El Sueño...
Cada vez son más lejanos esos días, aquellos donde la inocencia y la curiosidad hacían creer que todo era posible
Los sueños, la motivación que me hacía seguir adelante, la meta de ser...
El mejor
Pero después de tanto, siempre me hago esa misma pregunta
¿Se puede seguir persiguiendo un sueño cuando has dado todo por él... Y aún así nunca pudiste alcanzarlo?
Kyoto Racecourse - 11:00 am
Eufóricos gritos resonaban entre los edificios, todo el pueblo parecía paralizado, pendiente de un evento de enorme magnitud en el país del sol naciente, una carrera de las famosas Umamusume. Miles de voces se alzaban al unísono, coreando los nombres de las favoritas, animando las apuestas, contagiados por la emoción pura de la recta final. Las umas corrían con todo lo que tenían, sus siluetas alargándose hacia la meta bajo una lluvia de flashes y el aliento del público. Era un espectáculo rotundo, capaz de estremecer hasta el alma de quienes presenciaban la carrera en el hipódromo.
—¡Y llegamos a la recta final de esta emocionante carrera! —la voz de la narradora retumbaba por los altavoces y las pantallas gigantes del estadio—. La número 13 mantiene su posición al frente, resistiendo la presión de la número 5, que no deja de luchar por el liderato ni un segundo. ¡Qué duelo tan reñido por el primer puesto!
Entre la multitud, un hombre mira la carrera con una libreta en mano, de apariencia vieja y gasta, la caratula casi sin color da señales de los años que tiene, pese a ese detalle, aquella persona escribía las primeras páginas, la mayoría de hojas estaban vacías, las pocas que habían escritas, estaban repletos de borrones, palabras tachadas, sin algún sentido en específico, pero el hombre sigue escribiendo, analizando cada detalle de la carrera que estaba a punto de cambiar.
—¡Oh! ¡Qué está pasando detrás, la número 8 intenta recuperar terreno con un acelerón impresionante, mientras la número 3 no se queda atrás, buscando su oportunidad para adelantar en estos últimos metros!
Los gritos aumentan su intensidad, los reflejos del hombre para presenciar la carrera hace que cierre levemente la libreta con su nombre, Takumi Aoyama, dedicación: Trainer Licenciado, edad: 28 años. El entrenador toma completa atención en la pista, donde su expresión, una mirada fija hacia una de las uma, le da la certeza de que su plan va a funcionar.
—¡Pero esperen! —exclamó con entusiasmo—. La número 10, hasta ahora relegada a los últimos puestos, empieza a avanzar con una fuerza que nadie esperaba. ¡Es una demostración de esfuerzo único, un impulso increíble! ¡Parece que quiere reclamar su lugar como la ganadora de esta carrera!
Entre sus apuntes, resaltaban las palabras End Closer. Takumi apoyó las manos sobre la baranda del palco, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza desbocada. El sudor recorría su frente y un tic nervioso hacía temblar su pierna, cada fibra de su cuerpo estaba en alerta, temiendo que aquel error habitual surgiera en el peor momento posible... Y entonces, ocurrió.
—¡Cuidado, cuidado! —la narradora agitaba su voz, reflejando la tensión—. Esa zancada tan arriesgada podría costarle caro. ¡No, no puede ser!
Los ojos de Takumi siguieron la escena con una mezcla de horror y análisis frío. La Uma que entrenaba perdió el equilibrio al acelerar, su pierna no resistió, y la inercia la hizo caer, raspando la rodilla contra el césped mientras las demás corredoras la adelantaban sin piedad. Takumi tembló, impotente, buscando desesperadamente algún indicio de solución en su libreta, pero las páginas no ofrecían respuestas. A su alrededor, los gritos del público cambiaron de tono, la euforia se transformó en decepción, y cada voz se clavaba en su pecho como un cuchillo afilado.
¡La número 10 tropieza...! ¡Cae hacia el último lugar en un giro repentino que cambia por completo el final de la competencia! — Gritó sorprendida la narradora, sin poder creer lo que vio.
La número 10 lucha por incorporarse, una mancha de sangre se extiende por su pierna, pero no se detiene. Cada zancada le duele, cada paso parece pesar el doble, y aún así, sigue adelante con un esfuerzo sobrehumano. Sin embargo, la realidad es cruel, mientras más se esfuerza, más cerca está de enfrentar lo inevitable.
