Ecos de la muralla cap 2

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Summary

La muralla de ecos se alza, pero las balas desgarran más fe que cuerpos. Sun, un humano que ve la verdad detrás del muro, pregunta por qué todo sucede. The Broken revela que una bomba fue lanzada al sol – pero el brillante atardecer es una mentira, la bomba solo emite luz. Los ecos se apagan uno a uno, pero dejan atrás una muralla invisible e indestructible. Nace un nuevo eco, temido no por su poder, sino por lo que recuerda: que cualquier disparo futuro solo destruirá fe y respeto.

Genre
Poetry
Author
Flores
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Ecos de la muralla cap 2

Los ecos de la muralla

La bomba falsa dejarán a todos en silencio

---antes del silencio todos escuchaban años ecos

Parte 2

La muralla se alzó cuando The Broken dio un paso al frente.

No era de acero.

No era de concreto.

Era de ecos.

Las balas no se detenían.

Atravesaban la muralla.

Atravesaban ecos.

Atravesaban humanos.

No desgarraban cuerpos.

Desgarraban fe.

—Las balas rompen la fe —dijo The Broken.

Cada disparo dejaba cuerpos en pie

y voluntades vacías.

Entre los humanos había uno que no veía la muralla.

No podía verla.

Su nombre era Sun.

Él no vio un muro.

Vio ecos.

Uno al lado del otro, de pie, soportándolo todo.

Sun sabía algo.

Miró a The Broken y preguntó:

—¿Por qué?

The Broken no respondió de inmediato.

Miró el cielo.

—Ya es tarde —dijo—.

Una bomba fue lanzada a todo el mundo,

incluido el sol.

Mira el atardecer…

antes de que no esté.

Y todos miraron.

Fue hermoso.

Pero era mentira.

Todos habían sido engañados.

El atardecer se hizo más brillante que nunca,la bomba solo emano luz y el atardecer se vio más lindo

The broken dijo que el atardecer era así hasta que ellos aparecieron pero no le tuvieron rencor solo quisieron ver este atardecer con ellos desdes que llegaron

La bomba no destruyó el mundo.

No destruyó el sol.

Era falsa.

Los ecos comenzaron a apagarse.

Uno a uno.

No cayeron.

No gritaron.

Se apagaron.

La muralla se derrumbó

porque ya no tenía nada más que hacer.

Pero antes de irse,

los ecos hicieron lo último que debían hacer.

Se colocaron uno al lado del otro.

No como defensa.

Como marca.

Una marca de lo que los humanos habían hecho.

De lo que habían sido.

De lo que aún podían ser.

Y así nació una muralla nueva.

No física.

No visible.

Una muralla que nunca existió

y aun así

sigue en pie.

Una muralla que no se rompería jamás.

Porque no estaba hecha para detener balas.

Entonces nació un nuevo eco.

Los humanos le temían.

No por lo que era,

sino por lo que recordaba.

Y se dijo que,

si alguna vez volvía a aparecer,

las balas ya no desgarrarían cuerpos.

Solo desgarrarían

la fe

y el respeto

de quien se atreviera a disparar después de todo eso.

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