Primer Contacto
Gemma abrió los ojos por primera vez en diez años.
Aunque claro, para ella había sido apenas un pestañeo, una siesta cualquiera. Supuso que esto significaba que finalmente estaba sola, aunque nunca podía saberse. Ya se enteraría al regresar, de momento lo que importaba era lo que estaba más allá de la ventana: Erive 3, tercer planeta del sistema Gea. Una maravilla, verde y azul. Tan parecido a la tierra que sorprendía que aún no tuviera habitantes.
Había algunos animales interesantes, según la sonda que habían enviado hacía quince años, pero la mayoría eran menos complejos que los de la tierra, como si la vida apenas hubiera florecido en aquel lugar. Gemma estaba aquí para estudiarlos y establecer una base, que, si todo salía bien y el ambiente era correcto, llevaría a la creación de una nueva colonia.
Salió de la cámara de suspensión con ayuda de algunos robots asistentes. Ninguno demasiado inteligente, esos estaban reservados para cosas más complejas... Cómo preparar una copa al CEO de CyberX... Mejor ni pensaba en eso.
-Pasaron diez años y seis meses -dijo Pascal, el único robot de inteligencia media.
-¿Seis meses? -frunció el ceño-. ¿Cómo que seis meses? ¿Ha ocurrido algo mientras dormía?
-Un cambio de trayectoria.
-¿Qué?
Pascal hizo un gesto con su mano de tres dedos para que lo siguiera y pronto se encontró en la cabina de mando y para su sorpresa había una nave cerca de ellos, aunque no era para nada como las que había visto antes. ¿Un nuevo modelo quizás? ¿Por fin habían descubierto como abrir huecos en el espacio? Eso sería bueno, no le hacía mucha gracia tener que esperar otros diez años para regresar, aunque quizá sería lo mejor.
-Esta nave apareció en el radar de corto alcance siete días después de que llegáramos a Erive 3 -explicó Pascal-. Y no es humana.
Gemma abrió mucho los ojos.
-¿Me estás jodiendo?
-¡Por supuesto! ¡Es un holograma que yo mismo programe! -el único ojo de la máquina mostró una expresión exasperada-. No sea estúpida doctora... -Ouch-. No puedo bromear con cosas como está, protocolo de seguridad mental, ¿Recuerda?
-Me acabas de abusar mentalmente.
-Llore si lo desea. -Pascal giró su cabeza 360 grados para ver la nave-. La tierra decidió que esto era más importante que la colonia, así que corregimos la trayectoria para para ponernos en posición de abordaje.
-¿Quieren que la explore? Ni siquiera sabemos que hay adentro.
-Ese es el punto doctora... No entiendo su lógica.
-Púdrete Pascal.
Gemma se acercó a la ventana para ver mejor. Era una nave grande, más de lo que podría parecer en un principio. Quizá era incluso más grande que las naves coloniales y esas estaban diseñadas para llevar al menos tres mil personas en cada momento, esta cosa... No quería ni imaginarlo. No parecía llevar armas pero, bueno, era una nave alienígena, bien podría tener espadas mágicas a como podía convertirse en un robot, era mejor no asumir nada.
-De hecho no puedo descomponerme, verá...
¿Sería capaz de explorarla toda? No, ni en sueños, sus reservas de oxígeno no podrían cubrir tanto terreno. Lo mejor sería explorar la zona frontal, bien podría resultar ser la cabina.
-...Y como soy de plástico, entonces significa...
Ahora, armas. No iba a ser tan estúpida como para subir a una nave alienígena sin armas... Estaba segura de que había una pistola de clavos y había comprado un hacha antes de abordar la nave...
-...Claro que con el paso del tiempo también el plástico cede, pero...
Lo otro sería una mochila de propulsión, solo en caso de que tuviese que salir corriendo del lugar o alguna emergencia. ¡Demonios! ¿Esa cosa siquiera tendría gravedad artificial? Más importante, ¿Sería una gravedad que ella pudiese sobrevivir? No le hacía ilusión ser aplastada al poner un pie en el interior.
-... Es por eso que no me puedo descomponer.
-Felicidades Pascal. ¿Verdad que había unas botas magnéticas entre las provisiones?
-Así es.
Ella asintió. Eso serviría, si es que la nave era de metal claro esta... ¡Dios! Esto se ponía peor mientras más lo pensaba. ¿Acaso el comité quería matarla? Bueno, definitivamente si, pero, ¿De esta manera? Infelices trajeados sin madre.
