Willy Wonka a través del espejo

Summary

Willy Wonka, el excéntrico y reservado genio del chocolate, se encuentra con una responsabilidad que nunca buscó: convertirse en el tutor de Charlie. Aunque su corazón está lleno de buenas intenciones, su falta de experiencia con los niños y su personalidad peculiar hacen que la convivencia sea un desafío. Ambos viven en el corazón de un mundo donde los ríos fluyen con chocolate y los sueños parecen alcanzables, pero la vida, como el cacao más oscuro tiene sus momentos amargos.

Genre
Scifi
Author
Ziggi Starr
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Willy Wonka a través del espejo

La Sala de Invenciones estaba en su punto álgido de actividad. Las paredes vibraban con una sinfonía de zumbidos eléctricos, burbujeos químicos y destellos de luces que parpadeaban al azar. En el centro de aquel caos controlado, Willy Wonkab —con su característico sombrero de copa inclinado ligeramente hacia un lado y una bata de laboratorio que había sustituido temporalmente a su abrigo color guinda— ajustaba un panel lleno de botones y palancas en una máquina que parecía más una obra de arte abstracto que un dispositivo funcional.

—¡Ah, perfecto! ¡Absolutamente perfecto! —exclamó con entusiasmo, aunque no estaba del todo claro si hablaba con la máquina o consigo mismo. Sus dedos ágiles bailaron sobre los controles, girando perillas y presionando botones con la precisión de un músico frente a un piano.

La máquina, todavía en fase de prototipo, era un amasijo de tubos transparentes llenos de líquidos fluorescentes y paneles metálicos ornamentados con filigranas doradas, comenzó a emitir un zumbido creciente. Un par de Oompa-Loompas, vestidos con trajes ignífugos, observaban desde una esquina con expresiones de mezcla entre fascinación y pánico.

—¡Es el momento de la verdad, amigos! Si esto funciona, no más escaleras, no más elevadores, no más... ¡nada de eso! ¡La fábrica será un lugar donde el espacio y el tiempo no tendrán límites!

Con una risa aguda y entusiasta, Wonka tiró de una enorme palanca que sobresalía del costado de la máquina. De inmediato, un rayo de energía chisporroteante salió disparado, iluminando la habitación con un destello cegador. Los Oompa-Loompas se taparon los ojos, y el propio Wonka retrocedió un paso, aunque su rostro mostraba más curiosidad que miedo.

El rayo no se detuvo. En cambio, comenzó a girar en espiral, como si estuviera dibujando algo en el aire. Lentamente, una abertura ovalada se formó en el espacio frente a la máquina, flotando en el aire como una ventana líquida que vibraba y ondulaba. Emitía un brillo dorado, reflejando la luz de la sala como un espejo deformado.

Wonka se acercó al portal, sus ojos brillando de emoción.

—Oh, vaya, vaya, vaya... ¿Qué tenemos aquí? —murmuró, inclinándose hacia adelante para examinarlo más de cerca.

Cuando estuvo lo bastante cerca, algo lo hizo detenerse en seco. ¿Algo había salido mal? Por unos momentos Wonka pensó que estaba parado más bien delante de un espejo. Ya que al otro lado vió la Sala de Invenciones y a sí mismo observándose con detenimiento.

Willy Wonka se paró delante del portal en silencio, como si estuviera hipnotizado. Y aunque su reflejo imitaba sus movimientos y gestos en una sincronía perfecta, algo en su expresión era sutilmente distinto.

—No, esto es diferente... —dijeron al unísono ambos Wonka pensando en voz alta. Quédandose estupefactos al percatarse del efecto de duplicado en sus voces.

El "reflejo" del otro lado no era un reflejo en absoluto. Era otro Willy Wonka.

Con un movimiento repentino, el otro Wonka dejó de imitarlo. Sonrió ampliamente, inclinó la cabeza, y luego, para sorpresa del Wonka original, dio un paso hacia adelante... cruzando al otro lado.

El segundo Willy Wonka apareció al otro lado del portal con una gracia casi teatral, ajustándose su propio sombrero de copa. Ambos se quedaron mirándose el uno al otro, asombrados y fascinados, como si cada uno fuera un espécimen raro en un museo.

—Bueno, bueno, bueno —dijo el primer Wonka, rompiendo el silencio—. Esto sí que no me lo esperaba...

El segundo Wonka sonrió con esa misma mezcla de misterio y carisma que parecía ser un rasgo universal.

—Supongo que no todos los días uno se encuentra... consigo mismo.

