Vi Vir Sin Ti by Fatty Sparrow at Inkitt
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Vi-vir sin ti

Summary

Hace dos años la vida perfecta de Caitlyn se fue al diablo, todo culpa de una tonta discusión, ahora ella no está y debe aprender a vivir con ello. Un one-shot de Caitlyn y Vi que literalmente se me ocurrió anoche antes de mimirme. Disclaimer: la mayoría de personajes aquí mencionados son propiedad de Riot Games, pero la historia si me pertenece.

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Vi-vir sin ti

—Por favor cupcake— suplicó la pelirosa, mientras su pareja le ataba la corbata.

—¡No Vi! ya lo hablamos, hoy es nuestra audiencia, y no voy a dejar que lo eches a perder montandonos en tu motocicleta mientras conduces como animal—

—Vamos, adoras subirte a mi moto— le habló con picardía —gracias a ella hemos  pasado grandes momentos— recordó acercando el cuerpo de Cait al suyo —¿recuerdas nuestra primera cita oficial?—

—Si— contestó dulcemente —recuerdo que paseamos por toda la ciudad y me llevaste al puerto para el anochecer...y que más tarde uno de nuestros compañeros nos puso una multa por exceso de velocidad—

—No me culpes, no se suponía que hubieran patrullas por ahí a esa hora— se escusó terriblemente.

La menor rió suavemente alizando la camisa de su esposa —Listo, si no nos vamos pronto, a lo mejor nos niegan la adopción por llegar tarde—

—Nadie le negaría algo a la gran sheriff de esta ciudad—

Caitlyn despertó en ese momento con sus ojos inundados de lágrimas, miró el reloj junto a su cama que marcaba las ocho de la mañana, luego giró y observó la plaza vacía en su cama matrimonial. Pasó su mano suavemente por la sábana pensando en cómo amaba y al mismo tiempo odiaba recordar.

—Mamá, Mamá— irrumpió en su habitación una pequeña de unos seis años, de cabello castaño ondulado y ojos celestes,que inmediatamente salto a su cama —hoy es, hoy es—

—Ya lo sé mi amor— le sonrió desordenandole el cabello —felíz cumpleaños hija—

La pequeña negó con la cabeza repetidamente —Hoy visitaremos a mamá Vi—

Las palabras de Lissa la dejaron atónita por un momento, pero sonrió suavemente y asintió.

—Si cariño y vamos con mamá Vi, asi que quiero que te metas en la ducha mientras está tu desayuno...¿panqueques de cumpleaños?—

Su hija asintió mostrando una enorme sonrisa, que aunque era técnicamente imposible, juró ver a Vi en ella.

—Muy bien— le besó la frente —pero tienes que alistarte—

Apenas la pequeña salió corriendo de la habitación, Caitlyn miró su argolla de matrimonio sintió su corazón encogerse al recordar ese día.

—Cupcake, ven conmigo un momento— pidió la pelirosa mientras caminaban en dirección a su moto —hay algo que quiero mostrarte—

La de cabello azabache la miró curiosa, desde hace un par de semanas Vi no actuaba normal, llevaba dos semanas seguidas evadiendo su noche de cita, aunque claro que esa noche le era imposible, a fin de cuentas era su quinto aniversario.

Caminaron un par de calles hasta que se toparon con un edificio recidencial, en el cual Vi se adentró con la mayor normalidad, incluso saludó al portero. Con Cait aferrada a su brazo, la pelirosa entró en el elevador y presiono el botón del penthouse.

Al abrise las puertas había un pequeña entrada con dos platas y un banco junto a la unica puerta, para sorpresa de Caitlyn, Ví sacó una llave de su chaqueta y abrió la puerta haciendo un ademán de que pasara, dentro del enorme departamento lo único que había era un montón de velas y fotos de las dos, a demás de una enorme cantidad de pétalos de rosas.

La menor miraba todo el lugar con su corazón a punto de salirse de su pecho, llevaban un tiempo viviendo juntas, pero su departamento no estaba hecho para cohabitar con alguien como Vi, cuando regresó su vista a la mayor, inmediatamente se llevó las manos a la boca al verla arrodillada y con una pequeña caja en su mano.

