La Piramide Escondida de Zotoakan

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Summary

Jack Barton, un exmercenario curtido en mil batallas y de vuelta de todo, sobrevive en los callejones de San Francisco fiel a una filosofía de supervivencia aprendida de los viejos perros de guerra. Su suerte cambia cuando Alison Grey, una audaz periodista, lo contrata para una misión suicida: adentrarse en el Tapón del Darién, la selva más impenetrable del mundo, en busca de una mítica ciudad perdida. Lo que comienza como una expedición de rescate y arqueología se transforma en una pesadilla de realismo sucio y horror ancestral. Acompañados por Chaco, un guía local de moral ambigua, el grupo deberá enfrentar no solo a paramilitares y a una naturaleza hostil, sino a los Tepuanes, guardianes de una tecnología antigua que desafía la razón. En el corazón de la selva aguarda la Pirámide de Zotoakan, un lugar donde la codicia humana choca con una fuerza cósmica inimaginable. Barton deberá usar toda su frialdad y letalidad para sobrevivir a una traición interna y a un despertar sobrenatural que amenaza con devorarlos. "Zotoakan" es un homenaje al pulp clásico y al hardboiled, una historia de redención, sangre y misterio donde la única regla es que, en la espesura del Darién, uno nunca sabe quién regresará con vida.

Genre
Adventure
Author
Manuel
Status
Complete
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Las Aventuras de Jack Barton

En la Pirámide Escondida de Zotoakan.

06/11/2022

A quienes persiguen el eco de lo antiguo y el brillo de lo nuevo. Para los niños que sueñan y para los adultos que no han olvidado cómo hacerlo.

Curtis Logan (Manuel Velásquez)

En primer lugar, me encontraba triste y de mal humor. Cosa que me ocurre mucho más a menudo de lo que querría. Este estado de ánimo siempre me acontece cuando se juntan dos cosas en particular. Un clima lluvioso y la falta de dinero en mi cartera.

Así que allí estaba yo. En un bar de pésima catadura en San Francisco, tomándome lo que bien podría ser mi última cerveza por un largo tiempo y pensando en que hotel de mala muerte podría pasar la noche.

Quizás alguien que lea esto piense que estaba descontento con mi vida, lo cual no es cierto. Estaba en la mitad de mis treinta, libre, soltero y sin responsabilidad de familia, lo cual me caía de perlas. Había vivido así desde los quince años y no me arrepentía. De un lado a otro, durmiendo donde me topara la noche. Había sido contrabandista, guarda espaldas, portero, jardinero, marinero, camionero y estuve un tiempo en el ejército de tierra.

Pero la verdad era que mi relación con el dinero no parecía muy satisfactoria. Una vez tuve el equivalente para comprar un condominio de dos o tres edificios, pero lo perdí todo en una apuesta frente a las costas de África central. En mi último trabajo había conseguido una buena cantidad, y la había gastado, en parte pagando deudas viejas, en parte en chicas y juegos. La cuestión es que la había gastado mucho más rápido de lo que había pensado. Y de allí mi mal humor.

Mire a mi alrededor, el bar estaba semivacío, el barman era un hombre viejo que pasaba un trapo no muy limpio sobre la barra, un par de meseras, ni muy viejas ni muy jóvenes, atendían al par de clientes que estaban en las mesas. Dado el desdén con el me trataban comprendí que no lograría nada con ellas. En una de las mesas estaba sentada una mujer algo mayor, que, de vez en cuando, me lanzaba ciertas miradas. Ya que solo había pedido un trago en todo lo que llevaba allí, asumí que su situación era similar a la mía. Estaba sin blanca y buscaba alguien que le ofreciera un sitio donde dormir seca. Los otros dos eran un par de borrachines que comenzaron cantando muy desafinados para luego caer en un serio mutismo.

Mire mi cerveza y luego a la mujer mayor, sin decidirme. También pensé en llamar a mi amigo Shen Wang, el cual siempre me había sacado de apuros económicos ofreciéndome trabajos temporales. Pero no nos habíamos separado de muy buenas maneras la última vez que nos habíamos visto y eso me hacía dudar. Sin embargo siempre había sido, y es, al día de hoy, mi mejor amigo.

Así que lo pensé un poco, me arme de valor y me dirigí a la mesa de aquella mujer.

Y entonces pasó.

La puerta del bar se abrió de pronto y entró una mujer, hecha una furia, se sentó, gritó una palabrota y luego pidió una cerveza.

