Capitulo 1
Percy Jackson y Thalia Grace, ambos con 18 años, habían sido enviados en una misión crítica por el Campamento Mestizo. El oráculo había profetizado que un antiguo artefacto perdido en las ruinas de un templo griego olvidado podría desatar el caos si caía en manos equivocadas. Percy, con su espada Contracorriente en la mano, y Thalia, armada con su arco y su escudo Aegis, se adentraron en las profundidades de una cueva oculta en las montañas de Grecia. El aire era espeso, cargado de humedad y un extraño aroma floral que ninguno de los dos podía identificar.
La tensión entre ellos siempre había estado presente. Desde que se conocieron años atrás, había una chispa innegable: Percy con su humor sarcástico y su lealtad inquebrantable, Thalia con su fiereza y su independencia como hija de Zeus. Pero ahora, como adultos jóvenes, esa tensión se había transformado en algo más profundo, algo que ninguno admitía. Durante la misión, habían discutido acaloradamente sobre la ruta a seguir. Percy insistía en un camino directo, mientras Thalia prefería la cautela.
"¡Eres demasiado impulsivo, Percy! ¿Quieres que nos maten a los dos?", espetó Thalia, su rostro iluminado por la luz tenue de una antorcha mágica.
"¡Y tú eres demasiado controladora! Si no actuamos rápido, perdemos el artefacto", replicó Percy, acercándose a ella con los ojos brillando de frustración.
La copa entre ellos se rompió cuando, al explorar una cámara secreta, tropezaron con un altar dedicado a Afrodita. En el centro, un vial de cristal brillaba con un líquido rosado iridiscente. Sin darse cuenta, una trampa se activó: el vial se volcó, liberando una niebla perfumada que los envolvió a ambos. Era una poción de amor, un elixir olvidado de la diosa del amor, diseñado para avivar deseos reprimidos.
Al principio, no notaron nada. Pero mientras continuaban discutiendo, el deseo empezó a surgir. El corazón de Percy latía con fuerza al ver el sudor perlando la piel de Thalia bajo su armadura ligera. Thalia sintió un calor inexplicable al notar los músculos tensos de Percy, su cabello revuelto y esa sonrisa ladeada que siempre la irritaba... y atraía.
"Thalia... ¿sientes eso?", murmuró Percy, su voz ronca, acercándose más.
Ella lo miró, sus ojos azules eléctricos encontrándose con los verdes de él. "Es... como si no pudiera pensar en nada más que en ti."
Bajo la influencia de la poción, el deseo se volvió abrumador. Percy extendió una mano, rozando el brazo de Thalia, y ella no se apartó. En cambio, lo atrajo hacia sí con una fuerza sorprendente. Sus labios se encontraron en un beso feroz, apasionado, como si todos los años de tensión reprimida explotaran en ese momento. El beso fue salvaje: Percy mordisqueó el labio inferior de Thalia, mientras ella enredaba sus dedos en su cabello, tirando con urgencia. Sus cuerpos se presionaron contra la pared fría de la cueva, el altar de Afrodita como testigo silencioso.
El deseo los consumía. Percy deslizó sus manos por la espalda de Thalia, desatando las correas de su armadura con dedos temblorosos. Ella respondió quitándole la camisa, revelando su torso marcado por batallas pasadas. Sus besos se volvieron más profundos, exploratorios; la lengua de Percy danzando con la de ella, enviando ondas de placer a través de sus cuerpos.
En ese mismo lugar, sobre el suelo cubierto de pétalos marchitos del altar, se entregaron al éxtasis. Percy la levantó con facilidad, sus piernas envolviéndose alrededor de su cintura mientras la besaba con hambre. Thalia gimió cuando él la depositó suavemente, sus manos recorriendo cada curva de su cuerpo. Desnudos bajo la luz mágica, se unieron en un ritmo apasionado y erótico. Percy entró en ella con una lentitud tortuosa al principio, saboreando cada jadeo de Thalia, luego acelerando, sus caderas moviéndose con una intensidad que hacía eco en las paredes de la cueva.
Thalia arañó su espalda, sus uñas dejando marcas rojas mientras arqueaba su cuerpo contra el suyo. "Percy... más fuerte", susurró, su voz entrecortada por el placer. Él obedeció, embistiéndola con pasión, sus labios capturando un pezón endurecido, succionando y mordiendo suavemente. El sudor los cubría, sus cuerpos resbaladizos y entrelazados en una danza primitiva. El clímax llegó en oleadas: Thalia gritó su nombre al llegar al orgasmo, su cuerpo convulsionando alrededor de él, lo que lo llevó a su propio éxtasis, derramándose dentro de ella con un gemido gutural.
Jadeantes, se quedaron tendidos en el suelo, los efectos de la poción disipándose lentamente. Pero el deseo que había encendido no era solo magia; era real, latente entre ellos. Percy besó su frente, y Thalia sonrió, trazando patrones en su pecho.
"Quizá Afrodita nos hizo un favor", murmuró ella.
Percy rio suavemente. "Quizá. Pero la próxima vez, sin poción."
Continuaron la misión, más unidos que nunca, con el secreto de esa noche grabado en sus almas.