Hasta Aquí
—¿Lo dirás? —Le mostró el celular con el arsenal de fotos de él y su amante. —Acaso... ¿tengo que hacerte hablar?
Josh se mantuvo callado bajando la cabeza suspirando.
—Al menos finje... preocupación por mi. —Bajó el celular, apretándolo con fuerza.
—No queria lastimarte.
—Lastimarme? ¡Debiste haberme dicho desde el principio! —Molesta, le tiró el celular; se rompió al golpear el suelo.
—Dera...
—Admito que no fui la mejor novia, pero... —lo miré con seriedad— Nunca seria capaz de andar con otra persona a tus espaldas.
—Hablas como si el enamorarse fuese decisión de cada uno.
—No, el enamorarse no. ¡Pero el ser fiel sí!
—Eres una hipócrita diciéndome esas cosas cuando tú fuiste la primera en deshonrar nuestra relación. —dijo Josh, dejando escapar el estrés de la situación.
—¡Yo nunca me metí con otro hombre! ¡Es más, recuerdo que te dije que me pareció atractivo el chico, solo eso! No trates de compararme contigo. —Apretó las mangas de su polera, furiosa.
—Que perra... dices eso pero bien que te gustaba que otros hombres te miren para sentirte bien contigo misma. —Josh, pasmado por sus propias palabras, intentó remediarlo.
—Siempre pensaste así de mi... —Dera bajó la cabeza, rendida.
—¡N-no! Solo...lo dije sin pensar. Dera yo-
—Ja... —levantó la cabeza para mirarlo—. Descuida... no me importa.
Evitó llorar, aun cuando su corazón sí lo hacía en ese momento.
Sacó el regalo que él le dio cuando eran niños y se lo mostró.
—Esto —lo dejó caer—. Tampoco importa.
Por mucho que amara a ese hombre, no podía aferrarse a alguien que mintió, que no fue lo bastante valiente para decir que le gustaba otra mujer.
—Espero que puedas ser feliz con ella.
Dio media vuelta y comenzó a caminar, ignorando su nombre pronunciado una y otra vez desde los labios de aquel... desgraciado.
—Dera...
—¡Dera!
—Idiota... —susurró, llorando poco a poco mientras se alejaba.
Su único insulto fue ese, el único que cruzó su mente entre la tristeza y la decepción acumuladas esa noche.
Y aunque el corazón le temblaba en el pecho, no miró atrás.
Porque entendió, al fin, que hay amores que duelen más por quedarse que por perderse.