Capítulo 1: El Refugio de Cee
El aire fresco de la mañana gallega se colaba por la ventana mientras Angy y Fabián avanzaban por la carretera serpenteante que los llevaba a Cee. La luz del sol iluminaba con suavidad el paisaje, tiñendo de un verde vibrante los montes que se extendían a ambos lados del camino.
Angy apoyó la cabeza contra la ventanilla y dejó que sus ojos recorrieran ese paisaje que le parecía un mundo aparte del ruido y la prisa de Madrid. Las olas lejanas del mar, el canto distante de los pájaros y el aroma húmedo de la tierra recién mojada por la llovizna nocturna la envolvían en una calma inesperada.
Fabián mantenía las manos firmes al volante. Sus ojos estaban atentos al asfalto, pero su sonrisa delataba la emoción que compartía con Angy.
—¿Te imaginas? —dijo mientras se cruzaban con un viejo tractor que avanzaba lentamente—. Pronto estaremos instalados. Será nuestra casa, aunque haya que darle una buena mano de pintura.
—El hecho de que podamos trabajar desde cualquier lugar lo hace todo más fácil —respondió Angy—. Madrid es demasiado caro y loco. Aquí, aunque sea una casa antigua, tendremos algo nuestro.
En el asiento trasero, Linda, su gata esfinge, dormitaba envuelta en una manta, observando el vaivén del coche con sus ojos atentos y sabios.
El viaje transcurría entre planes de reformas y sueños de un futuro diferente. Pero, a medida que las curvas los adentraban en el pueblo, Angy no podía evitar preguntarse qué secretos podía esconder ese lugar. Cuando por fin las casas asomaron entre los árboles, Angy señaló con asombro:
—Mira, Fabián, allí. Ya casi llegamos.
Fue entonces cuando ambos lo notaron. Justo a pocos metros de su nueva propiedad, se alzaba la otra casa; idéntica, gemela en cada detalle. Una sensación extraña les recorrió la espalda, como si el paisaje perfecto escondiera algo que estaba esperando para ser descubierto. Las conversaciones se silenciaron. Nadie dijo que la tranquilidad que buscaban sería también el preludio de lo desconocido.
Al llegar, Marta, la vendedora de la inmobiliaria, los esperaba con las llaves.
—Hola, Angy, Fabián —saludó Marta con una sonrisa cordial—. Ya hemos terminado con las reformas que pidieron: la instalación eléctrica y la del agua están renovadas completamente. La casa está lista.
Tras una breve revisión de la nueva caldera y las tuberías del sótano, Marta les entregó las llaves con una expresión que escondía cierto cansancio.
—Aquí tienen. La casa es toda suya. Les deseo lo mejor en este nuevo capítulo.
Angy y Fabián se miraron emocionados, listos para empezar, sin imaginar que las paredes de esa casa aún guardaban ecos que no se pueden borrar con una mano de pintura.
¿Qué os ha parecido este primer encuentro con las casas gemelas? ¡Dejad vuestro voto si queréis saber qué oculta Angy!