-¿Cuánto falta para hacer contacto?
-Un par de horas. ¿Mencioneque la nave parece estar a la deriva? ¿Cómo si estuviera desactivada?
-Lo asumí.
-Ah.
Gemma salió disparada al espacio, cortando la distancia entre ella y la nave en apenas unos minutos. Verdaderamente las mochilas cohete eran el mejor invento de la humanidad, ¿Quién necesitaba inmortalidad cuando se podía volar por el espacio?
-¿Señora? ¿Todo en orden?
-Te odio.
-Todo en orden entonces.
Gemma aterrizó en la nave y no pudo sostenerse. La superficie no era de metal o bien era de un metal no magnético, lo que la dejaba con una única alternativa: quemar combustible para navegar. No era lo ideal por supuesto, pero si era cuidadosa podría explorar un poco y volver a su nave sin problemas.
Había un agujero a un lado de la nave alienígena, no parecía haber quemaduras ni nada similar, así que seguramente había sido causado por el choque con un asteroide u otro objeto a la deriva, aunque casi parecería que era producto de una explosión interna. El problema con cosas como estas era que nunca se podía estar seguro, si, para ella podía parecer un agujero hecho por un asteroide, pero bien podría ser el resultado de un misil que ella desconocía o un arma de impacto primitiva o un colapso interno.
Era mejor no especular demasiado.
Una vez adentro empezó a tomar fotografías de todo lo que se cruzaba. Entre las cosas que podía reconocer había asientos, mesas y platos. Eso le decía que la especie compartía varías necesidades con los seres humanos y por tanto seguramente era humanoide. Algunas cosas que no reconoció fueron unos dispositivos circulares con botones que flotaban cerca de las mesas. ¿Quizá el equivalente a celulares? ¿O tal vez alguna especie de control para llamar a un asistente a las mesas? Esto bien podría ser un restaurante o algo del estilo, aunque tenía más parecido a una plaza común.
En la siguiente zona se encontró con lo que imaginó eran trajes espaciales. Tenían cuatro brazos en lugar de dos, eran más altos y anchos que una persona, pero no había nada aparte de los brazos extra que la impresionara. Nada de cabezas extremadamente largas, anchas o similar. ¿Sería posible? ¿De verdad se iba a topar con los alienígenas más aburridos imaginables? ¿Los alienígenas que eran básicamente humanos pero con cuatro brazos?
¡Vaya desilusión!
Y si que lo fue, cuando finalmente encontró a los alienígenas -muertos- estos eran eso, humanos con cuatro brazos, tres ojos, calvos y una piel rosada. Casi parecían salidos de una película de clase B.
-Pascal, ¿estas mirando esto?
-Si, ¡vaya porquería! Yo sería capaz de hacer algo más imaginativo con cartón y telas. Casi parece que el universo hubiera sido tacaño para diseñar a estos engendros.
-Ni que lo digas. En fin voy a volver a la nave, creo que tengo suficientes fotos para complacer a los altos mandos.
Las luces de la nave se encendieron y Gemma cayó al suelo: la gravedad artificial estaba encendida.
-¿Pascal? -No hubo respuesta, solo estática.
Un mensaje se desplegó en su casco poco después: “Atmósfera viable en el exterior”. Seguido por: “Imposible establecer comunicaciones, las fechas no coinciden”.
-¿Las fechas qué? -fue todo lo que pudo murmurar antes de escuchar un grito inhumano.
Los alienígenas, los mismos que había visto muertos apenas unos momentos antes estaban de pie, gritando cosas entre ellos. Su piel, tenían como inscripciones brillantes en ella y el ojo en su frente brillaba de manera extraña. Hubo un momento de duda y entonces uno de ellos se descolgó algo de su espalda y apuntó hacía ella. Se movían lento, por lo que Gemma tuvo tiempo suficiente para correr antes de que el alienígena disparará.
Varios fueron detrás de ella, armas en mano, disparando cada vez que podían. Gemma hacía lo imposible para salir de su visión antes de tiraran del gatillo, pero cuando estaba cerca de una saliente un alienígena apareció de pronto a su derecha y consiguió dispararle a quemarropa.
Gemma gritó pero no por el dolor, si no por la caída a un vacío que no parecía tener fin.