El guardian de las coincidencias

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Summary

Clara nunca creyó en el amor. Soñaba con él en silencio, pero estaba convencida de que no era para ella. Cuando consigue el intercambio académico en España, decide dejar atrás todo lo que distraiga su meta: ser la mejor estudiante y cumplir sus objetivos. Lo que no sabe es que alguien, desde otro plano, ya está moviendo los hilos de su destino. Auren, su guardián celestial, tiene una misión: enseñarle que el amor no se planea ni se merece, simplemente sucede. Y para hacerlo, la guiará hacia un encuentro imposible con Gael, el único capaz de romper las murallas que Clara levantó alrededor de su corazón. Entre casualidades que no lo son y sentimientos que duelen tanto como sanan, Clara descubrirá que el amor no se estudia... se vive. Todos los derechos reservados

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Capítulo 1: Pijama, Sustos y Nuevos comienzos

El sonido molesto y familiar resonó en mi habitación: no era más que el despertador indicando que tenía que levantarme. Aun así, lo aplacé, deseando cinco minutos más, y cerré los ojos... hasta que un fuerte estruendo sonó en mi puerta, que se abrió de golpe.Abrí los ojos, asustada, y pegué un brinco en la cama hasta que vi a mi hermano, Nolan, en el umbral. Siempre tenía la maldita costumbre de molestarme en las mañanas, y como si fuera poco, mi humor no era precisamente el de una princesita. Lo miré a los ojos, molesta.

—¿Se puede saber qué quieres? —grité—. ¡Aplacé mi alarma, por si no te has dado cuenta! ¡Quiero dormir más!

Él me miró divertido, abrió mis cortinas y tiró de mis sábanas hasta hacerme caer al suelo. Estaba a punto de maldecir cuando, de repente, colocó mi laptop frente a mí con un correo. Pero no era cualquiera.Hacía seis meses me había inscrito a un programa de becas con la esperanza de, tal vez, obtener un intercambio a España. Había soñado con esto desde pequeña, y ahora que lo veía... no lo creía.Tiré la laptop, asustada, y Nolan me observó perplejo.

—¿Qué pasa? ¿No te alegra...? No te vayas a echar atrás, Clara, que mamá ya está llamando a nuestras tías para decirles que su súper Clara va a Europa.

Me quedé quieta por un momento y luego miré a mi hermano. No lo podía creer. ¿Acaso era una broma? De ser así, era una de mal gusto.Recogí la laptop y pude observar el sello y la firma del director de la organización de intercambios. Mi mirada se perdió en la pantalla tanto tiempo que mi hermano empezó a dudar si estaba bien.Cuando se acercó a mí, lo primero que hice fue tirarme sobre él, emocionada. Empecé a saltar por todos lados y trepé por su espalda. Sabía cuánto lo odiaba, pero me daba igual. Nolan era más alto que yo, así que lo haría por el resto de mi vida; total, es el precio de tener una hermanita.

—¡NO LO PUEDO CREER! -grité emocionada y salí corriendo de mi habitación.Como era de esperarse, mamá ya estaba con el teléfono en mano, hablando con mis tías sobre cómo su pequeña había crecido y todas esas cosas.En cambio, papá estaba sentado en el sofá viendo la TV, como si lo que hubiera sucedido fuera lo más normal del mundo. Aunque sé que él está feliz por mí, siempre opta por fingirlo y hacerse el fuerte.

Mamá me vio y colgó la llamada, se acercó y me apretujó con todas sus fuerzas, tanto que sentí como mis pulmones se quedaban sin aire. Agradecí que mi hermana mayor, Nora, nos separara, porque poco a poco sentía que me desmayaría. Luego me abrazó de nuevo, me miró y me sacudió tan fuerte de los hombros que me arrepentí de agradecer su llegada... hasta que se detuvo y dijo:

—¡La pequeña a España, eh! Quién diría... ¡tal vez allá te hagas más despabilada, boba!

Ignoré lo último, porque sabía que la pasión que tenían mis hermanos era molestarme, pero hoy no se lo permitiría. Estaba demasiado feliz como para dejar que una tontería arruinara mi momento.

