Despierto vigía
Cuando le dije que los casos de líos de faldas no me interesaban me miró, incrédulo.
Rió y dijo que tal vez este caso podría revivir mi estancada carrera de detective.
¿Estancado yo? Pues… sí. Lo estoy.
— No creas que eres lo mejor que hay aquí, pero te elijo porque te estaría haciendo un favor.
Sostuve el expediente, el folder estaba sucio y desgastado, se notaba que llevaban tiempo sin resolver esto.
Leí despacio, solo eran dos páginas.
Me aflojé el nudo de la corbata mientras desmenuzaba cada letra y párrafo.
— A ver, ¿Se llama Alba? Y todos con los que se acostó… ¿Murieron?
— Los mató. O eso pensamos. Tres víctimas, tres hombres jóvenes en once meses.
Al seguir leyendo el documento de esta mujer me di cuenta de cosas raras y muy convenientes.
Empieza desde sus veintidós años, la mujer olvida o decide olvidar a personas con quienes tuvo algún vínculo afectivo, un mecanismo poco común ¿verdad?
— ¿Me estás diciendo que esta mujer tiene un novio, luego lo olvida y al despertar y no reconocerlo…? ¿Lo mata?
Reí
— No, no. Es una estupidez, está fingiendo. Hemos encontrado a esos tres hombres muertos en distintos callejones de la ciudad. ¿El antecedente en común? Todos fueron ex novios de Alba.
— Una femme fatale hecha y derecha eh.
— Tómatelo en serio.
Me dio otra hoja con un expediente médico recortado por la mitad.
Amnesia disociativa es lo que tiene esta mujer.
A veces imagino que hay una salida para cada error, si mientes eres mitómano, si apuestas eres ludópata. Pero nunca hay culpa, solo explicación.
— Ya entiendo, su enfermedad es la culpable. No importa cuál sea su motivación. Pero su salida es olvidarlo, tan simple como eso.
— Ahí tienes.
Parece que todo está claro desde el principio.
Mujer enferma de amnesia ha matado a sus tres ex novios. Fin del caso.
— Si tienen toda esta información ¿por qué no la encierran y ya?
— Así no funciona, Leonardo, debemos atraparla en el acto. Ahora mismo está saliendo con otro chico, lo investigamos, se llama Maximilian, tiene veinticinco. Abandonó la carrera de periodismo hace un año.
— ¿Y quieres que lo salve?
Edmund, el jefe la policía se paró frente a mí y me tomó de los hombros, sonrió fríamente y me dijo:
— Quiero que estés ahí para cuando ella lo mate.
¿Qué más podía pedir? Un caso ya resuelto que me devolvería al juego, ser pieza clave de la resolución de esta asesina en serie y todo si logro aparecerme en el momento indicado para ver esa última muerte y dar testimonio.
Obviamente no me trago eso, pero igual acepté.
— Bien, si voy a trabajar para usted necesito acceso a todo el expediente, quiero ver toda la historia, conocer a esas tres víctimas. Y no quiero policías estorbando porque voy a seguir de cerca a esa mujer.
— Más despacio, detective, que no se te olvide que tu último fracaso te tiene dónde estás ahora. Sí tendrás vigilancia. Mientras investigues el caso aquí. No puedes acercarte a ella aún.
Salí del edificio con mi maletín repleto de papeles manchados de culpa, víctimas y desamparados.
Pasé a comprar café y dulces, muchos. Dejé de fumar y ahora soy adicto a desenvolver caramelos.
Con tanta prisa por llegar a mi casa no me di cuenta que olvidé mi identificación en la comisaría, pero, ¿qué harían ellos con ella?