𝑅𝐸𝐶𝐿𝐴𝑀𝑂 [𝙰𝚡𝚘𝚙𝚕𝚊𝚢 ] +18

Summary

>> «"Porque a ojos de los demás, las acciones de ese niño eran inocentes y genuinas, siempre queriendo ayudar a su Omega lider"

Genre
Erotica
Author
-H_annya-
Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

[RECLAMO]


Después de que aquella maldita bruja redujera todo el esfuerzo que habían puesto en su pueblo a escombros y cenizas, no les quedó otra opción más que escapar con ayuda de los chamanes.

Con todo el pesar del mundo, dejaron de luchar para huir y evitar más pérdidas.


Ahora estaban en terrenos desconocidos, donde lo único que lograron encontrar fue una fuente con forma de sirena. Todos yacían alrededor de la estatua, sumidos en un silencio crudo y pesado.


No había ánimos. No había palabras. Solo estaban ellos, solos en la intemperie y, para rematar, expuestos a los peligros del bosque.


Devastados tras ver su hogar consumirse por las llamas, sus mentes estaban vacías, intentando asimilar una realidad que aún parecía irreal.

Auron miró con desgano a sus compañeros. Apenas eran una tercera parte de las personas que habían habitado el pueblo. La preocupación comenzó a carcomerlo.


¿Dónde estarían los demás? ¿Habrían logrado escapar también?


Sacudió el rostro, soltando un pesado suspiro, y miró de reojo al chamán que permanecía a su lado, observando el panorama en silencio. Él ya había cumplido con su tarea: sacarlos del peligro.


Ahora estaba en manos del grupo decidir qué harían después.

El omega comprendió aquella mirada al instante. Tomó aire profundamente y apoyó la mano en el suelo, sintiendo pequeñas piedras incrustarse en su piel dañada. Hizo una mueca al sentir punzadas recorrer su cuerpo herido.


Se sostuvo de la estatua para reincorporarse y ponerse de pie.


—Venga, hay que buscar provisiones —dijo, rompiendo el silencio que parecía eterno mientras caminaba hacia donde estaba el beta.


Alzó la mano hacia Ibai y le sonrió.


El hombre barbudo lo miró, algo desconcertado, pero sin dudar tomó la mano de su amigo, quien lo ayudó a levantarse.


—Hay que empezar de cero. Pronto se hará de noche y será más difícil —añadió, girándose hacia los demás—. Primero necesitamos construir un refugio para pasar la noche.


Algunos levantaron la vista hacia el cielo. Tenía razón: el sol comenzaba a esconderse en el horizonte, dejando un rastro de colores naranjas y dorados. Pronto aquellas tierras quedarían sumidas en la oscuridad, y entonces todo sería aún más peligroso.


No les quedó más opción que ponerse de pie. Algunos se ayudaron entre sí; había quienes estaban más heridos que otros. Poco a poco se reunieron cerca de su líder, esperando indicaciones.


Pasaron pocos minutos. Auron intentaba ser preciso y rápido: el tiempo se agotaba, y quería evitar que sus compañeros tuvieran que enfrentarse a los monstruos del bosque. Algunos no tenían experiencia en combate, y otros apenas podían mantenerse en pie.


Cuando el último rayo de sol desapareció, quedaron envueltos por la oscuridad y el aire frío que golpeaba sus cuerpos. La única iluminación provenía de la luna y del mechón de fuego que ardía junto a su líder.


El castaño observó cómo sus compañeros se dividían en grupos para buscar materiales. Sentía la presencia del chamán a unos metros detrás de él. Estuvo a punto de girarse para hablarle, pero por el rabillo del ojo notó una presencia ajena.


—¿Biyin? —preguntó al ver a la rubia con la cabeza agachada. Extrañado, caminó hacia ella.

Al quedar a pocos pasos, la alfa alzó la mirada, clavando en él sus intensos ojos azules.


—Auron… yo… —apretó los labios—. Quería comentarte algo…

Los ojos avellana del omega se encontraron con los suyos, observando con atención sus facciones, intentando descifrar aquello que ocultaba.


—¿Qué pasa?


—Sé que no eres alguien que juzgue a los demás… tú fuiste quien me aceptó como soy —murmuró, suavizando la mirada.


Aquello desconcertó a Auron. Normalmente a la rubia no le gustaba hablar de ese tema, especialmente por cómo se habían conocido en el Nether, cuando ella aún era un demonio rojo; sus cuernos, apenas ocultos entre su cabellera rubia, lo delataban.


El omega guardó silencio, esperando que fuera directo al punto.

La mujer bajó la mirada hacia su pierna. Auron siguió el gesto y notó una pequeña silueta detrás de ella, como si intentara esconderse.


