Descaro
-¿Cuál es tu posición favorita?- me preguntaste, aún sabiendo que no me complacerías, pues eres tú quién decide acerca de ello. ¿Cómo explicarte que mi posición favorita es aquella donde estoy debajo de tu cuerpo y tú, cegado por el placer, me obligas a abrir la boca, escupes en ella y me golpeas los senos y la vagina? Y realmente no sé cómo puedo explicarte con palabras todo lo que me hace sentir el simple tacto de tus manos en mi cuerpo, así que solo puedo mirarte a los ojos y permitir que hagas conmigo lo que deseas. Insistes en escuchar de mi boca que soy tuya, que mi cuerpo te pertenece y que soy tu perra, tu zorra y todo lo que te puedas imaginar; sin embargo, no cedo, porque provocarte y retarte es mi pasatiempo favorito, aunque claramente el tuyo no, y me lo recuerdas con un fuerte golpe en cada mejilla, lo cual sólo me hace sonreír. Te ríes de mi descaro, pero vuelves a reprenderme, esta vez, jalando fuertemente mis pezones. -¿Cuándo vas a hacerme caso? ¿Necesitas algo más que cachetadas y jalones?- Y una vez más, mirándote a los ojos con una sonrisa aparentemente inocente, te respondo: -Sí señor. Sales de mi interior y te levantas; tu acción me confunde, cortaste mi placer pero, cuando estoy a punto de protestar, señalas el suelo. -Arrodíllate, ya.