—¿De dónde vienes? ¿Cómo es posible esto? —preguntó el primer Wonka, dando vueltas alrededor de su contraparte como si estuviera examinando una obra de arte.

—Eso es lo que yo debería preguntarte a ti —respondió el segundo, arqueando una ceja.

Ambos rieron. Era una risa casi idéntica, pero con matices apenas perceptibles que revelaban sus diferencias.

—Entonces —dijo el original, sirviéndose una taza de té de una tetera que había aparecido de la nada en una mesa cercana— ¿Qué te trae por aquí, eh? ¿Curiosidad científica? ¿Accidente feliz?

—Digamos que un poco de ambas. Estaba trabajando en un nuevo invento con el que pretendo revolucionar la logística interna de mi amada fábrica —respondió el segundo Wonka, aceptando una taza de té que parecía haber salido de la nada—. Aunque debo admitir que esto es... inesperado. Por cierto, ¿quién decoró esta sala? Tiene un toque... ¿cómo decirlo? Menos caótico que la mía.

—¿Menos caótico? Esto es arte puro —el primer Wonka fingió estar ofendide—. Es posible que nuestras acciones hayan estado sincronizadas, es decir, estábamos trabajando simultáneamente en el mismo proyecto. Tengo la hipótesis de que los dos accionamos la máquina en el mismo preciso instante, lo cual pudo haber conectado dos extremos en el espacio-tiempo. Pero dime, ¿qué tan diferente puede ser tu mundo del mío?

Los dos comenzaron a comparar sus vidas, intercambiando detalles que iban desde lo mundano hasta lo extraordinario. Descubrieron que sus historias eran casi idénticas, salvo por unas cuantas decisiones aparentemente insignificantes que habían llevado a resultados muy distintos. Fue una conversación fascinante, como un juego de ajedrez verbal entre dos maestros que conocían cada uno de los movimientos del otro.

La puerta de la Sala de Invenciones se abrió de golpe, y Charlie Bucket, con su característica curiosidad, asomó la cabeza. Estaba acostumbrado a las extrañas maravillas de la fábrica, pero lo que vio lo dejó completamente perplejo.

En el centro de la habitación, sentados alrededor de una pequeña mesa que no estaba allí hacía un momento, estaban no uno, sino dos! Willy Wonka. Ambos reían animadamente mientras levantaban sus tazas de té con movimientos casi sincronizados.

—¿Señor Wonka? —preguntó Charlie, con voz dubitativa.

Los dos Wonka se giraron al mismo tiempo hacia el muchacho, y sus miradas idénticas lo atravesaron como un rayo. Charlie parpadeó rápidamente, tratando de procesar lo que veía. La escena era tan irreal que por un momento pensó que su mente le estaba jugando una broma.

—¡Charlie, mi querido muchacho! —exclamó el Wonka original, levantándose de su silla con una sonrisa nerviosa—. Eh... déjame explicarte, esto es... bueno... complicado.

El otro Wonka también se levantó, observando al joven con una expresión de curiosidad genuina.

Charlie dio un paso atrás, su mente intentando encontrar una explicación lógica. La impresión fue tal, que se podría decir que generó un gran impacto en su mente que se encontraba revuelta como un torbellino. Su respiración se aceleró. La impresión le provocó un cambio súbito en su presión arterial. Antes de que alguien pudiera detenerlo, sus piernas terminaron cediendo ante él. Charlie se desplomó hacia el suelo.

—¡CHARLIE! —exclamó uno de los Wonka's alarmado. Se levantó de golpe de su asiento para correr en la ayuda de su joven pupilo. Se arrodilló junto a él, sacudiéndolo suavemente por los hombros.

—¡Vamos, muchacho, despierta! ¡Oh, Dios mío, esto ha sido demasiado para él! Su potencial es enorme, ¿Sabes? Sólo que puede llegar a ser muy susceptible ante algunas cosas —se lamentaba Wonka mientras revisaba con torpeza sus signos vitales.

El segundo Wonka miró la escena con una mezcla de preocupación y fascinación.

—¿Charlie? ¿Quién es este jovencito? ¿Y por qué parecía tan... ¿Confundido? ¿Es un empleado? ¿Un aprendiz? ¿No es hijo tuyo?

El primer Wonka le regresó la mirada igual de consternado. Se acababa de percatar que después de todo, sí había una diferencia contundente con su otro yo. Se quedó en silencio un momento, mientras un recuerdo muy nítido circuló por su mente. Era una clara imágen de un Charlie unos años más pequeño, vestido de negro, parado inmovil bajo una inclemente lluvia delante de un par de coronas de flores colocadas fuera de un mausoleo en el cementerio Forest Lawn.