—Caitlyn, mi cupcake, gracias a ti no solo tuve la oportunidad de rehacer mi vida, me brindaste el apoyo y el cariño que no pude tener en ese infierno de orafanato cuando era niña, te convertiste en mi familia antes de siquiera darme cuenta de que te amaba, luego te convertiste en mi amiga, mi compañera, en el amor de mi vida, y quisiera que pasar el resto de mis días contigo, ya que desde hace mucho mi vida te pertenece, así que...Cait mi amor ¿te casarías conmigo y harías un hogar conmigo aquí?—

Entre lágrimas la azabache no pudo hacer más que asentir frenéticamente y lanzarse a los brazos de su novia.

No podía llorar, no ahora, su pequeña estaba llena de energía y ella no le amargariansu día, se secó un par de lágrimas y salió de su habitación.

Llegó a la cocina y preparó todo para el desayuno favorito de su hija, mientras preparaba el último panqueque que podía con la mezcla que hizo, sintió a su pequeña encender el televisor en la sala, como era costumbre estaba justo en el noticiero de la mañana.

—"Hoy en el segundo aniversario de la muerte de la exconvicta, y más tarde una de las oficiales de policía más famosas de la ciudad, el alcalde inaugurará la fundación Vi, para rehabilitación y reincorporación a la sociedad de los y las jóvenes que debido a sus situaciones no tuvieron más opción que recurrir al crimen"—

Un estruendo resonó desde la cocina, mientras que Caitlyn corrió hasta el baño donde se encerró, y nuevamente sintió sus lágrimas correr, solo unos segundos después, sintió como trataban de abrir la puerta.

—¡¿Mami?! ¿qué pasa?¿estás bien mami?— insistió su hija en la puerta.

—S-Si cariño estoy bien...solo me sentí un poco mal, ve a desayunar, voy a ducharme para que podamos salir ¿de acuerdo?—

—Bueno—

Y así lo hizo, abrió el agua caliente y se relajó un poco, cerro sus ojos por un instante y sintió como un por de brazos la abrazaban por la espalda.

—¿Qué pasa cupcake? te ves tensa amor—

Sus ojos se abrieron abruptamente, nuevamente un recuerdo, una mala jugada de su mente, se abrazó a si misma y se sentó en el fondo de la tina justo bajo el chorro de agua con la cabeza agachada.

—Vi, te extraño amor, no sabes cuan difícil es esto sin tí— habló entre sollozos  —¿por qué?¿por qué saliste? te dije que te deshicieras de esa maldita moto—

Luego de unos minutos, finalmente dejó su llanto y terminó de bañarse. Se vistió con unos pantalones negros ajustados, una camiseta blanca, una chaqueta que solia pertenecer a su esposa y unos botines de no mucha altura.

Al llegar a la sala, pude verla con su vestido púrpura, idéntico al que ella usaba en el trabajo, se sentó junto a ella para tomar una taza de té con su único panqueque, al cabo de cuarenta minutos, ya ambas estaban listas, su hija tenía los dientes cepillados y estaba perfectamente preparado para salir.

—Muy bien cariño ¿a dónde quieres ir?—

—Quuero ir con mamá Vi—

—Lo sé cariño, pero eso lo haremos más tarde, primero salgamos a divertirnos por tu cumpleaños—

—Mmm...quiero ir a la panadería de tía Morgana y jugar con la hija de tía Lux y la tía pelirroja—

—Bueno, vamos con tu tía Morgana, y ya veremos si puedes jugar con Sarah, pero no quieres no sé ¿ir al cine?¿a la feria?¿un parque de atracciones?—

—No, quiero comer con tía Morgana y jugar con Sarah—

Dando un leve suspiro agachó la cabeza antes de sonreír a su pequeña.

—Tu ganas, hablaré con tu tía Lux para que más tarde te veas con Sarah, ve la televisión mientras—

La azabache tomó el teléfono y llamó a casa de su amiga rubia.

—¿Hola?— sonó al otro lado de la línea.

—Hey...Lux—

—¿Cait?...hola ¿qué tal todo?¿cómo te sientes?—

—Pues...¿qué te digo?—

—¿Te sientes bien?—

—Si, eso creo...en fin, te llamaba para saber si tienen planes para salir más tarde con Sarah, Lissa dijo que quería pasar a jugar con ella—

—Seguro, Kat está trabajando en el bar, así que yo estoy con ella, ya saben que pueden venir cuando quieran, solo estamos dos pisos abajo— finalizó con una pequeña risa.

—Bien, estaremos ahí en un rato, vamos a pasar por la cafetería de Morgana...y vamos a visitar la—

—Ya veo...bueno suerte y dile a Lissa que le deseo un feliz cumpleaños—

Al colgar fue a la sala en busca de su pequeña, que alegremente movía la cabeza al ritmo de música que sonaba en su caricatura, causando le una sonrisa.

La campanita sonó al abriste la puerta del local dejando salir un aroma a pan fresco y café tostado.

—Pero miren quien está ahí—

—¡Tía Morg!— gritó la pequeña corriendo a los brazos de la mujer.

—¿Qué hacen aquí?—

—Le pregunté que quería hacer, y dijo que quería comer aquí—

—¿En serio?— miró a la pequeña, que solo sonrió de oreja a oreja asintiendo —bueno pequeña, por ser tu cumpleaños, come lo que quieras, yo invito—

—¡Siiiiii!¡gracias tía Morg!— la pequeña la abrazó fuertemente antes de salir corriendo hacia la vitrina observando todos lo bocadillos posibles.

—¿Café?—

—Té—

Una vez listas las bebidas, se sentaron en una de las mesas a beber tranquilamente, mientras Lissa deboraba varios pastelitos y dulces.

—Con calma cariño, te va a doler el estómago— le dijo acariciandole el cabello.

—Es que está muy bueno— dijo con la boca llena.

—Lissa...te he dicho que no hables con la boca llena, es de mala educación—

La pequeña trago con fuerza y agachó la cabeza —Perdón mamá—

—No te preocupes amor, pero ten cuidado— habló reconfortante.

Luego de observar toda la situación la mujer dueña del lugar finalmente habló.

—¿Sabes? recuerdo que tú y Vi tenían las misma discusiones— comentó con gracia.

—Se parece mucho a ella, en ocasiones tanto que da miedo—

—...¿cómo estás?—

—Bien—

—Recuerda con quién hablas, no me engañas, lo veo en tus ojos—

—¿Qué quieres que te diga?...me siento destrozada y vacía, pero al mismo tiempo, estoy feliz por Lissa y sé que tengo que ser fuerte por ella—

—Pero no eres sobrehumana, en estos dos años no has podido afrontar tu duelo—

—Morg...por favor...—

—Cait...bien, no diré nada, pero quiero que sepas que si necesitas algo, aquí estoy, ella también era como familia para mí—

—Gracias...y dime ¿cómo van las cosas con tu hermana?—

—Ahg...¿tú cómo crees? igual de arrogante y prepotente, Kayle llega a ser imposible—

—Ya al menos se hablaban—

Su contraria simplemente se encongió de hombros aceptando su punto —...hablando de familias difíciles ¿sabes algo de ella?—

—Desde que murió no se ha sabido nada de ella, no volvió a hacer ningún atraco, una vez me contactó, quería saber cómo había pasado...—

Vi alistaba todo para el cuarto cumpleaños de su pequeña poniendo algunos globos en la sala y decorando todo el sitio con girnaldas de colores, mientras Caitlyn terminaba de hacer el almuerzo especial para Lissa.

—Oye cupcake ¿dónde está el pastel?—

—¿Cómo que dónde está el pastel?—

—Lo estaba buscando para ponerlo en el centro de la mesa, pero no lo encuentro—

—Yo que voy a saber tu fuiste por el—

—...—

—Vi...— dijo acusatoria.

