Eternal Life: VR Isekai el cambio a Elara

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Summary

Eternal Life Después de un día agotador en el trabajo, Marcus llega a casa y decide desconectar con su PC... y un poco de porno. Pero un anuncio irresistible lo lleva a 'Eternal Life', el MMORPG VR más inmersivo del momento. Con su casco VR olvidado en un cajón, entra al juego como hombre... solo para descubrir que nadie lo ayuda en ese mundo cruel. Desesperado, crea un avatar de elfa petite con modulación de voz que hace creer a todos que es una chica. Así forma un grupo de aliados que se ayudan mutuamente en misiones y peligros. Todo cambia cuando una alerta del sistema anuncia: el juego ya no es un juego. Se ha convertido en una realidad brutal donde no hay logout, el dolor es real y cada sensación -incluidas las más íntimas- se siente al límite. Lo que empezó como supervivencia se transforma en una aventura llena de alianzas, engaños y deseos que despiertan poco a poco. Slow-burn isekai con erotismo que se desarrolla gradualmente (escenas explícitas +18 a partir de capítulos posteriores). Solo para mayores de edad. Advertencia: Contenido maduro (violencia, lenguaje fuerte, sexo eventual). Si buscas acción inmediata, quizás no sea para ti... ¡pero quédate, el viaje vale la pena! 🔥

Genre
Erotica
Author
Arlhyn
Status
Complete
Chapters
37
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: La rutina rota

Capítulo 1: La rutina rota

Era 2035 y Marcus salió del trabajo con el cuerpo pesado y la mente embotada. A sus treinta y ocho años, la vida le parecía un bucle interminable: oficina, metro abarrotado, apartamento vacío. Cinco años atrás, su novia lo había dejado sin muchas explicaciones; desde entonces, las citas ocasionales en apps terminaban siempre en nada. No sabía cómo llenar el silencio de su piso.

Al llegar a casa, tiró las llaves sobre la mesa, se quitó la corbata y encendió la computadora. Como cada noche, abrió vídeos absurdos en internet para desconectar: gatos, fails, gameplays… cualquier cosa que le sacara una sonrisa forzada.

Entonces apareció el anuncio.

Eternal Life.

Un MMORPG de nueva generación. El tráiler mostraba un mundo roto: el cielo y el infierno habían colisionado con la Tierra en una catástrofe antigua. Ciudades medievales en ruinas, campos de batalla donde ángeles alados luchaban codo con codo con humanos contra bestias mitológicas: quimeras, dragones menores, grifos enfurecidos. La promesa era clara: ayuda a los ángeles a restaurar el equilibrio, forja tu leyenda en un mundo al borde del caos.

Requisito: casco VR Extreme 3500 de inmersión total.

Marcus tenía exactamente ese modelo, comprado en un impulso dos años atrás y apenas usado. El anuncio terminó con un botón brillante: Descargar ahora.

Sin pensarlo mucho, pulsó.

Creó su primer personaje: un caballero humano alto, musculoso, con armadura pesada. Nombre: Marcus. Entró al mundo… y se sintió igual de solo que en la vida real. Los jugadores corrían a su alrededor subiendo niveles, formando grupos, ignorándolo por completo. Nadie respondía a sus peticiones de party. Después de morir tres veces seguidas contra lobos básicos, cerró sesión frustrado.

Se quedó mirando la pantalla de creación de personaje.

“Voy a probar otra cosa”, murmuró para sí mismo.

Eligió raza: elfa. Por el buff de agilidad y precisión, se dijo. Aunque en el fondo sabía que no era solo por eso.

Ajustó la estatura: no muy alta, más bien petite, delicada. Pechos pequeños, talla A, naturales. El trasero no se podía modificar, quedó en el default del modelo élfico: redondo, firme, sugerente. Cabello largo hasta la cintura, verde esmeralda brillante. Ojos del mismo tono, grandes y expresivos. La ropa inicial era una túnica corta de arquera con detalles de cuero: cubría lo necesario, pero dejaba ver piernas largas y piel pálida. Sexy sin ser vulgar.

