Prólogo
En ocasiones tu peor pesadilla, es aquella que se siente real, el instinto de querer salvarte a ti mismo, pero no puedes porque simplemente no puedes controlar tus sueños, en ciertas ocasiones la realidad es más de lo que puedes manejar, ese cliché de despertar empapada en sudor era mi realidad hacía meses, Darla solía decir que las pesadillas eran causadas por ver tantas películas de crimen, estrés o quizás hasta por comer demasiado “en lo personal odiaba las películas de terror, pero amaba las películas de crimen”, solía comer muy poco desde que tengo memoria, pero no por algún trastorno alimenticio o falta de alimento, la comida de mi lugar de origen era repugnante, a pesar de no conocer otro sabor que no fuese el sintético. Me encantaba pensar que mis sueños eran fragmentos de una vida pasada, claro cuando estos solían ser buenos, al mismo tiempo me preocupaba que en mi otra vida hubiera sufrido una muerte traumática (estaba prohibido pensar así o en cualquier tipo de religión), aquí todos teníamos que ser funcionales no espirituales, sin embargo a pesar de siglos aún quedan fragmentos como leyendas que van corriendo de voz en voz, de aquella época donde la religión ya no dominaba, y al mismo tiempo llegaba la libertad y esa es mi época favorita los 2000, libres y sin control, amaba la música y las películas de esa época, sus vestuarios no tan serios y llenos de colores, quien diría que en el futuro los colores neutros son los que predominan.
En fin si les puedo confesar algo además de mis gustos, es que siempre tengo el mismo sueño, el que atormenta de vez en cuando mi alma (lo menciono por el vacío que te deja ese sueño al despertar, el vacío de perder algo o alguien) y perturba mi mente por días, sufro esto cada dos meses, a veces un poco más, lo inusual, es que siempre sucede lo mismo y se detiene siempre en ese lugar… Comienza con los vidrios de aquella ventana caer al suelo, es como si pudiera sentir cada minuto y cada segundo todo lo podía percibir como en una especie de cámara lenta, aquellos dos niños gritarme con tal magnitud que podría jurar que su rostro se deformaba y aquellos ojos llenos de desesperación y miedo…
Miedo, el que me hacía estremecer al ver aquellos niños intentando trabar esa puerta y hacerme entrar en razón, lo intentaban todo, sacudirme, gritarme cercas del rostro, apretarme con fuerza, más solo podía ver tal acción ya que su boca no emitía sonido alguno, sin embargo yo podía sentir cada paso y cada aliento, sabía que era inútil hablar con ellos o querer obligar a mi cuerpo moverse, en ocasiones podía sentir como uno de ellos halaba mi brazo con tanta fuerza que habitual mente eso me hacía despertar, pero en esta ocasión era diferente, el sentir mi corazón latir rápido y mi respiración agitada, era comprender que se apoderaba de mí el saber… el saber que nada estaba bien, “vaya esta vez llegamos más lejos” pensé entre mis adentros.
Llegamos hacia otra habitación donde el niño más grande nos apartaba y trataba de atrancar la puerta, el otro me abrazaba con fuerza en una esquina de la recamara era evidente que morían tanto de miedo como yo, quizás estaba desesperada por que el sueño terminara que apretaba los ojos con fuerza, “rogaba por que acabara” …
Odiaba ver su frustración, sabía que la persona que estaba detrás de esa puerta les provocaba el mismo terror que a mí, sabía que alguien estaba impaciente por entrar, aunque no podía escuchar nada, era evidente por el movimiento violento de la manija, como la puerta retumbaba y se agrietaba, “el terror factible tratando de entrar”, nunca lograba ver quien nos perseguía. Pero algo si era seguro la persona que estaba detrás de esa puerta estaba ansiosa por hacernos daño.
El sonido del despertador provoca en mi abrir los ojos, “al fin” dije entre murmullos, mi frente estaba empapada ligeramente en sudor y mi boca algo seca, incorpore medio cuerpo quedando sentada en el regazo de mi cama observando la oscuridad de mi habitación y aquella ventana inútilmente decorando mi alcoba, tan solo imaginaba un día despertando con la luz natural del sol, anhelaba eso cada despertar, sin embargo, solo quedaría en eso “un anhelo”. Me dispuse a caminar hasta el sanitario, en cuanto coloque un pie en el suelo una luz sintética pero basta ilumino mi habitación, al llegar a la puerta del sanitario pase mi mano por el sensor para poder acceder, escucho el sonido de la computadora darme los buenos días, a lo cual me es indiferente y algo tedioso de escuchar todos los días, ordeno a la asistente programar mi baño a vapor, otro de mis grandes anhelos era poder sentir el agua correr por mi piel, pero era casi imposible.