Capitulo 1
Sábado.
El viento sopla, haciendo que las pequeñas hojas secas del suelo se levanten y vuelen libremente, moviéndose con elegancia. El viento acaricia su rostro, suave, cálido, haciendo que un escalofrío le recorra entero.
El clima era agradable a esa hora.
2:00 p. m.
El sol brillando en lo alto, el sonido de la vegetación moviéndose, el hermoso color naranja que comenzaba a teñirlo todo, un claro indicio de que el otoño estaba a la vuelta de la esquina. Ahora que el terrible calor bajó, muchas personas organizan días de pícnic en familia en los parques; era el lugar perfecto para despejarse de las tareas ajetreadas de la semana. Mientras los adultos disfrutan de la comida y la plática en pareja, los pequeños niños corren y juegan alrededor.
Una vista sumamente hermosa, en especial para él.
Lleva aproximadamente 20 minutos en ese parque, sentado en una de las bancas lejanas, observando a lo lejos a la que un día… fue su familia.
Nueve años, tres meses y una semana; ese es el tiempo que tardó en recordar, en recordar a su adorada familia.
Sí, nueve…
Hace nueve años, la salida de negocios que tenía con sus padres terminó en caos.
Un caos que le costaría muy caro.
Un nuevo contrato se debía firmar en la empresa familiar; eran buenas ganancias para ambos lados, imposible rechazarlo. La junta sería justamente ese día, en otra ciudad, con la empresa vecina. Los Bakugo ya tenían su plan perfectamente calculado: salir temprano por la mañana, despidiéndose de su esposo e hijo en el proceso para partir en el auto con sus padres. Serían unas horas en carretera; después pasearían por las calles de esa ciudad, tomarían fotos, disfrutarían; después la junta y, para el final de la tarde, regresarían a casa.
Así de simple.
Pero hay un dicho que dice: si quieres hacer reír a Dios… haz planes…
Su padre, Masaru, iba al volante, como siempre, conduciendo a una velocidad moderada, respetando absolutamente todo: señales, altos, semáforos; lo tenía controlado. Su madre, Mitsuki, iba en la parte de atrás, cantando las canciones ochenteras románticas que se reproducían en el estéreo; su voz salía entonada, haciendo que su padre sonriera bobamente. Y él, Katsuki, estaba en el asiento de copiloto, escuchando y cantando de vez en cuando las canciones, hablando de cosas equis con su padre, repasando algunas cosas con su madre sobre el contrato, escuchando a su padre decir que al siguiente día sería buena idea ir a ver el partido al estadio; así podrían llevar al más pequeño de la familia a conocer ese enorme lugar por primera vez. Y él estuvo de acuerdo; su pequeño se emocionaría mucho.
Todo iba de la mejor manera; las ventanas abajo les permitían disfrutar de la suave brisa, risas, comodidad absoluta.
Y en menos de un segundo, todo se acabó…
Caos.
Gritos.
Miedo.
Todo pasó tan rápido; los tres iban viendo al frente. Vieron de primera mano cómo el auto que venía en el carril contrario, al dar vuelta en la curva, se estampó a gran velocidad y fuerza con los dos autos que iban enfrente de ellos.
Masaru intentó frenar y esquivarlos, intentó que ningún auto les diera un golpe o se los llevara, pero no tuvo mucho tiempo.
El frío que sintió antes de que ese auto rojo los golpeara…
Una sacudida los obligó a gritar, gritos de terror. La fuerza del impacto fue tanta que el auto terminó cayendo a un pequeño barranco; el auto de ellos, junto con el auto negro de enfrente, rodaron unos cuantos metros. Sentía cómo su cuerpo era comprimido y azotado; un ardor le recorrió cuando su cabeza se estrelló con la ventana. Sentía mareos, algo caliente bajando por su nariz y oídos; lágrimas involuntarias salieron de sus ojos, rodaron y rodaron y rodaron, hasta que el auto se detuvo en seco, con un crujido sordo.
Un zumbido le taladraba los oídos; su respiración era irregular, su vista era borrosa, había polvo por todos lados. Intentó moverse y un dolor intenso lo obligó a detenerse. Un gemido doloroso salió de su pecho; el sabor metálico lo sentía en la boca.
Los quejidos al lado de él lo obligaron a voltear; con pesar lo hizo. Sentía miles de agujas siendo encajadas en su cuerpo; sus ojos intentaron enfocarse. Su padre… un fierro había atravesado su hombro; podía ver su cara, podía ver el líquido rojo saliendo en gotas de la herida. Tenía raspones y cortes en la cara.
Su corazón se estrujó.
Un ruido, una voz, lo obligó a voltear a la parte de atrás.
Su espalda tronó; el aire se volvía más difícil de tragar.
Su madre hablaba y gritaba; no podía verla bien, no sabía bien qué decía, solo escuchaba la voz en ecos distorsionados.
Solo soltó un quejido y entonces todo se puso negro; perdió el conocimiento.
Cuando despertó, todo dolía.
Sus ojos se abrieron con pesar; una luz blanca lo cegó. Olía a desinfectante y a alcohol. Intentó enfocar todo de mejor manera y soltó un gruñido ronco. A los minutos, tres figuras se posaron delante de él: mujeres; eran las enfermeras que habían entrado a ponerle los medicamentos. Emocionadas y alteradas, corrieron a buscar al médico.
—Mierda.
