El aroma del regreso.
La tenue luz se filtraba por la ventana de la habitación mientras un ligero aroma a café se esparcía por todo el espacio. Jimin yacía recostado sobre la cama después de una noche frenética junto a su adorado esposo, Min Yoongi.
No había palabras suficientes para describir lo profundamente enamorado que estaba. Yoongi era atento, leal, servicial, cariñoso y fiel; poseía tantas virtudes que a veces parecían irreales. Aunque ante el mundo proyectaba una imagen seria y fría, para Jimin era la persona más romántica que existía.
Jimin abrió lentamente los ojos y se incorporó con pereza. Observó a su alrededor y una sonrisa tímida se dibujó en sus labios. El cuarto estaba hecho un desastre; la emoción les había ganado la noche anterior. Buscó su pijama entre la ropa tirada en el suelo, se la colocó y salió de la habitación.
Una melodía suave llegaba desde la cocina, acompañada por el aroma delicioso del desayuno recién preparado. Era la señal inequívoca de que Yoongi estaba despierto.
-Buenos días, mi vida -dijo Jimin al entrar.
Yoongi estaba de espaldas, vestido con una camisa ligeramente transparente y unos shorts cómodos.
-Buenos días, amor. ¿Descansaste bien? -preguntó Min, girándose mientras colocaba un plato con fruta picada frente a él.
-Muy bien, diría yo -respondió Jimin con una sonrisa pícara-. ¿Y tú? ¿Dormiste lo suficiente?
-Mmm... tenía meses sin dormir así -confesó Yoongi con voz baja-. No sabes cuánto te extrañé. Estos meses han sido agotadores, pero verte ahora... es un alivio. Ya ni siquiera me siento cansado.
-Lo sé, han sido meses largos... pero ya estás en casa -dijo Jimin con dulzura-. Quiero que me cuentes todo lo de la gira, con lujo de detalles.
-Chimmy, ya te lo conté todo por teléfono -rió Yoongi-. Ahora solo quiero disfrutar este desayuno... y luego disfrutarte a ti.
-Ay, Yoongi, tú no cambias -murmuró Jimin mientras tomaba una tostada.
A pesar de los cinco años de matrimonio, su relación seguía siendo sólida, casi admirable. Nadie imaginaría que habían empezado de una manera tan inusual.
Se conocían desde niños, sus familias pertenecían al mismo círculo artístico: los padres de Yoongi eran dueños de un prestigioso teatro y una galería de arte, mientras que la madre de Jimin era una reconocida artista de arte contemporáneo y su padre el CEO de una importante compañía de producción escénica.
Todo comenzó cuando la madre de Jimin realizó una exposición en la galería de los Min; lo que inició como una colaboración profesional terminó convirtiéndose en una amistad inseparable.
De pequeños, sin embargo, no siempre se llevaron bien , a Yoongi le molestaba la energía constante de Jimin; siempre había preferido su soledad, mientras que el menor parecía decidido a permanecer a su lado.
Yoongi podía ser brusco, incluso hacerlo sentir mal sin darse cuenta... pero nadie más tenía derecho a hacerlo, nadie.
La primera vez que le rompieron el corazón a Jimin, Yoongi buscó al responsable y terminó rompiéndole una costilla y la nariz. Lo protegía demasiado.
Después de aquella desilusión, Jimin cayó en ansiedad y depresión, le costó salir, pero lo logró... y fue entonces cuando terminó involucrándose con Yoongi bajo la excusa absurda de ser solo "amigos con derechos".
Aquello duró apenas un año.
Los celos de Yoongi aparecieron cuando Jimin comenzó a conocer a alguien más. Fue entonces cuando decidió romper el acuerdo y confesar lo que sentía. Jimin aceptó sin dudar, y tras un año y medio de relación decidieron casarse.
Yoongi se convirtió en un pianista reconocido; Jimin, en un bailarín profesional de danza contemporánea. Eran el equilibrio perfecto.
-Amor... ¿seguirás durmiendo? -preguntó Jimin.
-Mmm... sí, Jiminshi. Estoy cansado -respondió Yoongi.
-Pero hace un momento dijiste que no lo estabas -reclamó Jimin, haciendo un leve puchero.
-Hace un momento no te había devorado tres veces-respondió Yoongi con una sonrisa cansada, cubriéndose los ojos del sol-. Mejor vamos a la cama y dormimos un rato más.
-No quiero dormir, Suga. Quiero salir contigo. Mañana tengo ensayo todo el día y solo te veré por la noche... quiero disfrutarte un poco más.
Yoongi soltó un suspiro suave, como si estuviera debatiéndose entre algo que no decía en voz alta. Durante unos segundos guardó silencio, observándolo con una expresión difícil de descifrar.
-Podemos salir más tarde... -respondió finalmente-. Dame unos minutos, ¿sí?
Jimin asintió con entusiasmo, acercándose para rodearlo por la cintura. Apoyó la cabeza en su hombro, inhalando su aroma familiar, ese que siempre le daba una sensación de hogar.
-Te extrañé demasiado -murmuró.
Yoongi no respondió de inmediato. Su mano se posó sobre la espalda de Jimin, pero el gesto fue breve, casi automático, como un reflejo más que una necesidad.
El silencio se extendió unos segundos más de lo normal.
Jimin decidió ignorarlo.
-Entonces iré a cambiarme -dijo, separándose con una sonrisa luminosa.
Subió las escaleras con pasos ligeros, lleno de esa felicidad tranquila que solo aparecía cuando Yoongi estaba cerca. Abrió el armario y buscó algo cómodo, tarareando una melodía que había escuchado tocar a su esposo incontables veces.
Abajo, el sonido de los platos moviéndose cesó.
La casa quedó en silencio.
Yoongi permaneció quieto frente al fregadero, observando la ventana sin realmente verla. Sus dedos golpeaban suavemente la superficie, siguiendo un ritmo irregular.
Cerró los ojos.
Por un instante, su expresión cambió; algo pesado cruzó su rostro, algo que no estaba allí antes... o tal vez sí, pero nadie había querido verlo.
Cuando Jimin volvió a bajar, lleno de energía y con una sonrisa brillante, encontró a Yoongi ya listo, apoyado contra la pared.
-¿Listo? -preguntó Jimin, tomando su mano.
Yoongi dudó apenas una fracción de segundo antes de entrelazar los dedos con los suyos.
-Sí. Vamos.
Salieron juntos de la casa, la luz del día envolviéndolos.
Desde afuera parecían perfectos, sincronizados como siempre.
Pero mientras caminaban, Jimin hablaba sin parar sobre su ensayo, sobre ideas nuevas, sobre todo lo que quería compartir... y Yoongi solo escuchaba en silencio, con una sonrisa suave que no alcanzaba a llegar a sus ojos.
Y por primera vez, aunque Jimin aún no pudiera nombrarlo, algo en el aire se sentía ligeramente fuera de ritmo.
Como una coreografía perfecta... que estaba a punto de perder el compás.