El príncipe de Valkyon.

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Summary

En un reino dividido entre el fuego de los dragones y la sombra de las antiguas alianzas, Nayko Lubrend no es solo un guerrero es un héroe nacido en palacio, sino un hombre forjado en el dolor. Su infancia fue arrancada por una traición que lo convirtió en un instrumento de guerra, no por elección, sino por necesidad. El reino lo necesita, y él lo sirve. Pero detrás de su armadura, hay un hombre que no sabe si está cumpliendo un destino… o huyendo de uno., es una leyenda viviente el príncipe de la nación más poderosa. Su nombre resuena en los pasillos de los castillos y en los labios de los soldados que temen su espada. Su destino está marcado por la sangre, el honor y la lucha por sobrevivir en un mundo donde el poder se gana con la espada y el corazón se rompe con la traición. Pero la guerra no solo se juega en el campo de batalla. En las sombras, se gestan alianzas entre enemigos, traiciones entre aliados, y un secreto ancestral que podría cambiar el destino del reino. Está dispuesto a hacer lo necesario, incluso lo oscuro, si cree que es por el bien mayor. No busca gloria, pero sí justicia aunque su versión de justicia a veces se confunda con venganza. No busca amor, pero cuando lo encuentre, lo protegerá como si fuera el último tesoro del mundo.

Genre
Fantasy
Author
NaykoCarp
Status
Ongoing
Chapters
24
Rating
n/a
Age Rating
16+

El príncipe de Valkyon.

¿Qué define el poder? ¿La destreza en combate? ¿El mando de ejércitos? ¿La autoridad de un gobernante? ¿El miedo que inspiras? De ser así, nadie sería más poderoso que yo.

Un viento invernal, nubes grises que cubren el cielo que dejan caer copos de nieve por toda una pequeña ciudad, las personas caminan con grandes abrigos de invierno y pieles, las campanas suenan marcando el mediodía, humos de chimeneas cubren parte del cielo y alejada de la ciudad una mansión de color blanca con un gran jardín rodeado por muros de ladrillos color rojizos se veían múltiples columnas de humo saliendo de sus decenas de chimeneas, dentro sirvientes corriendo por doquier haciendo sus quehaceres, entre ellos un joven hombre con ropa elegante caminaba con una con una bandeja de plata en su mano izquierda con una tetera y una sola taza, al subir unas escaleras giró a la derecha y continuó hasta unas dobles puertas custodiadas por dos soldados de armaduras plateadas, al verlo le abrieron una de las puertas y entró en un cuarto oscuro, dejó la bandeja arriba de una pequeña mesa y abrió unas grandes cortinas gruesas.

-Buenos días, mi señor, o debería decir buenas tardes –Dijo-.

Al darse vuelta dirigiéndose a una gran cama alguien se torcía y quejaba al ver la luz.

-Es temprano aún déjame dormir –Dijo alguien debajo de las sábanas-.

-Ya es mediodía -Respondió- su trabajo se ha atrasado príncipe.

-El norte no se irá a ningún lado por dormir un poco más -Dijo el príncipe-.

-Puede que no, pero como guardián del norte tiene que supervisar todo el territorio y estoy seguro de que no lo hará en su cama.

El joven hombre con fuerza sacó las sábanas que cubrían al príncipe.

-Oh vamo sLuciel no hagas eso –Se quejó el príncipe molestándole la luz que entraba por las ventanas-.

-Es mi deber como mayordomo en jefe tengo que asegurarme en que salga de su cama y se ponga a trabajar –Dijo Lucielt omando la tetera y vertiendo el líquido caliente en la taza- los primeros copos de nieve ya cayeron por la mañana.

-Todavía no me acostumbro a el frío de aquí -Dijo el príncipe- en el sur nevaba, pero no hacia tanto frío como aquí.

-Los norteños son duros, ya se acostumbrará -Respondió Luciel- Mientras se cambia le diré cuáles son los asuntos más urgentes.

El príncipe le dio un sorbo a la taza y se levantó hasta su cambiador, a diferencia de otros nobles y realeza no le gusta que lo ayuden a vestir ni que entren a su cuarto exceptuando Luciel y otros en los que confía plenamente.

-El líder de los mineros quiere reunirse con usted, parece ser que desean un aumento de su salario, también habrá una boda de los Lenchers la familia que controla los puertos así que tendrá que ir y casi olvido que los generales están en la mansión parece que hay bastante discordia por lo “extranjeros” -Dijo Luciel sacando una carta de su bolsillo con el sello de la familia real- y llegó una carta de su madre.

El príncipe salió de su vestidor vestido con un gran abrigo blanco con tonos azules y un bordado de un dragón azul, su gran capa cubría pasando sus rodillas y su cinturón donde enfundó una espada con un mango negro.

-Muchas cosas por hacer –Dijo el príncipe- es mejor que desaparezca y se solucione solo y más que esta esa carta aquí.

-Lastimosamente no sucederá eso hoy –Dijo Luciel dándole la carta- no creó que quiera que la reina venga en persona a preguntar por qué no ha contestado a sus cartas.

-Créeme nadie quiere eso –Dijo el príncipe abriendo la carta rompiendo el sello real- bueno, en resumen, es el cumpleaños número sesenta del rey y no quieren que falte.

-Bueno, al menos fue notificado –Dijo Luciel- no ha ido en seis años a ningún cumpleaños de sus padres.

-Es lo que tiene largarme lejos -Respondió el príncipe- va a ser tortuoso, todos preguntándome estúpidas cosas y las indirectas de mis hermanas serán apoteósicas, y la mirada de mi padre y sus comentarios cuando este ebrio, me harán querer irme otros seis años.

-Los problemas de la familia real no están bajo mi jurisdicción -Dijo Luciel caminando hacia la puerta- lo esperaré abajo.