— ¡El público está enloquecido, la corredora número 10 se levanta, pero la gravedad de su herida es tal que no es capaz de acelerar nuevamente! — Continuó narrando mientras todas las umas cruzaban la meta
El silencio duró apenas un instante, un suspiro en el aire, antes de que el estadio estallara en gritos y aplausos celebrando a las ganadoras. Las pantallas gigantes mostraban la lista definitiva. Takumi la miró con el corazón en la mano, conteniendo la respiración.
Último lugar
La libreta se le resbaló de las manos. Sus dedos temblaban, no por el frío ni por el agotamiento, sino por la familiar sensación del fracaso absoluto, ese vacío que lo consumía cada vez que sus planes colapsaban. Era como si todo su esfuerzo, toda esa dedicación, se desvaneciera en un instante, dejándolo solo frente a la cruda realidad.
¡Llegaron, llegaron! ¡La número 8 es la ganadora de esta carrera, desde atrás, en perfil bajo logró arrebatar la victoria al último segundo en una demostración de esfuerzo inigualable!
El silencio en la mente del joven entrenador nublaba la celebración que estallaba en las gradas, estaba sumergido en su propio mundo. Takumi vio cómo la número 10 finalmente cruzaba la línea de meta, sus ojos llenos de lágrimas. Con un gesto de frustración, se quitó la banda de la frente, limpió la sangre de su rodilla y la lanzó con furia al suelo antes de alejarse. Ante todos, la desesperación de la corredora solo sirvió para intensificar el desprecio del público, que parecía concentrar toda su ira en una sola persona.
—¿¡Eso es todo!? ¡Maldita sea, había apostado un buen dinero por la número 10, ahora quién me devolverá mi inversión por ese estúpido error! — Gritó un hombre entre el público, quien contagia esa misma frustración a otro cercano, la furia crece, mientras la ilusión se apaga — ¡Qué desperdicio de dinero, ese entrenador es un inútil para hacer que esa corredora se arriesgue de esa manera!
Solo los gritos fueron capaces de hacer despertar a Takumi, quien los oye en silencio, los abucheos que iban dirigidos solo a él. Esas palabras que resuenan en su mente. No eran nuevas. Las había escuchado antes. Tantas veces que se volvieron rutina, pero que aún así lastiman su corazón, cada carrera dolía igual, como si fuera la primera... O la última.
Cada una ha luchado hasta el último segundo, y esta caída seguramente será recordada por mucho tiempo. — Dijo la narradora calmando los reclamos de la afición afición — ¡Qué momento tan impactante, la decepción del público es evidente, pero no podemos dejar de felicitar a la ganadora de esta cardíaca carrera!
Entre los aplausos y reconocimiento que eran dirigidos a otras personas, Takumi se hizo esa pregunta sin darse cuenta, mientras el rugido del estadio lo envolvía como una marea violenta. Se puede perseguir ese sueño, pese a no haber logrado nada después de tantos sacrificios. El simple hecho de preguntarlo hace que suelte el lapicero con el que escribía y se vaya sin decir ni una sola palabra.
Bajó de las gradas casi sin pensarlo, y la vio allí, encorvada contra la pared, la respiración agitada, el sudor y las lágrimas mezclándose sobre su rostro. Takumi quiso decir algo, cualquier cos, una disculpa, una explicación, incluso una promesa, pero las palabras se negaron a salir. Fue ella quien, al verlo, se adelantó y dejó que su corazón hablara primero, mostrando sin filtros toda la frustración y el dolor que sentía.
—No me hables —dijo ella, apartándose de golpe. Sus ojos no solo tenían lágrimas. Tenían una rabia intensa, un odio hacia el que cree, único responsable de este desastroso resultado. —Tu estúpido plan fue un fracaso —continuó—. Creí en ti, en lo que me dijiste, aunque tus órdenes siempre fueron tontas, te seguí... Y solo me hiciste quedar en ridículo.
Se inclinó hacia él y, con un empuje decidido del hombro al pasar, lo obligó a dar un paso atrás, marcando con firmeza la distancia entre ambos.
