Tren
Hoy me subí en el tren, nunca pensé que ahí iba a ser donde nos volveríamos a encontrar. Entraste en el vagón que no era, y apareciste por la puerta del mío, el mismo, era como si el destino no quisiera que me olvidara de tu cara, las mismas ojeras, la misma mirada triste, aunque nunca más triste que la mía.
Me fijé en tu pelo, seguía negro pero estaba más largo y despeinado, tus ojos se veían más rojos y llevabas ropa linda. Me quedé mirándote fijamente, analizando cada parte de ti para poder llevarla en mi memoria durante todo el tiempo que no nos volveremos a ver.
Te miraba fijamente, casi rogándote por dentro que bajases la mirada y te dieras cuenta de que estaba ahí, contigo, juntos de nuevo en ese vagón de tren, si me miraras sólo un segundo me lo tomaría como una señal y podríamos empezar de nuevo, pensé. Mirabas a todos lados buscando tu asiento, y mientras yo te miraba sabiendo que en el fondo te seguía queriendo, tú nunca me llegaste a ver. Tus ojos grandes y perdidos que tantas veces me habían hecho sonreír se fijaron en todos lados menos en mí, me entraron ganas de llorar, ojalá fueran por verte pero fue porque tus ojos nunca me miraron, y me di cuenta de que todo este tiempo en era yo la única que te miraba a ti.