—Oh… —susurró, agachándose hasta quedar casi a la altura del pequeño—. Hola…


Intentó verlo mejor, pero la figura se ocultó aún más, dejando apenas visible parte de su rostro.


—Ven, no voy a hacerte daño. ¿Cómo te llamas? —dijo con suavidad, liberando un leve aroma a vainilla mientras extendía la mano con paciencia.


El pequeño olfateó el aire. Al percibir el dulce aroma, salió lentamente de su escondite, observando con curiosidad al desconocido que le sonreía con amabilidad. Dio pequeños pasos hasta tomar su mano con timidez.


Auron sintió el tacto suave del menor y lo atrajo con cuidado, evitando movimientos bruscos que pudieran asustarlo.

—Me llamo Auron. ¿Y tú? —se presentó, manteniendo su tono cálido.


Gracias al mechón de fuego pudo observar mejor al niño: cabello bicolor, negro y blanco, al igual que su vestimenta. Pequeños cuernos sobresalían entre su cabello y su piel clara dejaba ver un leve rubor en las mejillas.


—Axozer —respondió, mirando fijamente al omega, completamente cautivado por la forma en que lo trataba. Su aura era dulce y reconfortante.


Auron sonrió al escuchar su nombre. El cachorro aparentaba unos nueve años, y le despertaba una profunda ternura.


—Así que vienes del mismo lugar que ella… —murmuró, refiriéndose a la bruja que había atacado su antiguo hogar.

El menor no escuchó aquellas palabras. Seguía perdido en la calidez que emanaba Auron, sintiéndose inexplicablemente seguro.


A lo lejos, el chamán observaba la escena, entrecerrando los ojos al fijarse en el pequeño demonio.



Cinco años habían pasado desde aquel oscuro momento. Ahora parecía imposible creer que, tiempo atrás, aquel lugar hubiera estado lleno de una exuberante variedad de flora.


Cada vez que recordaban lo sucedido, la nostalgia se mezclaba con un profundo orgullo.


Tal vez, en aquel instante, reconstruirse después de haberlo perdido todo parecía un desafío imposible… pero míralos ahora.

Grandes edificios se alzaban hacia el cielo, estructuras exóticas y hermosas que reflejaban la dedicación de sus habitantes.

Habían logrado convertir ese sitio en su hogar.


Extensos campos de cultivo aseguraban que nunca faltara comida… o al menos eso decían entre risas, porque la mayoría de las veces terminaban robándole al cuervo.


Habían sido años de arduo trabajo, bien aprovechados. Ahora lo único que faltaba era continuar con la investigación sobre los portales y lograr reencontrarse con los compañeros que aún permanecían perdidos.


—Me falta material, ¡Focus! —gritó Auron al ver al omega de máscara de cuervo cerca.


—Hombre, te di cuatro stacks. ¿Tan rápido se te acabaron? —suspiró el omega de cabellos oscuros, claramente cansado.


—Es que la mitad se la di a Juanito —respondió, alzando la mano para señalar el techo de la estructura en construcción.


Focus siguió la dirección indicada y encontró al hechicero completamente absorto en la decoración, colocando y quitando bloques una y otra vez hasta que todo quedara perfecto.

Se acercó a su líder para averiguar qué material faltaba exactamente.


La conversación fue escuchada por varios compañeros, pero la mayoría siguió de largo; sabían que si realmente los necesitaban, los llamarían directamente.


Sin embargo, el bicolor fue la excepción.


Axozer observó a Deqiuv, a quien estaba ayudando, y luego volvió la mirada hacia los dos omegas. Se encogió de hombros, soltó la escalera que sostenía y caminó hacia el castaño.


—¡Hey, Axo! ¿A dónde vas? —gritó Deqiuv, tambaleándose al ver al cachorro de catorce años alejarse.


El bicolor hizo oídos sordos y se acercó hasta colocarse junto a su líder y el cuervo.


—¿Necesitas algo, Auron? —preguntó, captando la atención de ambos.


—Solo material, pero Focus ya se va a encargar —respondió restándole importancia, mientras le sonreía.


—Oh… pero si quieres yo puedo ir —se ofreció rápidamente—. Seguramente Focus está ocupado. Yo no estoy haciendo nada…


—¿No estabas ayudando a Deq…? —intervino el cuervo, extrañado.


—No, me dijo que no me necesitaba —respondió sin perder la sonrisa, esperando una respuesta… específicamente la de Auron.


El omega miró a su compañero.


—Está bien, Focus. Puedes volver a lo tuyo.


El de cabellos oscuros asintió y regresó sobre sus pasos.

Al ver que su líder había aceptado, una pequeña felicidad iluminó el rostro de Axozer; casi de forma involuntaria, su cola comenzó a moverse con emoción.


