Capítulo 1
Todos tenemos un deseo, algo que anhelamos con toda el alma, pero que a la vez parece inalcanzable.
Todo es tan borroso, los detalles se me escapan como arena entre los dedos. Solo sé que mi vida no fue la mejor. Las cicatrices en mi alma aún recuerdan los golpes de mi adolescencia, el miedo en los ojos de mi madre mientras prometía cuidarme. Pero pronto, fui yo quien la protegía de la violencia que vivíamos día a día, interponiéndome entre ella y el abusador. A pesar de ser apenas una adolescente con poca fuerza, siempre estuve para ella, en todo momento.
Pero todo tiene un límite y no aguanté más.
Con un dolor que me partía el pecho, con el pensamiento constante de: “¿Y si la mata? ¿Y si no estoy para defenderla?“, fue el peor sentimiento que tuve cuando me fui.
Empecé a trabajar, me mudé a un pequeño departamento donde la soledad era mi única compañera.
Una tarde, al salir del trabajo, mientras regresaba a mi edificio, un coche se detuvo de golpe cerca de mí. Mi corazón se aceleró y una punzada de mal presentimiento me heló la sangre. Recé para que no pasara nada malo...
Pero desde ese instante, todo se volvió un caos. Unas manos fuertes me sujetaron, sentí cómo me arrastraban. Grité, pataleé, intenté golpear en vano. La impotencia me quemó, las lágrimas salían solas. Luego, una descarga eléctrica me recorrió el cuerpo, aguda y dolorosa, y lo siguiente que supe fue la oscuridad.