Como si fuera una serie
Ashley siempre decía que el amor en la vida real no era como en las series BL.
En las series todo tenía sentido.
El chico que parecía indiferente en realidad estaba enamorado desde el inicio.
Las canciones siempre tenían destinatario.
Y cuando alguien decía “te lo prometo”, el universo conspiraba para que fuera verdad.
En la vida real, en cambio, todo se medía en notificaciones.
Conoció a Noah un martes cualquiera, después de subir una historia opinando sobre el capítulo nuevo de la serie BL que ambos veían.
“El protagonista ya está enamorado y ni cuenta se da.”
No tardó en llegar la respuesta.
—No está enamorado. Solo es amable.
Ashley sonrió.
—Eso dicen todos antes de caer.
Y ahí empezó todo.
Al principio eran mensajes casuales. Memes. Teorías. Burlas sobre quién se confesaría primero en la serie. Pero pronto, Ashley notó algo que le aceleraba el corazón:
Noah siempre volvía.
Aunque la conversación terminara, él la retomaba.
Aunque ella tardara, él esperaba.
Y entonces decidió jugar.
No de forma obvia.
Sutil. Inteligente. Estratégica.
Modo Sarawat activado.
Una noche, mientras hablaban, Ashley subió una historia con una canción que sabía perfectamente que él iba a ver.
“Tiroteo remix.”
No era casualidad.
Era intensa.
Directa.
Con esa energía de “me tienes pensando en ti aunque no lo diga”.
Minutos después, Noah respondió:
—¿Esa indirecta es para alguien?
Ashley fingió inocencia.
—¿Tú qué crees?
Él no contestó de inmediato.
Pero desde esa noche empezó a buscarla más.
Más mensajes.
Más atención.
Más preguntas personales.
Ashley sentía que estaba ganando.
Hasta que días después vio algo que le hizo un pequeño nudo en el pecho.
Noah subió una historia con otra canción.
“Enculado” de Yukun.
Ashley la escuchó completa.
Cada palabra.
Esperó.
Esperó que él le respondiera algo.
Que le dijera que era por ella.
Que hiciera aunque fuera una broma.
Pero no pasó nada.
No hubo mensaje.
No hubo mención.
No hubo indirecta de vuelta.
Y aunque Ashley intentó convencerse de que no importaba… sí importaba.
Porque las canciones sí significan cosas.
Y las personas también.
Aun así, no dijo nada.
Siguió jugando bien sus cartas.
Siguió siendo segura.
Siguió conquistando sin parecer desesperada.
Las conversaciones se volvieron más largas. Más profundas.
Una madrugada, casi a las tres, Noah escribió:
—¿Te puedo decir algo sin que pienses raro?
—Depende.
—Me gusta hablar contigo más de lo que debería.
Ashley sintió que el corazón le dio un pequeño salto.
No respondió rápido. Nunca lo hacía cuando sabía que estaba ganando.
—Entonces hazlo menos —escribió.
—No quiero.
Y ahí, entre orgullo y miedo, algo empezó a crecer.
Días después, Noah preguntó:
—Si esto fuera una serie BL… ¿qué seríamos?
Ashley estaba acostada mirando el techo cuando leyó eso.
Pensó en las canciones.
En los celos pequeños.
En cómo él empezaba a preguntar con quién hablaba.
Sonrió.
—Los protagonistas.
—¿Y el final?
Ashley respiró hondo.
—Depende de si sabes cumplir promesas.
Pasaron segundos eternos.
Y entonces apareció el mensaje:
—Te lo prometo chiquita.
Ashley no sabía que esa frase algún día le dolería distinto.
Esa noche solo supo que el amor empezaba a sentirse como en las series.
Pero también aprendió algo peligroso:
No todas las canciones regresan dedicadas.
Y no todas las promesas suenan igual para los dos.