Llegó el momento de despedirme de mi familia en el aeropuerto. Aunque mi madre me dijo que podía hacer una despedida con algunos amigos antes de irme, la verdad es que opté por rechazarlo. Tal vez porque no tenía amigos cercanos, y esos chicos con los que compartí alguna vez salón solo eran eso: compañeros.

Siendo sincera, no soy una persona fácil de abrir con cualquiera y mucho menos de confiar. Supongo que por eso no he tenido pareja en mis 18 años de vida; exagerada o no, ¡ni ligue! Bueno, supongo que es un récord más.La verdad es que mi único interés en esos momentos eran mis estudios y conservar esa beca en España.

Miré a mis padres y los abracé, luego a Nolan, quien me despeinó el cabello, y por último a Nora, quien más que ser solo mi hermana, era la única persona en quien confiaba ciegamente; en realidad, era la única a quien le contaba todo sobre mí.

—Hija, no olvides usar abrigo y comer tus desayunos, recuerda hacer ejercicio, mi niña, y ¡pórtate bien! -dijo mi madre con la voz temblorosa.La vi tierna y asentí. Cuando recogí mi bolso y lo coloqué en mi hombro para subir las escaleras, pude oír los gritos de mi madre:

—¡Recuerda que la lactosa te da gases!

Me giré de golpe, roja de la vergüenza, y no dije nada más hasta entrar al área de equipaje y abordar el avión.

Gracias al cielo, o a mi suerte, tuve un asiento junto a la ventanilla. Abrí mi cinturón y vi el hermoso ocaso desde el avión.Algo en mí sabía que lo que vendría sería un nuevo reto, pero en mi interior tenía presente que siempre había algo que, de una u otra manera, se involucraría para hacer todo a mi favor.Suena loco, y lo sé, pero he pensado que tengo un amigo que me acompaña. Loca creencia que adopté a mis diez años, luego de torcerme el tobillo en una piscina.Pues eso me dijo mi mamá... o tal vez solo se lo dijo a la niña de diez años para que dejara de llorar.La verdad es que nunca me siento sola, y el creer eso solo me hace sentir un poco menos solitaria.

Al bajar del avión, sentí una leve brisa que me envolvía y supe que esto era un nuevo comienzo en mi vida... o alguna de esas cosas que decía la psicóloga de la escuela.Tomé mi equipaje y caminé entre los pasajeros, viendo cómo muchos se acercaban a sus familias, dándoles abrazos de bienvenida.

En cambio, yo pude observar de lejos un gran cartel llamativo y feo con mi nombre. Supuse que era para mí, ya que la chica que lo sostenía no dejaba de apuntarme.Era una rubia, no tan alta como yo, ojos café y sonrisa encantadora. Aunque no era tan fan de ese tipo de personas, su voz era tan alegre... pero a la vez sofocante, que no sabía si taparme los oídos o fingir no verla.Al final no opté por ninguna opción y solo me acerqué en silencio, donde estaba ella con otro chico, y los observé con cautela.

—¡Holaaa! ¿Debes de ser Clara, no? ¡La chica de intercambio!—dijo la chica animada.La vi sin saber qué decir y solo asentí tímidamente con la cabeza.El chico a su lado, que sonrió divertido y bajó el cartel para mirarme, dijo:

—Cálmate, Megan, o espantarás a la chica.

Él me miró y sonrió, amable.

—Soy Travis, por cierto -dijo el chico.

Me detuve un momento a observarlo. Era alto, de cabello oscuro y ojos de la misma tonalidad. No era de aquí, y podía notarlo aunque hablara como todo un nativo español. Tenía un aura de persona responsable y protectora... o al menos eso me transmitía.

Le dediqué una suave sonrisa y bajé mi bolso del hombro; él lo tomó enseguida.

—Soy Clara, es un gusto -dije firme, aunque tímida.

Miré entonces a la chica. Ella me sonrió, se acercó y dijo:

—Pues bienvenida, Clara. Como dijo el entrometido de mi novio, soy Megan y seré tu increíble asesora por el tiempo que lo necesites. Normalmente solo es la primera semana, pero te miras agradable, así que lo extenderemos cuando tú quieras.

