la mirada hacia mi entrepierna con impaciencia.

El contraste entre su apariencia de “niña buena” y la mirada depredadora que me lanzaba estaba haciendo estragos en mi autocontrol.

—¿Experiencia sexual?

—He tenido un par de novios.

—¿Sexo oral, anal, algún fetiche?

—Nunca he probado esas cosas.

—¿Sexo oral? ¿No te lo han hecho o no lo haces?

Ella presionó los labios, mirándome como una estratega. Esa mezcla de inocencia y provocación me descolocaba.

—No me considero experta, pero lo intento.

—Eres totalmente opuesta a todas las mujeres con las que he estado.

Saqué lubricante, una bala vibradora y condones. Los dejé en la mesita de noche como un arsenal. Ella los miraba con cautela, esperando mi señal.

—¿Quieres música? ¿Algún estimulante?

—Solo te quiero a ti —susurró, con voz más oscura, más hambrienta.

Me acerqué lentamente. Le quité el teléfono y lo dejé en la mesa. Cuando mis dedos rozaron su muñeca, noté su pulso acelerado.

—La verdad es que llevo tiempo sin hacer esto y tú me pareces demasiado…

La atraje hacia mí con brusquedad, mis manos en su cintura, apretando el tejido del vestido. La besé con intensidad, esperando que retrocediera, pero respondió con fuerza, enredando sus manos en mi cabello y tirándome hacia la cama.

—¿Entonces quieres que tome tu cuerpo y lo haga mío, así sin más?

—Y quiero muchos orgasmos. Uno tras otro, sin detenerte.

Su seguridad me confundía. ¿Era una dulce e inexperta chica, o una diabla dispuesta a devorarme?

—Según las reseñas, eres increíble con las manos —dijo, colocándolas sobre su nalga.

La apreté con deseo, pegando su pelvis a mi miembro erecto.

—¿Te parece si hacemos lo siguiente? Podríamos jugar roles.

—El asistente de habitaciones y yo la dueña del lugar —propuso rápidamente—.

—Tú me descubres desnuda en mi cama, justo cuando vienes a limpiar, y me miras…

—Mientras te masturbas y me enseñas cómo te gusta —la volteé contra la cama, señalando los implementos de la mesita—.

—Te dejo a solas para que te prepares.

—Si me calientas lo suficiente, puede que te deje correrte todas las veces que me pidas —le guiñé un ojo y me retiré a esperar mi turno.