—Ok, ok, no te enfades iré por el—

—Te dije que fueras por el, hace dos horas, aún si fueras con el auto, a esta hora, tardarían al menos dos horas en volver—

—No si voy en mi moto—

—¿Aún no te deshaces de esa cosa?—

—Hey, respetala, gracias a ella nuestra vida se ha facilitado mucho—

—¿Sabes qué? no me importa cómo, te quiero aquí en menos de una hora con el pastel, o dormirás en el sofá una semana—

—Mami está en problemas— se burló su pequeña.

—Si, estoy en problemas, pero no te preocupes peque, mami traerá tu pastel—

Corriendo la pelirosa fue por sus llaves y casco, le dió un beso en la frente a su pequeña y se acercó a su esposa, pero fue detenida y apartada por un cuchillo que le apuntaba.

—No pienso besarte hasta que traigas ese pastel—

—Vale vale, pero baja eso— en un rápido movimiento la mayor le tomó el brazo y se acercó a ella deja do un beso en su mejilla, ganando una mirada asesina —¿qué? No fuiste tú quien me besó— se burló alejándose —las veo luego en un rato ¡las amo!— gritó cerrando la puerta.

Sin embargo tres horas después, Ví no llegaba.

—Mami ¿dónde está mamá Vi? quiero pastel—

—Lo sé tesoro, no sé dónde esté, pero creeme que está en muchos problemas— "Vi, voy a matarte" pensó la azabache justo antes de que su timbre sonara.

Grande fue su sorpresa al ver a tres oficiales, compañeros suyos al otro lado de la puerta.

—Sheriff, por favor venga con nosotros—

—Perdon, pero justo ahora es el cumpleaños de mi hija, y tampoco tengo con quien dejarla...—

—Sheriff— la interrumpió el oficial —...se trata de su esposa, le suplico que venga con nosotros, la oficial Miller puede quedarse con su hija—

Tras disculparse mucho con su pequeña ñ, acompañó a los dos oficiales, hasta un hospital, con solo entrar pudo ver a lo que parecía media comisaría reunida, entre ellos estaba Jayce.

—Jayce ¿qué demonios pasa?¿dónde está Vi?— dijo en tono preocupado y demandante.

Su amigo la miró con su mandíbula tensa y los ojos llenos de pesar.

—Cait, ella...falleció, lo lamento—

Juraría que en ese momento el tiempo se detuvo por un instante, luego sus pulmones olvidaron como respirar, su amigo le hablaba, pero estaba sorda, lo único en sus oídos era un fuerte pitido.

Veinte minutos, un ataque de pánico y algunos calmantes después Cait nuevamente estaba consciente.

—¿Cómo dices que pasó?— habló desde una silla en el hospital, cubierta con una manta.

—No fuí yo quien respondió al llamado, pero parece que iba en su motocicleta, cuando una camioneta la chocó, desafortunadamente quedó bajo la camioneta y esta le pasó por encima...parece que su cuello se rompió casi al instante, no creo que haya sufrido— le explicó su amigo.

Los ojos se le inundaban, su mirada estaba perdida en el suelo mientras las lágrimas caían.

—¿El conductor?—

—Está aquí, internado, tenía una contusión y perdió el conocimiento—

—Quiero verlo—

—Cait..—

—¡Quiero verlo!...por favor Jayce—

—Bien—

Luego de pasar un par pasillos, finalmente llegaron a una puerta custodiada por dos oficiales, por seguridad del sujeto, no se le permitió entrar en la habitación, pero podía observarlo desde la ventana, como sonreía, hablaba e incluso le coqueteba a la enfermera, un hombre delgado cabello largo y con una barba y bigotes completamente descuidados.

—¿Qué ha dicho?—

—...no recuerda nada desde la noche anterior— dijo con algo de frustración —el toxicológico mostró altos niveles de alcohol en la sangre, también mostró que estaba drogado al momento del accidente, ya hay oficiales investigando el vehículo—

Los puños de Cait se apretaban tan fuertemente que hirió su propia mano con sus uñas.

