Si la vida no fuera tan calurosa
— ¿Y si te quedas conmigo para mirar las estrellas?
— No lo se, tal vez no sea la mejor compañía
— Pues para mi siempre serás lo mejor del mundo...mi adorada nebulosa
En aquel verano del 2017 las cigarras se escuchaban cantar en los prados, el calor hacía ondular el aire de forma notoria con el cielo extendido en toda su amplitud. La antigua radio estaba sintonizada en la estación favorita de Mateo.
Debajo de la terraza estaba Julián con un abanico improvisado para refrescarse y Mateo en cambio bebía un refresco.
Ambos en silencio sentados en mecedoras.
Era cómodo estar así con el sonido de la música de fondo; el bochorno de las 3 de la tarde era agotador y el sudor lo empeoraba todo. No obstante, estar con Mateo le hacía llevadero el verano.
—¡Me estoy asando! ¡Y este abanico no sirve para nada! —Julián se quejó molesto y comenzó a abanicarse con desesperación.
—Creo que voy a tomar otra lata —comentó luego de limpiar el sudor de su frente, la sensación pegajosa en su piel lo incomodaba más que el propio calor.
—Pásame uno a mí también —murmuró Julián con voz de fastidio.
Se quejó por lo bajo y luego sacó una de la diminuta hielera que traía consigo.
—¿Y qué pasó con tu ventilador? —preguntó Mateo girando a ver a su amigo con una expresión plana.
—Se daño… otra vez —Julián puso los ojos en blanco y tomó un trago de su bebida; el líquido helado recorrió su garganta caliente haciéndole soltar un suspiro de alivio—.
—¿Por qué no lo tiras de una vez?
—¡No seas malo! ¡Hay que darle una oportunidad! —protestó Julián con voz exagerada como si de verdad lo hubieran ofendido—.
—Esa cosa se daña cada semana, ten dignidad y consigue uno nuevo, no te voy a prestar el mío.
—¡Aún sirve! —comentó Julián indignado.
—Dramático. —Mateo hizo una mueca de fastidio y apretó la lata vacía.
—Odioso. —Julián entrecerró los ojos mirando fijamente a Mateo y deletreó la palabra—.
Permanecieron un instante largo y luego se echaron a reír a carcajadas; ambos se dieron cuenta que discutieron por algo tan ridículo como un ventilador viejo. Mateo se agarraba el estómago mientras reía, y aunque trataba de hablar no podía evitar reír aún más al ver a Julián con lágrimas en los ojos, lágrimas de felicidad mientras se retorcía en su mecedora, eran amigos desde hace diez años y ese tipo de peleas era normal, nunca llegaban a algo serio.
Después de terminar su bebida Julián extendió la mano para agarrar otro de la hielera. Sin embargo, en ese momento Mateo hizo lo mismo así que fue inevitable el roce de ambas manos.
Un roce delicado que permitió a Mateo sentir el calor corporal de Julián que contrastaba con el frío húmedo de la lata.
Por un momento el mundo se apagó para ambos. El primero en quitar la mano con rapidez fue Mateo que rió un tanto nervioso y miró hacia cualquier otro lado.
—Parece que las bebidas se van a acabar, voy a la tienda —murmuró Julian dejando solo a Mateo.
Mateo asintió.
Pero guardó silencio.