Haec Fabula Tecum Sit

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Summary

¿Qué sucede cuando el dolor deja de ser un sentimiento para convertirse en un ancla que te impide levantarte? Esta obra explora el 'incendio silencioso' del alma alimentado por el 'hubiera' y la desesperación de quien daría su vida entera por tener un solo día más con el ser que le enseñó a caminar.

Genre
Drama
Author
EROX
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Haec Fabula Tecum Sit

En tus zapatos

Mi querido lector… antes de seguir, respira profundo, no estás por leer una historia ajena. Estás por vivir una que ya existe en alguna parte dentro de ti, aunque no lo sepas aún.

Aquí, el amor no será nombrado, sino recordado. La pérdida no se explica, se siente. Y la esperanza… apenas respira entre las grietas de la frágil anima.

No hay personajes ni escenarios definidos; sólo aquellas huellas solitarias en la arena. Cada paso que des en esta historia será tuyo, incluso si intentas negarlo porque al final, todo lo que toques aquí, te tocara de vuelta.

A medida que avancemos, no pienses. Deja que el recuerdo haga de tu mente un siervo. Deja que cada línea te roce como un pensamiento que no puedes soltar, cualidad algo familiar.

Haec fabula tecum sit... como lo hace un suspiro sin fin.

Si duele un poco, tranquilo… al menos esta historia no te va a dejar en visto.

No trates de entenderla ni darle sentido, déjala que viva dentro de tu mente y que anhele en tu corazón.

Y si al final sientes un cosquilleo en el pecho, quizás no era la historia quien lloró, sino algo dentro de ti, que despertó…

-Con amor, Sir_Erox



La Anatomía del Vacío

En algún momento de nuestras vidas, ha de llegar aquel momento en que el dolor deja de ser un sentimiento para convertirse en un ancla. Intentas levantarte de la silla, pero tus piernas ya no te pertenecen; el cuerpo ha dejado de tener la fuerza necesaria para sostener el peso de tu propia existencia.

Te quedas ahí, quieto, mientras por dentro el alma arde como mil infiernos. Es un incendio silencioso, alimentado por el combustible de una simple palabra “hubiera”: lo que no dijiste, lo que no compraste, el viaje que nunca hicieron, el abrazo que te guardaste por puro orgullo.

Te invade una urgencia desesperada, una que te quema las entrañas: darías tu vida entera por tenerla un solo día más, un día para regalarle todo lo que en su vida no pudiste, para cumplir esas promesas que dejaste para “después”, sin entender que el destino no conoce de prórrogas, quieres llenar sus manos de flores y sus oídos de perdones, pero el tiempo se ha sellado.

La mente se te nubla, sumergiéndote en una bruma gris donde los recuerdos se mezclan con la culpa. aquella alegría tan inocente, esa que alguna vez iluminó tu rostro, parece ahora una leyenda de otra vida, un mito lejano que ya no sabes cómo contar, lo único que escapa de ti son las lágrimas que corren sin permiso por tus mejillas, trazando el mapa de una orfandad que no tiene cura.

Te descubres buscando su rastro en las cosas más insignificantes, encuentras esa carta que le escribiste con el corazón en la mano, dándote cuenta de que ella te dio las herramientas para salir adelante en esta vida.

Te pesa la cabeza al recordar que ella te forjó de carácter fuerte para mirar al futuro con la frente en alto, pero hoy, esa misma fortaleza es la que te hace llorar en silencio.

Recuerdas aquellas veces que, por no saber expresar tus sentimientos, te veías enojado o malhumorado, te hincas en el suelo de su habitación, recordando cómo le dabas “golpecitos” juguetones porque no sabías cómo pedirle un abrazo.

Y el toque de gracia, lo que termina de romper el corazón, es la revelación de que ella siempre lo supo, ella entendía tu forma de ser; sabía que detrás de tu aspereza estaba ese infante que solo quería ser escuchado. Sin mediar palabra, ella te rodeaba con sus brazos, perdonándote por todo lo malo antes de que pudieras siquiera articular una disculpa.

Miras al techo y, en un arranque de locura, quieres gritarle al mismo cielo que te la devuelvan, o que al menos te dejen hablar con ella cada noche antes de dormir, porque sientes que aún no has aprendido lo suficiente de ella. ya solo queda ese amargo consuelo, amargo de que su lazo fue tan fuerte que se heredó en tu sangre.

Te levantas, no porque tengas fuerza, sino porque ella te enseñó que uno debe seguir. Te queda la misión de transmitir sus enseñanzas a los demás, de que su legado se vea reflejado en el paso del tiempo.

Pero mientras caminas hacia la puerta, sabes que una parte de ti se ha quedado en esa casa vacía, amándola desde lo más profundo, donde quiera que ella esté.

MI QUERIDO LECTOR, AQUELLOS RECUERDOS QUE FORMAMOS CON QUIENES AMAMOS, LOS OLORES QUE IDENTIFICAMOS CON ESA PERSONA, AQUELLAS ACTITUDES QUE VINCULAMOS A ESA PERSONA, SE VAN JUNTO CON EL RECUERDO EFÍMERO DE SU EXISTENCIA EN NUESTRAS MENTES.

DIME… ¿AUN RECUERDAS AQUEL OLOR DE ESA PERSONA QUE TANTO AMASTE?

–SIR_EROX