—Me estás diciendo...que este maldito borracho, y drogadicto de mierda, me quitó al amor de mi vida ¡¿y estaba tan metido de porquerías que nisiquera se acuerda?!—

—Cait, calma—

—¡¿Calma?! ¡LE ARREBATÓ SU MADRE A MI HIJA! ¡MATO A MÍ ESPOSA! ¡SE LLEVÓ...se llevó a Vi! Jayce, se la llevó— finalizó con voz quebrada.

Nuevamente no pudo hacer más que romper en llanto, sin embargo para su consuelo, segundos más tarde fue el mismo Jayce, quien una vez odió a Vi, que entró a la habitación directamente a leer los cargos en su contra.

—...se encuentra bajo arresto, por uso de narcóticos, conducir en estado de embriaguez, y homicidio culposo—

"Homicidio culposo" esa declaración hacía oficial su pesadilla, Vi se había ido para siempre.

—...luego de eso simplemente desapareció—

—Bueno— Morgana se levantó y se estiró —no te quito más tiempo, tengo un café que atender—

—Seguro, perdona qué te entretenga—

—No te disculpes, a demás, creo que tienes algo más importante que hacer— luego caminó hasta estar junto a la pequeña Lissa, dónde se agachó para quedar así altura —y tu pequeña ¿qué tal su te empacó esto, y vas con tu mami a visitar a Vi— la pequeña simplemente asintió frenéticamente.

Morgana comenzó su camino detrás de la barra, hasta que fue interrumpida por la voz de Caitlyn.

—Morg, dame también un cupcake de chocolate...y una velita—

Su amiga mostró una leve sonrisa melancólica —seguro—

Caitlyn dejó el auto lo más cerca posible de la entrada, tomó el ramo de flores que compró de camino y abrió la puerta trasera para que su hija bajara y comenzaron a caminar por los senderos estrechos, por un par de minutos caminaron en completo silencio, hasta que pasaron a caminar sobre el césped y la encontraron, una lápida que tenía grabado el logo de la policía, junto con una representación de sus guantes y la leyenda "Golpea primero, pregunta mientras golpeas" no sabe cuántas veces la escucho decir esa misma frase ridícula, pero siempre le hizo gracia.

—¡Hola mamá!— saludo con entusiasmo la pequeña —adivina qué...¡es mi cumpleaños! al fin tengo seis y podré entrar a la escuela y hacer muchos amigos—

—Exacto pequeña, ya pronto te toca— Cait se arrodilló, besó su mano y la puso en la lápida —...hola amor ¿puedes creerlo? ya nuestra pequeña tiene seis...quisiera la vieras, está enorme, y tiene tu misma energía, le encanta la televisión ahora, te culpo por eso, siempre estaban las dos pegadas a el...te extraña mucho, igual que yo— nuevamente sentía sus ojos húmedos —cada noche te busco en la cama, extraño verte despeinada en la mañana— soltó una pequeña risa mezclada con un sollozo —...perdón, se que fuí una idiota ese día, perdón Vi, no sabes cuánto me arrepiento de lo que dije ese día, tenía que obligarte a ir, esto es mi culpa—

—Mami no llores— se aferró a ella su pequeña —a mamá no le gustaría verte triste—

—Lissa...—

—Prometo que un día será tan fuerte como mamá, y no dejaré que mami esté triste—

—¿Qué pasa nena?— preguntó la pelirosa al ver a su pequeña con lágrimas en los ojos.

—Mi rodilla— sollozó.

—Ven aquí— la cargó y la llevo al lavabo para ponerle una curita en el pequeño raspón —ya está ¿quieres un helado? tu mami los compro ayer, y la ví esconderlos en el refrigerador— le susurró.

La pequeña asintió y fue llevada por Vi hasta la cocina donde recibió su paleta, fue entonces que se fijó en las vendas que tenía su madre en las manos.

—¿Duele mami?— miró fijamente a sus brazos.