-Si huye cobarde –Dijo el príncipe riendo, saliendo detrás de él, al salir los dos soldados de armaduras plateadas lo saludaron y caminaron detrás de él-esta semana será grandiosa.

Al llegar a la sala principal una gran sala con una mesa redonda en el medio con al menos diez sillas y una de ellas más grande que las demás con gran decoración de oro y zafiros se encontraban jefes de las grandes casas del norte de un lado y del otro los generales extranjeros discutiendo fuertemente, al abrirse las puertas un vocero gritó;

- ¡El príncipe Nayko Lubrend!

Al escucharlo, todos los presentes en la sala se arrodillaron al verlo, el príncipe caminando en la sala silenciosa donde solo se escuchaban los pasos y el golpeteo de las armaduras de sus guardias reales, el príncipe se sentó en asiento y con un gesto en su mano hizo que todos se levantasen y tomen sus asientos. En un lado de la mesa había tres jefes de las casas del norte; el jefe de los Manderly, controlaban el único puerto del norte y el comercio marítimo, el jefe de los Robstark, militarmente son la segunda casa mejor armada y antiguamente los más poderosos si se habla de ejércitos, el primer puesto lo ocupa el príncipeNaykocon su ejército personal y por último el jefe de los Kransktons dueños de las minas y recursos son la familia más adinerada del norte, ya que por el contante frio es difícil cosechar el norte tiene gran cantidad de recursos naturales que impulsan la minería como principal importador y exportador.

-Mis señores, díganme –Dijo el príncipe Nayko con un tono calmado pero serio- ¿A qué debo la visita de personas tan ocupadas como ustedes?

-Mi príncipe -Dijo el Lord Robstark aclarándose la garganta- lo respeto demasiado por devolver la gloria al norte, pero hay algo que no se puede concebir...

El ambiente se puso pesado todos en silencio mirando al Lord que, aun que es conocido por ser un hombre grande e imponente tenía que buscar las palabras adecuadas cuando se dirigía a un miembro de la familia real y más si ese alguien era el príncipe Nayko.

-Usted trajo a estos extranjeros aquíy no podemos permitir quese queden. No respetan nuestras leyes, crean las suyas propias y dictan sentencias como si fueran señores de estas tierras.

- ¿Y eso les molesta, Lord Robstark? -preguntó Nayko con voz fría- ¿Qué resuelvan disputas que ustedes han ignorado por años?

- ¡Nos molesta que actúen como conquistadores en nuestra propia casa! -Intervino Lord Manderly- El norte tiene sus propias costumbres, mi príncipe. No podemos permitir que extranjeros las remplacen.

-Debo recordarles que cuando llegue al norte mientras ustedes se llenaban los bolsillos la gente moría de hambre –Dijo Nayko en un tono serio, el ambiente se puso pesado- si no hubiera sido por estos extranjeros a los que ustedes llaman, seguiría la hambruna, díganme ¿dónde estaban cuando casas del norte, este y oeste se rebelaron? Estaban escondidos en sus castillos y fueron los más de cien mil extranjeros que traje que lucharon contra las casas que se rebelaron y tienen el descaro de venir aquí a decirme que no los quieren, debería cortarles las cabezas a todos por este insulto.

El gran silencio del salón se hizo presente, los jefes de las grandes familias se quedaron viendo al príncipe sin decir ni una palabra, si así lo quería el príncipe podría tacharlos de traición a la corona y ejecutarlos ahí mismo. Cuando uno de los jefes abrió la boca una gran explosión se escuchó que hizo retumbar toda la mansión, todos se quedaron sorprendidos y de repente un soldado de armadura negra entró;

-Mi príncipe -Dijo el soldado arrodillándose con lanza en mano- un edificio comercial acaba de estallar, estamos yendo a apagarlo, pero.... los pozos de agua están congelados y se está haciendo difícil apaciguarlo.

- ¿Hay personas dentro? -Preguntó el príncipe levantándose de su asiento-.

-Pudimos evacuar a todos mi príncipe, pero el fuego se extenderá a los otros edificios -Respondió el soldado-.

-No queremos que eso suceda –Dijo el príncipe caminando rápidamente hacia la puerta seguido por sus guardias y generales detrás de él-.

Caminaron hasta llegar al patio trasero y donde había bastante nieve. El príncipe se paró frente a una gran colina de nieve;

-Es hora de despertar amigo –Dijo Nayko chasqueando sus dedos-.

De repente el cumulo gigante de nieve comenzó a moverse y de él dos alas gigantes emergieron sacudiendo la nieve, un dragón de cuatro patas con alas extendiéndose en su espalda de escamas blancas y azules con cuernos, de altura media casi unos diez metros. Este bajo su cabeza al ver al príncipe para que se suba a su lomo, el príncipe trepando, agarrándose a las escamas del gran dragón lo acarició sutilmente y moviendo sus alas que hacía que toda la nieve saliera disparada y emprendió vuelo.

El gran dragón a pesar de su gran tamaño volaba rápidamente, un carruaje tirado por caballos veloces tardaría media hora en llegar de la mansión hasta la ciudad, pero en dragón solo se tardan menos de diez minutos. Alver la columna de humo que salía del edificio las personas corrían desesperadas tratando de apagar el fuego y que no se propague, cuando desde el cielo un gran rugido se escuchó que hizo que todos mirasen hacia arriba y como si fuera una tempestad su aliento cubrió todo el edificio en llamas, aunque ahora estaba congelado completamente. Los ciudadanos gritaron al cielo alegres viendo como el dragón daba vueltas porque sabían que el único jinete del norte era el mismo príncipe Nayko Lubrend nombrado: “Guardián del Norte”.


Príncipe Nayko

Luciel:

Dragón: