EL UMBRAL DE LOS LIBROS

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Summary

Una bibliotecaria que ha dedicado su vida a los libros descubre, en su último día, que nunca estuvo sola: los autores que amó la estaban esperando. Una historia sobre la lectura, la devoción y el hogar que existe entre las páginas.

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13+

Capítulo 1

Me gusta tanto mi trabajo que no recuerdo cuándo comenzó.

Es gracioso, ¿no? Recuerdo nombres, títulos y más pero no cuando inicié.

Hay un particular aroma entre estos estantes, algunos dicen que es olor a libro viejo, una mezcla de polvo y humedad, para mi es el olor de puertas que están por abrirse...y como todos los días, yo voy por ellos.

Por mis amigos, mi panel, mis compañeros.

Abrí las ventanas.

Dejé que la luz entrara.

Las flores aún tenían vida.

Algunas velas aún prendían.

Di vuelta el cartel de la puerta y comencé con mi día.

La rutina era algo que agradecía, me encantaba.

Acomodar, sacar polvo, hacer un inventario, y claro que si podía escribir.

Cómo toda lectora voraz, solía escribir cuentos, novelas, frases…solo para esconderlo. Era gracioso en cierta parte, nunca publicaría nada. Porque no estaba a la altura de ellos.

Esos días fueron particulares, ya que me sentía más intrigada del hecho que ellos por los libros.

El primer día, fue casi a media mañana mientras sacaba el polvo de unos viejos libros.

Entró un joven casi desinteresado, miraba los libros con cierto asco; me molesto al principio.

—Buenos tardes, mire no me gusta leer pero me recomiendan que lea en la escuela. Asique me recomendaría algo corto para que dejen de molestarme— dijo con un tono tan soberbio que casi lo echo…eso activó un eco en mi memoria, o mejor dicho arriba de mi cabeza.

Sonreí al recordar a cierto demonio, con un nombre muy particular y parecido.

—Buenas tardes, entiendo lo que dices, leer es particularmente aburrido…si no lees lo correcto; obviamente. Cómo si un demonio en tu cabeza te susurrara “es aburrido mejor hagamos otra cosa”, no es así— dije con tranquilidad mientras dejaba el plumero, lo vi en su mirada. No me entendía pero la curiosidad se instalaba. —Jajaja buena esa señorita, pero no…nada me susurra, es mi cerebro— dijo el joven y yo sonreí.

—Si claro, eso es lo que todos decían de él…“es tu cerebro” y el repetía “él me dice que hacer, enoch”— dije con una sonrisa. Las lecturas antiguas siempre encuentran la forma de colarse en las conversaciones.

—¿Enoch? ¿Qué es eso?—preguntó con cierta desconfianza. No dije más nada, solo caminé hasta el lugar asignado y tomé un libro.

Pequeño. De pocas páginas.

—La respuesta esta aquí...solo una advertencia, no lo dejes solo en la noche y tampoco lo lleves de viaje. Ama los moteles de carretera—le advertía, su mirada se fijo en el libro mientras me acompañaba al mostrador. Pago el precio sin apartar la vista del libro.

Sentía una felicidad en el pecho al ver al libro salir por la puerta…

Después de unos días, mientras acomodaba el busto de palas en aquel particular lugar, lo vi entrar el joven volvió con tal entusiasmo que me hacía sonreír. Mi pecho apretaba por la felicidad que sentía. Me habló de cómo enoch lo había atraído, cómo encontró similitudes con una particular película, cómo recorre las vías del tren en busca de tiempo…hasta que me miró y dijo…—Dime cuál es su mejor obra— dijo mirándome con un brillo que yo conocía muy bien. Buscaba una guía…negué suavemente.

—Eso depende del lector…pero para mi, es una que escribió de joven con cierto hombre que hasta el día de hoy es un eco que no se apaga— dije con tranquilidad. Él me miró y fue al mismo lugar de donde el libro salió. Tomó otro y me sonrió con agradecimiento, se fue casi corriendo por el hambre de saber a que me refería.


Otra mañana tranquila, sin embargo cómo dije, este fue otro día particular. Fue de mañana, después de abrir las ventanas y comenzar a ordenar los floreros. Mientras acomodaba las rosas con cuidado, la campana sonó y con entusiasmo di la bienvenida.

Y cierta joven, tímida, miraba las estanterías en busca de algo…

—¿Puedo ayudarte en algo?—pregunté con cuidado, pues su apariencia parecia muy retraida. Me miró unos segundos y pareció dudar.

—Busco algo romántico, que no sea cursi…se que suena raro—dijo ella en un susurro.

