La Villana y el Viajero

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Summary

En el lujoso Imperio de Auriel, la vida de Katerina Erdevel Lumière se desmorona en un solo instante. Durante la ceremonia de su propio compromiso, frente a la élite de la nación, su amado prometido, el Príncipe Calix, rompe su unión de forma pública y cruel. Acusada injustamente de conspirar contra la "Santa" del reino, Katerina es despojada de su título de nobleza, repudiada por su propia familia y expulsada del palacio como una simple plebeya. Sola, bajo la lluvia y con el corazón destrozado, Katerina se encuentra en el punto más bajo de su existencia, enfrentándose a una oscuridad que amenaza con consumirla. Es en ese momento de desesperación cuando aparece Lucien, un enigmático viajero de ojos ámbar y habilidades extraordinarias que desafían las leyes de la magia convencional. A diferencia de todos los que conoció en su vida de lujos y traiciones, Lucien no ve en ella a una villana, sino a una mujer resiliente y digna de admiración. Mientras Katerina intenta navegar su nueva realidad en los estratos más bajos de la sociedad, comienza a descubrir que su salvador no es un plebeyo común, sino alguien vinculado a la legendaria y poderosa Orden del Diamante Negro. Juntos, la noble caída y el viajero errante emprenderán un camino donde la lealtad, los secretos de un pasado olvidado y un incipiente sentimiento transformarán sus destinos, mientras las sombras de una amenaza remota comienzan a asechar desde la oscuridad, amenazando su relativamente pacifico mundo.

Genre
Fantasy
Author
Rogzca
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 01 El Primer Encuentro | Encuentro

—¡Katerina Erdevel Lumière! ¡A partir de este momento, rompo mi compromiso contigo!–

Un palacio sumamente lujoso, donde la opulencia se convierte en un estilo de vida. Un salón de grandes proporciones, lleno de vitalidad majestuosa. Invitados de Élite del Imperio, mismos que se concentran en este lugar para celebrar una unión. Una fiesta de compromiso, una unión entre dos personas que decidirán el futuro de esta nación. Y, una chica buena, comprensible, bondadosa, que esperaba con ilusión finalmente unirse en matrimonio con su amado, el hombre que ella había querido desde la infancia.

Sin embargo, ahora mismo, en este lujoso salón ceremonial, frente a cientos de personas, las ilusiones de esa pobre señorita se habían hecho añicos, convertidos en pequeños cristales que volvían hacia ella para enterrarse en su blando corazón de una manera tan dolorosa que incluso podría sangrar.

Ella, Katerina, con el horror en sus ojos, mira cómo el hombre que había amado desde la infancia, quien le prometió amor eterno, y quien gobernaría junto a ella este Imperio, ahora mismo estaba abrazando a otra mujer que la miraba con desdén, mientras este mismo la señalaba con un dedo, con desprecio y asco en su rostro.

—¿Su, Su Majestad? –La mujer señalada, una preciosa y hermosa joven de 20 años, de una belleza casi hipnotizante, herencia de su fallecida madre, mira hacia el hombre con sus ojos color escarlata, mientras su cuerpo de metro sesenta y cinco de altura se agita ligeramente por los nervios– ¿De, de que habla? –Pregunta, su cabello negro ondulado con ligero degradado morado, que le llega hasta el estómago, meciendose suavemente por el aire de la ventana cercana, igual que su vestido de corte de princesa

—¡Tal como lo escuchaste! ¡Yo, Calix Auriel, Príncipe Heredero del Imperio de Auriel, a partir de este momento rompo mi compromiso contigo! –Exclama el hombre parado frente a ella, de cabello rubio, piel blanca, metro setenta de altura pero delgado y vestido con un blanco traje, mientras abraza con más fuerza a la chica que sostiene. Sus ojos, azules, la miran con aún más desprecio

—¿Por, por qué? –Pregunta la joven pelinegra con voz quebrada, su corazón desgarrándose lentamente, mientras intenta que las lágrimas no se manifiesten– ¿Qué es lo que he hecho? ¿Por qué hace esto?–