Yo me había quedado paralizado en el sitio, con la cerveza en una mano. El barman miro a la recién llegada, silbo por lo bajo, sacó una cerveza, la destapo y la colocó sobre la barra, haciéndole una seña a una de las meseras, luego continuó su ritual de pasar el trapo sobre la madera.

Los dos borrachines se animaron un poco e iniciaron un cántico, cada uno berreando algo diferente. La mujer mayor lanzó una furiosa mirada a la recién llegada y luego una más cariñosa a mí persona.

Y yo allí parado, completamente pasmado, porque la cliente recién llegada me estaba mirando a mí. Fijamente. Y yo seguía de pie como un estúpido allí. Súbitamente deje de interesarle y apartó su mirada de mí.

Me recompuse, y me acerqué a la chica. Si, era una mujer joven, quizás no subía de los veinte y tantos, delgada, con la espalda ancha, y bastante alta. El cabello era rojo, muy crespo, pero parecía natural y no teñido.

La mesera llegó antes que yo y le entregó su cerveza. La chica tomó un trago profundo y luego maldijo y tronó un par de groserías. Las he escuchado peores, y en peores sitios. Pero no de una chica así. Aunque si lo pensaba bien, tampoco era para tanto, chicas como ella las había conocido a montones, desde Hokkaido hasta Punta Arenas.

— Salud— le dije al llegar junto a ella— por este clima de mierda, por esta noche miserable y por lo que sea que haya hecho que entraras por esa puerta.

Volteo su cara llena de pecas hacia mí y me miró con sus grandes ojos verdes como un gato. Todavía estaba hecha una furia. Me temí lo peor.

— ¿acostumbra a brindar con desconocidas muy a menudo?— su voz era un poco ronca. Y fijándome bien, no era tan joven. Ni tan bonita. Pero había algo en ella…

— no, tan solo con las bellas— había utilizado esas mismas palabras en muchos bares antes, y casi siempre con el mismo resultado. Los ojos de la chica se suavizaron y sus labios, fino y rojos, esbozaron algo parecido a una sonrisa. Pero fue un segundo fugaz. O mi impresión, que se yo.

— ¿y se va quedar parado allí, señor…?— tomó otro trago mientras me decía esto.

— Jack Barton. Ese es el nombre— le dije, esperando el típico chiste por aquella película.

Pero ella no parecía de las que ven ese tipo de películas.

— Alison Grey— dijo su nombre de una manera muy especial. Como si significara algo. O como si yo tuviera que conocerlo por alguna razón.

— mucho gusto, Alison Grey— me limité a decir y tomé un trago y la mire.

— Mucho gusto, Jack Barton— me dijo después de unos segundos, y su mirada se había suavizado un poco.

— bueno— me dispuse a romper el hielo— ¿qué cosa hace que una chica como tú, acabe a esta hora en un tugurio como este?

— Quizás el taxi donde venía tuvo un desperfecto. Y este era el sitio más cercano para no mojarme y tomar un trago.

— Es algo posible. Pero no muy creíble.

— pues te lo crees, Jack, o aquí acaba la conversación— me soltó de golpe. Furiosa otra vez.

— ¡tranquila Nena!— atine a decir— no hay problema. Si tú lo dices, te creo. Por esta vez…

— ¿es que piensas que van a existir otras veces?

— bueno, ¿sabes que dice el bueno de Jack Barton en ocasiones así?

—no. Recién te estoy conociendo.

—Jack Barton dice: uno nunca sabe.

Esta vez sí sonrió de manera natural.

— ¿Fumas, Jack?— me pregunto sacando un paquete de cigarrillos.

—Sólo habanos. Lo siento.

— ¿Cubanos?

— sí.

— una pose de tipo duro.

— Es un hábito para pasar una noche de guardia, el humo aleja a los mosquitos muy bien.

Saqué un encendedor del bolsillo y le di fuego al cigarrillo.

— vaya. Un hombre precavido.

— si…

— no lo digas. ‘uno nunca sabe’

Sonreí.

— Así es— dije— pero me preocupa más saber si este lugar permite fumar dentro.

Ella abrió los ojos y echó una mirada alrededor.

— no creo que les importe mucho la verdad— aspiro y me lanzó una bocanada de humo. Mirándome desafiante.

—Antes se consideraba que entre más fumaba una mujer, más sexy se veía— le dije mirándola fijamente.

— ¿Y ahora, señor Barton?

— se ven como mujeres que fuman, Nena.

— tomaré eso como un cumplido.

— fue un cumplido.

— Soy una mujer casada.