—¿Raro?...sería que no existiera querida—dije alegre.

Mire los estantes y justo, tal vez suerte, el leve brillo del jarrón lleno de rosas apuntó a cierto marco ovalado dispuesto al otro lado de la biblioteca.

La hermosa mujer en el cuadro sostenía una ramo de rosas, con los labios apenas curvados. El tiempo simplemente se detenía en la pintura, aunque los delicados ruiseñores detrás daban la sensación de… vida.

No exprese palabra alguna.

Fui hasta donde ellos latían.

Tan diferentes e iguales a la vez.

Tome dos pequeños libros, sus lomos suaves y hermosos.

En cuanto se los entregue, me sorprendió con el acto tan delicado que los sostuvo. Ellos estarían bien en sus manos.

Entregó el pago y cómo un regalo, le di una rosa.

—La belleza se encuentra en lo simple de la vida— le dije cómo despedida.

Conté los días en que se fue, no por ella. Por las flores que murieron esos días con la rapidez de las velas; y una presión en el pecho de poca importancia.

La campana sonó y mi vista se encontró con aquella joven, ahora más luminosa que antes.

—Debo decir señorita, que fueron los más hermosos cuentos que leí—dijo con alegría, el brillo en sus ojos había vuelto. Era amor. —Las palabras escritas ahí son bellas. Pero la belleza de estas reside en la mirada del lector— dije con calma, mientras sentía cómo esa presión desaparecía.

Miro el cuadro ovalado de la mujer y la escuché suspirar. —¿Cuál es la creación más hermosa, señorita?— me preguntó.

Sus palabras me descolocaron un segundo. Solo para que un eco me recordara aquella mujer que pagó el precio del conocimiento y aun así, eligió la luz. Aquella que cruzó el umbral de la imaginación y la creación y se fusionaron en las palabras de creación.

—Aquello que se ama aunque no salga como soñamos— susurre sin mirarla.

Camine con calma, y tome aquel libro. De la madre que sigue en llamas.

Cuando le entregue el libro, lo recibió con devoción.

Se fue con ella en la mano, y con el amor creciendo en su pecho.


El tercer día particular. Llegó con tormenta, el aire húmedo hacía crujir la madera en mi biblioteca, parecía tan lúgubre como hermosa.

Un castillo que escondía secretos.

La luz era leve, las velas daban un aire tan íntimo que lograba hacer que el corazón lata más fuerte, la respiración se contenga…y los ojos, vean cosas.

Ese día me senté a escribir algo propio, sumida en mis pensamientos. El pecho comenzó a dolerme.

La lluvia golpeaba la vidriera, apenas podía ver hacia afuera. Por un segundo dude, pero jamás se cierra antes de tiempo. Jamás.

El té de la tarde se enfriaba a mi lado, mientras escribía. Las ventanas temblaron, los libros apenas se movían y la puerta se abrió con el relámpago después de ese gran estruendo.

La figura que entró, me provocó un escalofrío. Y contuve el grito al ver que no sacudía el paraguas afuera, podía mojar los libros.

Me contuve, no por miedo. Si no porque él buscaba algo, sentía otra vez una vibración y me incorpore; la escritura puede esperar…el lector no.

—Buenas tardes…¿en que puedo ayudarte?—dije tratando de sonar amable, pero a decir verdad había algo que me incomodaba. Su mirada era fría, pero aún podía volverse calidad…solo debía encontrar la llama correcta.

—Buenas tardes, es agradable encontrar una biblioteca así…en penas— dijo mirando las velas, yo asentí.

—No esta en pena, reposa— dije suavemente mientras lo invitaba a seguirme, le tendí un paño para que se secara y un poco de té caliente.

—Gracias señorita, bueno sobre ayudarme puede hacerlo ... .Busco leer terror, no ese comercial no. Me cansé, quiero algo de terror. Algo que me haga sentir raro, que me siga pero sin ver al monstruo— dijo él antes de darle un sorbo al té.

Lo pensé un momento, más allá de la vidriera puede notar el cielo negro que prometía tormentas.

El cosmos en su estado puro era el caos.

Lo desconocido es pavoroso.

Y lo que no vemos…horroroso. Fue otro golpe en el cielo que me hizo recordar ciertos cuentos, de pensamiento oscuro. —Lo tengo…querido. ¿Alguna vez te has preguntado de qué color es el cosmos? ¿o que tan antigua es nuestra “primigenia” forma de vida?—cuestione mirándolo. Él sonrió, claramente satisfecho y el brillo en sus ojos se encendió.

—¿Primigenia? ¿Cosmos? ¿Acaso hay color en el espacio?— pregunto mientras me seguía.