—Mira, Axo, es este material. Normalmente se encuentra en minas… —Auron se acercó para mostrarle su inventario.


El bicolor tragó saliva al sentirlo tan cerca. A esa distancia podía percibir su aroma, tenue pero inconfundible, y se permitió disfrutarlo en silencio mientras intentaba concentrarse en las explicaciones. Al notar sus manos sudorosas, las escondió rápidamente dentro de la sudadera.


—Los encontrarás en capas superiores, no necesitas bajar demasiado —terminó de explicar, cerrando el inventario mientras se alejaba un poco.


—¡Está bien! Volveré rápido —respondió, girándose para marcharse y cumplir la tarea lo más rápido posible.


Auron siguió con la mirada al joven demonio, cruzándose de brazos. Había momentos en que no lograba entenderlo, pero le enternecía la forma en que buscaba su atención.


—Axozer es demasiado servicial —murmuró Focus al observar cómo se alejaba.

Juan, al escuchar aquello, dejó de trabajar para mirar en la misma dirección.


—Pues sí… lo malo es que solo lo es con Auron —bufó, convencido de que el menor buscaba la aprobación de su líder para obtener privilegios.


—Bueno, supongo que es normal… —respondió Focus encogiéndose de hombros—. Auron ha estado pendiente de él todos estos años. Sería lógico que empezara a verlo como una figura familiar.



Verificó una vez más la lista de objetos que los dioses estaban pidiendo. La mayoría eran fáciles de conseguir, pero aun así decidió levantarse temprano para recolectarlos. Sabía que más tarde sería un coñazo encontrar los materiales; los demás también estarían haciendo la misión y arrasarían con todo.


—Mira, Auron.


Volteó hacia un lado y se encontró con el menor sonriendo ampliamente, mostrando ambas manos, en cada una de ellas cinco flores rojas.


Justo lo que necesitaba.


—Grande, Axo —le sonrió, recibiendo el pequeño ramo.

Aquel simple halago hizo que la sonrisa del demonio se ampliara aún más, mientras un leve rubor aparecía en sus mejillas.


—¿Qué nos falta? —preguntó, intentando mirar la lista que sostenía el omega.


—Roble y obsidiana. Nada más —alzando las cejas, sorprendido—. Esta vez los dioses dieron misiones más ligeras.


—Yo puedo hacer un mecanismo para generar obsidiana —dijo, cerrando los puños con determinación.


—No jodas —murmuró Auron, mirándolo de reojo—. En serio, Axo, deberías parar o vas a dejarme sin trabajo, jo'puta.

El demonio soltó una pequeña risa.


—No, eso sería imposible. Nadie podría reemplazar al gran Auron.


—Ya, no te hagas el humilde —rodó los ojos exagerando el gesto.


Ambos caminaron por el lugar buscando árboles adecuados para completar la siguiente tarea. La conversación entre ellos era tranquila, algo que alegraba profundamente a Axozer; significaba que el omega se sentía cómodo a su lado.


—Hostia, mira —señaló Axo hacia una pequeña gallina que caminaba por el campo.


Auron miró en esa dirección, alzando una ceja.


—¿Sí? Hay muchas por aquí.


—La quiero de mascota, tío —sonrió antes de salir corriendo hacia el animal.


—¡Pero…! —se detuvo a mitad de frase. Estuvo a punto de decir algo que seguramente lastimaría al cachorro.


"

Pero todos los animales que agarras se mueren."


No. Mejor no.


Se quedó esperando mientras el bicolor intentaba alcanzar a la gallina para continuar con la misión.

En ese momento sintió otra presencia. Giró al escuchar el leve sonido del césped al moverse.


—Hombre, Luzu —saludó levantando la mano.


—Hola, Auron. ¿También estás con la misión? —preguntó el alfa acercándose y abrazándolo.


—Sip. Solo nos faltan dos cositas y listo —respondió, separándose con una sonrisa.


—¿Qué te falta? Puedo ayudarte; hay cosas que me sobraron —dijo mientras revisaba su inventario.


—¿En serio? Pues… tablones de madera —respondió animado. Entre más rápido terminara, más pronto podría volver al pueblo a hacer el gilipollas.


Mientras hablaban, Axozer finalmente atrapó al pequeño animal entre sus manos, acariciando suavemente su cresta para tranquilizarlo.


—¡Auron, lo atrapé! —gritó levantando la gallina con una enorme sonrisa… que vaciló al ver al omega junto a Luzu.


—¡Ole! ¿Y para qué la quieres? —preguntó Auron.


—La quiero de mascota. Tal vez un día la lleve contigo para que juegue con Frederick.


Auron sonrió levemente ante la idea.