[...]

—¿Yo? ¿Un tutor? Oh, no, no, no, no, no, no... —había dicho, moviendo las manos frenéticamente mientras caminaba de un lado a otro en la sala donde se había reunido con el abogado— ¡Yo no soy alguien que pueda cuidar de un niño! ¿Has visto cómo vivo? ¡Tengo un ascensor de cristal que atraviesa el techo! ¡Eso no es seguro para nadie.

De inmediato a Wonka se le formó un nudo en la garganta cuando se escuchó a sí mismo. Se apretó el puente de su nariz con los dedos y agachó la cabeza.

El abogado, un hombre serio con gafas redondas, simplemente lo miró con calma.

—Señor Wonka, entiendo sus preocupaciones, pero los padres de Charlie lo eligieron a usted porque confiaban en que usted haría lo mejor para él. Usted es lo más cercano a una figura paterna que Charlie tiene ahora.

Esas palabras golpearon a Wonka de una manera inesperada. "Figura paterna." No podía imaginarse a sí mismo en ese papel. ¿Cómo podía alguien como él, que había pasado toda su vida evitando cualquier tipo de vínculo emocional, convertirse en una figura paterna?

Pero cuando miró a Charlie, que estaba sentado en silencio en una esquina de la habitación, con los ojos rojos e hinchados de lo mucho que estuvo llorando, algo en su interior se rompió. No importaba lo inadecuado que se sintiera, no podía dejar a Charlie solo. No después de lo que había pasado. No le tomó mucho tiempo llegar a la conclusión de que se necesitaban uno al otro más que nunca.

—Está bien... —murmuró finalmente, con un suspiro pesado—. Lo haré. Seré su tutor. Pero... no estoy seguro de como vaya a resultar esto.

Dicho eso, sacó la pluma especial que siempre guardaba en el bolsillo interno de su frac y colocó su firma en los documentos.

[...]

—E-eh... Es una larga historia —respondió el primer Wonka regresando en sí—. Él es mi heredero.

—Así que este es tu heredero —dijo, inclinándose para observar más de cerca al joven—. Interesante. Nunca consideré tener uno. Pero ahora que lo pienso... quizá pudo haber sido una buena idea.

El primer Wonka levantó la vista, fulminando a su contraparte con la mirada.

—¡No es momento para filosofar! Ayúdame a cargarlo. Tenemos que llevarlo a su habitación.

Con un esfuerzo conjunto, los dos Wonka levantaron a Charlie y lo llevaron por los intrincados pasillos de la fábrica, que parecían cambiar de forma a medida que avanzaban. Finalmente llegaron a la habitación de Charlie, un espacio acogedor lleno de detalles cálidos, como una manta tejida a mano y una pequeña biblioteca con libros que el joven adoraba.

El primer Wonka acostó a Charlie en la cama, asegurándose de que estuviera cómodo. El segundo Wonka observaba desde la puerta, con una expresión pensativa.

—Es curioso —dijo finalmente—. En mi mundo, nunca encontré a alguien como él. Nunca pensé que alguien pudiera entender realmente mis ideas, mi visión. Supongo que eso me hizo más... Solitario. Al menos hasta que conocí a mi esposa. Después tuvimos la dicha de tener a nuestro hijo Wilder.

Wilder... Aquél nombre resonó en la mente del primer Wonka, evocando un recuerdo que creyó haber enterrado hace mucho tiempo atrás. Ese nombre, es exactamente el que ella quería ponerle a su primer hijo, cuando lo tuvieran.

—Un momento... ¿Wilder? Espera eso quiere decir que tú sí te casaste con...

—¿Señor Wonka? —susurró Charlie interrumpiéndolo, estando todavía aturdido—. Tuve un sueño muy extraño. Había dos de usted. ¡Dos!

El segundo Wonka, quien estaba justo detrás de su contraparte, se asomó sonriente al ver que el joven ya había vuelto en sí. Estaba ansioso por estrechar su mano en un vigoroso apretón de manos. Sin embargo, Charlie al volver a verlo volvió a desfallecer en su cama. El primer Wonka, posó una mano en la frente del muchacho, estaba muy preocupado por el golpe que se dió en la cabeza.

—Debo admitirlo —dijo finalmente el segundo Wonka, rompiendo el silencio—. Tienes una relación fascinante con este joven. Nunca consideré algo como tener un heredero. No en mi línea temporal.

—Hasta hace unos momentos pensaba que la fábrica era suficiente. Que el chocolate y mis inventos eran todo lo que yo necesitaba. Nunca quise dejar que alguien entrara a mi mundo. No de esa manera —se encogió de hombros y el volumen de su voz disminuía un poco con cada oración—. Y ahora que sé que pudo haber sido posible, no sé cómo sentirme al respecto.