—No quiero volver a verte nunca más. Renuncia, es lo mejor que puedes hacer ahora. — Y se fue sin mirar atrás.
Takumi se quedó solo en medio del pasillo. Las luces eran demasiado brillantes. Las risas del público, demasiado lejanas y crueles desde su perspectiva. Apretó la libreta contra su pecho. Todas esas páginas vacías. Todos esos sueños escritos con la misma tinta. Todos los mismos finales.
Tal vez tenía razón, era lo mejor que podía hacer, no estaba seguro que todavía, sentir esa libreta tan cerca suyo hace recordar la razón de porqué está ahí.
Tokio - 4:32 pm
Una silueta se aprecia caminar en una solitaria calle, es Takumi, camina hasta un viejo edificio de unos tres pisos, entre las demás casas de la zona, pasa a través de un portón y sube las escaleras donde se detiene en una puerta, saca una llave y entra a su pequeño departamento.
Cuando entra se aprecia un reducido espacio, una sala del tamaño de dos habitaciones, el apartamento se veía gastado, desordenado, reflejaba con crudeza su situación. Las cuentas por pagar se amontonaban sobre la mesa, y sabía que estaba a días de ser desalojado. Sin resultados, sin dinero, sin más esperanzas, dejó caer su cuerpo sobre la cama. La libreta quedó a un lado, abierta, mirándolo con páginas que alguna vez contuvieron sueños. El celular vibró en sus bolsillos, y al abrirlo, una voz resuena en la habitación.
—Takumi, de seguro ya volviste a Tokio, necesitamos hablar, ven a la academia cuanto antes, es urgente — Dijo una voz femenina y un poco infantil a través del mensaje.
Takumi no le prestó atención. Lo único que hace es sacar una caja debajo de su cama, una pequeña que resguarda unas botellas de cerveza, saca un par de las pocas que tiene y comienza a beber, mientras ve de reojo la libreta, el tiempo pasa, las botellas se acaban una por una, y Takumi cerró los ojos, dejó arrastrarse por un sueño que lo transportó años atrás, a los días más sencillos y felices donde todo comenzó.
Recordó las carreras de umas en su pueblo, en aquella pista de tierra donde cada mes se reunían todos para animar a las corredoras. Era pequeño cuando vio por primera vez esta clase de eventos, su madre estaba a su lado entre las gradas, sonriendo al verlo tan entusiasmado, preguntándole curiosa por ese brillo en sus ojos.
—Te gustan mucho las carreras, ¿verdad, Takumi?
Aquel niño que fue alguna vez asintió con inocencia, una sonrisa pura que no conocía el peso del fracaso. En ese instante, recibió una libreta, idéntica a la que ahora descansaba a su lado. Una voz, suave pero firme, le susurró.
—Esfuérzate mucho. Que la pasión que sientes hoy se transforme en algo bello mañana. Da todo de ti, lucha para triunfar con las personas que vayas a conocer, para juntos... Cumplir sus sueños
Con esas pequeñas manos sostuvo la libreta con entusiasmo, y sus ojos se clavaron en la corredora que lideraba la pista. Rió con alegría al ver cómo cruzaba la meta, celebrando un triunfo que sentía como propio, el primero de muchas sensaciones en este largo camino que ha recurrido, pero que lamentablemente no ha dado frutos, hasta ahora.
Un parpadeo lo devolvió al presente. Lo primero que ve es esa misma libreta en la mesa de al lado, estaba sucia, desgastada por los años y el uso, testigo de tantos intentos y desilusiones. La habitación estaba en penumbra, la noche había caído sin que él lo notara. Las llamadas perdidas en el celular, todas de ese mismo contacto, lo obligaron a reaccionar. Tomó la libreta, se incorporó y, con un suspiro que mezclaba resignación y determinación, salió hacia la academia donde fue citado.
Takumi avanzaba por la calle hacia la academia, con la libreta bajo el brazo, dentro del maletín que lleva consigo, la mente aún fijada en esos recuerdos que tuvo se mantiene pensativo con la decisión que tomó, no había marcha atrás. Al llegar a la institución, pasa por la entrada, y al doblar la esquina, notó movimiento en la pista de entrenamiento, alguien estaba corriendo, o más bien, intentando. Takumi escucha zancadas en la tierra, un sonido que le llama tanto su atención que se acerca, cuando lo hace, Una uma sale disparada de repente, cayendo justo en el camino por donde él pasaba.
