Earth of Zombie

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Summary

Alex es un chico después de su expulsión en la RTG inicia in brote zombie. El con su hermana gemela sarah y algunos de sus compañeros sobrevivirán un total de 10 días en la institución RTG

Genre
Horror
Author
Brian
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


"Hoy será mi gran día", pensaba Alex. "El primer día es como tener una nueva vida", seguía pensando. "¿Cuántos amigos haré?", se preguntaba dando una vuelta en la cama. "Me imagino que muchos".

Esas estupideces pensaba cuando estaba en 4to grado. No tenía muchos amigos. Tampoco aportaba en el salón, pero siempre había un A+ en las notas. Mi mamá no sabía cómo era que llegaba a aquellas notas porque ni tarea hacía.

Al pasar a la secundaria todo cambió. No sé si era por los profesores o si yo era el que estaba mal, pero las notas no pasaban del 1. Podía presentarme. Podía hacer los trabajos. Pero siempre tenía un 0. A veces, de milagro, llegaba al 1.

Mi mamá, harta de tanta vergüenza, decidió sacarme y meterme al Rafael Torres García, o el RTG, una institución técnica. Mi mamá pensó que ahora sí todo se arreglaría, pero llegó el 2do año. Me volví muy flojo. No hacía nada. No participaba. A veces no iba. Pero, al fin y al cabo, las raspé todas en el primer momento. Menos una, que era Geografía; esa materia la pasé porque no quería quedar mal frente a la subdirectora (sí, por falta de profesor ella nos daba clases).

Sí... En ese año había raspado Orientación y Educación Física. Y bueno, ustedes pensarán: "ha raspado casi todas en el primer momento, debió aprender". Aquello no me importó. Volví a hacer lo mismo los otros dos momentos. Reparé.

Mi madre ya no supo qué hacer conmigo. Estaba que me enviaba a la calle. Pero bueno, sigo viviendo con ella. Llegué a 3er año. Y por los momentos se creía que todo iba bien. Pero volví a raspar. ¿Cómo? ¡Yo he entregado todo! Pero... no era cierto. Me mostraron una nómina donde decía todos los que entregaron todas las evaluaciones, pero aparecía que no entregué nada. "¿Qué mierda?", me preguntaba. Si no fuera por mi hermana gemela, Sarah, pues... no la hubiera contado.

Estamos en el segundo momento. A mi mamá ya no le importaba, mientras que mi hermana aún me ayudaba.

Hoy, lunes 12 de diciembre, iré a mi próximo nuevo día de clases en la RTG. Eran las 5:43 a.m. Estaba en el tren de Porlscroon a Litsmoon, haciendo paradas en Loutcoll y Kiltcoll. En total es una hora de viaje. Estaba sentado al lado de la puerta, donde el aire me pegaba. Al lado mío estaba mi hermana Sarah; estaba pegada a su teléfono chateando con su amiga, mientras que a mí me tocaba ver por la ventana. No me lo dejaban usar por haber raspado todas esas veces.

Estaba sentado viendo por la ventana. Más de lo mismo. Autos pasando, supermercados abriendo, personas trotando... más de lo mismo. Tal vez uno que otro gato o perro atropellado. Uno que otro cuerpo cerca de la estación. Porlscroon no era muy seguro que digamos; podías ver cuerpos por todas partes. Era algo normal. Mi mamá no quería mudarse por temas familiares relacionados con la casa donde vivimos.

Aquel vagón todo apretado, con personas muy pegadas. Parecíamos salchichas en lata. No cabía una persona más, pero aún forcejeaban por entrar. El vagón no tenía tanto aire; olía a aliento matutino y a sudor. Uno no se podía mover ni un centímetro porque llegaba un niño a sentarse en ese pequeño lugar. Porlscroon era muy diferente a lo elegante, seguro y bonito que era Litsmoon.

Hemos pasado ya dos estaciones y el vagón se ha vuelto más y más apretado. Cada persona que entraba lo hacía sin importarle aplastar a un niño. Al llegar, nosotros nos bajamos y subimos las escaleras. Por lo general, las personas empujaban o apuraban, pero hoy... estaba todo muy tranquilo. Pues... nadie empujaba. Todo era muy tranquilo.

—Vaya, vaya, nunca pensé que te iba a ver un día llegar temprano, Alex —dijo una voz de una chica; se me hacía conocida.

Me volteo a ver quién era y es Emma, una de mis "amigas" de la secundaria.

—¿Hay algo malo en eso? —pregunto cruzándome los brazos.

—Yo nunca dije que era malo. Solo que... me sorprende —dijo fastidiada.

Emma sigue su camino pasando al lado mío. Bueno, no la culpo; estábamos atravesando la zona donde más de cien personas pasaban. Subí por las escaleras y me monté en una camioneta rumbo al liceo.

8:17 a.m.

—Por eso te pregunto, ¿cómo madres se hacen las raíces? —me pregunta Sarah—. La clase de matemáticas ya está a punto de empezar y tenemos examen. No pienso raspar en este examen.

—Ya te lo dije, Sarah. No sé... No le entiendo a la profesora —le respondo.

Liam, el chico popular, se nos acerca.

—¿Ahora por qué discuten? —nos pregunta con ese tono elegante que me irrita mucho.

—Necesito un apoyo con las raíces —respondió mi hermana.

—Qué apoyo necesita... ¿Qué necesitan que os enseñe? —dijo mirándome de reojo.

—Prácticamente todo —responde Sarah.

—Claro, os puedo ayudar. Pero necesito una paga —dice extendiendo la mano.

—¿Qué tipo de paga? —preguntó frunciendo el ceño.

—...Como unos 20 o 30 dólares.

—¿Te lo podemos pagar por partes? —pregunta mi hermana.

—Claro, amiga mía.

—Perfecto... ¿Hermano, me ayudarás a pagarle?

—¡Por supuesto que no! —grité. No quería que nadie me escuchara, pero no pude contener el tono y grité—: ¡Claro que no te ayudaré!

—¿En serio, amigo? ¿No ayudarás a tu pequeña hermana? —me pregunta Liam con un tono sarcástico.

—No es mi hermana menor. Tenemos la misma edad. Solo que yo soy mayor por cinco minutos.

—Entonces sí eres el mayor —me dijo con una sonrisa estúpida.

«¡Mierda! ¡Por qué dije eso!».

—No... —respondo con firmeza—. Ella debe aprender.

Después de decir eso me fui. Solo caminé unos metros a unas sillas que estaban al lado de dirección. Me senté ahí mientras que mi hermana y Liam me miraban.

—Tranquila. Serán 10$ —le dice Liam a mi hermana.

Mientras estaba sentado viendo a las personas pasar, una chica llamada Charlotte se me acerca.

—Oye... —dice con voz baja y suave—. De casualidad... ¿no tendrás la tarea de biología?

—¿Cuál tarea? —le respondo con una sonrisa estúpida. Una sonrisa que siempre pongo cuando algo no anda bien. Estoy seguro de que me vi estúpido cuando hice eso.

—La que mandó el profesor el jueves... —me respondió.

«Mierda. No vine el jueves».

—Disculpa, no pude venir el jueves —le respondí.

—Oh... Bueno, disculpa.

Charlotte se va a las escaleras donde Emma, su amiga, la está esperando. Como no sabía qué hacer, me puse a ver a los demás: la parejita del salón, Olivia y Noah; Oliver, un chico que se hace llamar amigo mío pero ni hablamos; Charlotte y Emma hablando en las escaleras; Sarah y Liam estando en la puerta del salón de matemáticas.

Por último, y menos importante: Rick. Prácticamente era el delincuente de la clase. No por ser negro, pero este chico sabía cómo hacer las cosas y cuándo hacerlas. Este era el maldito ladrón del salón. Él ha robado bolígrafos, lápices, teléfonos, dinero. Siempre lo terminan descubriendo, pero cuando va en serio, puede usar todo a su favor. Hasta a sus propios amigos los puede inculpar.

Pero dejando de lado lo delincuente que es, Rick es valiente, fuerte e inteligente; todas las chicas andan tras él. Él es el robanovias de la secundaria. Él, pues, es alto y guapo. En cambio yo, soy feo y pequeño. Aunque no soy delincuente, tampoco soy negro.

Mientras estaba sentado viendo hacia las escaleras, se me vinieron a la mente las palabras de mi hermana: «¿Tengo la obligación de hablar con alguien?».

Decido pararme y voy a donde Noah. Al intentar acercarme escuché que alguien me llamaba. Di una vuelta y la vi: Lily, la subdirectora, me llamaba para algo que no sé qué era. Igualmente fui pensando que era para contarme algo sobre las notas o por lo parecido.

Al llegar a la biblioteca:

—Toma asiento, Alex —me dice la subdirectora. Estaba sentada en una mesa larga; a su lado tenía una carpeta. Era el expediente de los alumnos. Tenía una PC al frente. Me senté en un banco; aquel banco era mucho más pequeño que yo. Al sentarme, la subdirectora dijo:

—Alex, necesito contarte algo —me dijo angustiada.

—¿Qué es? ¿Otra cosa sobre mis notas? —dije con un tono fastidiado mientras me cruzaba de brazos. Pensándolo bien, en realidad no estaba fastidiado. No sé por qué contesté así.

—Veo que ya lo sabes. Pero no es lo mismo de siempre, sabes, segunda oportunidad... —dijo con firmeza.

—¿A qué te refieres con eso? —pregunté. Pude sentir cómo el temor me recorría todo el cuerpo. Lo primero que se me vino a la mente fue: «¿Me van a expulsar?».

Y para mi mala suerte:

—Alex, ya tu mamá sabe. Entonces te tenemos que dar esta noticia. Tú deberías saber que hay muchos más niños que harían lo que sea para entrar a esta institución. Las madres harían lo que sea para que sus hijos logren entrar. Esta es la mejor institución de todo el país. Entonces tuvimos que tomar una decisión muy difícil. Alex, un chico parece que conservará su cupo mejor que tú. Retiene mejor la información y, pues... es mejor que tú en muchos aspectos.

«Entonces es guapo», pensé.

—Quisiera ya llegar al grano, pero se me hace un poco difícil. Sabes, tú eres un buen alumno y todo, pero... en realidad el director tomó la decisión... —Al terminar de decir eso, ella agarró un papel y luego un bolígrafo rojo—. Alex, necesito que firmes acá.

Agarro el bolígrafo. Trago saliva y me quedo en shock al ver que fui expulsado.

«No puedo creer que esté pasando esto».

«¿Por qué me pasa esto?».

«Es todo mi culpa».

«¡Carajo!».

«Qué hará mi mamá...».

«Cómo reaccionará mi hermana».

«Seré un inútil».

Sin darme cuenta, lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas. Agarré fuerte el bolígrafo y firmé.

«¡¿Para qué mierda necesito firmar?!».

«Todo el tiempo malgastado... Todo el dinero malgastado. Todos malgastando su tiempo para ayudarme... y termino así...».

«Yo solo soy una pérdida de tiempo. Soy una pérdida de tiempo para todos...».

«Estaría mejor muerto».

Salgo de la biblioteca apretando los dientes para no llorar frente a todos. Pero me detengo en seco. No sé por qué. En realidad quería bajar para que nadie me viera con los ojos rojos y a punto de llorar. Me sentía fatal, pero algo me dijo: "no sigas".

De repente, la bocina del liceo empezó a sonar.

—Uff... uff... —Era el director dando un comunicado—. Alumnos... necesito de su máxima atención. Lo que está pasando en el gimnasio no es nada bueno. En la planta de la puerta principal está rodeado... Sé que algunos no saben qué pasa, pero afuera hay demonios... sedientos de sangre. El día del juicio ha llegado... No dejen que los muerdan... no dejen que los hieran... Si se llegan a herir o alguien más resulta herido, por favor... ¡Ah! —chilla el director—. ¡No los ayuden! Aunque más duela, déjenlos ahí... Los profesores estaremos allí para ayudarlos. Los que estén cerca de la puerta trasera: ¡salgan! ¡Huyan de aquí! ¡Cierren la puerta... no dejen que aquellos demonios salgan! Mientras que los que están lejos... por favor... discúlpenme... pero... no hay una manera de escapar... Solo esperar... Pero... pueden esconderse... pueden... pueden... vivir... Pueden... Que Dios nos perdone a todos.

La comunicación se corta. En un instante todos entran en pánico.

—¡¿A qué mierda se refiere con eso?! —gritó Liam.

—¡¿Vamos a morir acá?! —prosiguió Emma.

—¡Debemos buscar una manera de salir de acá!

