Cuando el otoƱo se acabe šŸ

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Summary

Cuando AbigaĆ­l regresa a casa junto a su novio, Amanda cree que el otoƱo traerĆ” solo recuerdos y reconciliación. Pero bajo el mismo techo, los lĆ­mites comienzan a desdibujarse. AdriĆ”n siempre fue el hombre perfecto para su hermana: atento, protector… intensamente celoso. Lo que nadie esperaba era que una lĆ­nea cruzada cambiara todo. Entre miradas prohibidas, culpa silenciosa y un deseo imposible de ignorar, Amanda se verĆ” atrapada en un amor que no deberĆ­a existir. Porque amar puede ser un error Pero a veces, dejar de amar es imposible. Advertencia: +18 Esta novela contiene: Relaciones tóxicas. Manipulación emocional. Celos obsesivos. Infidelidad. Contenido sexual explĆ­cito. Temas sensibles relacionados con enfermedad y muerte. No es una historia de amor convencional. Se recomienda discreción al lector.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

ā€œEmpieza el otoƱoā€

21 de marzo de 2026

Empieza el otoƱo.

Una brisa fresca acaricia mi rostro mientras sostengo una taza de cafƩ caliente entre las manos. Las hojas caen lentamente sobre el jardƭn y el sonido seco al tocar el suelo me arranca una sonrisa involuntaria.

Ese sonido siempre me lleva al pasado.

Recuerdo cuando mi hermana mayor, Abigaƭl, y yo corrƭamos descalzas por el patio verde de la casa de nuestros padres. SaltƔbamos sobre los montones de hojas que papƔ juntaba con paciencia infinita, y despuƩs nos reƭamos cuando Ʃl culpaba al perro por el desastre que, claramente, habƭamos hecho nosotras.

Abigaƭl y yo Ʃramos inseparables.

Todo cambió cuando decidió irse de casa a los dieciocho años, con AdriÔn. Mis padres nunca aprobaron esa relación, pero ella estaba decidida a rehacer su vida lejos de aquí.

Yo tenĆ­a once.

Recuerdo el vacío que dejó su ausencia. La casa se volvió demasiado grande, demasiado silenciosa. Mis padres estaban casi siempre trabajando, y aunque nunca me faltó nada, aprendí a convivir con la soledad.

Durante siete aƱos mantuvimos la misma rutina: yo la llamaba, le contaba absolutamente todo —la escuela, lo que habĆ­a comido, los chismes del vecindario— y ella hacĆ­a lo mismo. Era nuestra forma de seguir juntas.

Hasta hoy.

Hoy fue diferente.

Esta vez fue ella quien llamó… pero no a mĆ­, sino a mis padres.

Por lo que escuché, su casa estÔ en refacción y necesitaban un lugar donde quedarse por un tiempo. A papÔ no le agradó la idea de que AdriÔn viviera bajo su techo, pero mamÔ lo convenció diciéndole que quizÔs era una oportunidad para reconciliarse.

Y ahora estoy aquĆ­.

Sentada en el jardín, con el corazón latiendo mÔs rÔpido de lo normal, esperando verla después de tanto tiempo.

Entonces lo veo.

Un auto se detiene frente a la casa.

Mi corazón salta cuando Abigaíl baja primero. Corro hacia ella y la abrazo con fuerza, como si todavía tuviera once años.

—”AbigaĆ­l! No sabĆ©s cuĆ”nto te extraƱƩ.

—Princesa… —me responde riendo, apretĆ”ndome contra su pecho—. Yo tambiĆ©n te extraƱƩ.

—Tengo tanto que contarte…

—¿Y a mĆ­ no vas a saludarme?

La voz masculina me sobresalta.

AdriƔn.

Por un segundo, habƭa olvidado que Ʃl tambiƩn venƭa.

—Perdón —digo, algo incómoda—. No quise ser grosera.

Ɖl sonrƭe y, sin darme tiempo a reaccionar, me rodea con los brazos.

—Somos familia, Āæno?

Mi corazón se detiene un instante. No entiendo por qué.

AdriĆ”n es atractivo, siempre lo fue. Ojos verdes intensos, cabello dorado ligeramente ondulado, una sonrisa que puede parecer encantadora… o peligrosa, dependiendo del momento. Mi hermana, con sus ojos azules y su cabello negro lacio, siempre pareció encajar perfectamente a su lado.

Yo soy distinta. MƔs baja. Cabello negro ondulado. Ojos marrones. MƔs callada.

—No le hagas caso —dice AbigaĆ­l, divertida—. Ɖl es asĆ­.

Subimos las maletas a la habitación que compartirÔn. AdriÔn observa todo con una sonrisa difícil de descifrar.

—Para ser una adolescente, atiende bastante bien a sus invitados —comenta.

—Tengo dieciocho aƱos —respondo con firmeza—. No soy una niƱa.

AbigaĆ­l se rĆ­e.

—Y vos, con veinticinco, todavĆ­a no sabĆ©s usar la lavadora.

—No es que no sepa… es que me da miedo que explote.

Las risas alivian la tensión por un momento.

Pero cuando pregunto cuĆ”nto tiempo se quedarĆ”n, la respuesta es incierta. ā€œHasta que terminen las remodelacionesā€, dice mi hermana.

No sƩ por quƩ eso me inquieta.

La puerta principal se abre.

MamĆ” y papĆ” han llegado.

El reencuentro es emotivo. MamƔ abraza a Abigaƭl con lƔgrimas en los ojos. PapƔ tambiƩn, aunque mƔs contenido. Cuando su mirada se posa en AdriƔn, la calidez desaparece.

—Hola, suegros —saluda Ć©l con una sonrisa confiada.

PapĆ” le estrecha la mano con evidente incomodidad.

—No has cambiado mucho.

—Yo dirĆ­a que estoy mĆ”s atractivo.

AbigaĆ­l le da un leve pellizco en la espalda. MamĆ” intenta suavizar el ambiente.

—Somos familia. Pase lo que pase, debemos mantenernos unidos.

La palabra familia resuena en mi cabeza.

Observo a AdriƔn.

Ɖl sostiene la mirada de mi padre sin retroceder ni un centƭmetro.

Hay algo en esa sonrisa.

Algo que no logro descifrar.

Pero de una cosa estoy segura:

Este otoƱo no va a ser tranquilo.

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