—Hola, Acho' —saludó Luzu, haciéndose notar.


El bicolor maldijo por lo bajo. Tan bien que estaban solos… y tan cómodo que estaba ignorando a ese alfa.

Lo miró directamente a los ojos, con intensidad.


—¡Hola, Luzu! ¿Cómo tas'? —respondió con una sonrisa aparentemente genuina. Por más que quisiera tratarlo distinto, resultaría extraño; después de todo, Luzu siempre lo trataba como si fuera su cachorro… y eso lo molestaba.


Más de una vez, ese alfa había insinuado que le gustaría formar una familia con el omega… y con él.


Sintió entonces la mano de Luzu posarse sobre su cabeza, alborotando su cabello como si fuera un perro o un niño pequeño.


Una furia repentina comenzó a recorrer su sangre.


Sus pupilas se estrecharon, adoptando una forma vertical. Apretó los labios, intentando contenerse para no hacer una estupidez frente al omega.


Lo que menos le gustaba era que los alfas “mayores” que él lo trataran como a un niño. Fuera de forma consciente o no, muchos aprovechaban su cercanía con Auron para intentar acercarse al omega.


Y eso era precisamente lo que más lo enfurecía.


Pero había excepciones… como esta.


—Feliz cumpleaños, Axo —dijo el omega, colocando frente al bicolor un pequeño pastel.


Era circular, cubierto con betún blanco y decorado con detalles de chocolate oscuro. En el centro, dos velas formaban el número quince.


—¡Muchas gracias! —respondió con una enorme sonrisa.

Observó cómo el castaño dejaba el pastel a un lado para abrazarlo. Axo aceptó el gesto sin dudar, fundiéndose en aquella calidez tan característica del omega.


El abrazo pronto se transformó en una lluvia de mimos. Auron sonreía mientras acariciaba suavemente su cabello, rozaba su mejilla y pasaba con cuidado los dedos sobre sus pequeños cuernos. Sensaciones cálidas recorrieron el cuerpo del menor, llenándolo de una paz reconfortante.


Ignorando —o quizá fingiendo ignorar— que el castaño realizaba esos gestos desde un cariño casi paternal, viendo al cachorro como a un hijo.

Axo prefería imaginar algo distinto.


Apoyó el rostro contra el pecho del omega y dejó escapar un pequeño ronroneo, cerrando los ojos mientras se abandonaba por completo a aquellas caricias.


Tres años habían pasado, y muchas cosas habían ocurrido. La principal fue que los portales finalmente se abrieron, conectando lo que ahora se conocía como los tres pueblos.

Pero ese mismo día también reinó el caos. Hubo varios atentados contra el ahora denominado Pueblo 1. Sin embargo, no fue nada que Auron no pudiera solucionar; bastó con establecer una estricta seguridad de aduanas para que la situación se calmara.

Aun así, aquellos acontecimientos no impidieron que Axozer formara nuevas amistades. Una de ellas era Karchez.

Gracias a que la situación entre los portales se había estabilizado, ahora podían viajar libremente entre pueblos para visitar a los demás.

Como en ese momento.

—¡Hombre, Axo! —exclamó Karchez, abriendo los brazos para recibirlo en un pequeño abrazo.

—Hola, Karchez —saludó, separándose después.

Ambos se sentaron en el césped frente a un pequeño lago, desde donde se podían ver algunos edificios del Pueblo 3 reflejados en el agua.

—Felicidades, coño. Ya tienes diecisiete años… ya estás viejo —rió el albino entre dientes—. Estás a nada de presentar tu casta. ¿Qué crees que seas?

Ante esa pregunta, Axo quedó en silencio. Bajó la mirada hacia el césped y llevó la mano hasta un diente de león cercano, arrancándolo de un tirón.

—La verdad… no lo sé. Muchos dicen que probablemente sea omega —murmuró, observando la flor con detenimiento. Era casi un milagro que aún no se deshiciera con el viento.

Y sí. Durante la mayor parte de su estancia en el Pueblo 1, había escuchado comentarios sobre su complexión: que sus facciones eran delicadas, que era pequeño, demasiado delgado… que seguramente sería omega.

Durante un tiempo llegó a creerlo.

Pero algo dentro de él le decía lo contrario.

Cada vez que estaba cerca de Auron, algo nacía en su interior. Una sensación intensa, primitiva. Cada vez que lo veía hablar con otros alfas —especialmente con aquellos que mostraban segundas intenciones— algo dentro de él se tensaba.

Sabía que Auron era coqueto por naturaleza.

Y aun así…

Sentía rabia.

Inquietud.

Como si quisiera… reclamarlo. Alejarlo del resto.

