La Locura

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Summary

Esta obra dramática retrata la decadencia terminal de una familia noble que ha perdido toda su fortuna y se refugia en la alienación mental. El protagonista, Don Gonzalo, sostiene una falsa realidad de opulencia y negocios en Génova, mientras su hija Inés intenta desesperadamente mantener la cordura en una casa devorada por la miseria. Acompañados por Cosme, un criado cínico que resalta la crudeza del hambre, los personajes enfrentan el embargo final de sus últimas pertenencias por parte de un tasador impasible. El conflicto culmina cuando la fantasía de un tesoro inexistente colapsa, obligándolos al destierro total hacia una libertad que solo existe en el delirio del padre. La narrativa utiliza el simbolismo del vacío para explorar cómo el orgullo y la desesperanza pueden fragmentar la identidad humana frente a la pérdida. LUGAR: Una estancia de techos altos, otrora noble, ahora devorada por la humedad y la penumbra. Hay un espejo grande con el azogue podrido en el centro. Una silla de anea coja. PERSONAJES: DON GONZALO (60s): Viste una casaca raída pero abotonada con precisión militar. INÉS (30s): De rodillas en el suelo, con un trapo gris. Friega una baldosa obsesivamente. COSME (Indefinido): Sentado sobre un baúl cerrado, juega con una cuerda llena de nudos.

Status
Complete
Chapters
6
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5.0 1 review
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16+

El Cuadro

DON GONZALO

(Sin moverse, voz baja, para el espejo)

Firmé la letra ayer... ¿O fue mañana?

El tiempo es una deuda que no vence.

(Se ajusta un puño deshilachado)

Vendrán por mí. Es lógico que empiecen

por el honor... y acaben por la lana.


INÉS

(Sin dejar de fregar, jadeando levemente)

Aquí no viene nadie.

Solo el polvo.

El polvo sí que entra, don Gonzalo,

se mete en la garganta... es como un palo

que te impide gritar.

(Frota con violencia)

¡Maldita mancha!


COSME

(Mirando la cuerda, tono burlón y arrastrado)

Si la mancha es de sombra, no se quita.

Si es de sangre... tampoco.

¿Qué más da?

Estamos quietos, pero el mundo grita.

(Ríe por lo bajo)

Girando va la noria del maniaco:

tú friegas, él espera... yo me flaco.


DON GONZALO

(Gira brusco hacia Cosme, rompiendo la inmovilidad)

¡Silencio, necio! ¿Oís?

(Pausa. Tensa el cuello)

Un carruaje.

Son ruedas en la grava... son los socios.

Traen los libros, las cuentas, los negocios...

Inés, el vino. ¡Rápido el encaje!


(INÉS se detiene un instante. Su cuerpo se tensa en un arco de dolor contenido. No se levanta. Mira el trapo sucio.)



INÉS

No hay vino, señor. Ni hay grava fuera.

Solo hay ortigas altas... y la espera.

(Vuelve a fregar, más lento)

Y esta baldosa fría que me mira.


COSME

(Se pone la soga al cuello como una corbata)

El vino se bebió en la otra vida,

cuando la carne estaba bien cocida.

Ahora...

(Se señala el estómago)

...el hambre es el reloj que nunca miente.

¿Oís el carruaje? Es vuestra mente

que cruje como un mueble apolillado.


DON GONZALO

(Vuelve al espejo, temblando. Subtexto: Sabe que miente, pero la mentira es su único refugio)

Me tienen envidia. Eso es. Envidia pura.

Willy... digo, Lope... no, Gonzalo.

Yo soy quien soy. La firma es escritura.

(Se toca la sien, confuso)

¿Por qué está el cuarto lleno de murmullos?

Parecen hijos... no, parecen puyas.




INÉS

(Murmura, casi cantando una nana lúgubre)

Duérmase la razón, que viene el coco...

A comerse la luz, poco a poco.


COSME

(Se levanta del baúl. Cojea exageradamente hacia Gonzalo, invadiendo su espacio vital)

Señor, si vienen hoy los acreedores,

¿les pago con mis nudos? ¿Con sudores?

¿O les doy a Inés para que friegue

sus almas negras antes de que llegue

la hora de cerrar el ataúd?


DON GONZALO

(Retrocede, chocando con la silla coja. La silla cae. Nadie la levanta)

¡No me toques, bufón! Estoy pensando.

Hay una estrategia... una salida.

(Mira la silla caída. Se queda paralizado viéndola)

¿Quién derribó mi trono? ¿Quién conspira?


INÉS

(Deja el trapo. Mira sus manos rojas)

Fue el aire, don Gonzalo. Siempre el aire.

Que pesa más que el plomo en esta casa.