—¿Esto?...no, antes si—

—¿Y no te ponía triste?—

—¿Triste?...no, pero te contaré un secreto, una vez me lastimé mucho mucho, y eso puso a tu mami triste ¿y sabes que hice?— la pequeña solo negó con la cabeza —me hice muy muy muy fuerte, pera no lastimarme y no poner triste a tu mami— finalizó con una enorme sonrisa mostrando sus dientes, provocándole a su hija una sonrisa igual —¿me prometes hacerte fuerte para que ni tu mami no yo estemos tristes?— la pequeña simplemente asintió mientras su madre le desordenaba el cabello.

Luego de un rato de que Lissa le contara a la tumba de su madre, todo tipo de historias de lo que pasó durante el tiempo que no había ido a visitarla.

—Adios mamá, luego verde a visitarte— se despidió la pequeña.

—Volveré pronto, lo prometo— habló en tono suave —te amo—

Varios minutos después llegaron a su edificio, Caitlyn obligó a su hija a cambiarse antes de ir a jugar con Sarah, pues sabía que terminaría arruinando su ropa.

Y finalmente bajaron nuevamente hasta llegar al piso en el que vivía Lux, apenas tocaron la puerta se escucharon pequeños y rápidos pasos acercarse a la puerta.

—¡Lissa!—

—¡Sarah!—

Ambas infantes compartieron un fuerte abrazo y entraron corriendo, seguidas por Cait a paso tranquilo que apenas vio a su amiga sentada en la barra de desayuno de la cocina.

—Hey— saludó la rubia.

—¿Ocupada?—

—Cansada— respondió bajando la cabeza —entre cuidar a Sarah, tener que calificar estos exámenes y el hecho de que en dos semanas es mi aniversario con Kat y no paro de buscarle un obsequio...duermo unas dos horas al día—

—¿Dónde está Katarina?—

—Sigue en el bar, se supone que cerrarían temprano, pero parece que llegaron con una despedida de soltera, y bueno sabes cómo son esas cosas—

—Ni creas, la mía fue tranquila, mucho, un par de tragos y bocadillos, después de todo fue mi madre quien la organizó—

—¿Y Vi?—

—Llegó medio vestida y se desmayó en la sala, tenía resaca cuando nos casamos—

—¿Medio vestida?— preguntó con gracia.

—Parece que ella y tu amada esposa se pusieron a competir acerca de quién tenía mejores tatuajes y abdomen...y perdió su camiseta—

—¡SE SUPONÍA QUE ESO ERA UN SECRETO!— se quejó la pelirroja apenas entró.

—¿Kat?—

—Hola preciosa— saludó acercandosele para plantarle un beso.

—¿Qué haces aquí?—

—Amm...¿vivo aquí?¿o es que ya no puedo venir a mi propia casa?—

—No seas idiota ¿qué pasó con el bar?¿no había una fiesta?—

—Ah eso, se lo encargué a la rubia oxigenada, es tu amigo y sabe que si algo no cuadra en las cuentas se las verá conmigo—

—¡Mamá¡— gritó la pequeña pelirroja que corría hacia la más alta.

—Hola mi niña— se agachó para alzar a su hija —¿qué tal te portaste hoy?¿le diste problema a mamá?—

La infante simplemente negó con la cabeza.

—¡Tía Kat!—

—Monstruo...¿qué haces aquí?—

—¿Cuántas veces te tengo que decir no llames así a mi hija?—

—A ella no le molesta ¿o si monstruo?— Lissa negó rápidamente con una risa —¿ves?—

—¿Te quedas a cenar Cait?—

—No, lo lamento, pero tengo una cosa que hacer, Lissa vamos, ya son las nueve—

—Mamá—

—Sabes que tienes que ir a la cama a más tardar a las diez—

—Deja que me quedé un rato más, porfa mami—

—Si tía Cait, porfa un rato y ya—

—¿Qué tal si se queda a dormir?— sugirió la rubia.