«Mierda... qué pasa... qué mierda está pasando... Mamá... ¡MAMÁ!».

—¡ALÉJATE DE MÍ! ¡VETE! —Escucho a una chica gritar atrás mío. Me volteo y veo a una de 5to año. Estaba tirada en el piso; encima tenía a Gabriel, el "cochino" de la clase. Pero Gabriel se veía diferente. Su piel era gris. Tenía ojos negros, heridas en todas partes del cuerpo; su ropa estaba color carmesí mientras soltaba sangre de la boca que le caía encima de la chica.

Cuando vi a Gabriel... no era el mismo. No solo por su aspecto putrefacto, sino porque él intentaba sin éxito atacar a la muchacha. Gabriel golpeaba una y otra y otra vez a la chica; sus golpes eran débiles y nunca le daba donde era.

«Joder... ¿Qué hago? ¿La ayudo?». Miro a los lados y no veo a nadie moverse; todos están en shock como yo. Pero si la ayudo, posiblemente sea atacado. No sé qué mierda es esa cosa. ¿Qué pasaría si me atacara? Será como las películas de zombis: si eres mordido, te conviertes en uno de ellos.

—¡Por favor, que alguien me ayude! —gritó la chica.

Veo a Lily, pero no hace nada; está en shock. Veo a Rick, pero este no se mueve. De repente, de las escaleras sube corriendo Jack, el perro, que rápidamente entró a la biblioteca. Atrás de Jack, como a unas escaleras antes, estaba Mateo, nuestro profesor guía.

—¡Mierda! ¿Dónde estás, Jack? —gritó Mateo. Mateo miró a la chica.

—¡Groowr! ¡RWAARG!

Mateo se armó de valor y entró a la biblioteca empujando a Lily y cerrando la puerta de golpe. Me quedé paralizado. No sabía cómo reaccionar. Miré una vez más a la chica y ahí estaba, viéndome con una expresión de terror e ira. Sabía que me estaba pidiendo ayuda.

—¡Mierda! —exclamó Rick—. ¿¡Qué esperan!? ¡Entren a un salón ahora!

—¿Qué? —exclamó Sarah—. ¡No podemos dejar a la pobre chica ahí!

—Entonces qué hacemos. No tenemos nada para atacarle —repuso Charlotte.

—Ustedes no entienden, ¡está perdida! ¡Debemos entrar a un salón y mantenernos encerrados! —sugirió Noah.

—¡No podemos hacer nada con la chica! —prosiguió Olivia.

No podía dejarla ahí a morir. Debía hacer algo.

—¡Será mejor que entremos a este! —dijo Emma abriendo la puerta del salón de matemáticas. Todos entraron al salón.

—¡Alex! —gritó Oliver.

—¡Déjalo! ¡Entra! —exclamó Liam mientras forcejeaba para que pasara.

—¡No voy a dejar a mi hermano! —exclamó Sarah.

No sé qué pensé en ese momento... solo di un paso al frente.

—¡Groowrrr! ¡Rawwrg!

Mientras más me acercaba a las escaleras, escuchaba gruñidos provenientes de abajo; gruñidos mezclados con gritos y gemidos de dolor.

De un momento a otro llegué donde Gabriel, lo agarré por el cuello de la camisa y lo lancé al lado de la chica. Me quedé mirándolo. Estaba inmóvil... no hacía ningún sonido. Para asegurarme le pisé la cara, pero para mi sorpresa su piel era extremadamente blanda. El cráneo se partió a la mitad, partes del cerebro salieron volando, los ojos colgaban, la mandíbula se había roto y le colgaba.

Mientras Gabriel yacía inmóvil en el piso, extendí mi mano para ayudar a la chica.

—Oh, mierda, amigo. No puedo creer que hayas esperado tanto —me dijo aún agitada—. Casi muero... pero gracias. Mi nombre es Elizabeth.

—¿¡Qué mierda esperan!? —me gritó Sarah al lado de la puerta.

Ayudé a levantar a Elizabeth. Ella me comentó que se le había roto el tobillo. Caminamos lo más rápido que pudimos. Al pasar por las escaleras ya tres zombis habían subido una parte y se estaban comiendo a una profesora. No recuerdo cómo se llamaba. Era gorda y vieja. Creo que ella un día me enseñó matemáticas, pero no recuerdo mucho.