Sonrió al verla girar en la pantalla de preview.

Nombre: Elara.

Al entrar al mundo con ella, algo cambió. Las mecánicas eran las mismas, pero la sensación… distinta. Más ligera. Más observada.

Estaba practicando tiro con arco en la zona inicial cuando un grifo menor la sorprendió por detrás. Su vida bajó rápido; ya veía la pantalla de muerte acercándose.

De pronto, una espada pesada cortó el aire y decapitó a la bestia.

—¿Necesitas ayuda, linda? Ese bicho te iba a hacer picadillo. Mándame invitación a party, yo te cubro.

El nombre sobre su cabeza: Ryx. Un guerrero humano con armadura negra, escudo torre y una voz grave que resonaba en el chat de voz.

Elara (Marcus) aceptó de inmediato.

Juntos limpiaron la zona. Ryx era paciente, explicaba mecánicas, bromeaba. Por primera vez en mucho tiempo, Marcus no se sentía invisible.

Llegaron a un subboss: un minotauro corrupto que custodiaba un altar angelical. Lo derribaron tras varios intentos intensos, sudando virtualmente, gritando órdenes por voz. Del cadáver cayó un objeto brillante.

—¡Wow, Ryx! ¡Mira esto! —dijo Elara con esa voz aguda y suave que el modulador generaba automáticamente, casi ronroneante sin querer—. Un arco raro… ¡es mucho mejor que el mío!

Ryx soltó una carcajada profunda que resonó en los auriculares de Marcus como un roce directo en la piel.

—Buen drop, arquera. Pero para mejorarlo necesitamos piedras de afinidad. Hay un calabozo cerca donde caen. ¿Seguimos juntos? Allí también suelen salir piezas de armadura ligeras… —hizo una pausa, y su tono bajó un poco, más íntimo— te vendrían bien. Esa túnica tuya deja poco a la imaginación cuando te mueves, pero no protege una mierda contra lo que viene después.

Marcus sintió un calor repentino subirle por el cuello, aunque era solo código. Miró el modelo de Elara en la interfaz pequeña: la tela se ceñía a sus curvas pequeñas pero definidas, el escote bajito revelando la clavícula pálida, las piernas expuestas hasta medio muslo. El trasero default élfico se movía con cada paso, firme y redondo, y Ryx lo había notado. Obvio que lo había notado.

Tragó saliva en la vida real, el casco apretando un poco más.

—Claro —respondió, intentando que la voz sintética no sonara jadeante—. Vamos directo.

Mientras corrían hacia la entrada del calabozo, Ryx se colocó a su lado, escudo alzado para cubrirla. En un pasillo estrecho, sus hombros se rozaron. El contacto virtual envió una chispa inesperada: Marcus sintió el pulso acelerarse en su pecho real, el calor acumulándose bajo el vientre. Ryx giró la cabeza, la visera de su yelmo negro reflejando los ojos esmeralda de Elara.

—No te preocupes, linda. Yo te cubro la espalda… y lo que haga falta. —Su voz grave tenía un filo juguetón, casi provocador—. Eres rápida con ese arco, pero si te atrapan por detrás… bueno, digamos que prefiero ser yo el que te tenga cerca.

Elara (Marcus) tropezó un segundo con una raíz, y Ryx la sostuvo por la cintura con una mano enguantada. El agarre fue firme, posesivo, duró un latido más de lo necesario. Marcus sintió el tacto fantasma en su propia piel: presión en las caderas estrechas de Elara, dedos grandes que casi abarcaban su cintura petite.

—Gracias… —murmuró ella, voz más baja, casi susurrante.

Ryx soltó una risita baja.

—No hay de qué. Me gusta proteger lo que es… frágil y letal al mismo tiempo. —La soltó despacio, rozando con el pulgar la curva de su cadera antes de apartarse—. Vamos, arquera. No quiero que te maten antes de que pueda verte en acción de cerca.

Y así, sin saberlo aún, Marcus dio el primer paso hacia algo mucho más grande que un simple calabozo. El juego acababa de volverse personal. Muy personal.

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