—¿No que muy cansada? sabes tan bien como yo que esas dos juntas son un tornado—

—Está bien, creo que necesitas algo de tranquilidsd esta noche—

—¡Sisisisisisisi, por favor mami, di que si!—

Soltando un pesado suspiro Cait se rindió —Si a tus tías no les molesta...—

—Grscias gracias gracias gracias—

—Bueno bueno, pero si me entero de que diste problemas, olvídate de que te doy permiso otra vez, ahora vamos, tienes que ponerte tu pijama—  con alegría su hija asintió y tomó su mano.

En cuanto abrió la puerta de casa Lissa corrió como alma que lleva el diablo a su cuarto para ponerse su pijama, empacar su animal de felpa favorito y algunos dulces que tenía escondidos, a demás de los que Morgana le regaló, excepto por uno.

Daban las diez treinta, cuando Cait cerró su libro y se metió a la ducha, al salir se puso un camisón violeta que compró par su luna de miel hace ya cinco años, se metió bajo las mantas, súplicando por que Lissa no hiciera un desastre en casa de Lux, y cerro sus ojos un momento, para recordarla.

—¿Qué demonios quieres?— espetó con rudeza.

—No es un tatuaje, es mi nombre— rodó los ojos con astío.

—¿Yo...de policía? cómo si fuera posible— se burló.

—Cait, mira pasé— habló con la misma emoción de un infante.

—Eres mi compañera, es...mi deber protejer te— respondió soltando una bocanada de sangre.

—¿En serio saldrás con ese idiota?— preguntó con repulsión a la idea

—Cupcake...si, desde ahora eres cupcake— se burló de la azabache.

—Porque...me gustas Cait— respondió bajando la cabeza por vergüenza.

—Sujetate bien— dijo alegre mientras aceleraba su moto a todo lo que daba.

—Golpea primero, pregunta mientras golpeas— habló con seguridad antes de entrar al cuarto de interrogación.

—...ah...Cait...ah..— jadeó entre las sábanas blancas sobre la menor.

—No puedo dejar que le hagas daño porque...es mi hermana— dijo con firmeza.

—Vi, de victoria— alardeó parándose en la mesa del bar.

—¡Te amo cupcake!— gritó frustrada en respuesta.

—Claro, que es enserio lo que siento por ti— continuó con la discusión.

—Es oficial— dijo bajando la última de sus cajas —...ahora vivimos juntas— comentó con su enorme sonrisa.

—Cait mi amor ¿te casarías conmigo?—

—Prometo serte fiel, en la salud y la enfermedad, más que nada en la en fermedad, ya que visito el hospital con frecuencia, y prometo hacer todo a mi alcance y más para hacerte felíz y que nunca salgas herida, aún si tengo que usar mi cuerpo como escudo para tí—

—¡Rápido cupcake! el techo de ese edificio no aguantará mucho— dijo desesperada.

—La bebé que...encontré ¿está bien?— fue interrumpida por un quejido de dolor en sus costillas vendadas.

—Oye cupcake ¿y si adoptamos a esa pequeña?— comentó de la nada, acariciando la espalda desnuda de su esposa.

—Bienvenida a casa pequeña—

—Maldición— dijo con la caja de paletas bajo el brazo y la puerta del refrigerador en la mano —...¡corre Lissa! antes de que mami nos atrape—

—Ustedes son los amores de mi vida— dijo abrazándolas fuertemente en el sofá.

—Feliz cumpleaños número cuatro mi niña— abrazó con fuerza a la pequeña.

—Si, mami está en problemas—

—Las veo en un rato ¡las amo!—

Entonces su reloj sonó, eran las doce oficialmente el día había terminado, se levantó de la cama y fue a la cocina por un momento, regresó con el cupcake de chocolate y la pequeña vela, que encendió y puso junto a una fotografía en primer plano de cuando Ví era algo más jóven.

—Oficialmente es el día— le habló a la fotografía —...feliz aniversario mi amor— dijo con los ojos llenos de lágrimas —...te extraño, aún no aprendo a vivir sin ti— sorbió fuertemente con su nariz —y espero jamás hacerlo—

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