—¡Ah! Lo siento mucho... —se disculpó ella, levantándose torpemente, con la respiración entrecortada.
Takumi se le quedó viendo unos instantes, y vio algo que hizo que su corazón se tensara, un hilo de sangre manchaba su pierna. El simple hecho de verlo hace que saque entre sus cosas, un pequeño estuche con curas y desinfectante. Se arrodilló delante de la uma, y con manos firmes pero cuidadosas, limpió la herida y la vendó. Por primera vez en el día, esa curiosidad, hace que hable en voz baja, palabras puntuales, pero que denotan el motivo de su enorme curiosidad
—Otras umas ya deberían estar cenando a esta hora... —comentó mientras la trataba—. ¿No te sientes cansada de tanto entrenar?
—No... Solo... practico un poco más —respondió ella, con los ojos brillando de emoción y un gesto de leve dolor por la herida—. La directora tenía una sorpresa para mí. Me lo dijo hace unas horas y desde ese entonces estoy corriendo unas vueltas.
Takumi ladeó la cabeza con un dejo de sarcasmo, soltó una pequeña sonrisa, minúscula, que le había robado la inocencia de esa pequeña, sin pensarlo ni un segundo, el buen ánimo de la uma lo motivó a ser un poco más expresivo, pese al día que tuvo.
—Ah, sí... también tengo una sorpresa de parte de ella, aunque no creo que me agrade.
Terminó de curarla y se apartó, deseando que no se lastimara más de lo necesario. La uma lo observó unos segundos, fija en su figura. Fue entonces cuando notó algo, la libreta de Takumi había caído al suelo mientras él la curaba. Con una enorme determinación, corrió hacia él, pero el dolor en su pierna le impedía alcanzarlo a tiempo. Sus pasos se quedaban cortos, y solo pudo ver cómo Takumi se alejaba, la libreta tan cerca y, al mismo tiempo, tan fuera de su alcance.
Y entró, en la amplia sala de la oficina principal, con pasos pesados, la espalda encorvada por la mezcla de frustración y cansancio. Era un lugar refinado, diferente a lo que está acostumbrado, muebles de madera, elegantes decorativos, Takumi no le interesa nada más que una silla que le daba la espalda detrás de un escritorio, donde una figura le comienza a hablar con una seriedad que no va acorde a su voz
—Takumi-san...—comenzó ella, con voz pausada—. No me sorprende que hayas llegado a esta hora. No después de lo de hoy.
—sí lo sé, no tiene que repetirlo. Directora Yayoi, solo vaya al punto —Dijo Takumi con un tono apagado.
La silla da media vuelta y se aprecia a la directora Yayoi Akikawa, que pese a su cargo, la apariencia de una niña rubia de unos 10 años no la favorece para nada en su rol, se muestra seria, dispuesta a darle una información delicada a Takumi que a estas alturas, no le importa realmente lo que hayan decidido los de arriba esta vez.
La junta directiva ha planeado retirarte de las instalaciones, despedirte de la Academia Tracen por los malos resultados que llevas arrastrando desde hace años. Hice todo lo posible para que te dieran una oportunidad... Pero no estaban muy seguros de dártela —Mencionó la directora con un tono pausado.
La expresión triste en su rostro hace ver que a diferencia de Takumi, ella estaba preocupado por lo que pudiera pasarle a uno de los trainers de su academia, más aún a uno de los más jóvenes que apenas había llegado hace unos pocos años.
—No quiero saber más de todo esto, siendo sincero, directora, la última uma que entrené tiene razón, solo deseo irme y ya. Nunca fui bueno para esto y todos los resultados hablan por sí solos.
—Bueno por unos cuantos tropiezos no vas a... — La directora trató de calmar la situación, sin embargo, fue interrumpido sin la oportunidad de continuar hablando.
—Fueron 10 con esta Uma, he estado a cargo todas esas veces de una chica y en todas he fracasado. No he llegado a ganar ni una carrera, ni siquiera de G3 —Respondió Takumi con un tono más agresivo, lleno de una culpa enorme que nubla su enfado. No es más que frustración, que se fue acumulando con el pasar de los fracasos.