Hablaba con tanta seguridad que yo solo asentí suavemente. Le di una mirada más profunda, buscando ver si era ese tipo de chicas fastidiosas que no dejan respirar, pero realmente parecía simpática. Por su forma de hablar habría dicho que era de España, aunque algo me hacía dudar.

Supongo que notó lo mucho que la observaba, porque se colocó al lado de su novio, me quitó la otra maleta sin avisar y dijo:

—Somos guapotes, ¿eh?

Me sonrojé y asentí sin poder evitarlo. Travis rió, divertido.

—Por si tienes dudas, no somos de España. Yo soy de Inglaterra y la familia de Meg es de EE. UU.

Ella intervino enseguida:

—Sí, pero he vivido toda mi vida acá desde pequeña, así que los españoletes ya no me dan vuelta -dijo riendo.

Yo solo miré hacia la salida. Quería dormir. Estaba tan cansada que podría haberme quedado dormida ahí mismo.

Supongo que lo entendieron, porque no dijeron nada más y me llevaron afuera, hacia el parqueo, hasta llegar a un auto. Travis metió mi equipaje al maletero mientras Megan se sentaba en el asiento de copiloto. Yo me senté atrás, viendo todo desde la ventanilla.

El camino hacia la residencia universitaria se sintió corto... o quizá así lo percibí porque la charla la llevó, principalmente, Megan. Travis y yo solo escuchábamos.

Al llegar al campus pude apreciar que era un gran y antiguo edificio, de ladriollos y tejas rojas, casi parecia un castillo de pelicula.supongo que me lo tomaba con tanta impresion ya que en mi pais no encontraria algo asi de parecido,contaba con muchas areas verdes y podia observar como muchos estudiantes se tumbaban sobre ellas para estudiar o charlar, el edificio era de 4 plantas y para desgracia mia estaba en la ultima, el edifico contaba solamente con un ascensor asi que supongo que me tocara subir escaleras más de lo que me gustaria.

Al entra a la residencia esta tenia un gran vestibulo y el recepcionista resulto ser un chico simpático, se llama Roy, di por entendido que era gran amigo de Megan, este me dio las llaves y Meg y Travis me ayudaron a subir mis maletas, al abrir la habitación, no era la gran cosa, tenia dos camas, una ventana a la par de cada una, un gran armario y un baño compartido, me girte a ver a Megan y esta solo sonrio con un poco de timidez y luego tomo la mano de su novio y me vio la puerta de salida.

—Si necestitas algo puedes decirle a Roy siempre esta en la recepción o puedes escribirme a mi número no tengo ningún problema, podremos vernos alrededor del campus también para hablar de asuntos académicos o de algo más divertido como fiestas o chicos.—se detuvo de golpe y vio a su novio con una sonrisita angelical y él solo la vio con el ceño fruncido pero no dijo nada. Megan me tiro de la muñeca y se saco un plumon de su chaqueta y me escribio su numero y luego se aparto y dio un brinquito.

—Bien si esto es todo te dejamos descansar y que tengas dulces sueños-

Ambos salieron de la habitación dejandome sola, contemple un rato más la habitación, podia ser mejor pero me conformaba con eso, por lo menos tenia una cama...bueno en realidad dos, supongo que estas habitaciones eran compartidas y en algun momento tendria una roomie cosa que no me molestaba pero aprovecharia mi momento de soledad y lo disfrutaria al maximo hastas que alguien más ocupara ese lado de la habitación.

Me coloqué la pijama y me alisté para entrar a mi cama cuando recibí una llamada de Nora. Contesté un poco cansada:

—¿Sí? -dije neutra.

—Vaya, ¿ni un “hola”, eh, hermanita? ¿Cómo te va? ¿Ya te alojaste? ¿Qué tal los chicos? ¿Has visto a alguien?Sabía que Nora hacía su interrogatorio para luego decirle algo a mamá para calmarla. Aun así, me tiré sobre la cama con el teléfono y contesté tranquila.

—Estoy bien, pero no empieces con tu interrogatorio. Apenas me he alojado y la verdad es que el edificio es toda una cosa de otro mundo... bueno, parece de película. Aunque mi habitación pareciera un cuarto de rehén, todo bien.He conocido a algunos chicos, pero nada que ver con lo que piensas, ¿eh?