—Oh… La verdad es que antes habría pensado lo mismo, pero mírate —dijo Karchez, observándolo con atención—. Estás hecho todo un hombre, chaval. La pubertad te golpeó fuerte, eh.

La cara tierna y redondeada de Axo había madurado. Su cuerpo había cambiado; había crecido al menos diez centímetros. Aun así, seguía siendo un poco más bajo que Perxitaa.

Su musculatura comenzaba a definirse, aunque todavía no alcanzaba el nivel de alguien como Reborn.

—Yo… siento que voy a ser alfa —murmuró, tocando el diente de león con la yema del dedo, viendo cómo parte de él se deshacía.

—¿En serio? Pues espero que te den los resultados antes de tu celo. A mí me pasó al mismo tiempo y no fue nada bonito —hizo una mueca al recordarlo.

—¿Te pasó algo?

—Sí… bueno. Cuando me presenté, me llegó el celo, y justo ahí estaba mi destinado. Cuando se me pasó la calentura… fue demasiado incómodo —confesó, jugando nervioso con sus pulgares.

Axo guardó silencio, meditando sus palabras.

—¿Y eso qué tiene de malo?

Karchez se quedó callado, procesando el tono serio del demonio, esperando que estuviera bromeando.

—¿Cómo?

—¿Y eso qué tiene de malo? —repitió—. Cuando un alfa entra en celo es porque está listo. Preparado para reclamar a su destinado.

—Eh… lo sé, pero hay más cosas de por medio, Axo. De hecho, mi destinado y yo ni siquiera habíamos cruzado palabras hasta ese momento —tartamudeó, desconcertado.

—Qué aburrido —respondió sin levantar la mirada.

—B-bueno… no sé cómo sean las costumbres de tu raza, pero aquí primero hay que ganarse la confianza de la pareja.

—La confianza de un destinado se gana mediante actos —explicó Axo, observando cómo el diente de león se deshacía con un leve soplido—. Demostrándole que el alfa merece estar a su lado… y que es capaz de protegerlo y complacerlo. Nosotros, los demonios, sabemos quién es nuestro destinado mucho antes de presentarnos…

—Vaya… —una gota de sudor recorrió la frente del albino—. Hablas como un alfa completo. Y según tú… ¿quién es tu destinado?


—¡Muy bien, Axo! —dijo Nia mientras dejaba unas hojas sobre el escritorio—. Tus resultados estarán listos en una semana.

Miró al bicolor sentado frente a ella.

—¿En serio? —murmuró, sin poder creerlo. Estaba a punto de descubrir su casta.

Sabía que, cuando lo supiera, su vida cambiaría por completo… tanto en lo personal como en lo emocional.

—¿Estás nervioso? —preguntó la alfa de cabello rosa al notar la falta de concentración del demonio.

—Eh… un poco, sí… —tragó saliva.

—Descuida. Sea lo que seas, te apoyaremos. De todos modos, no serías ni el primer omega ni el último… o alfa —se encogió de hombros con una leve sonrisa tranquilizadora.

—Entiendo… —murmuró con la cabeza baja.

Se levantó del asiento.

—Gracias, Nia. Me retiro.

La alfa asintió, observando cómo el bicolor salía de la sala. Volvió la mirada hacia su escritorio, pero algo hizo clic en su mente.

Se levantó rápidamente y corrió hacia la puerta, apoyándose en el marco.

—¡Axozer! —lo llamó al ver su espalda alejarse por el pasillo.

—¿Uh? —se giró, curioso.

—Quería avisarte que tengas cuidado. No te acerques a la casa de Auron y Biyin. Auron y Ari están en celo. Aún no sabemos tu casta, así que es mejor prevenir; podría alterar tu genética.

El demonio la escuchó en silencio, procesando cada palabra. Finalmente asintió despacio, mostrando una sonrisa genuina.

—¡Está bien! Gracias por la advertencia.

Se despidió y continuó su camino.

Pero a medida que avanzaba por el pasillo, la sonrisa desapareció lentamente de su rostro, dejando lugar a una expresión oscura.

¿Qué demonios se creía para darle órdenes?

¿Quién carajos pensaba que era para alejarlo de su omega?





Sus pasos eran sigilosos, la hierva daba movimientos ligeros ante su tacto, cada vez se acercaba más a su destino, así anhelado destino.

Paso su lengua por sus labios, ante la imágen mental de lo que le estaba esperando dentro de aquella vivienda. Ir

Coloco su mano en la perilla y la otra en la puerta para empujarla, estaba dispuesto a forzar la entrada para entrar pero algo lo detuvo.

El ligero aroma a vainilla de su Omega, esté al parecer inundaba toda su casa, sus papilas gustativas babearon ante aquel delicioso olor.


