Cuento
Hay una historia, tan vieja como el tiempo mismo, que de tanto pasar en labios se perdió entre ellos. Nadie recuerda si trataba de mujer u hombre, pero si recuerdo que era sobre Vida.
Vida acababa de encontrarse con el inevitable peso de la espada de la incertidumbre y la desgracia, y sabía que esta vez no había alguna luz que pudiera mostrarle algún camino. Cuando Vida se encontró primero ante tal momento quería negarlo todo. Negó su suerte, negó cada decisión que había tomado que le llevó hasta ahí, y sobre todo negó haber estado acorralado. Pero mientras más negaba su destino, más sabía en su corazón que había a alguien no podría negar.
Es alguien llegó en medio de su ostentosa y acostumbrada marcha fúnebre, con su paso lento que le hacía creer a Vida que lo hacía para disfrutar cada segundo de su presencia. Pero ya estaba a su lado, ya antes de que pudiera pronunciar palabra... Muerte canto:
"El telón ya bajó.
Las luces se han apagado.
Aquí detrás de la puerta solo queda cerrarla con llave,
porque siempre a cada función
le llega un final."
Vida palideció en un instante. Aquellas palabras la atravesaron una por una como lanzas de plata en su delgado pecho. Vida no quería irse, y quiso correr con todas su fuerzas para alejarse de Muerte, pero cada vez que ella volteaba la encontraba en la misma posición solemne en la que se había detenido.
Vida quería esconderse, cada latido de su pesado corazón martillaba en sus oídos y solo demostraba el miedo que sentía de que Muerte tomara su mano, pero este empeoró más cuando vio que le extendía su mano sin cambiar un atisbo de su expresión. Vida no quería tomarla, porque si aún tenía aliento significaba que aún tenía opciones, y mejor aún, tenía esperanza.
¡No¡ - Gritó Vida.- ¡No lo haré! ¡No puedes obligarme a marcharme ahora! Aún hay tanto que no he visto, tantas cosas que mi alma ha anhelado con tanto fervor que quema tanto como el calor del fuego, e incluso puede que mucho más. ¡Quiero vivir! ¡Voy a vivir! Porque no hay nada que me obligue a tomar tu mano. Yo tengo sueños aún que debo cumplir y que me apasiona tan solo la idea de poder lograr mi propósito en este mundo. ¿Qué sabrás tú Muerte? - En la voz de Vida se escuchaba tanta ira e impotencia que hasta a si mismo le indignó.- ¿Qué sabes tú que no sea el arrancar de la piel de los perdidos cada aliento que les queda? ¿Sabes hacer algo más que aterrorizar a los pequeños cuando se rebelan? Porque ambos sabemos que no haces distinción ni tienes compasión cuando debes llevarlos tomando sus pequeñas manos. Eres cruel. Y eres despiadado. Yo no voy a quedarme aquí, ¡Y no vas a llevarme ahora!.
Vida no lo notaba, pero se había postrado en el suelo mientras veía a los ojos a Muerte. Las lágrimas corrían cada vez más por sus ojos, pero no apartó la mirada mientras su invitado no deseado se acercaba cada vez más y más. Pero ¿Qué podía decirle para que cediera? ¿Había algo que Muerte deseara con todo su corazón? Aunque Vida decía que aquel ser de sombras no podía tener uno.
¿Qué quieres de mi para dejarme vivir? - Rogaba Vida mientras las sombras de la Muerte la rodeaban cada vez más, creciendo y moviéndose como neblina gris a media noche. - Dime que puedo ofrecer para que alejes tus largos dedos de mi. Por favor, dejame vivir. Déjame ir y prometeré todo lo que tú me pidas, no hay un precio bajo para lo que estoy dispuesto a hacer por conservar mi aliento.
Pero a Muerte no parecía importarle tal oferta, y puso su mano sobre su hombro mientras se arrodillaba a su lado. Vida tenía miedo que así pudiera hacerlo partir, pero ambos sabían que debía tomar su mano para ello.
Llora. -Dijo Muerte a los ojos de Vida. -Llora para que puedas hundir esa luz que tanto pregonas. Ahogala en ese mar de sollozos en el que no quieres nada, para que puedas tomar mi mano en libertad.