Acaricie los libros con la punta de los dedos…lo mire.

Y le entregue uno de color negro cómo la noche plutónica.

—Aquellos de psique fuerte, comprenden estos relatos…espero que nada susurre…en tu puerta— dije con una sonrisa.

Su mirada lo dijo todo, me dio el dinero y salió corriendo. La presión en el pecho se aligero, mire a los tomos y deje un suave beso en uno de ellos…

La semana continuó con lluvia y la presión en mi pecho aumentaba algunos días, a veces era tal que no me dejaba escribir. Ni leer.

Cuando el joven volvió, lo note más rígido pero con ese brillo que casi desaparece.

No dijo nada, solo tomó otro libro y se acercó a mi.

—Necesito respuestas…como alguien ....cómo pudo…— decía mirando la tapa del libro, era cierto. Entró al cosmos, ahora debería dejarlo flotar en él para que pueda entender.

—No hay más que los libros, y sus allegados. —dije con suavidad. Le tendí un pequeño libro muy fino, demasiado…—Encontrarás un guiño en este— dije y antes de que sacará más dinero lo detuve. —Es un regalo, ahora vé…—dije casi con cansancio.

Los días de lluvia pasaron, y mi cansancio se hizo evidente. Aunque hubo días donde la biblioteca permaneció cerrada, no los deje solos. Jamas lo dejaría solos.

Cuando pude, abrí la biblioteca. Y extrañamente comencé a sentirme mejor.


Y el último día fascinante llegó…

Esa tarde.

Esa misma mientras leía un poco. Me percaté de una joven que miraba con interés la biblioteca, llevaba un libro en su bolsa (por la forma) y miraba los anaqueles con devoción.

No me acerqué, ni me molestó que tomara los libros y los abriera…lo hacía con un respeto que yo misma poseía.

Sus pasos eran suaves, apenas la escuchaba moverse.

No hubo presión en el pecho.

No me percate de ella, hasta que carraspeo frente a mi. —¿Señorita?—su voz sonaba tan suave, cómo si no quisiera molestar.

—Discúlpeme ....¿en qué puedo ayudarte?— dije cerrando el libro con cuidado. Ella miró el lomo del libro, parecía complacida.

—Estoy buscando clásicos…pero tengo miedo de no entender—dijo la joven con un poco de vergüenza. Me levanté y le sonríe.

—Querida, no tienes que leer para entender. Si no para sentir. Aquellos que no se expresan con el habla, lo hicieran en el papel…—dije mientras la guiaba por los pasillos hasta el centro de la biblioteca. — “Nada más oscuro que la imaginación sin velas”— susurre.

Ella parecía estar de acuerdo conmigo.

—Las velas en la oscuridad son guías…—dijo ella con calma, y asentí.

—Exacto,y eso dependerá de lo que desees leer. Te diré una verdad, es mentira que jamás has leído un clásico, porque lo que lees, escuchas y ves…todo eso, provino de un clásico.—dije con un tono suave pero decidido. —Si deseas belleza,ironía y tragedia sin perder la luz…lee a OSCAR WILDE— dije acercándome al altar donde descansaban sus obras. Ella miró el librero y con cuidado le ofrecí un libro…no lo tomó.

—Si deseas ir más allá del cosmos, sentirte un cúmulo de polvo en este vasto universo…lee H.P.LOVECRAFT — dije mientras le mostraba uno de los cuentos del escritor. Ella lo miró con un poco de temor…tampoco lo tomó. —Si deseas entrar en la mente humana, en engaños y el suave susurro de la psique…mi amigo ROBERT BLOCH ... Te hará preguntarte “soy capaz?”—dije con una suave sonrisa mientras le mostraba uno de los libros…sonrió pero tampoco lo tomo…un poco perpleja, deje el libro en su lugar.

—¿Qué buscas exactamente?— preguntó preocupada.

Ella me miró con calma, parecía que estudiaba. Sus ojos recorriendo la biblioteca en busca de algo específico. Sus ojos parecieron encontrarlo y los apartó tan rápido, aunque sabía a dónde miraba. Ese espacio era único aquí dentro.

—Busco una raíz— dijo con calma.

¿Una raíz? algo que une a muchos, alguien que haya abierto algo para que otros lo recorran. Un camino que empezó pero que no terminó….

—Bueno puedo ofrecerte al gran BRAM STOKER…y a la excelentísima MARY SHELLEY— dije con calma y ella negó…volvió a repetir que buscaba una raíz…le ofrecí dos raíces.

Pero dude, ¿acaso ella buscaba algo más…melancólico?

Camine en silencio hasta aquel lugar, toque el busto de palas con suavidad, acaricia al pequeño cuervo disecado parado sobre él. Tome el libro de tapa verde, con cuidado lo presione en mi pecho. Era muy difícil pero era…mágico, él era la puerta, la llave…todo lo que ella…buscaba.

—Escribió el cuervo, escribió sobre culpa, sobre misterio, amor, devoción, muerte y…es una raíz. La más poderosa a mi parecer. EDGAR ALLAN POE —dije mientras la miraba, no dude mucho al entregarle el libro. Ella lo tomó en sus manos, lo abrió con cuidado, acariciando cada página, estrofa, letra.

—Es esta…la raíz que buscaba— susurro mirando el libro. Yo sonreí, no podía creer que alguien viniera solo por él…por el padre del terror. Sin pensarlo lo pagó y salió de aquí, tan rápido cómo el aleteo de un cuervo.

Por un segundo, casi dudé de lo que había hecho…¿acaso no era este mi destino? ¿compartir conocimiento sin pensarlo? ¿guiar a aquellos que entraron en la neblina sin luz?

El dolor en el pecho apareció de repente, fue cómo un golpe. Un pinchazo tan intenso que me dejó sin aire.

Camine unos pocos pasos, hasta sentarme en mi escritorio.

Mis lágrimas brotaron por el dolor, pero estaba feliz.

Muy feliz de ver cómo ella se lo llevó de la mano, con entusiasmo.

Cerré mis ojos y me recosté en la silla, recordé cada estrofa que él escribió, cada línea hasta que llegue al final…

Los abrí, y mire al cuervo antes de pronunciar.

—Y mi alma, del donde de esta sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse…Nunca más— susurre antes de volver a cerrar los ojos, el dolor fue menguando y yo poco a poco me fui quedando dormida por el cansancio del día….


Cuando abrí los ojos, el dolor había pasado completamente.

Mire el reloj, sorprendida de haber dormido casi dos horas. La biblioteca parecía respirar distinto, más lento, más triste.

Seguí con mi ritual diario,limpiando los estantes, y haciendo un leve inventario.

Cuando fui en busca de una pluma, me percate de algo en particular....mis libros, mis autores estaban en mi escritorio ordenados.No me pareció raro, mi biblioteca parecía tener vida propia.

En cuanto tomé la pluma,la campana sonó...

—Bienve....—mis ojos no entendían qué era lo que veía...¿Ilusión? ¿Acaso seguía soñando? no, era imposible, sonreí al verlo.

—Robert Bloch a su servicio, señorita....es un placer ver a quien me recomienda— su voz sonaba como la recordaba, alegre y llena de vida. Tome su mano y dude si soltarla, se sentía cálido.

—El placer es mío señor Bloch....—dije y por inercia tomé el libro de cuentos que estaba sobre mí escritorio para que lo autografiara, pero él negó suavemente, se fue a un lado de la biblioteca a buscar libros, me pareció algo raro pero ¿Acaso eso importaba?

Quería decir algo, ¿cómo sabía que lo recomendaba? ¿Tal vez era por la sección dedicada a él?

La campana volvió a sonar y mis ojos, se clavaron en él...tan alto como decían, su mirada calculadora y su temple serio....aunque la chispa en sus ojos era inconfundible...el cosmos primigenio caminaba hacia mi…

—Eres...H.P.LOVECRAFT....—susurre con asombro....

—El mismo señorita....su basta colección de libros me dice que usted...es guardiana del conocimiento...—dijo con un tono suave, casi un susurro. Vi una leve sonrisa en su rostro, me miraba atentamente, estire la mano para saludarlo y pareció complacido cuando estrechamos—Es un placer conocer a quien ve el cosmos sin miedo—susurro y fue junto a Bloch que se estrecharon las manos y parecían felices al verse, intercambiaban palabras y algunas miradas dirigidas a mi....

Yo me senté sin creer lo que veía, sentí una brisa detrás de mí...noté un susurro pero no volteé. Mantuve mi vista en los escritores, en los libros delante de mí, no sabía si ofrecerles té o dejarme llevar por mis impulsos de lectura y abrazarlos, hacerles miles de preguntas.

Me levanté con cuidado, sostuve mi cuerpo apoyando mis manos en el escritorio...sentía las leves risas, sus miradas sobre mi y no sabía si soñaba o simplemente era real...sea como sea decidí disfrutarlo.

En mi biblioteca todos eran bienvenidos, así que con cuidado -ya que mi cuerpo temblaba- me levanté y con la mirada baja, camine para preparar el té...sentí la brisa detrás de mí era fría, pero no me molestaba; me acompañaba.