—¿Qué has hecho? ¿No es obvio? –Calix la mira con desdén, con una sonrisa burlona, como si la simple pregunta fuese una tontería– ¡Tus repetidos intentos de hacerle daño a Míriam son más que suficiente para comprender tu carácter! ¡Alguien que osa intentar dañar repetidamente a la Santa de nuestro país no merece el puesto de Emperatriz!–

—¡Yo no he hecho nada! –Katerina grita, su voz quebrada, mientras ahora sus lágrimas comienzan a caer– ¡Nunca le he tocado! ¡Ni siquiera le he hablado a ella! ¡Si no me cree, puede mirar las cámaras de seguridad mágicas! ¡El Palacio Imperial tiene cientas de ellas!–

—¡Basta! –Exclama Calix, enviando una onda de energía de Aura, una de las 5 Energías Primordiales, que hace callar los murmullos que comenzaban a surgir, y haciendo que la propia Katerina se cubra para protegerse de ella– ¡Solo porque tus Padres son los Duques del país no te llevaré a juicio, pero no me presiones intentando difamar a Míriam!–

El Príncipe mira con frialdad a dos personas cercanas a Katerina, que habían llegado lo más rápido posible tras recibir el aviso de lo sucedido. Éstas personas, el Duque y la Duquesa de Erdevel, son los padres de Katerina, o más bien, el Padre y la Madrastra, pues esta última había ascendido cuando la Duquesa original había fallecido.

—Ustedes –El tono frío del Príncipe hace temblar a los dos adultos

A pesar del miedo, al ver la mirada de su futuro dirigente, se inclinan ante él, reprimiendo los nervios y el enfado que sienten por la persona que había causado esta situación.

—A partir de este momento, Katerina Erdevel Lumière será degradada a Plebeya –Anuncia con voz más fría que el hielo, sin rastro sentimental alguno– Además, se le retirarán los títulos que lleva, así como el puesto de Heredera del Ducado y no podrá obtener ningún Título Nobiliario en el futuro, ni siquiera sus descendientes –Ordena, su voz fría y cortante. Su mirada una vez más se vuelve hacia Katerina– Este será el castigo por el daño que le hiciste a Míriam–

Al instante, todo el público presente, desde Nobles hasta sirvientes y guardias, no pueden evitar exclamar debido a la sorpresa. Después de todo, todos, hasta los ignorantes y analfabetas, podían comprender las implicaciones.

Para una mujer que ha sido una Noble durante veinte años, y legitimada como Heredera por la fallecida Duquesa Reinante, el que le hayan revocado tal título, así como prohibirle regresar a los Círculos de poder, incluyendo a sus futuros hijos, era algo peor que condenarla al exilio o la propia muerte.

—Seguiremos sus órdenes, Su Alteza –Responden los Duques al unísono, mientras hacen otra reverencia. Su voz sin ningún pánico, temor, enfado o lástima por el dictamen a su familiar cercano

Katerina da un paso atrás, no solo por el shock del decreto principesco, sino también por cómo sus denominados Padres siguen las órdenes sin rechistar y sin emoción. A pesar de saber que estas personas nunca la quisieron, que fue un nacimiento no planeado que le costó la vida de su Madre biológica, y que preferían a su hermana mayor, hija de la actual Duquesa y mujer que fue ascendida de Consorte a Esposa Principal, el simple hecho de que su Padre no se preocupara ni un poco o tan siquiera intentara desafiar la orden, le hizo sentir un profundo dolor.

—¡Guardias! –Exclama el Príncipe tras terminar su dictamen

En un instante, cuatro guardias fuertemente vestidos con armaduras doradas relucientes, y armados con grandes espadas con entallados Imperiales en sus espaldas, se acercan corriendo al escuchar el llamado del dirigente del país. Sus sonidos metálicos hacen eco en el salón que ahora permanece en silencio.

—¡Expulsen a esta plebeya de este Palacio! –Ordena, mientras al mismo tiempo la mujer que el sujeto tenía en sus brazos le lanza una sonrisa de suficiencia a Katerina, como si dijera “he ganado”– ¡A partir de ahora tiene prohibido volver al Palacio Imperial!–

—¡A la orden! –Exclaman los Guardias, su voz típica de alguien obedeciendo solo órdenes

Dos de los Guardias toman cada uno del brazo a la joven y comienzan a alejarla del lugar, sin darle tiempo a ella de poder replicar o intentar que se detengan. Impotente, lo único que Katerina puede hacer es dejarse arrastrar como una muñeca de trapo, que ahora había caído en desgracia, viendo como la persona que tanto amaba había destrozado su amor y su devoción por él, y como todos los que antes la solían adular, ahora se mostraban indiferentes, desdeñosos o burlones.