Era más dulce de usual, que lo hacía desear más, acercó su frente recargandola en la puerta tratando de aspirar más de aquel olor, gruñó a lo bajo.

Algo tan simple como unas feromonas hacia que su miembro estuviera completamente duro.


Pero cabe aclarar, no eran cualquier feromonas, eran las de su Omega.


Completamente ido, apretó el agarre la perilla sin medir su fuerza haciendo que está se torciera y se separa de la puerta.

Al notar esto solamente la dejo caer, y empujó ligeramente la puerta dañada.


El lugar estaba llena de ese delicioso aroma, se sintió en el paraíso, pareciera que le estaba dando la bienvenida.




Su habitación estaba llena de gemidos y jadeos, sintiéndose una aura caliente y explícita, además de escucharse sonidos húmedos.

Auron soltó un pequeño quejido mientras abrazaba un almohada, tratando de ahogar los sonidos que salían de su boca.

Apretó los labios mientras movía los dos dedos que estaban en su interior, tocándose su paredes provocando espasmos, su cuerpo estaba demasiado sensible.

— A-ah —. Un hilo de saliva bajo por su labio, el sonrojo en su rostro se expandió al sentir como el lubricante natural salía de su entrada, deslizandose por sus piernas.

Restregó su miembro en la almohada tratando de buscar liberarse, le dolía demasiado y exigía atención inmediata, pero es que no podía hacer todo.

Sentía todo su cuerpo necesitado y caliente, necesitaba algo dentro de él.

Jadeo ante aquella idea, se entrada palpita deseosa.

Miro por el rabillo del ojo como en el borde de la cama había un dildo, tembló al levantarse tomando con una mano aquel objeto sexual.

Nunca había usado uno de esos, pero tampoco faltaron las plásticas subidas de tono con su mejor amigo.

Pero no tenía más opción.

Volvió a acostarse abriendo las piernas y alzando las rodillas, alineando el dildo en entrada, su cuerpo se tensó al sentir la fría cabeza del objeto rozar su entrada.

Apretó la almohada contra su pecho mordiendola, sintiendo como una sensación placentera lo llenaba lentamente, sintiendo como el dildo se abría entre sus paredes.

— Ah-aag —. Jadeo al sentir como la cabeza del dildo golpeaba lo más profundo de él.

Sus piernas temblaron al tener aquel intruso dentro de él.

Con lo que sobresalía del objeto, lo empezó a sacar lentamente deslizandose fácilmente debido al lubricante, una vez lo estuvo a punto casi por la mitad.

Lo volvió a introducir rápidamente, al momento que golpeó su interior una corriente eléctrica recorrió su espalda.

— ¡Aah, ahg! — arqueo su espalda, mientras apretaba las sábanas con los dedos de sus pies.

Se removio, y sin esperar imitó la misma acción simulando embestidas, mientras que con su otra mano libre se dirigió a su miembro.

Empezando a estimular su pene, haciendo movimientos lentos, estimulando la cabeza de su pene con el pulgar de su mano, haciendo movimientos circulares.

Soltaba suspiros y jadeos ante aquellas sensaciones, se empezaba a sentir mejor, pero aún así, sentía que no era suficiente.

Pesos ya movimientos se detuvieron de golpe al oír un ruido en la puerta de su habitación, de manera vaga dirigió sus ojos hacia esa dirección, notando que había una silueta en la entrada.

— ¿L-luzu?

Musito tratando de reconocer la silueta, apoyándose con sus codos.

— ¿Estabas esperando a ese? — escupió de forma amarga, su voz era ronca haciendo estremecer al castaño.

— ¿Ax-axozer? — suspiró, avergonzado busco con la mirada algo que lo pudiera cubrir.

Pero fue detenido de forma abrupta, su tobillo fue sostenido haciendo que se desquilibrara y cayera de nuevo a la cama.

— Dime, ¿Lo estás esperando a él? — volvió a decir subiéndose encima del Omega.

El cuerpo de Auron se tensó al sentir en su piel las uñas puntiagudas rozar su muslos.

Miro con los ojos abiertos el rostro de Axozer, este se veía diferente, había dos colmillos sobresaliendo por sus labios, sus cuernos habían crecido unos centímetros más.

Al igual que un aroma más lo golpeó, cosa que lo desconcertó.

— A-alfa —. Jadeo al reconocer aquel aroma, no entendía nada, se suponía que Axozer aún no se presentaba —. ¿Q-que haces?

Tartamudeo al ver cómo este se agachaba tomando su pequeño miembro de omega entre sus manos rodeandolo por completó, haciendo movimientos suaves tentando la sensibilidad del castaño.

— E-esto no está bien, detente —. Jadeo al sentir el roce de las uñas del ahora alfa en el tronco de su pene.