¿Cómo habíamos llegado tan rápido a eso? Ese es parte del encanto de Alison Grey. Pensé que mis posibilidades de pasar una noche agradable, en un lugar seco, y de gratis, con una linda chica se habían ido por la cañería de un solo golpe.

— vaya…. — dije por lo bajo, mientras sentía que escurrían todo el mar de Bering por mi espalda.

— Pero eso no importa ahora. — dijo ella. De nuevo sería — cambiemos de tema.

—cambiemos de tema— convine.

— bueno, Jack, ¿qué cosa hace que un tipo como tú, acabe a esta hora en un tugurio como este? si se puede saber.

Sonreí.

— estoy…— ¿qué le podía decir? Opte por decirle parte de la verdad— celebrando que quede sin trabajo después de seis meses, y me gaste toda la paga en deudas atrasadas.

— no pareces un tipo que acumule deudas.

— Pues sí, Nena. Deudas tenemos todos. Y hay gente a quien hay que pagarles o pagarles. Así es el mundo.

— en eso tienes razón. No quiero ser curiosa, ¿cuál era ese trabajo que tenías?

Básicamente en este punto ya estaba resignado a dormir en una plaza o debajo de un toldo. Pero decidí seguirle el juego. Uno nunca sabe.

— bueno— Hice una pausa y decidí exagerar un poco— digamos que mi trabajo era supervisar la entrega de materiales… peligrosos…

— ¿en serio? No me digas que eres un traficante…

Por un momento, se me encendieron las alarmas. ¿Y si la chica resultaba ser una policía encubierta? Decidí virar mi historia rápidamente.

— no. Todo fue legal. El tema era que el material llegará completo desde el punto “A” al punto “B”.

— ¿y qué material era?— el tono con el que ella preguntó eso me recordaba definitivamente a un policía. La mire, ya casi había acabado su cerveza, y seguía fumando. Miraba alternativamente la puerta, el mostrador y a mí. Justo como yo también hacía. Viejos vicios de haber estado muy a menudo en lugares no muy recomendables para la integridad física.

— en el contrato venía incluida una cláusula sobre no hacer preguntas— le dije en tono severo, haciéndome el duro. ¿Para qué decirle que ‘el material’ eran consolas de videojuegos baratas contrabandeadas?

— oh— lo dijo con desgano.

Decidí que no se enfriara la conversación.

— además— dije— fue en México. En Jiménez, Coahuila. No es un buen sitio para hacer preguntas que no vienen a cuento.

Creí ver pasar un relámpago de interés en aquellos ojos verdes. Alison término de un trago lo que quedaba de cerveza, dio una calada al cigarro y me miró.

— ¿México? ¿Hablas español?

— como un nativo. –no mentí. no mucho. Me hago entender y entiendo.

— ¿Tienes tus papeles en regla?

— ¿Pasaporte y esas cosas? Sí.

— ¿sabes manejar armas?

No entendía ni medio de por qué la conversación se había idea por aquella vía. Pero estando una vez en borneo, aprendí que, a veces, es mejor seguir la corriente del río.

— Un poco, estuve en el ejército. ¿A qué viene todo esto, Alison?

Ella me miró. El cabello crespo enmarcaba perfectamente su cara pecosa. sus grandes y verdes ojos de gata echaban fuego. Creo que no hay cosa más peligrosa en esta vida que una mujer, casi borracha, sola y furiosa.

— ¿crees en el destino?— me pregunto mientras metía la mano en su bolso de mano.

— Calma— le dije bruscamente.

Ella levantó la vista y terminó de sacar su mano del bolso. Eran cinco billetes de los grandes.

— ¿Qué dices Jack, crees en el destino?— repitió.

— En este momento exacto, lo hago con toda mi alma— respondí— ¿que se supone que significa esto?

— te estoy ofreciendo trabajo. Ese es el adelanto.

— ¿Puedo saber de qué se trata?— no quería darle una golpiza a ningún esposo infiel. Ya lo he hecho antes y no es agradable. Pero no lo dije en voz alta. Necesitaba el dinero.

— No hay tiempo, Jack. Te lo contaré todo en el avión, si llegamos a tiempo…

— ¿avión?— dije— ¿Cuál avión?

Pero ella no respondió, llamó a la mesera y canceló la cerveza. Apenas tuve tiempo de tomar mi bolsa de viaje y salí corriendo detrás de ella. Al salir pude escuchar a la mujer mayor diciéndole a una de las meseras.

— si esa puta hubiera llegado cinco minutos más tarde…