Mientras preparaba un poco de té, sonó devuelta la campana...esta vez sentí como la biblioteca se llenaba de un perfume muy particular, masculino y sumamente delicado.

—No hay belleza más grande, que aquella que se oculta detrás de paredes— no reconocí la voz, era alegre, muy educada y cuando me asome lo vi....bastón en mano, traje impecable y colores vivos que combinaban entre sí...un dandy especial.

Deje todo y me acerque con cuidado, mis manos temblaban.....

—¿Señor Wilde?—susurre…

—El mismo, un placer conocer a tal joven que nota que el mundo necesita belleza—dijo inclinándose ante mi...yo, no supe como responder. Lo mire y por acto, tal vez de libros leídos, hice una reverencia con la espalda recta y mirada baja cómo si me inclinara por la realeza.

—Tus modales son como tu lectura querida, específicos...me encanta..—dijo con una sonrisa muy propia de él. Tomo mi mano y me ayudo a incorporarme, me sentía una princesa. —Tu biblioteca es hermosa, cálida y sobre todo....

—SHH....No lo digas Oscar— dijo Bloch, levantando la mirada.... ¿acaso se conocían? eso era imposible, siglos de diferencia había entre ellos…aunque ¿Que era imposible en un sueño?

—Querido, yo solo iba a decir que era muy cómoda....nada más—dijo con una sonrisa, miro la tetera y luego sonrió. —He llegado a tiempo—

—Su...Señor Wilde, solo usted ve la belleza donde otros la ignoran— dije sin pensar.

No supe qué hacer, vi como el Señor Wilde se paseaba por los estantes, acomodaba libros, algunas flores, encendía velas.Me pareció creer que el cuidaba este lugar como yo...con devoción.

Serví el té, para todos e incluí una taza extra....¿por qué? no sé, solo había una taza más…una sola. Todos se sentaron en el medio de la biblioteca, donde había sillones y algunas mesas al lado de estos....los vi sentarse, como si hubieran encontrado sus lugares...no preste mucha atención, la brisa pareció empujarme con la bandeja...cuando cada uno sostuvo sus taza, agradeció cortésmente, fue la mirada de Lovecraft que se mantuvo clavada en mi como si me estudiará.

—El cosmos no le da miedo, el abismo tampoco....y sin embargo....no—

—Señor Lovecraft, no es momento de estudiar a la persona....deje a la señorita disfrutar del té...—interrumpió Wilde.

—No, esta bien señor Wilde...deje que el Señor Lovecraft continúe...¿que decía?—dije nerviosa, quería verme natural pero como hacerlo si ellos estaban conmigo bebiendo té, en mi biblioteca. —¿Por qué nosotros? ¿Por qué el terror? Se ve que es una mujer alegre que....

—Cuando el abismo esta tan cerca, uno mira y retrocede pero....él fue mi guía en todo esto....porque no hay caso más complicado, que el que tiene la respuesta más simple...— Dije suavemente con una sonrisa, pensé en C. Auguste. Dupin, el gran detective creado por el maestro Poe. El padre del terror, el misterio y la decadencia en el amor…— Una charla como esta podría resolver un misterio que ni siquiera...”Lo que tan solo es complicado se toma equivocadamente, como un error muy común“— dije con una sonrisa.

La suave risa de Oscar fue lo primero que escuche.

—Señorita usted es....

—“Nada es más odioso para la sabiduría que el exceso de inteligencia”— interrumpió Lovecraft con asombro. —Me disculpo señor Wilde por interrumpirlo, pero acabo de reconocer a una joven muy devota a cierto abismo...no es así?—Sonríe ante el comentario de Howard, asentí en silencio mientras bebía mi té.

Trataba de ocultar mi emoción.

—No se preocupe Señor Lovecraft, es más....ella parece ser muy conocedora de nuestro mayor vínculo— dijo Wilde, noté que se levantaba y admiraba las fotos y cuadros que colgué en todo el lugar —Su gusto por las flores es precioso, los atardeceres, las frías noches....en todos hay flores...se debe a algún amante? o acaso es un recordatorio de la belleza?—