El segundo Wonka lo observó con una mezcla de compasión y entendimiento.

—No es un camino fácil. No voy a mentir. Hubo momentos en los que pensé que había cometido un error. Que el amor, la familia... eran demasiado complicados para alguien como yo. Pero entonces, mi hijo nació. Y me di cuenta de que había espacio en mi mundo para más que dulces y máquinas. Había espacio para algo... humano.

El primer Wonka se quedó completamente inmóvil, como si alguien hubiera presionado un botón para congelarlo en su lugar. Mientras intentaba asimilar esa información.

—Solo son caminos diferentes. —repuso el Wonka alternativo—. Tú encontraste a Charlie, alguien que puede continuar tu legado y entender tu visión. Y yo encontré algo diferente. Pero eso no significa que uno de nosotros haya tomado la decisión correcta y el otro no. Simplemente somos... nosotros.

El primer Wonka asintió lentamente, aunque la consternación seguía reflejada en su rostro.

—Supongo que tienes razón. Pero aún así, no puedo evitar compararme contigo.

—Es natural —dijo el segundo Wonka con una sonrisa tranquilizadora—. Después de todo, no todos los días te encuentras contigo mismo. Literalmente.

Ambos rieron suavemente, aunque la mente del primer Wonka seguía enredada en pensamientos. Sin embargo, antes de que pudiera volver a hablar, Charlie gimió débilmente desde su cama. Un Wonka le sostuvo la cabeza, mientras el otro colocaba la almohada de manera que estuviera lo más cómodo posible para que pudiera reposar bien.

—Tal vez debería.... —musitó el segundo Wonka, sintiéndose un poco apenado mirando a su otro yo directamente a los ojos— . Deberia, regresar a mi línea temporal. Este lugar ya tiene un Wonka, y un segundo sería... bueno, demasiado para este mundo. Además, es posible que mi esposa necesite ayuda con el bebé. ¡Ella también merece tomar un respiro!

El primer Wonka soltó una pequeña carcajada triste.

—Tienes razón. Dos Wonka en un solo mundo sería... excesivo. Pero me alegra haber tenido esta oportunidad de conocerte. Quiero decir... De conocerme a mí mismo, por así decirlo.

—Lo mismo digo —respondió el primer Wonka—. Ahora, vámonos antes de que Charlie despierte y vuelva a desmayarse.

Ambos rieron. Regresaron a la Sala de Invenciones, en dónde la resplandeciente fisura que abrieron entre sus universos, los esperaba.

—Cuida de Charlie. Parece un buen muchacho. Y recuerda, no se trata de quién tiene más éxito o quién tomó la decisión correcta. Se trata de encontrar lo que nos hace felices —dijo el segundo Wonka antes de dar el paso hacia el portal. Extendiendo la mano hacia su contraparte.

—Lo recordaré —respondió estrechándole la mano con firmeza. Sabía que las posibilidades de volverse a encontrar eran muy bajas.

Con un último intercambio de sonrisas, el segundo Wonka cruzó el portal, que se cerró con un destello final, dejando al primer Wonka solo en la Sala de Invenciones, la cual nuca antes había estado tan tranquila.

Más tarde esa noche, mientras la fábrica se sumía en el silencio, Wonka se sentó solo en su despacho. Pensó en el otro Wonka, en las decisiones que lo habían llevado a ser quien era, y en cómo una sola elección podía cambiarlo todo. En ese orden de ideas, no pudo evitar pensar en el Charlie Bucket de ese universo.

—¿Qué habría pasado con él? —pensó.

Cuando llevó acabo su legendario concurso de los cinco boletos dorados. Si el segundo Willy Wonka se casó y formó su propia familia. Eso quiere decir que nunca tuvo la necesidad de buscar a un heredero. Así fue como empezó todo. Por lo que jamás pudieron haberse conocido. Luego, un pensamiento sombrío pasó por la mente de Wonka... Sintió una fuerte presión hundiendo su pecho, acompañada de una inexplicable necesidad de llorar. No era "su" pérdida, pero de igual manera la sintió como si lo hubiera sido.

—No tengo un hijo —murmuró para sí mismo—, pero tengo a Charlie. Y eso es más de lo que podría haber pedido.

Con una sonrisa tranquila, se levantó y apagó las luces de su despacho. A pesar de sus dudas y comparaciones, sabía que su vida, con todas sus peculiaridades, era exactamente como debía ser.