(Corte a negro súbito mientras el sonido del fregado vuelve a empezar en la oscuridad)


(La escena no ha cambiado, solo se ha espesado el aire. La SILLA sigue volcada, como un animal muerto, obstaculizando el paso. DON GONZALO, con los ojos inyectados en una esperanza febril, mira hacia el foro, congelado en medio de un gesto de bienvenida a la nada. INÉS, arrodillada, retuerce el TRAPO sucio sobre las losas, aunque ya no hay agua, solo fricción seca. COSME, sentado sobre el BAÚL cerrado, juega con el cabo de la CUERDA que le cuelga del cuello, haciéndola girar como un péndulo hipnótico.)


DON GONZALO

(Susurrando, vibrante)

¿No oís los cascabeles?

Ya frenan las berlinas en la entrada.

¡Inés, la limonada!

¡Que vean que hay posibles, que hay laureles!


COSME

(Sin dejar de girar la cuerda)

Ni hay limón, ni hay azúcar, ni hay berlinas.

Solo el viento que rasca las encinas

y un perro que agoniza en el tejado.


INÉS

(Frotando el suelo con furia neurótica)

La mancha no se va... Se ha incrustado

el lodo en la memoria de la piedra.


DON GONZALO

(Girándose bruscamente hacia Cosme)

¡Callad, bufón de estopa!

Si callas, te daré mi mejor ropa

cuando firmen el trato los ingleses.

(Se mira las manos temblorosas)

Falta el detalle... el toque de nobleza.

Algo que grite "honor" y "fortaleza".


(Don Gonzalo, ignorando la SILLA volcada, tropieza con ella, casi cayendo. Se recupera con una dignidad grotesca y se abalanza hacia el rincón en penumbra, detrás del BAÚL donde está sentado Cosme. Cosme levanta las piernas perezosamente para dejarle pasar, sin bajarse de la tapa.)


COSME

Cuidado con las ratas, mi señor,

que tienen más linaje y más valor

que nosotros tres juntos.


DON GONZALO

(Revolviendo en la oscuridad tras el baúl)

Estaba aquí... lo sé... junto al legajo.

¡Inés! ¡Deja ese trapo del carajo!

¡Alumbra aquí!


INÉS

(Sin levantar la vista, autómata)

Si dejo de frotar, entra la muerte.

El polvo es el ejército más fuerte.


(Don Gonzalo forcejea con algo pesado en la penumbra. Se oye el rasgido de una tela vieja y el golpe de madera contra madera. Emerge, jadeante, arrastrando un marco rectangular cubierto de telarañas y moho. Lo abraza contra su pecho como si fuera un escudo.)


DON GONZALO

¡Aquí está el salvoconducto!

Mirad esta figura, este producto

del genio toledano.

(Gira el cuadro hacia ellos con violencia teatral)

¡Un Greco! ¡Un Greco puro entre las manos!


(El cuadro es una mancha oscura, casi negra. Apenas se distingue una figura alargada, espectral, con una mano deforme sobre el pecho. La luz sucia del foco arranca destellos al barniz cuarteado.)


COSME

(Inclinando la cabeza, irónico)

¿Ese señor tan largo y amarillo?

Parece que ha tragado un cuchillo

o que le aprieta, como a mí, la soga.


DON GONZALO

¡Es el Caballero de la Mano al Pecho!

O un primo suyo... es el mismo derecho.

Lo empeñaré por mil, o dos mil duros.

Cuando lo vean, esos socios oscuros,

sabrán que soy un hombre de cultura.


INÉS

(Detiene el trapo un instante. Mira el cuadro con terror)

Tiene tus ojos, padre.

Tiene la misma hambre y la locura.

Está pidiendo pan, no tiene cura.


DON GONZALO

(Acaricia la tela podrida)

Es mística, mujer, es ascetismo.

Es el alma que escapa del abismo.

(A Cosme)

Ayúdame a colgarlo.

Que tape la grieta de la pared norte.

¡Que tenga un regio porte!


COSME

(Se baja del baúl. La cuerda se tensa en su cuello)

Para colgarlo hace falta una puntilla,

y aquí solo tenemos, señor mío,

hambre, soberbia y frío.

Y esta silla que sigue de rodillas.


(Cosme señala la SILLA volcada con el pie. Don Gonzalo sostiene el cuadro en alto, buscando un clavo imaginario en el aire, mientras sus brazos empiezan a temblar por el peso y la debilidad.)


DON GONZALO

Lo sostendré yo mismo si hace falta.

Seré el caballete de mi propia honra.

¡Que entren ya! ¡Que vean que no hay deshonra

en vender el pasado si es de oro!


INÉS

(Vuelve a frotar frenéticamente)

Ya cruje la madera...

No viene nadie, padre. Nadie espera.


DON GONZALO

(Gritando al vacío, con el cuadro en alto como un arma)

¡Es un Greco, malditos! ¡Es eterno!


(El peso del cuadro vence a Gonzalo, que se tambalea, pero no lo suelta. Queda congelado en una postura torcida, imitando involuntariamente la figura deforme de la pintura. Cosme ríe por lo bajo, un sonido seco.)