Clarita Clara

All Rights Reserved ©

Summary

Hace cinco años, Clarita le rompió el corazón durante un viaje estudiantil. Creyó haberla olvidado, hasta que la volvió a encontrar atendiendo una ventanilla en un banco. El reencuentro es breve, pero suficiente para reabrir heridas que el tiempo no cerró. Los recuerdos regresan: la juventud, las ilusiones rotas y una despedida que nunca entendió. Ahora solo queda una pregunta: ¿se puede seguir adelante cuando el primer amor nunca se fue del todo?

Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
13+

#1

Desde niño siempre fui una persona tímida.

Pero no del tipo que no pueda hablar con nadie sino del tipo que le cuesta tomar la iniciativa para poder conversar con alguien, y si a eso le sumamos una apariencia delgada, un corte de cabello normalito, una cara con granos, puntos negros. Nada positivo puede salir de aquí tampoco.

Además de poseer labios gruesos y una nariz curva, no parece que pueda impulsarme a mí mismo tener mucha seguridad tampoco.

Por ende, con el paso del tiempo tuve que desarrollar mi sentido del humor para poder empezar a conectar con las personas.

Y así acatar lo que la pintoresca frase que se escuchó en casi todo el globo terrestre que dicta de “hazla reír hasta que se olvide que eres feo”

A veces partiendo desde lo inocente hasta lo absurdo.

Mi madre siempre me decía “Oye tú si que estas loco” o también “Tú si que me haces reír, hijo” y yo siempre lo tomaba como cumplido pero lo que ella no sabe es que tuve que coger eso como principal mecanismo de defensa para poder conectar con las personas.

Aunque parece bonito (o quizá conformista) esto me trajo muchas consecuencias a largo plazo, como por ejemplo que la gente me odie demasiado por hacer chistes subidos de tono o que me refugie siempre en esa personalidad torpe y sarcástica.

Cosa que cuando me toque hacer algo donde se requiera máxima seriedad y que no haya marco de burla tengo miedo de hacerla, como por ejemplo, asistir a funerales, exponer en clase, pedir ayuda cuando me pierdo por la calle o realizar algún tipo de trámite.

Y es en este último donde quiero empezar a hablar.

Tramites, tramites y tramites, Dios santo.

Miren, yo empecé a hacer trámites desde muy chico, pues iba a pagar la luz, el agua, el internet cada vez que mis padres no tenían tiempo de hacerlos, aparte de preguntar a las oficinas cuando estas tenían algún tipo de falencias.

Hasta que cumplí los 18 años. Porque es a partir de ahí donde empezaron a salir comisiones hasta por la tierra.

Que la cedula de mayor de edad, que la inscripción de nacimiento, que la licencia de conducir, que la apertura de cuenta bancaria y pare de contar.....

Pero ocurre algo conmigo que hace que empiece a recurrir a estos mucho más de lo normal: Estoy yéndome del país.

Y los que han viajado saben bien el montón de cosas interminables que se juntan.

Que el pasaporte, que la malparida visa, que partidas de nacimiento etc y etc...

Todo esto me pone a pensar lo raro de todo, que me iré así nomás de la nada, pero a la vez me emociona demasiado la idea de desaparecerme lo antes posible pese a que aquí dejo un montón de cosas pendientes, como mi carrera universitaria, mis entrenamientos de voleibol estudiantiles y los campeonatos de fútbol que juré ganar.

Todo se irá, para empezar en Europa un nuevo camino, otra casa, otro ambiente, otra vida y otra carrera. Aunque este último ya añoraba cambiarme desde mucho antes, pues mi sueño verdadero es convertirme en un director de cine y televisión.

Para cuando agarré mi carrera cuando tuve dieciocho años no lo sabía, pero ahora lo tenía más que claro.

Me motiva la idea de hacer largometrajes interesantes y convertirme en un cineasta experto como Martin Scorsese o Quentin Tarantino. Había practicado la narración desde antes porque escribí algunos relatos y novelas, aunque no pasaron del borrador hasta el momento.

Me fascina la idea de poder contar historias a mi manera y que el público las vea, aunque por mi carrera actual no haya podido dedicarle el tiempo que quisiera.

Estoy estudiando para ser profesor de educación física y no es que no me guste la carrera en sí, pues he sido muy amante del deporte desde niño, sobre todo del fútbol pero soy demasiado joven y a medida que crezco más me conozco.

No quiero continuar pero sin embargo lo hago para al menos tener un título si es que termino la carrera antes de viajar.

Yo nací en Italia, un once de Diciembre de 2003, hijo de padres ecuatorianos.

Como dije, fui muy tímido y en el tiempo que viví en Europa mis conexiones sociales eran mínimas. Ya sea en el kínder o en la escuela, prefería pasar los recesos solo y o leyendo cuando aprendí a hacerlo.

Cuando tuve casi nueve años partimos hacia Ecuador para tener una “vida más cómoda” pero fue todo lo contrario y como no salió bien estamos de regreso otra vez poco a poco.

Mis padre se ha ido hace casi dos años, sin previo aviso.

Recuerdo bien la noche en que nos reunió a todos en la mesa, con la televisión apagada, sin ningún ruido por la calle y un frio externo que se extendía hasta por la esquina más recóndita de la casa.

Nosotros lo escuchábamos asustados pero con una alegría interna porque sabíamos que poco a poco nuestra vida mejoraría.

Semanas después zarpó y mi madre con mucha tristeza lo hizo un mes después.

No quería dejar a sus 4 hijos “botados”, sobre todo al pequeño Emiliano de 4 años, el único de los hermanos que era cien por ciento ecuatoriano, pero al fin y al cabo todo era por un futuro mejor.

No es para menos, 4 hijos en pleno siglo veintiuno y sumado que vivimos en Latinoamérica vuelve todo demasiado jodido.

Todo este chiste no fue para nada barato, mi padre tuvo que pedir prestamos a dos bancos y como no estaba el en persona para pagar adivinen a quién mandaba a realizar todas las diligencias de eso....

Creo que es por esto que mi aversión por los trámites se intensificó, porque no solo me mandaba a pagar y ya está, sino que siempre ocurría algo que nunca le parecía correcto y me mandaba a preguntar todo a la maldita secretaria de atención al cliente, pero para cualquier cosa, por más mínima que sea.

“Hijo, esta cuenta no me cuadra. Anda a preguntar”

“Hijo, Pero este valor ya lo pagué. Anda a preguntar porque me lo vuelven a cobrar”

“Hijo, porque se elevó este valor al 5 por ciento. Anda pregunta”

“Hijo, porque se bloqueó la tarjeta. Anda a preguntar a la chica secretaria a ver que me dice”

Y tenía que ir donde la chica secretaria de siempre, hasta me empezó a ver con cara de pollo frito cada vez que iba porque sabía que lo que sea que pregunte sería algo estúpido.

Solo unos meses me duró ese peso, porque de la nada empezando el 2024 a mi papá simplemente le dio la gana de ya no pagar más.

Y en vista que no dejó nada de garantía como un negocio propio o una casa porque no tenía nada tampoco (la casa donde vivimos era de mi madre), no hubo consecuencia alguna sino que la llegada de unas cuantas cartas de advertencia en la puerta de mi casa y que esas también, con el tiempo, dejaron de llegar.

Aún no entiendo como le aprobaron esos prestamos.

Pero eso sí, al banco donde de verdad prestaba atención era al mío, donde abrí mi cuenta, porque ahíme depositaban dinero para cualquier cosa.

En ese banco no me tocó hacer tantas vueltas como en los otros, pero hubo un día, uno solo, donde pasó algo que cambió mi forma de ver todo....