Sinopsis
Son totalmente contados los libros de magia y hechicería que he leído en mi vida, y he de admitir que nunca me habían interesado tanto como lo han estado toda mi familia.
Y aunque soy la menor de dos hermanas mayores, una se encuentra casada y la otra está a punto de estarlo, creí que mi padre era digno de elegir algún hombre que sea hecho para mí. La suerte de él lastimosamente no cuenta con su hija menor.
Aquellos cuñados, hombres de negocios, a los que les ha ido bien desde sus comienzos, son merecedores detener a mis hermanas a sus lados. Hay tantos muchachos en la enorme ciudad de Gales, que se ve tan indignante reconocer a los que mi padre a seleccionado para mí. No me creáis egocéntrica por esto, pero sé y tengo muy en claro, qué tipo de joven merece crear una familia conmigo.
—¿Es verdad lo que ha dicho madre, padre? —una apresurada joven prometida corrió hacia el lado de aquel señor trajeado de terciopelo azul.
—¿De qué? —preguntó curiosa la menor sentada en el suelo alfombrado.
—El mago Hywel aceptó la invitación a mi boda y nos presentará a su hijo —la emoción se lograba ver desde lejos con aquella enorme sonrisa que, traía consigo unas regordetas mejillas rosadas.
—Ah, sí, tu madre le ha animado a la hija mayor del mago para que vayan, sabéis como es Melody, aspiran tanto a la hechicería que no me dejan respiraren mi propio hogar—bufó el padre, haciendo sonreír más a su hija.
—¡Oh, mi querido padre! Has sido tan aprovechador de nuestra magia que no puedes negarte—giró en su lugar y luego miró los ojos marrones de su hermana—,tú deberías de aprovechar también esta oportunidad, ¿o no lo crees, padre?
—¿Oportunidad? ¿Para qué? —la muchacha enarcó su ceja y siguió bordando un chal gris, dándole forma a un colibrí oliendo un árbol de cerezos.
—Creo que es una buena oportunidad para que estrechemos lazos fuertes con los famosos hechiceros de la ciudad—de a poco se escuchó la voz de una mujer un poco mayor, vistiendo con un largo vestido liso de color salmón.
—No lo veo mal, de cualquier manera, hay que presentarla con algunos más que también irán, Thais, hagamos de esto algo con un resultado agradable —musitó su padre sin elevar la vista—, será un desperdicio haberles invitado para que no le prestes ni un mínimo de tu especial atención.
—Pero si siempre son los mismos, no hay nadie de aquí que sea lo más acorde a lo que quiero, padre —se quejó la muchacha.
—Al menos intenta ser cordial y especialmente amable con el joven Hywel, dicen que es un muchacho muy dedicado y su padre ya lo ha aceptado para que enseñe y venda posiciones en el local central de la ciudad —siguió hablando su hermana con ánimos.
De a poco y sin llamar mucho la atención, Thais, aquella joven de cabello liso y marrón que vistió un vestido largo morado, fue desapareciendo de aquella sala de estar decorada con varios plantines, alfombras y sillones bordados con dibujos de ángeles.
—Por los cielos, que llegue alguien que le diga a mi padre que no hay nadie que sea merecedor de esta joven doncella de veinte años —murmuró mientras subía las escaleras hasta llegar a una especie de balcón en el segundo piso—,si al menos mi familia no estuviera tan dedicada a la hechicería blanca...
Los ojos de la joven cruzaron con una situación lejana y extraña, donde chispas de colores amarillos y violetas sobresalieron de un árbol antiguo. De la ranura del árbol, un brazo pálido y largo salió luego de que las chispas cesaran, aquella mano se estiró e intentó agarrar algo difícil de observar.
Al ver esto, Thais se emocionó con extrañez y siguió mirando con dedicación.
—Qué extraño, será alguien que está aprendiendo una cosa de esas —murmuró apoyando sus brazos y su mentón en el barandal de aquel balcón, hasta que la levantó con prisa, sus ojos forzaron la vista para ver con claridad la cabeza y el medio torso de un muchacho queriendo ver más allá de aquella ranura de árbol.
Y aun que solo habían pasado unos pocos minutos, la muchacha sintió que sus ojos se encontraron, aunque no pudo verificarlo ante tanta distancia, provocando que el joven se tensará y la ranura del árbol abierta por esa persona desapareciera.
En esos minutos, los ojos y la boca de Thais quedaron abiertas al volver a recordar aquella figura. Con cabello peinado y rubio, logró ver que vistió de camisa blanca y un pantalón crema.