—Vale, vale. Solo llamaba para oír tu voz. Ya sabes, con la diferencia de horario, creo que ahora hay que poner una hora para hablar.

Es cierto; entre España y mi país natal había una diferencia de ocho horas, y cuando yo estuviera en clases o en horas libres, ellos estarían durmiendo.

—Ey, ¿ya te dormiste? -dice Nora.

—Eh... no, perdona, solo estaba pensando. Tienes razón, te voy a extrañar, supongo.

Casi podía verla a través de la llamada. Sonreí con malicia, como siempre lo hacía cuando alguien le daba la razón o le decía lo aclamada que era para alguien.

—Que no se te suba a la cabeza, Nora.

—Oh, para nada, hermanita. Solo sé que me amas.

—Jódete.

—También te amo —dice entre risas— Por cierto, no seas una aburrida y no te encierres en esa habitación solo con libros a estudiar. Aprovecha y sal a conocer personas y lugares. Quién sabe... y regresas de España con un yerno para mamá —dijo riendo.

—Eso no sucederá. Y ya deja de decir locuras, que no he venido a eso. Y si solo para eso llamas, tengo que colgar porque aquí sí que es denoche.

—Ok, amargada. Pero lo digo en serio: no te encierres como siempre y ábrete a nuevas experiencias. Y recuerda que después te arrepientes de no hacer las cosas.

—Sí, sí, mamá. Deja ya de hablar como anciana, Nora.

—Solo digo lo que siento que debo decirte como tu hermana mayor. Además, es cierto y lo sabes.

—No te daré la razón para subirte el ego —dije divertida, y ella rió al mismo tiempo.

—Claro. Cuando llegue el día que lo hagas, se caerá el cielo. Pero bueno, descansa, terroncito de sal.

—Ja, ja, ja. Buenas noches... bueno, para mí supongo. Bye.

Colgué la llamada y tiré el celular en la mesita de noche que tenía al lado.El día de mañana no tenía clases, solo era un día de introducción para conocer el lugar, entonces no me despertaría temprano,apagué las luces y me dormí.

No sé qué pasaba ni qué sentía. Todo era confuso y solo podía percibir que no estaba sola; mi alma sentía compañía. Estaba teniendo un sueño extraño cuando abrí de repente los ojos, asustada. Estaba agitada y dirigí mi mirada a la cama vacía de al lado, pero vi la silueta de alguien y me congelé. Entré en pánico.¿Era un chico? No... no sabía realmente, pero grité aterrada y salí corriendo sin importar nada. Bajé las escaleras como si mi vida dependiera de ello, hasta que llegué al vestíbulo agitada y choqué contra la espalda de alguien, cayendo al suelo.

Cuando levanté la mirada, pude ver a un chico alto que cargaba unas cajas. Me miraba entre confundido y divertido. Dejó las cajas sobre el mostrador y me extendió una mano, pero estaba tan asustada que ni siquiera la tomé.

—¿Estás bien? -dijo el chico, con ganas de reírse.

Me puse de pie y lo miré a los ojos. Miré hacia las escaleras que subían al piso superior y negué.

—A-alguien entró a mi habitación -dije, temblando.

—¿No es tu roomie?—preguntó divertido.

Negué, seria.

—No tengo roomie. Sé lo que vi. ¡Había alguien en mi habitación!

—Ok, ok... ¿y qué esperas que haga yo? ¿Que te salve del malo?—soltó riéndose—Busca a Roy, para eso trabaja aquí.

Me sentí frustrada y molesta a pesar del miedo. ¿Quién se creía? ¿Por qué se reía?Tenía razón: no esperaba que me salvara; nunca había dependido de nadie. Pero algo había en mi habitación, y nadie me sacaría eso de la cabeza.

—¿Dónde está Roy?

—Yo qué sé. ¿Tengo cara de saber dónde está ese tío?—respondió con media sonrisa.

Yo solo lo veía, con ganas de darle un puñetazo en esa linda cara de idiota que tenía.

—¿Se puede saber qué te causa tanta gracia?—dije, ya molesta.

—Pues... que saliste de tu habitación en pijama y la verdad es muy divertido. Es pijama de vaquita, ¿eh?—señaló, riéndose.