—Lo es, las flores son lo más cercano que tenemos a un resumen de la vida. Nacen, crecen, florecen, y se marchitan, algunas lentas otras rápido. Pero son hermosas, cada una única en belleza, adornan la vida mucho mejor que el oro, todos las tenemos y no las admiramos los suficientes.—dije con calma, noté cómo el brillo en sus ojos apareció y su expresión cambiaba suavemente. —Las flores… —repitió Wilde en voz baja, tomando una entre sus dedos como si fuera de cristal—Qué acto de rebeldía tan exquisito elegir lo efímero para hablar de la eternidad… —Señor Wilde… —susurré, sintiendo que su mirada ya no era teatral sino profundamente humana. —Querida —dijo con una suavidad que no le había oído antes—hay almas que decoran los espacios… y hay otras que los vuelven habitables. Usted ha hecho ambas cosas.— Hizo una pausa. Sus ojos recorrieron la biblioteca, los sillones, las tazas, las luces. Luego volvió a mí.—Ahora comprendo por qué este lugar se niega a sentirse vacío… incluso cuando…—Su voz se quebró apenas, como si la frase siguiente pesara demasiado.—Oscar… —intervino Bloch con una sonrisa leve pero firme—antes de que conviertas esto en una tragedia griega… Tengo que saber algo.Wilde cerró los ojos un segundo, como quien guarda una verdad en el bolsillo interior del saco.—Dígame, señorita —continuó Bloch con entusiasmo cálido—¿cuál fue el primer cuento nuestro que leyó… y por qué decidió quedarse?— dijo Bloch con más intriga que entusiasmo.

Wilde bajó la mirada hacia la flor que aún sostenía, y al dejarla en su lugar murmuró apenas.

—Siempre salvándonos con una pregunta más, Robert…

La pregunta del señor Bloch me tomó por sorpresa pero siempre que me preguntaban eso respondía sin miedo.

—Claro, bueno depende....de usted señor Bloch fue “el tren infernal”, cuando me enteré que pertenecía el círculo de Lovecraft, me sorprendí tanto, que no pare de leer sus cuentos mi favorito de usted es “Enoch”, diría “El vampiro estelar” pero, “Enoch”hizo que me tocara la cabeza buscándolo —dije soltando una risa. —Del señor Wilde, fue “El príncipe feliz” me sentí un poco identificada con el príncipe, duele ver la pobreza en el mundo...sin embargo el príncipe puede dar hasta la vida yo, solo puedo ayudar a mi manera. —dije con suavidad, levante la mirada y vi a Lovecraft, sonreí un poco al recordar la primera vez que lo leí. —Y del señor Lovecraft fue “El color que cayó del cielo”.—solté una suave risa al recordar ciertos momentos de mi vida— Toda mi vida discuto que el color era violeta, solo para darle color a lo que usted narro, me encanto su forma de narrar el horror. Encontré placer al saber que usted como yo, compartimos al gran Poe como una devoción febril. Sus poemas hacia él son hermosos....bueno mejor dicho tengo que entendido que todos hemos leído al Señor Poe, ¿no es así?— dije con una sonrisa.

—No solo lees, querida. Nos entiendes.... —dijo el Señor Wilde

—La devoción es un acto de profunda admiración así él. Usted lo entiende señorita—dijo Lovecraft.

—Sí señorita, todos lo leímos. — dijo el señor Bloch con una sonrisa.

El señor Wilde se acercó a mí y tomó mis manos, me miró con ¿Ternura? ¿Miedo? ¿Tristeza? era difícil de descifrar. —Entiendo porque el príncipe sonríe— susurro suavemente, se acercó lo suficiente para que los demás no lo oyeran. Su perfume era especialmente dulce y agradable. No entendí a lo que se refería, pero le sonreí de manera dulce.

La brisa fría me empujó un poco y note las miradas de los demás...¿tristes?

—¿Sucede algo caballeros?—dije pero ninguno respondió. Me pareció raro, incluso reconociendo que las personalidades del señor Bloch y el señor Wilde eran de personas que hablaban. Pero no quería incomodar a mis invitados, me dispuse a servir más té hasta que vi la hora...

“hora de cerrar”— dije divertida, sonrió después de servir las tazas, y me acerque a la puerta, la brisa se hizo más intensa pero ahora iba encontrá, no quería que me acercara al umbral.A dos pasos estaba, cuando se abrió la puerta de golpe...fue la brisa y sentí como alguno de los escritores me ayudaba a levantarme, un cuervo completamente negro entro y una figura emergió de entre las sombras…¡Era imposible. No podía creerlo, simplemente caí de rodillas por la emoción!”