¿Cómo podía doler tanto sus palabras? Parecía que disfrutara de su dolor, por lo que a Vida no le quedaba duda de que lo único que deseaba la Muerte era que se rindiera voluntariamente.
Y tal vez debía hacerlo.
Porque vivir no es necesariamente bello todo el tiempo. ¿Cuántas vidas no habían anhelado el dulce y frío beso de la muerte cuando toda su luz ya se había extinguido? Si, conoce a muchas de esas. Y la suya no había sido realmente la mejor, ¿Como podría serlo cuando prefirió tantas veces el miedo a cumplir los sueños por los que le rogaba a Muerte otra oportunidad? Era patética su vida, tan patética que en retrospectiva no valía nada de lo que quería dar por ella y se avergonzaba de considerarla valiosa.
Pero si lo es. -Dijo Vida casi en un susurro.- Claro que mi vida fue valiosa. Porque el dolor y el miedo no la hacen menos válida. Claro que me equivoqué muchas veces y tropecé con la misma piedra hasta que le tuve cariño y le puse nombre. Pero, ¿No trata de eso la vida? -Y de una manera tan lenta y elegante se fue levantando hasta que no le quedó opción a Muerte que retirar su mano, y comenzó a caminar observando a su alrededor como si pudiera ver cada recuerdo que atesoraba en su corazón.- ¿Por qué no debería alegrarme de las desdichas, o atesorar cada lagrima que derrame? Porque eso era lo que me demostraba que sentía, que cada palabra que cantaba hacía eco en la eternidad. Que estaba vivo. -
Lentamente a su alrededor las sombras de la Muerte comenzaban a cambiar tan tenuemente en luces cálidas a su alrededor, que Vida podía jurar que estaba flotando en ese instante hasta que su entorno brillaba como el sol que muchas veces le dío el calor cuando lo acompañaba.
- Estoy tan agradecido por cada momento que viví, pero no significa que me rendiré aquí. Yo soy también cada bello momento que contrasta la oscuridad, soy el canto del ave que avecina cada mañana, soy el rocío del mar que acaricia mi piel, y soy cada cambio en la estación de los jardines que abastecen de flores a las ramas desnudas.
Yo Soy Vida.
Y no voy a negar que delante de mí tengo a la Muerte misma, pero se que no significas nada porque no te tengo miedo. Yo puedo cambiar mi suerte, así como cada decisión que he tomado y que me llevó hasta aquí, y sobre todo encontraré un camino para levantarme una vez más. Porque mientras las sombras aún existan, siempre habrá una luz que podrá atenuarlas, por más oscuras que sean. Porque...
¡Ya basta!. - Clamo Muerte antes de que terminara su frase, antes de que su lengua soltara sus últimas palabras: "... quiero vivir". Y al calor de su grito las sombras volvieron a surgir y devoraron tan rápidamente la luz de Vida que aquella quedó atónita cuando regresaron a Muerte.
- Ya basta, por favor. -Vida miro a Muerte postrada en el suelo como hace unos momentos estaba ella, mientras la nada era la única compañía que se interponía entre ambos.- Yo no soy tu enemigo, ni siquiera soy la maldad que pregonas. ¿Lo puedes ver ahora? ¿Puedes comprender la desdicha que causa a tu corazón esta esperanza vacía que te auto impones? Ya no hay más para ti. Todo lo que has vivido es todo lo que hubo, y ahora está mi mano esperando que descanses. Cada momento que retrasas solo es malo para ti, porque yo tampoco quiero ver apagada tu luz.
Y por primera vez, Vida vio de la misma manera que Muerte la había visto desde su llegada. Con compasión. Y entendió que no solo era su propio dolor.
Vida no lo hizo consciente, pero ya había pronunciado sus últimas palabras cuando se acercó lentamente a Muerte. Y sin ningún aviso, sorprendió a Muerte cuando al fin tomó su mano.
Y Vida escuchó tristeza cuando Muerte volvió a cantar:
"El telón ya bajó.
Las luces se han apagado.
Aquí detrás de la puerta solo queda cerrarla con llave,
porque siempre a cada función
le llega un final."