Miré mi ropa y, sí... del susto se me había olvidado. Pijama y pantuflas de vaquita. Me puse roja de vergüenza,no entendía por qué siempre terminaba haciendo el ridículo frente a desconocidos.Tal vez era mi maldición, respiré hondo y no contesté.

Me giré, decidida a volver a la habitación pese al terror. Intenté no demostrarlo, pero se notaba. Cuando estaba por subir las escaleras, sentí que alguien me tomaba del brazo: era el mismo chico.

—¿Qué? ¿Te seguirás riendo de mí?

—¿Sabes que existe un ascensor, no?—dijo.

Me solté y me acerqué al ascensor. Qué tonta... se me había olvidado.

Cuando las puertas se abrieron, entré. El chico se metió detrás de mí sin pedir permiso. Lo miré, confundida.

—¿Qué? ¿Esperas que te deje subir sola si dices que hay alguien ahí? Además, si te dejo y Roy se entera, me mata.

Me quedé en silencio. ¿No hacía un segundo se estaba riendo de mí?Ahora subía a revisar la habitación...

—¿Cuel es tu piso? -preguntó.

—El ultimo—respondi

—Perfecto para tirarse—dijo bromeando pero yo no sonrei

Subimos sin hablar. Cuando llegamos a mi puerta, me escondí un poco detrás de él. Abrió y entró. La habitación estaba a oscuras, así que me quedé afuera.Solo esperé...

De pronto escuché su grito:

—¡¡AHHHH NOOO!!

Entré aterrada.

—¿QUÉ? ¿¡QUÉ PASA?!—grité, con el corazón en la garganta.No veía al chico, pero vi una sombra sobre la cama vecina. Saltó hacia mí y grité con todas mis fuerzas... hasta que solo escuché risas.

—JAJAJAJAJAJ... ¡hubieras visto tu cara! -rió el chico.

Seguí con taquicardia, llevando una mano al pecho con la respiracion agitada. Lo miré, incrédula.

—¿Qué? ¿Era una broma?

—Eh... sí. JAJAJA -dijo, divertido.

Su sonrisa desapareció cuando vio que tomé un zapato del suelo, lista para lanzárselo.

—¡Ey, calma! Solo era una broma. No es para tanto.

—¿NO ES PARA TANTO?! ¡Pensé que te habían matado!

—Oh, claro... el hombre misterioso de antes, ¿eh? -volvió a reír.

—Deja de reírte o te juro que te lanzo el zapato—dije, ya furiosa.

—Calma, vaquita. Ya te dije que todo está bien. No hay ningún hombre misterioso o pervertido aquí.

—Claro. Solo un idiota.

Levantó una ceja.

—¿Cómo me llamaste?—Dije ya molesta.

—Vaquita, ¿no? Además, no seas mala agradecida: vine a ver si había alguien.

Escuchar ese apodo otra vez me encendió la sangre.

—No me digas así. Mi madre me puso nombre, ¿sabes?

—Ah, sí. ¿Cuál es el bonito nombre que te ha puesto?

—Soy Clara, idiota.

—¡Ohhh, Clara! Como una clara de huevo—serió y extendió su mano, pero al ver que no la tomaría, la bajó—Yo soy Gael, por si te preguntas quién te vino a salvar el trasero.

—Yo no necesito que nadie me salve, y menos tú. ¡Yo iba a revisar mi habitación sola!

—Vale, vale; como digas, clarita de huevo.

Fruncí el ceño, furiosa. Lo notó, porque levantó las manos en señal de rendición.

—No es hora de pelear. A esta hora, la gente decente duerme... supongo que tú no eres una, ¿no?

Lo miré indignada y señalé la puerta.

—Fuera.

Me miró a los ojos, sonrió divertido.

—Como digas, amargada.

Salió, cerró la puerta. Yo gruñí:

—Idiota.

Revisé la habitación, el baño, debajo de las camas, las ventanas.No entendía qué había visto. No estaba loca; lo había visto. Estaba segura.

Aun así, cansancio y miedo me pesaban. Dejé la luz del baño encendida y me acosté, mirando la cama vacía de al lado...Hasta que mis ojos se cerraron solos.