—¡Poe!— mi voz salió más alta de lo que pretendía, más quebrada de lo que podía imaginar. No respondí como era el protocolo, no. Me lancé como una niña cuando ve a su padre regresar después de mucho tiempo, mis lágrimas comenzaron a caer....—Eres tú...el maestro del horror, mi faro en el abismo, mi....inspiración—susurre en sus brazos, sentía el aire frío afuera. Ya no quería irme, ya no. No quiero que el sueño acabe. Jamás. Sentí como me abrazaba apenas. —Jamás he visto tanto entusiasmo por mi llegada. Debo admitir que lamento mi tardanza y esto es tan inesperado como halagador...Señorita— dijo el señor Poe, su voz era más profunda de lo que había podido imaginar. Se oía paternal, no podía soltarlo. no quería. La manos del señor Wilde me ayudaron a alejarme del Señor Poe, lo mire con vergüenza mientras tomaba el pañuelo que me había tendido el señor Lovecraft.No podía dejar de llorar, no era fácil...tanto años leyendo sus palabras, admirando sus sentimientos en cada cuento. Su prosa tan enigmática, gótica y hermosa...solo así puedo describir los cuentos de EDGAR ALLAN POE...su nombre se debe pronunciar completo. Porque él no puede llamarse a medias. —Lamento mucho la tardanza señores, tenía un recado que cumplir— dijo con suavidad.

—No se disculpe señor Poe, llegó a tiempo....justo a tiempo—dijo el señor Bloch con un tono amable.

—Por favor señor Poe...tome asiento....le serviré té— dije apenas en un susurro, mi voz temblaba tanto como mis manos. Lo vi sentarse casi en la cabeza del lugar, donde descansaba un busto de palas en su honor, al lado de sus cuentos.....al lado del cuervo. Me apresure a servirle té, temblaba demasiado. Mis nervios se apoderaron de mí, fue un pequeño descuido que volqué un poco del té sobre el saco del Señor Poe.No podía creerlo, simplemente me apresure a intentar secarlo.—Lo lamento Señor Poe, lo siento— dije con la voz quebrada. Las lágrimas volvieron aparecer, por vergüenza, por dolor, por no entender cómo era un sueño tan hermoso....¿si es que era un sueño, no?

—Oh querida señorita, no se preocupe, el traje es tan viejo como yo— dijo el señor Poe de manera tranquila. Pero yo no estaba tranquila, estaba nerviosa y el recuerdo del dolor en el pecho se apoderó de mí, retrocedí y corrí a esconderme entre los estantes, simplemente me sentía fuera de lugar.

Me quede a los pies del cuervo que me miraba desde lo alto de un mueble, lo mire y en sus ojos veía la noche plutónica de donde provenía, me aterre. Parecía un sueño de lo extraño que era, me dejé caer de rodillas y noté mi falda más oscura, larga y pesada de lo que recordaba....¿que estaba pasando? No me percaté de sus pasos, o su presencia hasta que se sentó a mi lado, el señor Poe no dijo nada. Solo se quedó ahí, me tendió un pañuelo....sentí sus manos frías.

—Es más fácil aceptarlo de a poco— dijo suavemente mientras miraba al cuervo. No entendí pero no se lo dije, no era capaz de pronunciar palabras por el recuerdo de la presión del pecho. —Tu eres la guardiana de los libros, no cualquier libro. Los que te formaron, los que convertiste en refugio...aquí mi alma encontró paz, calor...compañía...Señorita, no lo entiende, no lo haga. Acepte esto, ya miro al abismo, miro al cosmos, miro la belleza, miro la mente.....pero ahora, no se dio cuenta que cayó. Pero no sola, nunca sola.— dijo el señor Poe de una manera casi solemne, tomó mi mano y dejó un paquete. — Cuando termine de leerlo, estaremos allí, en los altares que nos has construido....gracias señorita, gracias por darnos un hogar...en la fría noche— dijo. El señor Poe tomó mi mano y beso con suavidad el dorso.Note en su mirada tristeza y amor.No dije nada, me sentía mal pero al mismo tiempo quería corresponder a ese gesto tan íntimo como correcto. Se levantó con cuidado y se fue no sin antes sonreírme. Le devolví la sonrisa pero el dolor seguía, me quedé llorando sin entender el porqué....pero le hice caso, acepté las lágrimas.

Tome el paquete, y suavemente lo desenvolví, reconocí el título....una de mis novelas...nunca la publiqué. La abrace. ¿acaso mi sueño dice que será posible?Pase todas las páginas, la olí...olía a libro nuevo, toque las letras impresas con cuidado. Cuando llegué a la parte de mi nombre, fue ahí donde me sorprendí....las fechas, había una fecha que no podía ser....deje el libro a un lado y el cuervo bajó hasta mis pies...picoteo el lomo del libro....¿acaso?....Me incorporé y corrí al centro donde ellos esperaban tranquilos....una escena extrañamente familiar....