Pese a la forma en la que habla, la directora se muestra pensativa, no sabía qué decir con exactitud, pues tenía razón, el historial de Takumi no lo respalda para nada y por esa razón la junta quería que sea despedido. Aunque haya sido en algún momento alguien completamente diferente.
—No puedes decirlo en serio, Takumi, hace tres años que eres parte de, como tú dices, todo esto. Llegaste aquí con 25 años, tenías esa mirada, esas intenciones de ser el mejor, de querer progresar. Tuviste un buen registro en tus estudios. ¿Por qué te sientes tan derrotado?
Takumi no respondió al instante, frunce el ceño apretando más sus puños sobre sus piernas, recordando esos primeros días, cuando llegó a Tokio a temprana edad, las noches que estuvo esforzándose para aprender, saber qué hacer en cada situación... Pero ahora, justo en esta etapa de su vida, no sabía qué hacer
—Es muy diferente, la teoría y la práctica. Solo he estado haciendo tonterías con lo que sé. No soy un entrenador. Solo tengo la licencia.
La directora con una mirada compasiva se le queda viendo uno instantes, hasta sacar una carta, Takumi al verlo niega, se pone de pie de la silla donde se sentó y retrocede.
—Por favor. Esta es la última oportunidad que puedo darte. Yo sé que no estás hablando por ti, sino por las veces que fallaste — Dijo la directora con voz baja.
—No quiero... No quiero hacer que otra uma caiga conmigo.
—Esta oportunidad es diferente, Takumi. No es como las otras. Esta vez, puedes influir de verdad en alguien... Ser la ayuda que esa persona, esa niña, tanto necesita.
Takumi la miró, tenía el ceño fruncido y la esperanza apagada. Por cómo fueron las cosas, dudaba mucho de que eso sea verdad.
—¿Quién podría necesitar la ayuda de alguien como yo? —preguntó, más por cumplir que por interés. Su herido corazón, hablaba por él.
En ese momento, la puerta se abrió lentamente. Una figura pequeña apareció, con la libreta en mano. Su expresión era de timidez, pero la sonrisa no se borraba de su rostro. Takumi la observó por un instante, era esa niña de antes, la que se lastimó enfrente suyo. Aunque esta vez era distinto, presenciar esa sonrisa con la que cruzó la puerta le resultó extrañamente familiar. Una chispa de algo que había olvidado, hacía mucho, la inocencia que alguna vez había habitado en él.
—Qué afortunada coincidencia—dijo la directora, interrumpiendo sus pensamientos—. Ella es la nueva uma que debes entrenar. La única opción que tienes.
La niña con solo escuchar parte de la conversación saltó hacia Takumi, con un entusiasmo que no ha visto en otras personas, aquellos ojos brillantes y esa sonrisa intacta, no era más que alguien especial, no porque tenga un físico superior al promedio o siquiera unas fuertes piernas, sino porque el interior... Era mucho más brillante que cualquier otro.
—¡¿Esta es la sorpresa?! —exclamó, colocándose frente a él—. ¡Si, si, si! ¡Por fin tengo un Torena-san! ¡Tenía tantas ganas de tener a alguien que me entrene! ¡Me llamo Haru Urara, es un placer conocerlo, señor!
Y en ese preciso momento la conoció, aquel nombre y la apariencia le resultan muy extraños, como su forma de ser, se trata de una uma distinta a las que conoció. Y cuando la miró, quedó paralizado. Por un instante, todo parecía posible... Sin embargo, su pecho se apretó. Con un suspiro que cargaba todo el peso de sus fracasos pasados, en una balanza que medía su sueño con la realidad... Da con la respuesta que más quiere dar en ese momento.
—Disculpa... No puedo hacerlo, no otra vez.
Haru Urara lo miró, confundida por la negativa, pero sin perder la sonrisa. Takumi supo que aquel desafío no sería solo sobre entrenar a una uma... Sería sobre recuperar algo que creía perdido para siempre. El sueño...
¿Podría ser capaz de alcanzarlo?
Uma musume: Still Runs, Haru Urara