El demonio no contesto solo miro aquella extensión con deseo, pasando su lengua por el tronco de este hasta la punta. Para después fundirlo por completo en su boca, arrancando un gemido de los labios del Omega.

De la sorpresa coloco sus manos en la cabellera del menor para intentar detenerlo, pero eso solo lo hizo sonreír ante los tiernos intentos del castaño en separarlo.

Auron arqueo su espalda al sentir como Axozer enroscaba su lengua alrededor de su pene, chupando y lamiendo, hundiendolo en su mar de sensaciones que lo cegaban.

Subió y bajó su rostro, sacando un poco del miembro de su Omega y volviendo a meterlo.

El castaño apretó los dientes tratando de impedir que más sonidos salieran, se sentía de puta madre pero lo que no aceptaba era la persona con la que experimentaba eso.

Estaba mal.

Trato de cerrar sus piernas pero estás fueron separadas con fuerza por las manos del bicolor, quien al notar que en la entrada de del Omega tenía un dildo.

Así que decidió juguetear con la rosada entrada con la punta de su uña, contorneandolo.

Hasta que, Auron emitió un último gemido de liberación, sintiendo como su miembro dejaba salir todo aquel semen que había estado deseando liberar.

El demonio al contrario de separarse, contuvo todo aquel fluido en su boca gustosamente, se separó una vez había terminado.

Lamió su labio inferior mirando al castaño, sonrió pícaro al ver la imagen de Auron, estaba hecho un completo desastre.

Que empeoraba su problema ahí abajo.

— Es todo, ya b-basta... Alejate —. Pidió intentando que su voz sonara sería.

A lo que Axo sonrió burlón.

— Eres un completo desastre, déjame terminar mi trabajo —.

Tomo de las caderas a Auron, dando un ligero golpe con el bulto de su pantalón en la entrada del Omega, sintiendo el dildo seguía dentro haciendo que se adentrará más profundo.

— Mhg-ah —. Suspiró, coloco sus manos en los hombros de Axo intentando alejarlo —. S-suficiente.

Gimió por lo bajo, si tiendo como el dildo era retirado de su interior deja si un vacío, con su otra mano el bicolor bajo su pantalón junto al boxer hasta la rodilla.

Dejando a la vista su miembro de gran tamaños digno de un demonio alfa como él.

Sonrió con arrogancia ante esto, no había nadie mejor que pudiera complacer a un Omega como lo era Auron, nadie sino era él.

Coloco las piernas del castaño a los lados de su cintura, alineando su miembro en la entrada del Omega. Soltó aire deseoso, sentía como las venas que se marcaban en el tronco palpitaban anhelando fundirse en el interior del Omega.

— ¡N-no! No hagas algo imprudente Axo... Todavía puedes arrepentirte —. Dijo alterado, no quería que su niño hiciera algo por puro instinto y que después estuviera arrepentido.

— ¿Arrepentirme? — Musito mirando a la nada, miro directamente a los ojos de Auron, sonriendo de manera filosa —. No sabes cuánto he deseado esto...

Esas palabras lo dejaron en blanco, pero una presión en su cadera lo hizo volver a la realidad, sintió como la cabeza de aquella extensión tocaba su entrada amenazando con entrar.

— ¡Aah, Ahg! — arqueo la espalda al sentir una corriente eléctrica recorrer su espalda, el miembro de Axo había embestido lo más profundo de su ser, sin piedad.

— ¡Joder! — jadeo tomando de las manos a Auron, sonrió exitado al sentir como las paredes calidad y húmedas del Omega rodeaban su extensión de una manera deliciosa —. Mi polla había estado deseando esto por mucho tiempo.

Sin dejar que el castaño se recuperará empezó a dar embestidas rápidas y concisas, sacando y metiendo a una velocidad impresionante. Deleitándose con los golpes entre ambas pieles, los chapoteos que se provocaban con cada embestida.

Auron estaba que no podía, su mente solo se centraba en aquellos movimientos que le provocaban un sin fin de sensaciones exquisitas, olvidándose por un momento de quién se trataba.

Gracias al lubricante natural no sentía nada de dolor, todo era placer.

Una de sus piernas fue tomada y colocada en el hombro del ahora alfa, para tener una mejor vista de como su polla se perdía en la entrada del castaño.

Golpeaba con fuerza esa entrada que tanto le facino, tan estrecha y cálida, perfecta para el.

— Te voy a llenar con mi semen, te voy a anudar hasta que quedes embarazado de mis cachorros —. Gruñó arremetiendo con fuerza, hasta que dió en un punto en el que Auron soltó un sonido gemido.

Algunas lágrimas bajaban por sus mejillas haciendo que su visión se nublada.