Y mientras se alejan, un destello de oscuridad rodea por un instante el cuerpo de Katerina, provocando ligeros escalofríos a los soldados que la sujetaban, quienes no pueden ver la oscuridad, pero si sentirla.

Asi, después de unos 15 minutos pasando por los largos pasillos del Palacio Imperial, finalmente los guardias y la chica llegan a la salida del Palacio Imperial, misma salida que separa a la Realeza de los comunes. Estos entonces la liberan de ambos brazos y la empujan con suavidad hacia fuera del umbral.

—No vuelvas más. De lo contrario, no seremos suaves como en esta ocasión –Advierte un Guardia, antes de cerrar las pesadas puertas, mismas que se abren sólo a aquellos que han sido elegidos o tienen el Título necesario–

Y una vez que la puerta se cierra con un clack, Katerina mira al frente, con la mirada pérdida, intentando comprender cómo es que lo había perdido todo en un día, por culpa de algo que ella jamás había hecho y que nunca se atrevería a hacer, ni aunque le pagaran.

Y sobre todo, intentando comprender porque esa mujer que apareció de la nada hace tres años y que solo era una plebeya manipuladora, había sido elegida como la Santa. Katerina intentaba comprender también cómo es que Míriam comenzó a calumniarla, a acusarla de actos que ella nunca había realizado, a intentar destruirla a cada momento, cuando ni siquiera le había hecho algo.

—Ja –Entonces, una sonrisa rota se dibuja en sus labios, mientras las lágrimas que antes habían sido reprimidas, comienzan a caer más y más al ya no tener un bloqueo– ¡Ja, ja! –Ríe mientras baja las escaleras con lentitud, descendiendo desde lo más alto, a su nueva vida como una persona común, que los demás Nobles solían despreciar– ¡Ja, ja, ja!–

Al mismo tiempo, la oscuridad, aquella que la había acompañado desde que tenía memoria, que había sido su compañera y confidente, comienza a rodear una vez más el cuerpo de Katerina, como una serpiente intentando buscar cual parte de su piel blanca podría ser la indicada para clavar sus colmillos.

—Señorita–

Sin embargo, justo cuando la propia oscuridad ya había encontrado el lugar perfecto, el cuello de Katerina, y tenía listos sus colmillos hechos de sombras, una voz masculina la hace detenerse. Lentamente se gira a mirar de donde proviene la voz, y al mirar de reojo un extraño halo en la figura masculina a unos metros de ellas, se agita con horror y rápidamente desciende hacia el collar de metal negro guardado en un pequeño bolsillo del vestido de la chica, escapando, huyendo como si hubiera visto algo terrible y que no podía manejar.

Y Katerina, al escuchar la voz, detiene sus pasos y la próxima carcajada que estaba a punto de emitir se desvanece como el aire. Con lentitud, dirige su mirada hacia donde comienzan las escaleras, hacia el dueño de esa misma voz.

Allí, la chica que lo había perdido todo, mira a un hombre alto, más que ella y del promedio masculino del Imperio, de piel blanca y cuerpo delgado pero tonificado. Este mismo, cuyo cabello negro corto de estilo rebelde se mece ante el viento nocturno, lleva vestido un traje negro, con una chaqueta del mismo color, mismo que contrasta con el vestido blanco de corte princesa con toques negros que ella lleva puesta.

Sin embargo, lo que más le llama la atención, es que se encuentra parado, con su espalda y brazos recargados en el barandal metálico, y con una tranquilidad absoluta, como si simplemente disfrutara del viento nocturno.

—¿Me podría contar ese chiste tan gracioso? –Pregunta el hombre, levantando la cabeza lentamente, mostrando sus llamativos ojos ámbar que brillan bajo la luz de la luna– Probablemente a mi también me de gracia y me ría con usted–