El dolor estaba, pero se sentía adormecido, pesado; su cabeza dolía como los mil demonios. Cerró los ojos con fuerza y soltó el aire.
¿Qué hacía en un hospital? Se supone que estaba en casa de Kirishima…
¿Qué había pasado?
¿Tuvo un accidente?
No entendía qué pasaba; su cabeza era un caos, pero lo que más lo alarmaba era que se sentía extraño… sentía como si algo, un velo, una tela blanca, estuviera cubriendo sus ojos. Sabía que no había nada, pero sentía que algo… había cambiado…
No sabía qué, pero era algo.
Eso lo aterrorizó.
Intentó ver a su alrededor; tenía cables conectados al cuerpo, un plástico impedía que hablara correctamente, la máscara de oxígeno. Había flores y globos adornando las mesitas de la habitación.
¿Realmente qué estaba pasando?
El monitor cardíaco empezó a hacer ruido; su pulso se estaba acelerando al no entender absolutamente nada. Afortunadamente, el doctor había entrado en ese momento.
—Está bien, señor Bakugo, respire con calma, todo está bien —lo calmó.
Le explicó lo sucedido: el accidente y sus padres heridos. Escuchar sobre el accidente lo alteró y lo heló; después el enojo y la furia habían subido. Quería salir de la cama y explotar todo; quería explotar al maldito que había causado todo eso. Si el hijo de puta que los chocó aún seguía con vida, él se encargaría de demandarlo, de hacer que pagara de una u otra manera.
Esto no se quedaría así.
Pero decir todo en voz alta y ver después la cara de pena del doctor… sabía que no podría hacerlo.
Le explicó, de la manera más delicada, que desafortunadamente el hombre que había provocado todo no había sobrevivido. Había tenido un paro cardíaco, lo que había desencadenado que el auto se volviera loco y, al dar vuelta en esa curva, todo había sido un desastre…
Mierda.
Así que no podrían hacer nada…
Entonces todo había quedado como un maldito accidente. Un nudo se formó sin piedad en su pecho.
Le explicó también que sufrió muchos golpes, moretones, un brazo roto y, lo más delicado, un fuerte golpe en la cabeza, golpe que necesitó puntadas y lo mantuvo en coma por mes y medio. Pensaron que no despertaría, pero como siempre, Katsuki era terco, incluso para quedarse en coma demasiado tiempo. Lo revisó con ayuda de las enfermeras y todo en él pintaba bien; su sistema se recuperaba y despertaba de buena manera. Le explicó que podría tener confusión en los siguientes días debido al golpe.
Jodida mierda…
Analizó rápidamente su situación y definitivamente había tenido suerte.
Preguntó por sus padres; le había dicho lo del accidente con ellos, pero no le había dicho si estaban bien. Una enorme sonrisa se instaló en sus labios; eso lo calmó. Ellos estaban bien, magullados pero estaban vivos, con algunos moretones y heridas, pero nada grave, al menos ya no. Su padre había tenido una cirugía inmediata al llegar al hospital y afortunadamente ya estaba fuera de peligro y de pie. Su madre tenía una muñeca lastimada y muchos moretones, pero igual estaba bien y dando guerra como siempre.
Ambos habían ido a visitarlo cuando aún estaba dormido.
Una vez que todo quedó resuelto, revisado y explicado, pudo respirar más tranquilo. Todo iba bien hasta el momento en que el doctor lo cambió a piso y le permitieron tener visitas; ya estaba fuera de peligro.
Esperaba que sus padres se aparecieran, ya que estaba ansioso por verlos, pero la primera persona en entrar a verlo fue un chico de cabello verde rizado, ojos esmeralda y mejillas pecosas. Recuerda que el chico entró desesperado, llorando y sonriendo.
—DIOS MÍO, KACCHAN, AL FIN DESPERTASTE.
Lo llamó Kacchan.
¿Kacchan?
Le dijo lo preocupado que había estado, que él y su pequeño imaginaron lo peor cuando les habían llamado para darles la noticia del accidente, que fue un infierno cuando se enteró de que estaba en coma y que era posible que ya no despertara, pero ahora que estaba bien, despierto y fuera de peligro, al fin podían estar tranquilos.
Sus ojos verdes expresaban tanto…
Y eso lo incomodó.
La tensión se respiraba en el aire.
Ese chico… ¿quién era? ¿Se había equivocado de persona?
¿Un pequeño? ¿Qué pequeño?
Su cara se desfiguró en duda. No entendía por qué ese chico se tomaba tanta confianza en hablar con él, no entendía por qué sus ojos irradiaban amor, preocupación absoluta y sincera.
No sabía quién era…
Esa tela blanca en los ojos la volvió a sentir presente. Como diciendo algo, algo sobre ese chico.
Pero jamás lo había visto.
Y se lo hizo saber.
—¿Quién mierdas eres? —soltó, seco y sin tacto.
—¿Qué? Ka… Kacchan, ¿de qué hablas?
El chico peliverde, al escucharlo, rió nervioso, pensando que posiblemente era una de sus típicas bromas, pero al ver la cara de desconcierto y molestia supo que no era así.
¿Acaso su esposo no lo recordaba?
Y el caos y el terror comenzaron…
Un frío se instaló en la habitación, un frío que caló hasta los huesos.
Espero les haya gustado, empezamos con lgo fuerte🤭está historia estara pulicada aquí y en mi whattpad y paguina de Facebook 💖
–𝑻𝒆𝒔𝒔🍁








