BROKEN HEELS

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Summary

"¿Qué pasa cuando descubres que tu vida entera es una farsa adinerada? Ellie cambió sus lujos por los secretos de Maplewood. Allí encontró a Logan, el chico que le dio un golpe de realidad que no sabía que necesitaba para recordarle que el corazón no entiende de clases sociales. Su amor es un desafío a la autoridad de sus familias, y en esta guerra de apellidos y realidades, alguien va a terminar roto.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

”El descubrimiento ”

”El color perfecto de una mentira”


La mansión Monroe brillaba como la misma luna.


Las luces blancas hacían que todo pareciera más pálido,más minimalista,más perfecto, más eterno. Los invitados reían con copas en la mano, vestidos impecables, trajes a medida.


Y en el centro de todo estaba ella.


Ellie Monroe.


Dieciocho años recién cumplidos y absolutamente deslumbrante.


El vestido rosa pálido,casi blanco abrazaba su figura como si hubiera sido creado exclusivamente para ella. Su cabello rubio con ondas suaves y perfectas, Su sonrisa era ensayada pero brillante y encantadora.


La gente no solo la miraba.


La admiraba.


—Es perfecta —susurró alguien cerca de la escalera.


Ellie escuchó. Fingió no hacerlo.


Estaba acostumbrada.


Solo sonrió, forzadamente.


Su padre levantó la copa.


—Aqui esta el orgullo de esta familia, la heredera perfecta de los Monroe!


Aplausos.


Ella sostuvo la mirada con elegancia. Seguridad absoluta. Como si el mundo fuera una pasarela y le hubieran enseñado exactamente dónde pisar.


Su madre se acercó después, rozando su brazo con manicura impecable.


—Hay algo especial para ti en el despacho de tu padre. Un regalo sorpresa.


Una sonrisa suave. Casi misteriosa.


Ellie sintió curiosidad. Y emoción.


Subió las escaleras con calma, con la espalda recta, consciente de cada paso. El mármol reflejaba el brillo de sus tacones.


El despacho estaba en silencio.


Demasiado silencio.


Tanto silencio que la puerta crujió al abrirse.


La música abajo sonaba amortiguada. Lejana.


Pero..


No había caja.


No había lazo.


Y un cajón estaba ligeramente abierto.


Ellie frunció el ceño apenas. Algo tan pequeño no debería incomodarla.


Se acercó.


Abrió el cajón.


Y lo vio.


Una carpeta beige con su nombre completo escrito a mano.


No era un estilo elegante. No era tipografía impresa.


Era práctico.


Frío.


La abrió con cuidado, sin romper la manicura.


Papeles legales.


Firmas.


Sellos oficiales.


No entendió al principio. Su mente ordenó la información como siempre hacía: con lógica.


Hasta que lo leyó.


”Certificado de adopción.”


El aire cambió por completo.


Todo cambió por completo.


No fue un golpe dramático. No hubo mareo.


Fue algo más sutil.


Como si el suelo se hubiera desplazado apenas unos centímetros… lo suficiente para que nada volviera a encajar igual.


Su mirada divago en la información como una clase de rompecabezas.


”Eleanor Reyes.”


Sus dedos se detuvieron sobre el nombre.


”Reyes.”


La fecha no coincidía con la historia que siempre escuchó. Con el hospital. Con el relato de “El día que nacisté”


La puerta crujió ligeramente con el viento.


Ellie levantó la vista.


Por un segundo, sintió que alguien la observaba.


No había nadie.


Pero el despacho se sentía distinto. Más pequeño, sofocante..


Releyó las firmas.


La de su padre.


La de su madre.


Firmes. Decididas.


Antiguas.


Abajo, alguien reía fuerte. La música subió de volumen.


La fiesta seguía.


Su vida seguía.


Ellie cerró la carpeta con una precisión casi quirúrgica.


Caminó hasta el espejo del despacho.


Se miró.


Seguía siendo ella.


Perfecta.


Hermosa.


Admirada.


Nada había cambiado… ¿cierto?


—Ellie, cariño —la voz de su padre se acercaba por el pasillo—. ¿Encontraste tu sorpresa?


Ella sostuvo la carpeta un segundo más.


Pero antes de dejarla en su lugar, tomó el papel con los datos de adopción.


Y luego.


Cerró el cajón.


Se retocó el gloss.


Ajustó el vestido.


Y abrió la puerta.


Su sonrisa fue impecable.


—Sí, papá. Fue… una sorpresa.


Él rio, creyendo que hablaba del regalo que nunca estuvo allí.


La abrazó.


Pero ese abrazó se sentía, diferente.


—Todo lo que hacemos es por ti.


Ella sostuvo su mirada un segundo más de lo habitual.


Algo se punzo dentro de ella.


—Lo sé.


Pero ahora escuchaba esa frase diferente.


Esa noche, Ellie no lloró.


Se sentó frente a su tocador rodeada de luces blancas. Rosas frescas en un jarrón. Perfumes alineados con simetría perfecta.


Sacó su laptop rosa pastel.


Escribió el apellido.


”Reyes.”


Luego el lugar.


La búsqueda tardó segundos.


Maplewood.


Y todo parecía haber cobrado sentido.


Un pueblo pequeño. Fotos de calles tranquilas. Un lago. Un diner antiguo con letrero rojo.


Nada sofisticado.


Nada brillante.


Nada parecido a su vida.


Y aun así… su nombre estaba conectado a ese lugar.


Ellie cerró la laptop lentamente.


No sentía que su mundo se hubiera derrumbado.


Sentía que alguien había tomado las riendas de su propia vida sin avisarle.


Y eso sí que no lo iba a permitir.


Si existía una parte de su historia que le ocultaron, no iba a esperar a que se la explicaran.


No confrontó a su padre.


No hizo escándalo.


No perdió compostura.


Solo se determinó.


A la mañana siguiente, cuando la casa aún dormía, Ellie eligió una maleta rosa brillante,la más grande.


Empacó ropa elegante. Conjunto rosado. Tacones bajos. Perfume.


No estaba huyendo.


Estaba investigando.


Dejó una nota breve en su escritorio:


“Viaje corto. No se preocupen.”


Firmada con una pequeña “E” perfecta y un beso marcado con labial.


Antes de salir, se miró en el espejo del vestíbulo.


Seguía siendo la chica que todos admiraban.


Seguía creyendo en su brillo.


Pero ahora había algo más detrás de sus ojos.


Determinación.


Si alguien había decidido su pasado sin consultarla…


Ella decidiría su futuro.


Y lo haría con estilo.


La puerta se cerró suavemente.


Nuevo destino: Maplewood.