El señor Poe sentado escribiendo, el señor Wilde admirando las pinturas, El señor Lovecraft leyendo un libro de física y el señor Bloch leyendo mientras bebía té.....

—¿Morí?— dije sin pensarlo, todos levantaron la mirada.

—Sí me temo que sí— dijo el señor Bloch mientras dejaba todo a un lado.

—¿Sola?—

—Físicamente sí— dijo el señor Lovecraft levantándose con tranquilidad, se acercó con cuidado.

—Estamos contigo cuando paso, en espíritu....los altares. Las recomendaciones, las veces que nos defendiste, que nos narraban en voz alta...nos atrajo hasta aquí. Te veías tan sola, pero tan feliz....como el príncipe—susurró el Señor Wilde acercándose a mí, tomó un mechón de mi cabello y lo coló detrás de mi oreja...—Déjeme mostrarle algo señorita....—dijo extendiendo su mano, la tomé y me llevó hasta un espejo que había colocado ahí....y lo que vi me sorprendió, tenía el cabello recogido, un hermoso vestido mitad del siglo IXX....—perteneces a nosotros querida, a nuestra época...—susurro el señor Wilde sobre mi odio, contuve la respiración al verme....porque detrás de mí estaban ellos.

En mi biblioteca, o lo que pertenece a ella.

Poe se acercó a mi, me dio la mano y me guio a mi lugar....todos me sonreían. El recuerdo del dolor en el pecho desapareció...ahora había paz, felicidad.

—Tu cuerpo descansará donde tu familia crea correspondiente, pero tu alma decidió que este era su hogar....nosotros....—la voz del señor Poe era solemne, vi como inclinaban la cabeza —solo somos invitados en tu lugar. Si nos permites quedarnos, sería un honor estar al lado del alma más bondadosa con los escritores como nosotros— dijo con inclinación.

—Nos brindaste un lugar donde nos compartían con entusiasmo, un altar. Nos hablabas como si estuviéramos a tu lado y lo estamos— dijo el señor Wilde.

—Nos comprendiste y ayudabas a los que nos buscaban sin saberlo. Creaste lectores voraces y escritores apasionados— dijo Lovecraft con calma.

—Con hambre nos devoraste, y en las estanterías nos posaste. Eres nuestra guardiana, el faro que ayuda...la princesa feliz.— dijo Bloch con alegría.

Morí, me dolía no ver mas a mi familia.

A mis queridos compradores, a las personas que miraba todos los días por mi vidriera....pero la felicidad era más inmensa.

Estaba con ellos, con los míos, con mis escritores, con mi panel soñado. Me acerqué al señor Poe y le sonreí. —Gracias por guiarme en la oscuridad, eres como mi padre literario— dije y bese suavemente su mejilla.

—Es un honor hija mía—susurró el señor Poe con alegría.

Me acerqué a Wilde y tomé su mano.

—Tuviste más valor que el ejército inglés para decir verdades, mirabas la belleza con tanta profundidad, que solo tu...logras hacer que lo bello y la tragedia sean únicas—susurre, el beso el dorso de mi mano.

—La vida es como una rosa, belleza, dañina y sobre todo se marchita rápido— dijo el señor Wilde, hice una reverencia. Me acerqué al señor Lovecraft, era tan alto como imagine.

—El cosmos no me dio miedo, ni tu imaginación. Me llamo el hambre de saber que un hombre fue capaz de inventar algo tan grande, solo por temor. Eso es más valiente de lo que parece señor—dije con calma y él me sonrió.

—Tenía mucho miedo a la insignificancia humana, a una vida sin sentido. Cuando te escuchaba hablar de mi, sentí que mi vida tuvo todo el sentido del mundo— dijo con alegría, una sonrisa que nunca había visto apareció en el. Bese su mejilla, aunque sabía que el no era de afectos, lo acepto.

Me acerqué a Bloch y él me miró de frente con una sonrisa.

—Tu obra más conocida te devoro, pero a mi me gusta la simpleza de tus obras, de tu vida. De cómo juegas con la mente del lector hasta el último punto y más allá. Eres tan alumno como maestro— dije con alegría. El señor Bloch me abrazo, correspondí el gesto.

—Gracias a ti, por darnos un espacio en tu vida...—susurro antes de soltarme.

Los mire con alegría a todos, asentí suavemente indicando que tomen asiento.

—Bien señores..señorita...debatamos, hablemos, imaginemos y sigamos creando....porque ahora tenemos la eternidad con ella, no hay que aburrirla— declaró Wilde con entusiasmo.

Todos reímos, al fin me sentía en casa....al fin con mi panel.

FIN.