Al igual que volvió a tener un climax manchando las sábanas y su estómago.

Pese a eso, el bicolor no se detuvo hasta que sintió como su vulva empezaba expandirse dentro del Omega.

Detuvo sus movimientos al sentir como su nudo se había formado dentro del castaño, no quería dañarlo.

Acercó su cuerpo al del mechón, besando dulcemente sus mejillas quitando algunos rastros de lágrimas.

— Alfa —. Murmuró mientras una lágrima bajaba por su menton.

— Aquí estoy —. Dijo besando sus labios en un casto beso, solo había dulzura, su alfa interno estaba de lo más feliz por la situación que estaba con su destinado —. Pronto tendrás aquí a nuestros cachorros.

Murmuró acariciando el vientre del castaño, dónde se podía sentir un ligero bulto y en donde su semen se estaba descargando.

Unos minutos pasaron, en los que el nudo se aflojó, a lo que Axo saco su miembro viendo como el Omega trataba de recuperar el aliento.

Al verlo un poco más calmado alzo su cuerpo, sentandose en el borde de la cama sosteniendo el cuerpo cansado del castaños alineando su entrada en su recién despertado miembro.

Empezó a bajar al castaño haciendo que su pene se introdujera otra vez en él, gruñó al sentir lo húmedo y caliente saque estaba, tan lleno de su semen.

— ¡Aah, ah alfa! — gimió abrazando de los hombros al bicolor.

Arqueo su espalda, sintiendo como en su cuello depositaba besos y dejaba algunas leves mordidas, preparando la zona de la marca, dónde en algún momento del acto lo reclamaría.

Tomo sus muslos con firmeza para empezar alzarlo y déjalo caer, arrancando gemido del Omega.

De esta manera sentía como su miembro se adentraba más profundo en Auron.


Había perdido la cuenta de cuántas veces lo habían hecho, pero de algo estaba seguro la conciencia de Auron no estaba por completo en él.

El Omega solo se dedicaba a gemia ante sus embestidas, su cuerpo estaba demasiado sensible por las rondas que había pasado.

Su vientre estaba levemente hinchado por el líquido que contenía, y ahora mismo se encontraban teniendo otro nudo más.

El castaño estaba demasiado cansado, apoyándose con sus manos y frente mientras su cintura era sostenida por el alfa, su cuerpo temblaba ligeramente y le dolía, estaba lleno de marcas y chupetones.

Marcas de mordidas adornaban sus hombros, sus pechos, su cintura y sus piernas.

El pecho de Axozer se apoyo en su espalda, se sobresaltó al sentir su respiración en su nuca, sus colmillos rozaron aquella zona.

Poco a poco encajo sus colmillos en la nuca del castaño, apretando su agarre en su cintura para evitar que Auron se separara.

— ¡Mmgh! Duele —. Susurró apretando las sábanas.

— Tranquilo —. Murmuró cerca de su oído, al dejar de morder se dedicó a lamer la recién marca de unión con una sonrisa.

Por fin, estaban unidos, era suyo —. Mío.

Musito sin dejar de lamer la marca, sintiendo como el castaño se desvanecía en una inmensa oscuridad, el demonio lo miro con ternura.

Había cumplido bien su trabajo, su Omega estaba sadisfecho y cansados, ronroneo besando su rostro.


— ¿Que cojones?

Axozer volteo encontrándose a un intruso en su "territorio", gruñó mostrando los dientes al ver que era un alfa.

— ¡A mí no me gruñes, crío de mierda! — grito Reborn caminando demandante hacia el menor — ¡Dime qué cojones haces aquí!

Tomo de la sudadera al bicolor azotandolo contra la pared.

— Suéltame —. Arisco su nariz enojado, sosteniendo la mano con la que lo sometía Reborn.

— ¿Que cojones hacías aquí? ¡Sabía que Auron estaba en celo y tú te presentaste como alfa, dime! — alzo el puño amenazando con golpearlo, pero el demonio ni cedió.

Sonrió de lado, vacilando al alfa mayor.

— Y eso a tu que coño te importa, subnormal —. Aquello sorprendió al de voz grave.

Jamás había escuchado al bicolor hablar de tal manera ni cuando estaba enojado, podía percibir un aire diferente en el, un aroma.

Al reconocerlo se alejo.

— ¿Que hiciste? — frunció el entrecejo mirando con asco al demonio.

No lo reconocía para nada, no era aquel cachorro que había conocido que siempre estaba detrás de Auron, tal cuál pollito a su madre.

Era como si sus simples acciones intentarán desafiarlo.

— Yo solo reclamé lo que era mío por derecho —. Siseo con arrogancia, utilizando un tono de voz serenó mirando fijamente a Reborn.

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