✦ Capítulo 1 - De nuevo frente a ti
La humedad de verano se colaba por las rendijas del gimnasio como un susurro persistente. Las luces del techo zumbaban, y el eco de las zapatillas contra el suelo ya anunciaba que el partido estaba por comenzar. Hinata Shōyō estiró los brazos por encima de su cabeza, sintiendo cómo cada músculo se tensaba con familiaridad. El aire cargado de transpiración, resina y emoción le golpeaba la piel como un recuerdo viejo pero bienvenido.
Habían pasado dos años desde que se fue a Brasil. Y ahora estaba de vuelta. No solo en Japón, sino en esa misma cancha. Frente a la única persona que siempre le había hecho querer ir más alto.
Kageyama Tobio.
El apellido aún resonaba como un eco dentro de su cabeza, como si su cuerpo recordara más que su memoria. Hinata lo vio desde el otro extremo del gimnasio, de pie, ya vestido con el uniforme negro y dorado de los Schweiden Adlers. Imponente. Calmado. Hermético como siempre.
Pero algo en él había cambiado. Era más ancho de hombros. Más firme. Más contenido. No el adolescente explosivo que solía gritarle en la red, sino un hombre hecho de control. Un muro.
Hinata sonrió. Instintiva, traviesa, nerviosa.
—¿Todavía eres tan idiota como antes? —preguntó sin una pizca de malicia, con la voz temblando ligeramente más de lo que quiso admitir.
Kageyama levantó la mirada. Su expresión no cambió, pero sus ojos...Ahí estaba.Ese brillo eléctrico. Ese reconocimiento inmediato. Esa chispa que siempre habían compartido.
—¿Todavía saltas antes de pensar? —respondió con tono seco, casi automático.
Hinata se rió entre dientes.Como si los años no hubieran pasado.Como si aún tuvieran barro en las rodillas y mochilas pesadas en la espalda.
Pero sí habían pasado.
Y la tensión que vibraba entre ellos ahora era distinta. Más densa. Más madura. Más peligrosa.
El partido comenzó y, por un momento, Hinata se olvidó de todo. De la incomodidad de estar de vuelta. Del peso de las expectativas. De la gente mirando desde las gradas.
Todo se redujo a eso: Kageyama
El balón volaba entre sus cuerpos como un latido.Pasaba. Recibía. Saltaba.Kageyama lo leía antes de que pudiera pensar.
Como si el tiempo no hubiera oxidado la sincronía. Como si sus cuerpos recordaran todo lo que su orgullo quiso olvidar.
En el tercer set, Hinata lo bloqueó en la red. Kageyama aterrizó frente a él, sudando, respirando fuerte. Lo miró con una furia tan contenida que lo hizo sonreír aún más.
—Ya no soy el mismo, ¿eh?
—Lo noté.Tu salto... —Kageyama lo midió de arriba abajo con descaro técnico— ...es más estable.
—¿Y tu mirada? —Hinata lo empujó apenas con el hombro— ¿Siempre tan intensa?
—¿Siempre tan molesto?
—Solo contigo.
Un momento demasiado largo. Una mirada demasiado directa.El árbitro silbó. Y siguieron jugando.
El resultado no importó.
El partido terminó con ambos tirados sobre el suelo, jadeando. El sudor les pegaba la camiseta al cuerpo. El techo del gimnasio parecía girar sobre ellos, pero ninguno decía nada.
—No estuvo mal... —murmuró Hinata, con la voz ronca por el esfuerzo.
—Estuviste lento en la segunda ronda.
—¿De verdad me vas a criticar después de ese último pase? Parecías más un modelo de revista que un armador profesional.
—Estabas fuera de posición.
—Estabas distraído.—Estabas mirándome.
El silencio fue inmediato.Denso.Casi húmedo.
Kageyama no dijo nada.
Hinata giró el cuello lentamente y lo encontró mirándolo de reojo. Había algo en sus ojos, una tensión que le apretaba la garganta.
—Te extrañé—dijo Hinata, apenas un susurro. Como si lo dijera solo para sí.
—Entonces no te vayas otra vez—fue la respuesta inmediata. Baja. Honesta. Cruda.
Hinata tragó saliva.
Kageyama se incorporó primero. Se pasó una toalla por el cuello y le extendió la mano. Su gesto era idéntico al de hacía años, cuando eran niños y recién estaban aprendiendo a confiar.
Pero ahora había más en esa mano. Una promesa tácita. Un peso distinto.
Hinata la tomó. Y al hacerlo, se dio cuenta de que no podía soltarla tan fácil.
—Vamos a la cena con el equipo —dijo Kageyama, ya sin mirarlo—. Me debes una cerveza por esa recepción patética.
—Solo si tú pagas la segunda.
—Trato.
Y mientras caminaban juntos hacia la salida del gimnasio, hombro con hombro, Hinata lo supo con una certeza que lo mareó:
Esto no era una simple revancha en la cancha.Era el inicio de otra clase de partido.Uno que no estaba dispuesto a perder.