Prólogo
Malekith
El sabor de la sangre en mi boca es lo único que me recuerda que sigo vivo. Escupo sobre el pavimento de este callejón de mierda mientras Thayer me observa desde las sombras, con las manos en los bolsillos de su abrigo de cachemira de mil dólares. Se supone que somos amigos. Se supone que somos el maldito futuro de la NHL, los chicos dorados de Lowell. Pero aquí estamos, negociando mi dignidad por un fajo de billetes arrugados.
—Te estás volviendo lento, Mal —dice Thayer con esa voz calmada que me dan ganas de romperle los dientes—. El entrenador no estará feliz si llegas al entrenamiento de mañana con ese ojo hinchado.
—Al entrenador le importa un carajo mientras anote goles, Thayer —respondo limpiándome la cara con la camiseta—. Además, tiene cosas más importantes de qué preocuparse. Dicen que su hija llega esta noche.
Thayer se tensa. Lo noto en la forma en que sus hombros se cuadran. Él siempre ha querido lo que yo tengo, y yo siempre he odiado lo que él representa. Pero lo que ninguno de los dos sabe es que la “Princesa de Hielo” que está por aterrizar en este infierno no viene a buscar refugio. Viene a quemarlo todo. Y yo estoy más que dispuesto a darle el fósforo.